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“Se sienta sobre el bikini mojado y pinta sus labios de Dior Addict. El sol es caricia sobre esta morena casi gorda de ojos negros como brasas -de emperador. El negro empuña el machete y golpea en seco tres veces”.

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“Había alemanes mudos y discretos, de amarrillo y rosa, en las callejuelas angostas y empedradas, colgadas, entre el mar y el cielo del pop liguriano, en las laderas de los cinco pueblos: Riomaggiore, Manarola, Coniglia, Vernazza y Monterosso. Esos alemanes se bañaban en el agua esmerilada, entre delfines que dibujaban medialunas con el mar. Pero Lonely Planet escribió en los noventas que Cinque Terre era «el lugar más interesante de Italia»”.

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“Paciente 3. 24 años, operación de vesícula. Un tatuaje le tapa la pantorrilla esposada al caño de los pies de la cama. Le sacan la cadena cuando la anestesia le hace efecto, se instala. Lo encadenan antes de despertar”.

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“Monika, como decía, esperó en el despacho. Tenía un revólver en la cartera. El arma, se sabría, era de la editorial de Giangiacomo Feltrinelli -que estaba en la clandestinidad. Era el 1 de abril de 1971, era el despacho del consulado de Bolivia en Hamburgo, era aquí. No hacía calor”.

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“Nació una ciudad enciclopédica. Los prostíbulos serían declarados monumentos históricos”.

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“En este lugar aprendí la importancia de Estambul en la geografía política del tango. Fue una noche como esta: una judía turca y una musulmana tanguera sin tachador ni rulos. La turca musulmana que se desnudaba gracias al sí de la otra turca ya desnuda”.

Cuadernos en suite: si no puede dormir, escriba, pedazo de carne, por Gabriel Magnesio

“Esta noche vaciaré las latas que quedan. No se cuál es la historia, pero la sigo a cuatro patas… “La Tour Eiffel tiene buenas buenas tetas esta noche, ¿no?». Me privaré de la exaltacion histérica del brillo parisino. Necesito una cura de sueño más que el paracaídas del whisky pero hago tiempo en el dirty diary, pongo las cosas en su justa medida. Me levanto pero ya no puedo. Lo que sigue es demasiado extenuante”.

Cuadernos en suite: pero qué quieren las mujeres, por Gabriel Magnesio

“La obsesionaba el sentimiento de que incluso mientras estaba haciendo el amor su deseo más grande era morir. Se sentía una situación: «Sin embargo los celos sexuales son una bestia extraña. Me devoraban hasta que decidí venir a París».
Dice que admira a su padre porque intentó suicidarse. Me dice que me parezco al padre. Me pregunto cuan parecido soy a un húngaro suicida ex soviético de más de 60, de la periferia de Budapest”.

Cuadernos de Berlín : lo que queda de aquel cabaret, por Gabriel Magnesio

“Un hombre está sentado, solo, en una esquina de una de las pistas. Está cubierto de cuero negro y latex pegado al cuerpo. Mira el piso. Otro hombre vestido de policía besa a un travesti. En la pista principal, una señora arrodillada se entusiasma con un estudiante. Un anciano en silla de ruedas ofrece su arte: body painting. Tres ángeles rubios sin taparrabos, de más de 18, ronronean y se exploran, con delicadeza y amor, sobre un sillón blanco”.

Cuadernos de Berlín: alguna droga para vivir entre esos muros, por Gabriel Magnesio

“El peruano se ríe. Su hijo se porta bien. Papá me pasa la bolsa.
-Probala y me decís –invita, como si me la regalara”.