Ley de Medios en la Argentina: Clarín entra en el siglo XXI, por Graciela Mochkofsky

29 octubre, 2013

foto clarin medios

“No creo que la pelea esté perdida”, me dijo un importante ejecutivo de Clarín cuando todavía nadie podía asegurar si la Corte Suprema de Justicia de la Argentina confirmaría o no la constitucionalidad de la llamada ley de medios.

A su alrededor, sin embargo, todo transmitía una sensación de derrota: la semipenumbra de la oficina; su trato solícito; el silencio del teléfono durante las cinco horas en que conversamos, un martes por la tarde en un país en el que, como siempre, pasaba de todo.

También sus relatos. Ya nadie quería reunirse con ellos: nadie del mundo del poder, la política o los negocios; les huían como a la peste, se quejaba, por temor a represalias del gobierno. Por primera vez en décadas, ya no tenían acceso a información crucial, y, en las pocas ocasiones en que se las hacían llegar, tenían que preguntarse: ¿y si es una “operación” del gobierno? Esa incertidumbre los paralizaba. Durante la batalla judicial en torno de la adopción y la identidad de Marcela y Felipe Noble, hijos de Ernestina, directora y principal accionista del Grupo Clarín, un alto funcionario judicial les adelantó un dato que necesitaban para tomar una decisión crucial (dejar o no que Marcela y Felipe se sometieran a un examen de ADN, cosa que hicieron más tarde). No se atrevieron a actuar.

Y sin embargo, todavía no habían perdido, creía. Entonces, pregunté, ¿por qué avanzar tan empecinadamente hacia una derrota? ¿Por qué no se adaptaban cínicamente a la ley de medios, que les impedía mantener el control unificado, y dividían las acciones del Grupo entre sus  cuatro accionistas principales?

No, me respondió. Estaban “magullados”, sí, la “pelea de resistencia” contra el gobierno era “cada vez más difícil”, sí, y, claro, tenían esos planes de contingencia para el peor de los casos.

Pero preferían seguir peleando hasta la derrota. No cederían hasta perder.

Así lo hicieron y, hoy, por fin, perdieron.

***

El martes de la semana pasada, en la ciudad de Nueva York, el jefe de redacción de Clarín, Ricardo Kirschbaum, cumplía con la que ha sido una de sus principales tareas desde que los Kirchner declararon esa guerra, a mediados de 2008: ser el vocero victimista del multimedio. Ha recorrido todo foro internacional de periodismo que ha encontrado denunciando al gobierno argentino: quiere destruir a la prensa independiente y, en última instancia, a la democracia; quiere destruir a Clarín. Esta vez, lo hacía en un espacio tradicionalmente favorable: una conferencia sobre libertad de prensa en América Latina organizada por la Universidad de Columbia.

Pero algo había cambiado.

Kirschbaum tuvo que hablar como un miembro más del público, no como panelista: tuvo que pararse y caminar hasta un micrófono en el pasillo central de la sala, como cualquier otro, y disfrazar su denuncia de pregunta. Los miembros del panel sostenían, mayoritariamente, que, más allá de que debía ponerse límite al poder de los gobiernos latinoamericanos y de que sin dudas estos tenían una agenda política en su forma de encarar el asunto, eran legítimas la necesidad y la búsqueda de un contrapeso público frente al poder desmedido de las grandes concentraciones de medios privados de la región. Cuando Kirschbaum hizo su intervención, simplemente fue ignorado. Ni le dieron la razón ni se la quitaron: fue como si lloviera.

Algo ha cambiado, y no es la mera derrota política de estos medios frente a gobiernos que han perdurado a lo largo de la última década contra los pronósticos de sus adversarios. Acaso es su legitimidad misma, la de esos grandes conglomerados, la que está en crisis, por un complejo conjunto de procesos que tienen uno de sus centros en la revolución tecnológica de las comunicaciones que se inició en el siglo pasado pero que domina este.

De hecho, como sus equivalentes en otras partes del mundo, el Grupo Clarín ya sufría esos problemas de legitimidad años antes de que comenzara su enfrentamiento con el kirchnerismo.

Como casi toda otra institución del país, salió dañado de la crisis del 2001. Su agresiva –y pública- presión por lograr que el Congreso de la Nación aprobara una ley (llamada de Bienes Culturales) que lo salvara del naufragio mientras el resto del país se hundía no le ganó precisamente la simpatía popular. Muchos recuerdan todavía las (entonces) sorprendentes pintadas en algunas paredes de la ciudad: “Nos mean y Clarín dice que llueve”.

Es que esa relación de poder –la relación entre esos grandes holdings de medios y los gobiernos, y el peso desmedido de aquellos en la esfera pública–, que antes parecía intocable, natural o invisible, se volvió materia de discusión cuando el ciudadano común empezó a tener la posibilidad de expresarse por sí mismo y llegar a otros sin necesidad de comprar una rotativa. De pronto no eran los medios de comunicación los dueños exclusivos de la palabra pública, como antes; y cuando eso ocurrió, discutir sus privilegios y sus conductas fue una secuencia inevitable.

Al mismo tiempo, muchos gobiernos descubrían que los cambios tecnológicos les daban la oportunidad histórica de deshacerse del mediador y comunicarse directamente con la sociedad. Muchos presidentes pasaron a negar la palabra a periodistas y medios para dirigirse a sus electorados desde sus cuentas en redes sociales, emisoras o programas públicos.

Esto no ocurrió solamente en América Latina, como algunos quieren creer o hacer creer, sino por todo el mundo, incluyendo los Estados Unidos. Este mes, por ejemplo, el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ en su sigla en inglés) publicó un impactante informe sobre la persecución del gobierno de Barak Obama contra periodistas y medios norteamericanos y sus fuentes, y sobre su decisión, sin precedente en la historia moderna del país, de eludir a la prensa para comunicarse con los ciudadanos en directo.

En los años que siguieron, en que los cambios también pusieron en crisis la mecánica financiera y comercial de su negocio, los grandes grupos de medios del mundo comenzaron a discutir cómo sobrevivir. Siendo dinosaurios en un mundo nuevo, ¿podrían adaptarse o estaban condenados a la extinción?

Ante ese desafío, Clarín se aferró a su estrategia histórica: seducción, alianza y chantaje del poder político, y prácticas monopólicas sobre el mercado de los avisadores. Así construyó su alianza con Néstor Kirchner, que duró los cuatro años de su Presidencia, entre 2003 y 2007. Oscurecidos por esta alianza y por su ruptura durante el gobierno de Cristina Kirchner (2007-2011, 2011 a hoy), que condujo a la guerra posterior, aquellos problemas de fondo permanecieron ignorados. “El desafío es hacerse más digital –admitió el ejecutivo que me hablaba en esa larga tarde de Buenos Aires–. Cambiar toda la estructura, explorar las alternativas. Pero la pelea con el gobierno te quita toda la energía”.

En estos cuatro años transcurridos desde junio de 2009, cuando el gobierno pasó de los ataques verbales contra Clarín a acciones prácticas para dañarlo económicamente, el Grupo perdió mucho dinero pero, sobre todo, perdió esa relación especial con el poder que había establecido décadas atrás y sobre la que basaba su estrategia de crecimiento.

El dictamen de la Corte Suprema de Justicia de hoy, que confirma la constitucionalidad de la ley de medios, es el fin formal y público a la aspiración o el sueño de que ese pasado alguna vez regrese. Tras una pelea homérica entre facciones aparentemente irreconciliables, al puro estilo argentino, Clarín ha sido arrojado por fin al duro siglo XXI.

 

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33 Comments → “Ley de Medios en la Argentina: Clarín entra en el siglo XXI, por Graciela Mochkofsky”

  1. jm 8 months ago   Reply

    “el problema en si”, el real, el que se verifica en los números, el que les duele, el que les quita el sueño y el que motoriza toda la camarilla, esta en el cable. El diario y canal 13, inclusive fibertel, son lo de menos.

  2. Ce 8 months ago   Reply

    Estoy completamente en contra de la relación siempre conveniente que Clarín estableció a lo largo de su historia con el gobierno de turno. Sin embargo, lo mas grave de todo, es la persecución por parte del gobierno (sea quien fuere, un grupo o individuo) ya que eso atenta contra la libertad del ciudadano. Un gobierno persecutorio es un gobierno anti-democrático. En el caso puntual de Clarin y los Kirchner es aún peor: el ataque deriva de la ruptura entre ambos, cuando antes, al beneficiarse mutuamente, al gobierno nunca le había importado el monopolio de Clarín

    • Raúl 8 months ago   Reply

      1º) es equivocado o acaso ingenuo pensar que la libertad del ciudadano está relacionada (y mucho menos protegida) con la hegemonía de un grupo mediático económico.
      2º) Grupò Clarín, aún suponiendo una veloz (condición dudosa ya que estimo seguirán judicializando todo lo que puedan) adecuacion a los términos que determina la ley, seguirá siendo el grupo económico mediático más importante del país. Y por supuesto seguirá manteniendo negociosos en otras áreas económicas que le permitirán mantener sus alizanzas con algunos sectores importantes de la economía (y la política) argentina.
      3º) Los cambios que se produzcan por aplicación de la ley serán usufructuados por futuros gobiernos, mucho más que por éste, con lo cual intencionada o casualmente la existencia de la ley (y la lucha que se libró en pos de su vigencia y aplicación) es un beneficio para la democracia en la Argentina futura.
      4º) Como dijo el zorro Magnetto, “los gobiernos pasan pero los medios quedan”. Son las ventajas del poder económico, nunca sujeto al escrutinio democrático.

  3. Jorge VR 8 months ago   Reply

    Muy buen análisis Graciela! Y muy buena pluma

  4. Javier 8 months ago   Reply

    Coincido que Clarín es un conglomerado dinosaurio en un mundo donde ya no encaja, pero cual es la motivación del gobierno para impulsar la ley de medios? lo hacen para aumentar libertad de prensa y la pluralidad de voces?

    Me gustaría conocer la opinión del autor de la nota.

  5. Luis 8 months ago   Reply

    Es inocultable la mala predisposición de la autora contra Clarín. Yo tampoco los aprecio demasiado, pero en esta guerra hay un grupo de presión privado que defiende sus negocios y un grupo gubernamental que tiene el monopolio de la fuerza pública y está decidido a imponer el discurso único. Si el primero es malo, el segundo es temible. Cuesta entender que algunos no lo sepan ver.

    • claudia 8 months ago   Reply

      Me gusta el artículo de Graciela Mochkofsky . Creo que los gobierno pasan y las empresas quedan. Dependerá de la participación y el compromiso colectivo para hacer que los monopolios mediáticos no terminen en negocios para unos pocos y en contra del interés general. Y no pienso en el gobierno actual, sino en el derecho a la información que tenemos. Hay que dejarle de temer a lo nuevo y animarse a construir algo distinto.

    • Pablo 8 months ago   Reply

      Justamente vos lo acabás de decir: “son negocios”, el negocio de la información… nada más que eso… y nada menos. Y el poder de la información es mucho más poderoso (valga la redundancia) que el simple poder económico, esto no es ningún misterio para nadie… lo saben Clarín y lo sabe el gobierno. Este poder tiene la capacidad de cambiar puntos de vista, pensamientos, ideologías, incluso generar revoluciones (culturales, sociales, políticas) y demás. Yo estoy de acuerdo en el tema de fondo en cuanto a un estado regulador, y que haya ciertas reglas que limiten a que el más grande (economicamente) sea el que termine fagocitando todo a su alrededaor y terminar siendo la única voz. Es demasiado poder para cuatro pelagatos…

      • choclo 8 months ago   Reply

        El dinero compra informaciòn, lo cual degenera en monopolio (aquì, en Ecuador, en colombia o en España) informativo siempre que el poder econòmico no se regule. Un avance, pero solo el comienzo de una lucha contra la radicalizaciòn de la informaciòn y, en definitiva, contra el control de las ideas en Argentina, el control polìtico, el control econòmico. Ahora a crear una hipotètica “Ley de Bancos”, para que la corrupciòn so se blanquee con tanta facilidad.

    • Hernan 8 months ago   Reply

      Clarin es un monopolio en una industria que no es cualquiera, la de los medios de comunicacion. Esto los coloca en un lugar muy distinto del de “grupo de presion privado”, con una capacidad muy superior para ejercer el poder de manera ilegitima. Por ende, dudo que sea peor que el del gobierno. Cualquier gobierno democratico tiene que revalidar su continuidad en el mandato cada cuatro años, y mal que mal en algun momento habra un cambio de signo. Una corporacion monopolica sigue siempre ahi, creciendo y mutando mientras nadie les ponga un limite. Celebro que, aun con otros intereses ocultos, el gobierno haya podido frenar a la bestia… aunque sea por un rato.

  6. oski 8 months ago   Reply

    Es una falacia suponer que los problemas de Clarin son con este gobierno ¿o acaso fue distinto con el de Raul Alfonsin? NO SE RECUERDA,cuando le dijo el problema es Ud.¿Quien pedía la derogacion del art 45? ¿Quien propicio lay de bienes culturales?.Clarin desprestigia permanentemente el sistema de partidos,obviamente golpea mas cuando la legitimidad se acaba a los finales de los mandatos,esta no sera la exepcion.Lo nuevo para mi es que se transformo en parte del problema,para grandes empresas que antes eran aliadas y que visualizan que el poder extorsionador se acaba.

  7. Raúl 8 months ago   Reply

    La información no es una mercadería, ni una empresa está por sobre los intereses de los ciudadanos, aunque algunos, contaminados por la prédica del neoliberalismo, crean que es al revés. Acá el discurso único, viene del lado del monopolio, cómplice de los genocidas del 76: “Si no hablás en contra del Gobierno, no te ” protejo ” en mis páginas, en mi TV, ni en mi cable,” Esta adecuación de la titularidad de los medios sobre las licencias ( que son propiedad del Estado, que las concede temporariamente para su explotación ) contribuirá a la real libertad de expresión.

  8. Z 8 months ago   Reply

    Me parece que lo que algunos no aceptan es que, ante la pelea con Clarín (innegable verlo como motor), el gobierno actuó con una medida democrática, positiva y legitima, en vez de la avanzada totalitaria que nos quieren vender. Si el gobierno “está decidido a imponer el discurso único” viene siendo bastante ineficaz en lograr que un multimedio se adecue a una ley antimonopólica bastante razonable. Qué flajelo la sobredramatización.

    Sin caer en la ingenuidad y siempre reclamando un trato justo para todas las partes, hay que poder ver los méritos en una ley que fue muy debatida, avalada por los tres poderes y una gran parte de la sociedad.

    Buscar motivos espurios en cada medida política podrá ser un bonito ejercicio de análisis político pero llega un punto en que anula todo balance y cae en una oposición férrea y ciega (o como dijo una cacerolera “les dan comida, salud y educación gratis para que los voten”).

    • Eduardo 8 months ago   Reply

      Clap clap clap, clap, un análisis excelente el que haces, pocas veces en foros veo tal claridad mental para describir este momento.

  9. jose maria figueras 8 months ago   Reply

    Coincido en casi todo. No tanto en eso de la relación directa gobernante-gobernado. Está muy bien prescindir de los medios y usar twitter para comunicar algo pero en algún punto es necesario el periodista. No me imagino a un vecino en una marcha preguntandole a Boudou detalles del caso Ciccone. En ciertos temas y en ciertos momentos (campañas electorales, por ej.) creo que es necesaria la “intermediación” de los medios, las conferencias de prensa y demás. Hoy con tanta relación directa con la gente tenemos un vacío informativo espeluznante. Los ministerios deberían dar detalles de todo lo que hacen y jamás rinden cuenta de nada. Eso habría que corregirlo y no creo que sea con esta ley. Si bien es muy bueno terminar con el “monopolio” de Clarín y Canal 13, me pregunto quién va a investigar y difundir de ahora en más los casos de corrupción. ¿6, 7, 8? ¿CN23? ¿C5N? Mmm…
    Saludos y aguante el Puercoespin!

  10. pil 8 months ago   Reply

    Excelente el articulo.
    Hay que entender que Nestor asumió con el 20%, era obvio que primero había que sanear otras cuestiones (deuda, trabajo, educacion…) y hubiera sido imposible jugarlasela de entrada contra Clarín. Los acuerdos y los pactos sirvieron por un momento para calmar al “dinosaurio”; hasta que llegó Cristina con toda esa espalda para bancar el costo político y todos estos años de lucha!

  11. Martín 8 months ago   Reply

    Muy buen artículo. Otra cosa que hay que señalar es que, como dicen acá, probablemente muchos “presidenciables” de la oposición estén agradeciendo silenciosamente al kirchnerismo por haber vencido al grupo Clarín en el tema de la ley de SCA. Esto no solo favorece al gobierno actual, sino que deja menos desprotegidos a los gobiernos que lo sucedan.
    Saludos.

  12. Mariano Santos Chamale 8 months ago   Reply

    Algo que reflexiono sobre el asunto es que el gobierno ha intentado repetir ese esquema de construcción poder que señala la nota: un multimedios con amplia llegada que consolide un discurso mediático. Y creo que siguen empecinados en hacerlo. La compra de radios por parte de empresarios que simpatizan es evidente, pero no siempre da resultados: cuando Radio 10 cambió de dueño, la audiencia que se suponía cautiva emigró a Mitre, que se había conformado con escoltarla en un segundo lugar por más de una década. Creo que subestiman el poder de la audiencia de elegir qué escuchar.

  13. Ricardo Kirschbaum 8 months ago   Reply

    Graciela,
    He leído tu nota. Lamento que ignores el funcionamiento de ese coloquio que no comenzó cuando tu dices sino que la primera etapa fue en mayo en la misma Universidad de Columbia. Entonces integré un panel en el que expuse mi punto de vista sobre la Ley de Medios que tanto te deslumbra a vos. Es mi opinión que es diferente de la tuya, lo que sería normal en un país normal. Este capítulo del coloquio (al que también fuí invitado como a la gala por los premios Moors Cabot) estaba destinado a otra problemática, sobre todo a la de Ecuador y Venezuela. Tuve que caminar al micrófono para hacer una pregunta que debía tener un contexto, sobre el que Martín Becerra prefirió ignorar, para contestar vaguedades, porque era la única forma de formularla. Respecto a mi condición de viajero frecuente, para victimizarme, es una opinión que no comparto en lo más mínimo. Quizá haya que preguntarle a los miembros del board del Global Editors Network (GEN), que yo presido por voto de sus miembros porqué hacen reuniones en diferentes países (incluído Buenos Aires) que obligan a esos viajes. Respecto de la repercusión o no de lo que yo pregunté es tan subjetiva como lo fue la reververancia de lo que se dijo en otras mesas del coloquio.
    Por último, esto de que Clarín ingresa en el siglo XXI con la ley de medios me parece algo temerario. Precisamente una ley que no tiene nada de nuevos medios ni de internet no parece muy moderna. Pero eso es otra discusión.
    Cordialmente

    • Sergio 8 months ago   Reply

      Reverberancia se escribe con “B”

      • UC 8 months ago   Reply

        “que no comenzó cuando tu dices”
        “sobre la Ley de Medios que tanto te deslumbra a vos”

        en fin.

    • Diego Estévez 8 months ago   Reply

      Ricardo, lamento que celebres la independencia de la Corte cuando te falla a favor, y que escribas “El relato de la Corte” cuando te falla en contra.
      Y por favor, cuidá la ortografía. Tenés un cargo demasiado alto como para tener faltas. De paso, comentale a Ricardo Roa que no se escribe “tosudez”, sino “tozudez”.

  14. Corrector despedido 8 months ago   Reply

    El mensaje de Kirschbaum es coherente con la política que ha llevado a cabo el diario de prescindir desde hace años de los correctores, aprovechando el ilegal despido de la comisión interna en 2000 para cerrar esa sección. Su post tiene tantos errores de puntuación, faltas de ortografía y de concordancia, anacolutos y solecismos, como a los que nos tiene acostumbrados el matutino en retirada.

    • Porquídeo 8 months ago   Reply

      Del mensaje en sí ni hablar, ¿no?

  15. Diego Estévez 8 months ago   Reply

    Me quedó algo en el tintero: a Graciela le podrán decir cualquier cosa, menos que es oficialista u opositora. Es una periodista con ideología, como todos (los robots no hacen periodismo), pero con dos dedos de frente y mucho raciocinio. Y tratando de hacer un periodismo verdaderamente independiente, no un slogan vacío y, a esta altura, casi cómico.

  16. Martin Becerra 8 months ago   Reply

    Estimados: leí con atención la nota y el posterior intercambio, con la referencia que hizo Ricardo Kirschbaum a mi intervención.
    Corresponde que el lector cuente con el acceso directo al video completo de la conferencia, en cuya mesa sobre “medios públicos en América Latina” participé, para que forme su propia opinión más allá del calificativo que me destina Kirschbaum: http://www.cabotprize.com/freedom/independent-public-news-media-in-latin-america-why-not/#more-303
    Además, se puede ver el resto de la conferencia, que contó con dos fases, en este link (http://www.cabotprize.com/press-freedom-conference/) y en este (http://www.cabotprize.com/freedom_category/octobers-panels/).
    En mi blog (http://martinbecerra.wordpress.com/)están disponibles, por último, numerosos artículos que realizo sobre la regulación del sector de medios de comunicación, mi perspectiva crítica sobre las políticas de diferentes gobiernos en América Latina así como sobre la concentración del sector, la reciente declaración de constitucionalidad de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual por parte de la Corte Suprema de Justicia de la Argentina y otras temáticas afines sobre las que trabajo como profesor e investigador.
    Saludos cordiales.
    Martín Becerra

  17. raul 8 months ago   Reply

    Quizás la ley de medios trasciende las fronteras de lo publicitado por sus creadores gubernamentales; más aun en el contexto actual.

    el hecho de haber volteado definitivamente las trabas impuestas por clarín en el sentido de considerar inconstitucional 4 artículos de la misma, para nada implica que dicha ley sea beneficiosa para la población; sobre todo si se tiene en cuenta que luego de tasarse las licencias pertenecientes al grupo y de llamarse a concurso para la adjudicación de las mismas, será el ente controlado ( afsca) por Martín Sabatella el encargado de elegir a los futuros adjudicatarios de dichas licencias.

    Observado el asunto desde semejante punto de vista, la pregunta sería
    ¿existe posibilidad cierta de que la ¨selección¨ de afsca dé como resultado el otorgamiento a adjudicatarios aliados al gobierno? la respuesta es obvia.

    si se tiene en cuenta la cantidad de medios controlados por el Estado ( o por su representante) y, además, el sostén económico ( vía pauta publicitaria oficial) canalizado hacia los medios afines que revisten el carácter de ¨independientes¨, el asunto es denso.

    Aun con la salida del actual gobierno, los componentes del mismo continuarían controlando determinados mecanismos si algunas de las figuras perfiladas como parcialmente presidenciables ( scioli-massa)son aliados del kirchnerismo.

    sin embargo existe otro aspecto a tener en claro con relación al fallo de la corte y a la ley en sí. esta última bajo ningún aspecto le ASEGURA A LA POBLACIÓN el acceso a TODA LA INFORMACIÓN.

    De lo que se ha tratado y trata es del combate entre dos grupos monopólicos Clarín- Gobierno.

  18. Esther 8 months ago   Reply

    Estimada Graciela:

    Muy buen artículo. Trae a colación (aunque no se desarrolle en profundidad, cuestión lógica por el tema inicial) cuál es el rol del periodismo en la era digital. Qué clase de periodismo se necesita.

    En lo personal, creo que la notoria falta de seriedad y rigor que viene exhibiendo el grupo Clarín es la más clara advertencia de que se ha quedado atrás: en estos tiempos que corren, o el “periodismo formal” muestra que es más capaz que cualquier administrador de un blog de ejercer con calidad y responsabilidad la tarea de informar y opinar, o bien, tarde o temprano, quedará fuera de foco. Cuando se llega a la situación de que uno, ciudadano de a pie, encuentra sitios web donde es posible obtener información más fidedigna y variada (en algunos casos, incluso, relatada con mejor calidad sintáctica, ortográfica y de edición) que la que se halla en los diarios y revistas convencionales, entonces es para pensar un poquito…

    Desconozco si quien comentó como “Ricardo Kirschbaum” es, realmente, Ricardo Kirschbaum. Si lo es, y adhiriendo al comentario de “corrector despedido” en cuanto a las críticas formales que hace desde el punto de vista de la corrección ortográfica, adiciono la siguiente:

    «Quizá haya que preguntarle a los miembros del board del Global Editors Network (GEN), que yo presido por voto de sus miembros porqué hacen reuniones en diferentes países (incluído Buenos Aires) que obligan a esos viajes».

    En otras palabras, Buenos Aires es un país. Este es un lapsus que vale la pena tener en cuenta en relación a la Ley de Medios: la oposición entre un pensamiento centralizado en la ciudad de Buenos Aires, desde la cual se disemina información, voces y contenidos hacia todo el país, con un pensamiento que promueve la generación de información y contenidos con características propias en múltiples puntos del país.

    En Argentina hay libertad de expresión. No está asegurada por el grupo Clarín; si no existiera igual habría libertad de expresión. El discurso épico de que un “medio independiente” (¿?) es el que nos salva de la uniformidad represiva de un gobierno autoritario debía hacerse durante los años de plomo, no ahora. Ahora no hay épica alguna en criticar al gobierno, ni necesidad de salvar a una república moribunda de su trágico destino, porque, votes a quien quieras votar, lo cierto es que la república está bien viva y sana.

    Quizás sea un signo de los tiempos que vivimos el que, así como así, cualquiera pueda considerarse un Rodolfo Walsh.

    Desearía vivir un tiempo donde periodistas, comunicadores y/o opinólogos, todos aquellos que tienen acceso a una página gráfica, un micrófono o una pantalla de televisión, tuvieran la capacidad de ejercer con la máxima seriedad su profesión y entendiendo que es más que un trabajo: es un servicio público. Y la humildad de no intentar representarme, ni a mí ni al otro ni al de más allá. A mí, al otro y al de más allá nos tienen que representar los integrantes del poder político, que esa es su tarea. El grupo Clarín lleva décadas confundiendo roles. Esa confusión la hemos pagado cara y la seguimos pagando cara.

    Saludos.
    Esther

  19. Z 8 months ago   Reply

    Muchachos, el único indicio de que ese es un mensaje del editor de Clarín es que las palabras “Ricardo” y “Kirschbaum” fueron ingresadas en el campo de nombre… No alcanza ni para hacer un chiste

  20. Luis 8 months ago   Reply

    No hay que olvidar que el diario en si es intocable. La ley solo legisla sobre medios audiovisuales, no escritos.

  21. mnehoda 8 months ago   Reply

    1. Creo que todos estamos de acuerdo en que el monopolio es malo. Pero la situación aquí es otra: la mayoría de los medios pertenecen o están sometidos al Gobierno; por lo tanto, sólo informan aquello que es afín a él.

    2. El Grupo Clarín -porque está enemistado con el Gobierno- nos da otra versión de las noticias. Si desaparece el Grupo Clarín -claro, no será de la mañana a la noche- ya no tendremos voces independientes que escuchar.

    3. Tan temprano como en la escuela, aprendí que ninguna ley puede ser aplicada de manera retroactiva. Por lo tanto, una vez vencidos los contratos actuales -firmados de acuerdo a la ley vigente en ese tiempo- recién entonces al firmar los nuevos contratos hay que ajustarse a la nueva ley.

    4. Si queremos ver lo que sucederá en el futuro en nuestro país -si las cosas siguen como ahora, sin cambio político- nomás observar lo que ya está sucediendo en Venezuela: los medios que no son afines al Gobierno han sido cerrados o han tenido que cerrar o han sido comprados por la fuerza. El pueblo se esfuerza por tener tv por cable, para escuchar las voces y las opiniones de afuera.

    5. Digo NO al monopolio, porque es peligroso, si éste es afín al Gobierno; si éste abusa de su exclusividad.

    6. Digo SÍ a Clarín/Canal 13 porque -salvo algunos pocos periódicos ELECTRÓNICOS como Periódico Tribuna- no tengo otra manera de saber la verdad de lo que sucede. ¿Se imaginan a Canal 7 denunciando a Boudou?

    7. Todos sabemos -porque lo vemos en las páginas del diario Clarín- que la publicidad del Gobierno casi no figura en sus páginas; miremos por el contrario, a los diarios afines y notaremos la innegable diferencia.

    • Z 8 months ago   Reply

      “la mayoría de los medios pertenecen o están sometidos al Gobierno; por lo tanto, sólo informan aquello que es afín a él.”

      ¿¿¿??? ¿Dónde vive usted? La Nación, Perfil, infobae, América, Canal 26, La Gaceta de tucumán, La capital de Rosario, Continental, La Red, ¿sigo? Casi todos medios de primera línea con mucho alcance, todos con líneas opositoras. Eso sin mencionar a radios como Rock & Pop o Vorterix que a pesar de ser de Garfunkel y Spolsky tienen una línea bastante dura con el gobierno.

  22. Federico Rangnau 8 months ago   Reply

    el matrimonio cenaba con el monopolista -contado por ella- …razones secretas de estado…y los ciudadanos se comportan como esclavos, chismosos, peleándose…increíble!

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