De Sierra Maestra al delito: no todos seremos como el Che, Por Ary Garbovetzky

24 febrero, 2013

 

 

 Cuban Revolutionary Rafael San Martin

 

-Tengo una mala noticia. A su hijo Marcelo lo tenemos secuestrado.

Diana se quedó con el teléfono en la mano. Intentó una plegaria en idish, como hubiera hecho su madre: גאָט מייַנער (Dios mío). Miró la hora: 10.45. La Policía pregunta siempre a qué hora, como si fuera lo más natural del mundo mirar el reloj en un momento así. No tiene lógica, pero Diana pudo contestar luego: 10.45. Marcelo había salido para el colegio, el Chester, a las 7. A las 10.45 del viernes 3 de julio de 1992, llevaba casi cuatro horas en poder de sus captores. Y ella sólo tenía esa voz a que aferrarse.

-Diga en la escuela que tiene paperas -le indicó (¿tenía un acento afrancesado?).

Paperas: dos semanas de cama.

-Mañana -dijo el francés-,  va carta.

No le dijo: le enviaremos una carta, sino, así, canchero: “va carta”.

Diana llamó a Silvio.

-¿Estás segura? –respondió él–. ¿Llamaste al Chester? ¿No se habrá hecho una chupina?

No se le había ocurrido. Los hombres abusan de esto: hacer sentir a sus mujeres que son boludas.

En el colegio no estaba. Diana pidió hablar con Paola, su hija mayor.

-¿Pasa algo, má?- preguntó Paola.

-Después te digo. No hables con nadie de esto.

El diariero tampoco lo había visto.

Debe ser verdad, concluyeron.

-Voy a hablar con los Cohen -le dijo Silvio. César Cohen había sido secuestrado en el ‘85[1]. La Policía lo liberó tras 70 días de cautiverio. En vez de paperas, los secuestradores habían pedido a los Cohen que pretextaran una enfermedad de más largo aliento: hepatitis.

-Tenés que esperar – le aconsejaron los Cohen, pero después sugirieron:

- ¿Ya hablaste con Aguado?

Aguado era  Jorge Aguado,  gobernador de Buenos Aires durante la dictadura militar y dirigente de la Unión de Centro Democrático (Ucedé), aliada por entonces del presidente Carlos Menem.  Aguado lo puso en contacto con José Luis Manzano, el ministro del Interior de Menem. En pijama, el joven ministro, a quien apodaban Chupete, le entregó un Movicom: uno de los primeros celulares vistos en el país. Era un auténtico ladrillo.

-Vamos a poner todo el esfuerzo en su caso. Le voy a dar este celular para poder llamarlo. Atiéndalo- lo instruyó[2]. También le aconsejó que no tomara pastillas para dormir, aunque estuviera muy pasado de rosca. Y lo mandó con el jefe de Defraudaciones y Estafas de la Policía Federal, Vicente Palo.

- Menem no quiere ningún quilombo con la comunidad- le había explicado Aguado. Había querido que entendiera: No siempre pasa esto con el secuestro de un pibe. No es por vos, Dalman.

Ya habían volado la Embajada[3].

 

***

 

Palo pinchó los teléfonos. Puso a sus mejores hombres, entre ellos a Carlos Sablich, el investigador clave en la liberación de Mauricio Macri[4] un año atrás. El  mismo que había desbaratado al clan Puccio[5].

Lento, el tiempo sin Marcelo.

Esa voz.

 

***

 

Diana sospechó de Mirta, su manicura. Estaba con ella cuando recibió la llamada del francés. Mirta le había contado, justo ese día, que estaba de novia con Alen, un argelino.

-Hablan francés ahí, ¿no?- aportaron los Dalman a la Policía.

Si lo investigaron, no encontraron nada.

Sin sospechar que era sospechada, Mirta llamó, preocupada, todos los días. “La mencionada (Mirta) Berdesagar en forma reiterada efectúa llamados preguntando sobre la situación”, dejó constancia, suspicaz, el informe policial[6].

 

***

 

El martes, cuatro días después de la llamada, llegaron dos cartas.

Una para Silvio, otra para Diana.

El secuestrador las llamaba “fotocopias” y las numeraba. Eran largas, pero no las puedo cortar. Esta es, en gran medida, una historia epistolar.

Fotocopia N° 1[7]

Señor

En mi carácter de jefe de operaciones de una maniobra de reparación patrimonial me dirijo a Ud. en circunstancias graves para ambos: para su parte, porque están en juego altos valores espirituales y materiales; para nosotros, porque los errores tienen un castigo cruel.

Su ostentación de riqueza (faraónica recepción en el Hotel Libertador, por ejemplo), en un tiempo en que la Nación sufre el yugo del segundo Martínez de Hoz, fue su sentencia. El veredicto es el operativo que nos ocupa.

Desde el inicio creo fundamental que tenga en claro determinadas premisas:

a)      Nuestro proceder tiene un basamento ideológico de neta raíz humanística, amalgamando lo empírico con lo social.

b)      Todo cuanto afirmamos no sufrirá  mutaciones en el curso de esta causa, siendo esta conducta coherente hasta las últimas secuelas.

En base a lo anterior, y en esta etapa de los acontecimientos, le informo:

a)      Que depende exclusivamente de Ud. que este operativo tenga un final feliz.

b)      Que en todas las dimensiones de nuestro accionar el tratamiento hacia “lo humano” será cálido, inalterablemente “civilizado”.

c)       Que no podrá nunca comunicarse conmigo, quedando cerrado todo circuito telefónico o de tercera persona. La correspondencia será la única vía de contacto.

d)      Que la información a la prensa sólo sirve para enervar actitudes, publicitar idioteces y exhibir un muestrario de embustes que nada contribuyen para finiquitar las tareas. Prevenimos –para bien de todos- alejarse de este panal de avispas.

e)      Que la participación policial sólo es útil para finales trágicos, cobro de comisiones espúreas y manoseo del grupo familiar. Sugerimos -en beneficio de su stress y de su bolsillo- no hacer ninguna denuncia ni propiciar pesquisas de pseudo investigadores (Va de cierto que enseguida nos enteraremos -por confidenciales que sean- del rumbo de sus pasos por los organismos de seguridad).

f)       Que aquí es muy cierto aquello de que “el silencio es salud”. Es aconsejable que nadie se entere sobre este capítulo de su familia. DSC02720Como las noticias corren de secreto en secreto, enseguida se hacen vox populis. Ojo, porque éste es uno de los elementos que conduce a los fracasos, a los finales dolorosos. Mantener el silencio es saludable para todos, permitiendo que el telón caiga sin lágrimas para nadie.

Sí, por cierto, que tendrá que abonar la correspondiente indemnización. Desde ya es conveniente que comience a pensar en este apremio. ¿A cuánto llegará el monto demandado? Está condicionado por su conducta en los próximos días. Una cosa es con alharaca (publicidad y agentes secretos, por ejemplo) y otra con entendimiento en voz baja.

Le escribiré próximamente, aunque es factible que el correo ya esté controlado. Atención: su teléfono estará “pinchado” las 24 horas. También es probable que Ud. sea seguido a todas partes. Las precauciones que tome servirán para agilizar las gestiones. Va carta para su señora esposa.

Relea este mensaje: en él encontrará la respuesta a todas sus preguntas; la clave para que sus desvelos vean con mesurado optimismo los acontecimientos del futuro.

J. Velázquez.

 

Fotocopia N° 1

Señora

Es difícil acercar unas líneas a una madre compungida, máxime cuando el autor del mensaje es al mismo tiempo el causante de la aflicción. (Detrás de todo esto emana una compleja filosofía existencial sobre la que no es del caso polemizar. Duro, muy duro, ha sido en nuestra patria la convivencia entre las castas privilegiadas de Palermo y Belgrano con los desclasados de extramuros o con los predicadores de doctrinas para la liberación).

Yo condeno como aberrante toda privación ilegítima de la libertad y creo firmemente que las Tablas de Moisés encierran los más valiosos Derechos Humanos. Pero, y esto es fundamental, hay coyunturas histórico-sociales que precipitan a las actitudes extremas. La Argentina transita una de ellas.

Creo que la sensatez de su esposo posibilitará que todo termine en paz. También será necesaria su colaboración, el valioso aporte de su cordura para que el proceso no se salga de su cauce lógico.

Descontando el agravio que siente, la exhorto:

a)      A mantener el mayor secreto en lo referente a los acontecimientos que nos ocupan.

b)      A tener la plena seguridad del trato más excelente para con su hijo.

c)       A decir en el colegio y hacer pública la información de que “el hijo tiene paperas”.

d)      A conservar un extremo sigilo en sus comunicaciones telefónicas, las confidencias en las relaciones y en general con todo el espectro social.

Periódicamente recibirá las cartas que libremente le redactará su hijo. En ellas, entre otras cosas, se convencerá del buen estado físico y psíquico del mismo (otra actitud no sólo sería indigna, sino que estaría reñida con los nobles ideales que profesamos).

Tratamos de mitigar su pena. Ojalá todo se resuelva con rapidez. Excúsenos y otorgue crédito a nuestra seguridad de que jamás el rigor lo aplicaremos sobre ningún indefenso. Por el contrario, será nuestra obsesión que la estadía sea lo más placentera posible. Créanos, por favor.

J. VELAZQUEZ.

 

Las cartas llegaron en sobres con franqueos pagos, por vía de distintos correos privados, una novedad por entonces en la Argentina. En el renglón del remitente, Velázquez entregaba su dirección: Luis María Campos 17.

Ahí no había nada.

El juez Miguel del Castillo las mandó a peritar pero ni los instrumentos ópticos, ni los químicos de la cámara fumígena hermética, ni los reactivos magnéticos, encontraron rastros de una huella o un pelo: ni una pista.

 

***

 

“No hablés con la Policía. Pagá y seguí tu vida.  Son ellos”[8], le aconsejaron a Silvio los Meller, otros miembros de la comunidad judía que también habían pasado por la experiencia de un secuestro y tenían parientes en el edificio de los Dalman.

Silvio estaba dispuesto a hacerlo, pero no sabía cómo. Ni siquiera había un pedido de rescate.

La Policía le pidió que hiciera listas: de empleados, de personas que pudieran estar enojadas con él, de extranjeros o argentinos de su entorno que vivieron algún tiempo afuera.

Su negocio de rulemanes andaba bien, pero le resultaba impensable que lo hubieran escogido por su riqueza.

“Puede ser alguien de la barrabrava de Atlanta o una venganza de (Julio) Grondona, de la AFA”, sugirió Silvio a los investigadores.

En 1985, Dalman, como presidente del “Bohemio” (Club Atlanta), había vendido dos jugadores a Boca por 250 mil dólares: Rubén Gómez y Alfredo Graciani. La operación tuvo una treta: no pagó comisión a la AFA[9]. Los problemas con Grondona se agravaron cuando, ese mismo año, Atlanta perdió la final del octogonal de ascenso a Primera contra Racing, en un partido en el que los dos equipos coimearon al árbitro pero Dalman puso menos, perdió y armó un escándalo.

En suma: si había alguien que quisiera cobrarse una cuenta con él, venía de la mafia del fútbol.

En los expedientes no hay registro de que se haya seguido esa pista.

 

***

 

Llegaron dos nuevas cartas. También en sobres con estampillas de correos privados. Las dos, dirigidas a Diana. Una estaba escrita por Velázquez, la otra tenía la reconocible caligrafía de Marcelo. Una pensada, la otra espontánea. Ambas, sin embargo, cumplían con los rituales del género: ofrecer tranquilidad y terror en las dosis justas.

Tampoco se las puede mutilar.

Fotocopia N° 2

Señora

De conformidad a lo anticipado en la anterior, adjunto remito a Ud. nota redactada por Marcelo. La misma brotó expontáneamente (sic) del más libre ejercicio de su voluntad.

Su hijo es una criatura excepcional que con su desbordante pureza enseguida nos conquistó a todos. Es un hombre en el sentido más amplio de la palabra. Llegado a nuestra casa fue impuesto -con especial ternura- de su nueva situación. Nunca existió ningún tipo de violencia. Vino con nosotros, creído -con sorpresa- en la existencia de una investigación sobre drogas en el Colegio Chester.

Aquí goza de una espléndida habitación, una muy buena cama, radio, televisión, baño, diarios y revistas, alimentación a su antojo. Claro que extraña a su hermano adorado, a su hermana, a Luciana, a los padres que idolatra. Pero con suave dialéctica hemos conseguido (logro importantísimo) que en muy poco tiempo se acomodara a una realidad pasajera donde su sensatez le permite llevar con excepcional templanza este exilio involuntario. Créame, señora, que su Marcelo está intacto y que, de alguna manera, es el hijo que todos soñamos tener…

Estamos jugados y el operativo continuará hasta las últimas consecuencias, aunque pasen muchos calendarios y a todos nos desagraden las resonancias de esta encrucijada cruel. Descuento, eso sí, que su discreción se manejará con la inteligencia que la situación reclama, todo según el exhorto formulado en la nota N° 1.

Silencio, velocidad y pago son la trilogía que la hora reclama. Si ustedes cumplen su parte del lado nuestro seremos muy felices con el retorno de Marcelo. Ojalá para el 25 pueda ir a Chapelco con sus amigos de Cardales.

J. VELÁZQUEZ

 

La carta de Marcelo estaba escrita a mano. Tiene una letra cursiva, redondeada, sobre una hoja membretada del Europa Palace Hotel, con una fecha de otro tiempo: 15 de agosto de 1970.

Marcelo resalta este detalle y reescribe el día real: 5 de julio de 1992.

 

Diana, Silvio, Pao y Nico:

¿Cómo están? Yo estoy bien, me tratan muy bien y lo más importante es que me dan comida rica. Estoy acá hace ya dos días pero no entiendo por qué. Me imagino que debe ser un problema de plata con papi. Sé que él va a salir adelante. Y que dentro de poco voy a salir (espero). Si es por mí no se preocupen, porque me tratan muy bien.

Traten de sacarme de acá lo más rápido posible. Los extraño mucho. Lo único que hago acá es estar pensando que por ahí no los voy a ver más. A la noche me cuesta dormirme.

Espero que Nico ya esté bien. Mándenle saludos a las abuelas y por favor díganle a Pao que la llame a Luciana y que le diga que la extraño y que la quiero y que cuando salga de acá lo segundo que quiero hacer es estar con ella (lo primero es estar con ustedes). Su teléfono es 542 0571. Los extraño mucho.

Silvio: si el problema es como yo lo pienso, no te sientas culpable porque después de todo lo que vos hiciste por mí, todo lo que vos me diste junto con mami, como enseñarme a jugar al fútbol, la fiesta, mis hermanos y mi forma de ser, no tenés por qué sentirte mal. Lo único que te pido es que trates de solucionar esto rápido. No porque me traten mal sino porque los extraño. Pa: tengo ganas de jugar al fútbol pero acá no puedo, pero dentro de poco voy a salir gracias a vos y voy a jugar. Cada gol que hago va a ser para vos, que me seguís a todos lados donde juegue.

Los amo, los extraño y quiero volver.

Marcelo Dalman

PD1: Por favor hagan lo de Luciana

PD2: Este papel lo encontré en el libro de Miguel Ángel. ¿Te acordás má que yo lo saqué para el trabajo especial? Bueno, la hoja esta quedó en mi mochila.

PD3: Me siento solo y aburrido.

PD4: Puta madre: Newell’s campeón.

 

***

 

Un día después llegó un sobre para Silvio. Era la tapa de la revista Somos del 4 de noviembre de 1991. Allí está el rostro, ajado, del DSC02723padre de Ricardo Manoukian, un joven empresario que había sido secuestrado y asesinado por el clan Puccio en 1982[10]. “Exclusivo. Hay que pagar y callarse como los Macri”, decía el título de la entrevista. Pero no había nada más. Ninguna instrucción.

Estaban desorientados, familia y Policía.

Silvio hizo contacto con amigos de amigos y llegó al rabino vidente Vitton, que por entonces recibía encargos en una casa del barrio porteño de Palermo. Vitton le pidió a Dalman que fuera con un niño de ocho años recién cumplidos. Vicente Palo se coló: pidió estar presente para aprovechar de primera mano los datos que pudieran servir a la investigación.

El rabino colocó en un vaso de agua un chorro de aceite y se concentró en su visión. Silvio recuerda que fruncía el entrecejo, resoplaba con fastidio y murmuraba en hebreo. Al fin, preguntó:

-¿Son todos judíos? Acá hay interferencia.

Un día después, Silvio volvió con otro chico y sin Palo.

-Veo una casa en el campo, pero está todo muy borroso. ¿Tiene ocho años recién cumplidos ese chico?- volvió a buscar excusas el rabino.

Palo hizo su aporte. Contactó a una bruja de Santiago del Estero, quien le había ayudado, comentó, en otros casos difíciles. “Está cerca de un tren, cerca del mar, va a haber tiroteo, pero saldrá todo bien. Tienen que pasar entre 11 y 13 días”, vaticinó la hechicera, según recuerda Silvio Dalman.

Acertaría y erraría en proporciones semejantes.

 

***

 

En esos días de pensamiento mágico, la investigación consiguió su primer logro: un testigo capaz de hacer un foto kit de un sospechoso.

DSC02725Mario Pérez era chofer del director de Sevel[11], Domenico Ferraris. Lo buscaba, hacía cinco años, a la misma hora: a las 7, en un departamento ubicado en Virrey del Pino 2182, casi en la esquina con Arcos al 1600, donde vivían los Dalman.

Alrededor de las 7.15, todos los días, Marcelo salía de su casa rumbo al colegio. Caminaba por la calle Arcos.

Quince días antes del secuestro, Pérez había descubierto algo raro. Mientras esperaba a Ferraris, había visto a través de la mampara de vidrio del edificio un Torino con los vidrios empañados, del que había salido un hombre que había dado una vuelta completa a la manzana, parando cada tanto junto a un árbol y estudiante los movimientos de un edificio. En los días siguientes, parecía repetirse la rutina: el mismo hombre bajaba y hacía el mismo recorrido, sin variantes. Pero cambiaba de auto: un día un Peugeot, otro un Renault 9. El gran descubrimiento de Pérez fue que todos los vehículos tenían la misma chapa patente: C-876765. A veces, además del circuito a pie, el auto se movía unos metros y paraba. Daba una vuelta y regresaba al mismo lugar.

Así describió al sospechoso: “Sería de unos 55 a 60 años de edad, de una altura aproximada a 1.75, delgado, de cabello cano, con peinado raya al medio o entradas, usaba una gorra clara, con visera, y vestía un pilotín, del tipo denominado  siete octavos”.

Pérez había presenciado el secuestro sin comprender de qué se trataba. El 3 de julio había visto al Renault 9 con la chapa de siempre moviéndose por su calle, Virrey del Pino. Le llamó la atención que el acompañante, el canoso de pilotín, estuviera arrodillado en el asiento del acompañante, al parecer acomodando algo que estaba atrás.

Lo que acomodaba era a Marcelo, que había sido levantado pocos minutos antes.

 

***

 

Sonó el celular que le había dado el ministro. Era el mismísimo presidente Carlos Menem.

-Estén tranquilos, confíen en Dios. Va a salir todo bien – dijo Menem a Silvio y a Diana.

Habían explicado a los Dalman que Menem temía que fuera un secuestro antijudío y que había encomendado que nada ni nadie estorbara a los investigadores del caso.

-Tiene a la elite de la Policía Federal trabajando para traer de nuevo a casa a su hijo -le aseguró el Presidente a Diana.

 

***

 

Diez días después del secuestro llegaron dos cartas más, una enviada vía Oca, la otra vía Andreani. Esta vez las dos iban dirigidas a Silvio y eran idénticas: ponían precio al rescate. Habían sido enviadas en duplicado para asegurarse de que el mensaje llegara.

La prosa es menos lucida, empieza con una errata, sigue con advertencias previsibles, reitera el poco inspirado cliché: “lujo de detalles”, y las referencias ideológicas son escuetas. Pero igual vale la pena reproducirla completa.

Fotocopia

N° 2

Señor

Queda en firme, por cierto, todo lo manifestado en la Nota N° 1 (por error de compaginación dirigida a Marcelo y no a Ud.)[12], en cuyo texto se encuentran los principios rectores con que se desenvuelve nuestro accionar.

Ha sido un mal comienzo el que este operativo haya alcanzado notoriedad. Se enteró todo el Chester y, por consiguiente, lo saben los padres de los alumnos; secretamente la Dirección del colegio se cubrió informando a la Seccional. Fue una jugada harto desacertada que ignoró la advertencia de una clara información telefónica. Trate, en lo posible, de enmendar el equívoco con el cuento de la enfermedad. Ya no es creíble pero tranquiliza un poco a los impacientes del entorno. Después vienen las vacaciones invernales y la ausencia puede tener el camuflaje de algún viaje. En fin, de todas las maneras la desobediencia a lo solicitado es más grave para Ud. que para nosotros porque ahora estamos obligados a doblar la pretensión confiscatoria. La Nota N° 1 fue muy clara: “Una cosa es con alharaca…”.

Transcurrida la primera etapa del procedimiento que nos ocupa, pasamos ahora a establecer el monto de la indemnización que deberá abonar. Sin intervención de los medios masivos de comunicación, desde ahora hasta el 3 de octubre, la cifra que deberá acercarnos asciende a U$S 1.000.000 (un millón de dólares) y $ 200.000 (doscientos mil pesos). Del 3 de octubre al 21 de diciembre habrá un incremento del 20%. El límite alcanzará hasta la llegada del verano. Después, ambos enfrentaremos un duro desafío. El año próximo, si Ud. no abonó, Marcelo regresará pero el padre no estará para recibirlo…

Aquí no existen regateos o alguna de las fórmulas negociadoras. Está claro que no somos mercaderes o tenderos; tampoco traficantes aptos para aceptar rebajas. Por otra parte, no existen posibilidades de conversación entre las posturas enfrentadas. La cifra exigida será alcanzada en billetes de U$S 100 (100 dólares), usados, ordenados en fajos de U$S 10.000, con o sin constancia bancaria; los pesos argentinos en billetes de $ 50 (cincuenta pesos), también usados.

Descuento que enfrentará la amarga contingencia con la responsabilidad que el acontecimiento reclama. Los argentinos tenemos una abultada experiencia en esta clase de sucesos donde los errores se pagan con pérdidas irreparables. Ojalá sepa Ud. actuar con inteligencia, discreción y rapidez. Es de su exclusividad alcanzar el monto indemnizatorio. Es una cantidad abultada, fuerte, pero Ud. maneja resortes que no pueden dejar de responderle: el propio patrimonio es significativo; también lo es el de algunos familiares y amigos; puede acudir a sus relaciones en la banca; tiene a su alcance la solidaridad de instituciones que ayudan en esta clase de emergencias (Daia y Amia, por ejemplo).

Conocemos con lujo de detalles sus pasos en la actividad profesional, la que podríamos desmenuzar con precisión de relojería. En manos del periodismo su persona quedaría hecha trizas. Pero no es esa la intención que nos anima: sólo reclamaremos la indemnización anunciada. Una vez recibida, punto final y operativo concluido. Ud. debe saber que nosotros estamos infiltrados en la Casa Rosada, la Policía, el periodismo, el Ejército y, por supuesto, el Chester, donde conocemos con lujo de detalles todo lo acontecido desde el viernes 3 en horas de la mañana. Hacerse ilusiones con la Federal (emporio de secuestradores y asaltantes), en la propia astucia o en el Mossad, por ejemplo, es tan poco sensato como demostrativo de su ignorancia sobre la historia negra de la Humanidad.

Sus teléfonos ya están intervenidos, los organismos de seguridad alertados; asimismo, los movimientos de su familia están vigilados. ¡Todo por no guardar silencio! No escuchó nuestras advertencias, como tampoco parece comprender que publicitar el suceso no sirve nada más que para lanzar nafta en el incendio.

Finalmente, para que por su mente no pase ningún pensamiento equívoco, le reitero: la cifra reclamada es de todo el monto o nada. Cualquier cantidad inferior sólo serviría para prolongar nuestra común expectativa.

La próxima semana, después de evaluar sus últimos movimientos, le haré conocer -carta mediante- la manera de cómo me hará saber su respuesta.

J. VELAZQUEZ

 

***

 

-No sabés qué hacer. Si prendés la tele, al rato te sentís mal, culpable. ¡Cómo te vas a distender mientras Marcelo está secuestrado! Así vivíamos esos días. El 14 cumplimos nuestro aniversario de casados con Diana. Queríamos celebrarlo. Planeamos una pequeña fiesta. Pero a las 10 de la noche no podíamos pensar en otra cosa que en Marcelo. Y en lo que teníamos que hacer al otro día -recordaría Silvio.

Habían llegado tres cartas. La dirigida a Silvio era racional y venía con instrucciones. La de Diana apelaba a su terror de madre  y un nuevo manuscrito de Marcelo, para los dos, perseguía como único fin quebrarlos con emoción.

El texto dirigido a Silvio, después de una nota fallida, vuelve a brillar. El uso de recursos gramaticales poco habituales genera una prosa sofisticada. El continuo análisis de la situación, las especulaciones desde el “lugar del otro” y las reflexiones que bordan los requerimientos muestran a un secuestrador muy diferente a la a “mano de obra desocupada” de la dictadura que dominaba, entonces, este rubro delictivo.

Coherentes con nuestro accionar ahora acercamos a Ud. la primera oportunidad de comunicarse con nosotros.

Con el correr de los días se fue haciendo necesaria una definición de su parte. Las posibilidades, como muy bien lo sabe, están reducidas a dos alternativas: abonar o no abonar. Otra vez el viejo dilema de Hamlet que condiciona el tránsito para las instancias futuras.

¿Cómo indicar su resolución? Fácil: el silencio significará un rotundo “no”; su presencia en determinado lugar, un acústico “sí”.

El lugar de cita es: Revestimientos La Europea, Cabildo 1647, Belgrano.

Tendrá que estar junto a la vidriera a las 12 horas, en punto, hasta las 12.15. Lo acompañará su señora esposa, y Ud. lucirá un pantalón blanco teniendo en la mano un maletín. Los días indicados son exclusivamente los lunes, miércoles y viernes. Nuestros observadores considerarán su presencia como señal positiva, como primer paso para el futuro trasvasar de la expropiación señalada.

Como ambos vivimos una coyuntura extremadamente delicada, sería demasiado torpe actuar con falsedades, pergeñar celadas peligrosas para todos. No concurra a La Europea si no está decidido al fair play. Aquí los errores son precipicios horrorosos; las estrategias equívocas, lágrimas de por vida.

La cifra demandada es demasiado alta y Ud. podrá decirme que excede sus posibilidades. En diversas circunstancias ha demostrado tener muñeca como para conseguir lo que necesitaba; está bien claro: si quiere, puede. Este es otro desafío. Ahora el reclamo que debe atender es el de ‘pagar’, del mismo modo que el mío es el de ‘cobrar’. La pulseada puede ser larga o corta, civilizada o bárbara, pero siempre al final nos encontraremos con que si no hay pago, no hay solución. Jamás nos retiraremos sin cobrar esta factura. Ud. tiene su conciencia, su moral, su ideología, y actúa de conformidad con ellas; nosotros también tenemos conciencia, moral e ideología, que nos impulsan a ser fieles a nuestros principios. Con la notificación de su “sí”, enseguida le haré conocer el paso siguiente.

Ahora es a Ud. al que le corresponde emitir opinión.

J. VELÁZQUEZ

 

A Diana le temblaban las manos mientras leía su carta. Estaba muy bien hecha. Capacidad performativa se llama al fenómeno de las palabras que hacen cosas. Diana pudo ver a su hijo, sentir los aromas del Nesquik y las milanesas, dos cosas que adoraba Marcelo; lo vio concentrado, leyendo revistas, se imaginó que, como todos en la casa, no había perdido los últimos programas de Marcelo Tinelli, que por entonces hacía humor. Temblaba porque la visión era demasiado real: las palabras se podían ver, tocar, oler.

Velázquez quiso aterrar a Diana. Así lo consiguió:

 

Fotocopia

N° 3

Señora

Adjunto le acompaño carta de Marcelo escrita –como la anterior- según su soberana voluntad (Es un alegato patético que brota de un inmenso amor. Si nos conmovió a nosotros, me imagino cuánto la conmocionará a Ud. ¡Quiera Dios que esta dura experiencia dure poco!).

Su hijo se va amoldando al nuevo hábitat y transita sus días sin ningún tipo de presiones; se ríe, hace chistes, conversa con gracia, juega con sus celadores. Se despierta alrededor de las 11 horas desayunando Nesquik con medialunas y dulce de leche. Después viene la sección higiene y un poco de gimnasia. Reclama revistas y se las acercamos. A las 14 hs. almuerza: arroz, fideos, hamburguesas, bifes, milanesas con papas fritas, son algunos de los platos que reclama. Tiene a su alcance alfajores, caramelos y galletitas. Cena alrededor de las 9. A la noche se prende el televisor hasta la 1 o 2 de la madrugada. Lo revisó un médico y el diagnóstico fue concluyente: perfecto. Estimo que lo anterior es “buena noticia”. Todo deja entender que física y psíquicamente Marcelo se mantendrá en condiciones óptimas. Lo manifestado descuento que la tranquilizará un poco. Claro que la coyuntura es amarga y es difícil encontrar consuelo para un dolor persistente, pero ya estamos acercándonos –creo, tal vez con exagerado optimismo- al momento de las decisiones claves. Todavía, si hacemos los trámites con rapidez, Marcelo podrá el próximo 25 ir a Chapelco. ¡No lo defraudemos!

No estuvo Ud. acertada al negarse a seguir las instrucciones que le acerqué por teléfono. Más aún, hizo exactamente lo contrario a lo aconsejado. Al rato todo el Chester era una caldera hirviendo; los directivos del colegio se hacían los sorprendidos contando historias diferentes; Paola decía (en secreto) que “mi hermano fue secuestrado”. El comienzo fue, en síntesis, lo contrario de una actitud reservada. Por todo eso la erogación tuvo que aumentarse en un ciento por ciento (mayor apoyo logístico, aumento de personal, cambios tácticos, etc.).

También le solicité (Nota N° 1) que fuera prudente con amigos y parentela, pero tampoco me hizo caso. Ahora los teléfonos se encuentran “pinchados” y están anoticiados del acontecimiento gentes que perjudican en vez de beneficiar a la solución. ¿Ha pensado Ud. que esta malsana difusión no  contribuye en nada para acelerar el regreso de Marcelo? Para bien de todos trate de enmendar las actitudes desacertadas y comience a poner en práctica la “política del silencio”.

Nosotros tenemos una organización no muy poderosa pero sí eficiente. A Uds. esta vez les tocó perder y tienen que aceptar esta jugada del destino. Si nos llegasen a encontrar –fatalidad difícil pero previsible- nunca caeríamos prisioneros porque nuestra casa está dinamitada. Moriríamos todos… y no creo que Ud. desee ese final para su hijo. Siempre –sin excepción- que hubo sangre fue por la intervención policial. Espántelos.La abultada experiencia que existe sobre esta materia no deja lugar a dudas de que se debe “pagar y callarse”; toda otra actitud es jugar a la ruleta rusa.

Es obvio que conocemos todos sus movimientos; de conformidad con ello le escribiremos la próxima semana.Pero le reitero que con vuestra aveniencia todo puede finiquitar en los próximos días. Actúe, por lo tanto, como las circunstancias lo reclaman abonando toda la expropiación indicada en nota a su marido.

J. VELÁZQUEZ.

 

La carta de Marcelo tenía humor. Un chiste a Paola, su hermana, y otro, al final, sobre el colegio. Estaba preocupado porque, sin él, el equipo de fútbol quedaba disminuido. “Jugaba muy bien”, diría Silvio. Se animó, tal vez por primera vez, a decirle “Te quiero” a Luciana, su novia, con quien había cortado pocos días antes. Llamó a mamá y papá por sus nombres de pila, como si fueran pares, como si la relación intentara salirse de los roles. No sabía si saldría vivo. Hay algo de testamento por anticipado, la intención de dejar una imagen grabada en los otros, en sus palabras de adolescente. ¿Habrá escrito alguna otra vez así Marcelo?

Silvio: Estoy acordándome cuando yo jugaba contra Mapuche y vos me decías que “el tigre estaba herido”. En este momento el que está herido soy yo y tengo miedo que me hagan lo que le hacen al tigre cuando está herido. El domingo pasado jugábamos con Miraflores, es la segunda vez que no juego porque la anterior me habían expulsado, pero no me importó mucho. Este fin de semana jugamos con Las Lajas y es un partido importante. Tengo bronca porque si no juego fallo al equipo (como me decías vos). Tratá de sacarme de acá antes del partido. TE QUIERO Y TE EXTRAÑO MUCHO.

Diana: Espero que estés bien, al igual que mi boletín. Lástima que no me vas a poder decir nada si está mal. Ma, si me llaman te pido que digas la verdad y no que tengo PAPERAS. Tengo muchas ganas de abrazarte y estar al lado tuyo, pero me las tengo que guardar. Te necesito mucho, pero no puedo hacer nada. TE QUIERO.

Paola: Necesito que me hagas dos favores. 1° que hagas lo de Luciana, eso de decirle que la quiero y que la extraño (Molinari). 2° retirá mi boletín de inglés. Paola, aunque vos no lo creas, yo Marcelo A. Dalman TE QUIERO (matar).

Nico: Bebé, creo que sos al que más extraño de todos. Y sé que él también me extraña. No aguanto más, quiero verlos a todos.

Marce A. Dalman

PD1: Saludos a las abuelas

PD2: Lo único bueno de esto es que me doy cuenta lo divertido que es el colegio.

Chauuuuuuu. Chuik!!!

 

***

 

Son días de intensa actividad epistolar. El secuestrador está inspirado. Se le ocurren nuevas ideas, se siente cómodo con su personaje, encuentra un tono y un estilo que, lo sabe, funciona. En una nueva carta, pide la primera prueba de confianza.

 

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N° 4

Señora

Marcelo vive con la esperanza de volver en cualquier momento, y nosotros le alimentamos esa ilusión que no está en nuestras manos, sino en la suya.

Si están dispuestos a entregarnos el millón doscientos mil solicitado, ahora se dieron las condiciones para que lo manifiesten. Si no pueden (o no quieren) reunir esa cifra entonces tendremos que ponernos a esperar. Lástima grande porque el que espera, desespera; aguardar que pasen los días, en estos casos, no es precisamente una buena terapia: las bilis sofocan hasta el hígado mejor pertrechado, y llegan los desvaríos…

Permaneciendo desde las 12 horas (en punto), durante quince minutos, junto a la vidriera de “La Europea”, Cabildo 1647, al lado de su esposo, es la señal de que aceptan las condiciones impuestas. Pasados los quince minutos pueden retirarse. Sería conveniente que llevase una falda o vestido de color blanco. Esta forma de comunicación la podrán realizar únicamente los días lunes, miércoles y viernes.

Emitida la señal estipulada, enseguida le haré llegar la manera de concluir el operativo. Si no hay picardías, intervenciones desafortunadas, infantilismos o ingenuidades peligrosas, en pocos días más todo puede concluir. Eso sí: para que caiga el telón la factura tendrá que ser totalmente saldada. Además, es imprescindible que exista plena transparencia en todas las etapas que escalonen el epílogo. Ojo, que cualquier artimaña puede ser un eterno dolor…

Queda ahora en Ud., señora, hacer la próxima jugada. Ya no es más el personaje pasivo, sino que se ha convertido en actora activa DSC02731que decide los próximos movimientos. No desaproveche esta chance, máxime cuando sabe perfectamente quién está clamando por regresar.

J.VELAZQUEZ

 

Las instrucciones tenían un detalle excéntrico: debían usar ropa blanca, en pleno invierno. Dalman tenía un pantalón blanco, de tela finita, de verano. Hacía frío el 15, cuando Silvio y Diana se vistieron como lo mandaba la señal y salieron a ver la vidriera de La Europea.

La Policía puso cámaras en el interior del negocio, apuntando a la vidriera, y en las esquinas. Había agentes de civil por todas partes. Sabían que debían buscar a un hombre de unos sesenta años, parecido al foto kit que se había logrado con el testimonio del chofer de Sevel. Buscaban, también, cualquier auto con la patente C 876765. El operativo se levantó a las 13.20, una hora después de que se fueran del lugar los Dalman. “Resultado negativo”, firmó Palo en el informe dirigido al juez Del Castillo.

No fue nadie allí, pensaron los investigadores. Hasta que llegó otra nueva carta de Velázquez.

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N° 4

Señor

Habiendo recibido el miércoles 15 la nítida señal emitida desde La Europea, nos alegramos por las dos partes en litigio; por Uds. porque el tiempo jugaba a favor nuestro y era sensato acceder a lo que indica la experiencia histórica; y por nosotros, porque nos cuesta el alma retener a un ser tan brillante.

Ahora viene el paso siguiente que puede ser fácil actuando “con higiene”, aceptando escrupulosamente el cronograma indicado:

a)      Adquirir dos valijas similares de aproximadamente 60 cm. de ancho, de plástico o de lona aérea, en Rosenthal, Cabildo 1932 (precio estimado: 60 pesos cada una).

b)      Colocar en una los 100 fajos de billetes norteamericanos (U$S 1.000.000); en la otra los 40 fajos de billetes argentinos ($ 200.000). Introducir en ambas diarios, revistas o papeles, quedando compactas, sin movimientos en su interior. Cerrar con llave.

c)       Pegar en los dos costados de las maletas etiquetas en diagonal con la inscripción: J. Velázquez (letra gruesa y clara).

d)      El viernes 17, a las 15 horas, partir desde su casa en auto, Ud. (con pantalones blancos), su esposa Diana (falda o vestido blanco) y las mencionadas valijas rumbo al Aeropuerto de Ezeiza. Nadie, por supuesto, debe acompañarlos o seguirlos.

e)      Estacionar en la playa de la sección internacional (No en el redondel de Aerolíneas Argentinas).

f)       Entrar por la puerta del hall de vuelos internacionales exactamente a las 16 horas.

g)      Dirigirse de inmediato a la máquina selladora que se encuentra a la izquierda del ingreso, donde las dos maletas deben ser plastificadas.

h)      Subir (16.10/16.15) Ud. y su Sra., con las valijas plastificadas, al bar del primer piso pidiendo al mozo cualquier cosa. Abonar cuando entregan el pedido.

i)        Esperar que se acerquen simultáneamente tres personas. Una con una carta mía indicando que le entregue las dos maletas, cosa que Ud. realizará de inmediato; las otras dos, fuertemente armadas, se sentarán en la mesa con Uds. (Si pasada media hora nadie se presenta es porque el operativo ha sido levantado, de modo que podrán retirarse).

j)        Partir con las dos personas que comparten la mesa cuando estos lo indiquen. No conversar, no entregar las llaves de las maletas, no hacer ninguna pregunta. Evitar cualquier actitud sospechosa que puede provocar una masacre (En el arsenal de sus dos acompañantes figuran granadas de mano).

k)      Caminar hacia su auto donde los cuatro subirán al mismo rumbeando hacia la Capital Federal. Sus dos nuevos acompañantes bajarán en el lugar que los mismos le indiquen.

Este plan debe desarrollarse sin ningún tipo de modificaciones. Cumplido el mismo, en las próximas 24 horas, después de verificar el contenido de las maletas, Uds. recibirán lo que esperan. Si por incumplimientos, alarmas de nuestro sistema de seguridad o alguna de las tantas interferencias posibles no se efectúa el “intento Ezeiza”, a la brevedad le indicaré un nuevo plan. Conserve las dos maletas con llave, plastificadas, con las etiquetas, que todo eso será necesario para la próxima instancia.

J. VELAZQUEZ.

El ‘operativo Ezeiza’ fracasó también. Había policías en todas partes: en el puesto de plastificado de maletas, como mozos en el bar, en la playa de estacionamiento. “No medió contacto con los extorsionadores”, escribió Palo en su parte al juez.

Si los vieron o los intuyeron, no se sabrá jamás. Pero la extrema vigilancia y la ausencia de Diana fueron los motivos que arguyó el secuestrador para levantar el plan en el aeropuerto. Se lo explicó a Silvio en la que sería su última carta. Ahí fueron, también, las nuevas indicaciones para la entrega del dinero, que se pretendía cubrir con una posta de remiseros y fleteros; una carta más a Diana y un mensaje corto de Marcelo. Van primero estos dos textos, más emotivos. Y luego las instrucciones finales de Velázquez.

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N° 5

Señora

Le acompaño una nueva cartita de Marcelo. Él cree, y yo también quisiera creer, que es la última. ¡Ojalá así sea!

Su hijo ha engordado, duerme a fondo, tiene calefacción, come por dos, está sano, entero. Esto se debe a que le prodigamos toda clase de atenciones y, fundamentalmente, a que tiene una madera espléndida.

Informado de que puede regresar a su casa en los próximos días, manifestó: “Le voy a dedicar un día entero a mamá, otro al viejo y después quiero ir a Chapelco con mis amigos”. Están dadas las condiciones para que el proyecto pueda concretarse.

El “intento Ezeiza” no pudo realizarse por valederos motivos que afectaron a ambas partes, pero ahora disponemos de una nueva chance que sería desacertado no aprovechar. Las oportunidades son pocas y la ocasión merecería ser utilizada.

El martes 21, a partir de las 12.30, su esposo podrá entregar en Echeverría 2350, a la persona que se presente con una carta mía, la maleta con el monto solicitado. Desde la Plaza Belgrano Ud. aguardará observando desde lejos el desarrollo de los acontecimientos. Si anímicamente no se encuentra en condiciones de ir, su ausencia no invalidará el operativo; comprendemos que su congoja es inmensa.

Sería demasiado torpe o agresivo que detuvieran a nuestro mensajero. Claro que tenemos prevista esa posibilidad, pero con esa actitud lo único que se lograría sería endurecer nuestra posición (mayor indemnización) y prolongar una estadía involuntaria (mayor tiempo alejados de Marcelo). Confiamos en su sensatez (adjetivo femenino) de madre y de mujer.

Tal vez, si Ud. se empeña, dentro de pocas horas podrá realizarse el ansiado reencuentro con el hijo. Pero eso sí: deberán omitirse las “picardías” (dinero falso o marcado, por ejemplo), las celadas traicioneras, las innovaciones a los organigramas previstos. Nosotros siempre hemos cumplido al pie de la letra con todo lo manifestado, y esta vez no será la excepción. Si cada uno cumple con su parte, estamos muy próximos al “happy end”. Nosotros apostamos a eso.

J.VELAZQUEZ

 

Querida familia: ¿Cómo están? Yo bien, no tengo frío ni hambre. Me enteré que me voy el miércoles a la noche. También me dijeron que voy a poder ir al viaje. Yo pensé que no iba a poder por eso estoy contento. Esta semana la pasé de lo más aburrido, así que espero que el poco tiempo que falta pase rápido. Estoy ansioso por verlos. Les pido un favor: llamen a Lucas Fantini y díganle que no me dejen afuera en la habitación. Y si no llámenlo a Palo. Los extraño mucho y espero que ustedes también. Esta es la última carta que les escribo ya que dentro de poco nos vemos.

Los quiero

Marcelo Dalman

PD: Pa, tratá de entregar los papeles lo antes que puedas porque me quiero ir (No seas mansi).

 

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N° 5

Señor

El intento del viernes falló porque no estaban dadas las condiciones objetivas requeridas para un operativo tan delicado como el que nos ocupa. Dos factores –además de las “innovaciones” que Ud. introdujo alterando el esquema programado- gravitaron decididamente para suspender el encuentro: primero, que nuestro servicio de seguridad no estaba conforme con la gran cantidad de gente (muchas de ellas de los servicios oficiales) que se movían en el hall central; y segundo, que era notorio que su persona era vigilada. Es posible, tal vez, que alguien de su entorno íntimo haya filtrado la información; en un celo de amiguismo –para protegerlo- trató de que sus pasos estuvieran custodiados, frustrando así la cita con nuestra gente. Para el “segundo intento” no comente con nadie el lugar y la hora; así será posible finiquitar este duro  expediente. Ahora la entrega podrá realizarla cerca de su domicilio.

El viernes 17 solicitamos la presencia de su señora esposa en Ezeiza, pero este requisito no se cumplió. Comprendemos que su aflicción es muy intensa, que nuestra pretensión fue excesiva. Para la próxima cita la presencia de la señora Diana en el programa trazado queda a su criterio; en el caso de su ausencia Ud. hará todo solo. Hay otro elemento que alteró: en vez de dos valijas se manejó con una. En fin, este requisito es subsanable siempre que esté todo el dinero, se encuentre plastificada, cerrada con llave (que quedará en su poder), etiquetada y sin movimientos en su interior. Puede llegar a nuestro poder actuando así:

a)      El martes 21 Ud. (con pantalón blanco) y su esposa parten en auto en horas de la mañana con rumbo distinto a donde finalmente deben dirigirse. Esta aparente contradicción es al solo efecto de que puedan desprenderse de quienes los controlan, circulando con la habilidad necesaria como para perderse de sus seguidores.

b)      A las 12.25 solamente Ud. bajará del auto con la maleta y se estacionará en la puerta de la casa de Echeverría 2350 (entre Cabildo y Obligado). En la entrada hay dos escalones donde depositará la maleta, quedando Ud. junto a ella. Su esposa Diana seguirá en el auto para estacionarlo en las cercanías, pero sin regresar a su lado.

c)       Esperará Ud. hasta que una persona se le acerque con un sobre dirigido al Sr. Silvio (En el interior habrá una nota diciendo: Por favor entregar al portador mi valija. Muchas gracias. J. Velázquez). Aguarde todo lo que sea necesario; si el lugar está despejado y nadie colocó guardianes, nuestro hombre aparecerá en cualquier momento.

d)      Entregada la valija sin ningún tipo de diálogo, nuestro mensajero partirá de inmediato. Nadie debe detenerlo, ficharlo, seguirlo, anotar la patente del auto o registrar elementos de identificación y, por supuesto, aplicarle torturas, lo que sería gravísimo para todos. Llegó solo y debe partir solo. Cualquier alteración derrumbará todo el operativo (la detención de la persona comisionada hará cambiar todo lo establecido hasta ahora. Es fundamental que tenga presente esta advertencia porque condiciona gravemente nuestro futuro: las reglas de juego serían duras y prolongadas, complicadas y amargas).

e)      Regresa a su casa junto con la esposa que lo aguardó en la plaza cercana, poniéndose a esperar el regreso ambicionado que se cumplirá tal cual fue prometido.

Toda la maniobra es de fácil elaboración y su mecanismo no puede ofrecer ninguna dificultad. Si verdaderamente quiere que la contienda finalice esta es una magnífica oportunidad. Confío que esta vez todo saldrá bien, para bien de todos.

J. VELAZQUEZ.

 

***

 

Con poco más de 500 mil dólares, en un bolso, ya no en una valija, Dalman fue hasta Echeverría 2.350. Los investigadores, dirigidos por Sablich, iban y venían por la esquina de Cabildo, desde mucho antes del mediodía, la hora señalada.

-No se puede quejar de la puntualidad- le dijo con ingenuidad el emisario, Pedro Balanzat, a Dalman.

El remisero tenía un encargo especial de un tal Velázquez: recoger un bolso de un hombre vestido de blanco sin un minuto de atraso. Le había dicho que el de blanco tenía obsesión por la puntualidad. Y se lo creyó. La Federal siguió al remise hasta la agencia, donde el conductor bajó el encargo. Estaban desorientados: no sabían cómo seguía el plan de Velázquez y qué pito tocaba la agencia. Sablich mandó a apretar a Balanzat y el chofer les contó: “a las 16”, “sí, Velázquez”, “no, él no”, “alguien”, “dijo que alguien iba a ir a retirar el bolso”, “eso dijo”, “qué se yo”, “con una carta, así se iba a identificar”. Es lo que necesitaban saber.

Otra vez, con sus camuflajes de vendedores ambulantes, transeúntes comunes y gente que no despierte sospechas el jefe policial montó su trampa en la esquina de Olazábal y Ciudad de la Paz, a metros del local de la agencia de remises. Con 10 minutos de atraso, que Sablich descontó fumando, llegó una camioneta de otra empresa: Olivos Flet.

-Vengo por el bolso- dijo el fletero y entregó, como estaba convenido, una carta al encargado de la agencia, firmada por Velázquez.

El fletero delante, Sablich y sus policías disfrazados detrás, viajaron hacia Provincia, cruzando el condado.

-¡Policía! ¿A quién le tenés que dar eso? ¿A qué hora? ¿Dónde?

Mientras decía que a un tal Quique, que a las 18, que  en Bartolomé Cruz al 2.200, que no sabía más nada, el encargado de Olivos Flet sólo pensó en una cosa: ¿cuánta guita tendrá adentro?

La posta se hizo puntual. “Quique” bajó de un Toyota color crema y tomó el bolso.

-¡Policía!- le gritaron y se le pararon en frente, justo en la esquina de Cruz y Villate. O eso cuentan, porque es lo que correspondía hacer.

Quique les tiró el auto encima. Ellos se zambulleron hacia los costados, practicando una coreografía que es un lugar común en las películas de acción. Él disparó primero, dijeron los policías. Y ellos devolvieron fuego. Es lo que tenían que contar.

El Toyota se escapó por Libertador, con varios autos de la Federal atrás. Dobló por Corrientes, giró y cruzó las vías, atravesó medio Olivos a contramano y en Ugarte y Garay, con las gomas pinchadas, no dio más.

Un policía que estaba de franco, vio cómo uno de sus colegas rompía el vidrio del conductor y bajaba de los pelos a un hombre mayor[13]. Intervino.

-¡Cabo D’Avanzo, policía provincial!

Una mujer, que había ayudado a levantar al detenido y meterlo en una Trafic, lo paró en seco.

-Tomátelas. Este es nuestro- le dijo, mientras le mostraba su placa federal.

En el piso de chapa de la Trafic, el viejo confesó dónde estaba Marcelo: un departamento ubicado en Pelliza al 500, en ese mismo barrio. Fue una “confesión espontánea”, dirían los investigadores en sus declaraciones.

Cuando patearon la puerta, los SWAT de la Federal encontraron a dos viejos acostados.

 

***

 

Pero le faltaba heroísmo al relato. Por eso el oficial Marcelo Leiva, uno de los que entró en la habitación, declaró: “Hubo que reducirlos mediante el empleo de fuerza superior a la normal, dado que quisieron impedir que se moviera un mueble biblioteca atacando al personal policial con golpes de puño”.

Detrás de la biblioteca, estaba la puerta de la pieza-calabozo de Marcelo Dalman.

En un espacio de 4 x 4, había una televisión encendida, una ventana cerrada con dos maderas cruzadas y un chico sobre una cama.

-¡Tranquilo, policía!

Se estaba por “bañar”. Tenía agua caliente en un fuentón rojo. Había otro tacho, negro, para pis y caca. No se lo habían cambiado todavía; había olor. Marcelo no se podía mover porque estaba encadenado al elástico de la cama.

Así lo dejaron hasta que llegaron los fotógrafos forenses.

Y Silvio y Diana.

Y el juez. Y Sablich y Palo.

-Llévelo a casa. Mañana los llamamos para declarar- los instruyeron. Silvio y Diana lloraban y  repetían “gracias”. Y temblaban.

 

***

 

Los dos viejos que cuidaban a Marcelo en el departamento tenían 61 y 62 años. Estaban jubilados. “La banda de los abuelos”, la bautizó uno de los bocones de la Federal. Perfecto el mote para esos dos: Lorenzo Montaña y Carlos Kay.

Pero no para el otro, Quique, el de la persecución, el que tenía el bolso, el que parecía el jefe.

 

***

 

Cuban Revolutionary Rafael San MartinUna foto de la agencia Corbis, disparada por Lester Cole en mayo de 1959, lo muestra barbado y con uniforme de soldado del Ejército Rebelde. “Rafael San Martín, argentinean member of Castro rebel army, Havana, Cuba, 12/5/59”, dice el epígrafe[14]. La camisa desprendida hasta el segundo botón; la boina negra, ladeada; el pantalón de tiro alto, cartuchera y pistola, a la cintura. Se entiende por qué Corbis la sigue exhibiendo en sus catálogos: la mirada no es altiva, es –representa– la de un soñador. En una revolución pletórica de imágenes fuertes del Che, Fidel y Camilo Cienfuegos, Rafael San Martín se robó un lugar en el álbum.

Hay otra, también de Cole. Es un picado. Raya al costado, mirada al frente, en la camisa militar se leen claramente dos escudos: uno, con la bandera, dice Argentina; otro, América unida. No hay entorno. La jerarquía: teniente, dos ángulos agudos en línea, de tela verde, oblicuos, sobre el hombro. Sólo él y un fondo claro. Lo que importa es el retrato.

En la misma serie, hay fotos de Fidel, con un encuadre idéntico. El epígrafe de Corbis, con Castro, es implacable. Dice: “Dictator Fidel Castro, Havana, 1959”.

“Yo estuve en la Sierra Maestra; puse la hebra de esparto de mi voz americana a trenzarse en la soga de su grito. Estuvo allí mi gota mínima entre el denso mar de voluntades cubanas que llenó con su tempestad la nativa cuenca de piedras. Desde tierras alejadas o próximas al Caribe, muchos jóvenes de América llegamos a Cuba deseosos de incorporarnos a las huestes de Fidel Castro cuando en la matriz de la Sierra Maestra hervía la epopeya de la liberación. Para casi todos se trataba de eso: de un épico combate humano por la libertad y contra la opresión”, escribió en El Grito de la Sierra Maestra, su primer libro, fechado en agosto de 1959[15].

No quería San Martín ser un forastero en la Revolución. En El Grito… siente que tiene que explicar por qué tuvo que subir medio continente en el mapa para pelear por una causa a la que valía ofrendar su muerte joven: “Nos manejábamos con las amplias e indiscriminadas consignas que enrolan a los hombres en militancias ideológicas. Fuimos a Cuba como pudimos marchar ahora a la Nicaragua contemporánea, o hace siete siglos largos a las tierras mongólicas conquistadas por Gengis Kan, para ayudar a la redención de pueblos sometidos a barbarie y esclavitud”.

Pero en los agradecimientos de ese libro ya presume de su relación con el comandante: “Para Fidel Castro Ruz, que en el dintel silvestre de la Sierra puso su mano ancha sobre mis hombros lánguidos para endurecerlos y me dio desde su corazón fraterno la lección de la fe y el ejemplo de la abnegación. Porque su lumbre floreció mi huerto y realizó el milagro de poblar de recuerdos, ensueños y meditaciones este libro que pudo estar vacío”. Al Che lo nombra con menos énfasis, entre amigos y profesores de literatura, sin relación con la Revolución Cubana: “Para los argentinos Ernesto Che Guevara, Jorge Giacobone, José Masini Ezcurra, Carlos Penna y Delfín Garassa, tierna pero recatadamente, porque son mis compatriotas”.

 

***

 

-En la vida hay que jugarse, Lorenzo.

Montaña tenía 61 años. Y quien le hablaba era Rafael, su compañero de colimba del año ‘51, en el Batallón de Comunicaciones de Campo de Mayo. Después de haber trabajado 26 años en Laboratorios Squibb, hasta que cerró y lo despidieron, Lorenzo sólo había conseguido empleos mediocres. Uno de ellos, el que más le duró, se lo debía. Era en una metalúrgica y lo acababa de perder, a finales del ’91, cuando –le contó al juez-, absolutamente desesperado, llamó a Rafael y lo invitó a cenar[16].

Lo último que había sabido de él era que estaba en el Senado y que tenía influencias: así le había conseguido su último conchabo. San Martín lo visitó con su novia, Natacha. Como estaba acompañado, no hablaron de nada. Era así entre caballeros: si hay una dama, no se trataba ningún asunto.

Se vieron pocos días después en el departamento de San Martín de la calle Peña, en el barrio de Recoleta.

-¿Sabías que subí el Aconcagua? Así como me ves, hace tres años nomás- le dijo.

San Martín tenía ganas de hablar. Ahí mismo lo arengó:

-En la vida hay que jugarse, Lorenzo.

Y le prometió que lo llamaría  para un trabajo dentro de poco.

En su primera declaración, la que admite su culpa, Montaña contó que en mayo del ’92 lo pasó a buscar por su casa. Juntos compraron una estufa para Nélida, la mamá de Rafael, y almorzaron en un restaurante en la zona de Cabildo, un barrio en que entonces se iniciaban obras de ampliación del subterráneo y los escombros competían con la llegada de las grandes tiendas de ropas y uno de los primeros desembarcos de Mc Donald´s en el país.

-Tengo un trabajo para vos, lo que no sé es si estarás dispuesto a hacerlo -lo provocó San Martín.

Montaña no entendió. Supuso que le preguntaba si tenía tiempo.

-Ahora estoy como vigilador, en Purisimuss (un laboratorio). Es lo que conseguí.

-¿Cuánto te pagan ahí?

-400 pesos, pero si quedo efectivo tal vez un poco más.

-Es muy poco. ¿Con cuánto arreglás tu vida? ¿100 mil dólares?

-Con 10 mil… ¿A quién hay que matar por eso?

“Fue en broma, claro”, se ocupó de aclarar en su declaración.

San Martín lo tomó casi literal. Lo llevó en el auto hasta Belgrano y, cerca de la Embajada de México, le dijo que iban a secuestrar a un chico.

-Pero eso es muy difícil, acá te ve medio mundo.

En tres pasos, lo convenció San Martín:

-Vos solamente tenés que manejar. Yo me hago cargo del resto. Eso sí: mientras lo tengamos, vas a tener que hacerle la comida. Sabés cocinar ¿no? ¿Y? ¿Estás adentro?

No dijo no.

Quedó claro, para Montaña, que era por 10 mil dólares.

 

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Rafael San Martín

 

Había otro socio, que estaba viviendo en el departamento donde llevarían al cautivo.

Carlos Kay, 64 años. “Tenía aspecto de bebedor y le temblaban un poco las manos”, describió Montaña al juez.

Un poco más que bebedor.

Sigue contando él: Kay.

Le dijo al juez que estaba divorciado, que era publicista, que no tenía antecedentes.

Corrigió:

-Creo que cuatro veces estuve detenido. Por ebriedad.

Que escribía. Que trabajaba en la revista de la mutual del personal del Congreso y en la comisión de Deportes del Senado.

-Una vez que estuve internado en el Hospital Fernández, un amigo vino a visitarme con San Martín. Ahí lo conocí.

Kay sentía más culpa por su enfermedad que por su delito.

-Yo iba a Alcohólicos Anónimos. Ahí conocí a una mujer y empezamos a convivir. Pero ella me trajo muchos problemas. Me pegaba. Ella no tomaba, pero masticaba pastilla.

Pidió la jubilación por invalidez “gracias” al alcohol. Pero tardó 11 meses en salir.

Estuvo internado, vivió en un hotel, que no pagó y se tuvo que ir, volvió a vivir con “la pastillera”, iba al Congreso a hablar por teléfono y a hacerse invitar para comer, la peor forma de la autoconmiseración.

-San Martín también estaba jubilado, pero vivía ahí, en el despacho de (Antonio) Nápoli (jefe del bloque de senadores radicales).

Un día, Rafael lo invitó a almorzar.

-Yo te puedo prestar una casa- le insinuó.

Era junio del ’92. Se encontraron en la estación de trenes de Belgrano y bajaron, juntos, en Olivos, el barrio donde está la residencia de los presidentes argentinos. Caminaron hasta la calle Pelliza y ahí San Martín lo llevó hasta el departamento: dos ambientes, dos camas, una mesa, un diván cama, una biblioteca sin libros; todo muy sucio.

Dos días después de instalarse, San Martín le dijo:

-Va a venir un huésped, pero no te va a molestar.

Pasaron dos o tres días más, y le presentó a Montaña.

-Te va a ayudar con el huésped. Vos no atiendas el teléfono, no salgas mucho de acá y no hablés con nadie. ¿Estamos?

Kay le dijo al juez que recién entonces comenzó a sospechar algo, pero que no se podía ir, porque no tenía adónde.

Debía supervisar algunos arreglos:

-Vino el plomero a arreglar el calefón y trajeron otra cama.

Aquí conviene regresar al relato de Montaña.

Un día, San Martín le dijo a Kay que iban a traer a un chico.

-El padre cagó a mucha gente- justificó.

 

***

 

El 3 de julio cambió la rutina que venían siguiendo.

En vez de mirar, tomar notas, disimular, San Martín le indicó que dejara estacionado el auto en la esquina de O´Higgins y José Hernández, con el motor en marcha y la puerta trasera izquierda abierta.

-Es hoy- le dijo y se bajó.

Al rato, según el relato de Montaña, volvió con el chico, que tenía una capucha en la cabeza.

Lo tiró en el asiento trasero y le ordenó:

-Oficial, vamos.

Como pudo, San Martín terminó de meter a Dalman en una bolsa grande, verde.

-Yo no sabía manejar bien. Tengo licencia, pero como no tenía auto, no tenía práctica. Salí despacio, en segunda. San Martín me gritaba que acelerara. Metí la tercera recién cuando entré en la avenida Del Libertador. Cuando llegamos, a una cuadra, me ordenó que me bajara y siguiera caminando hasta el departamento. Él llevó el auto hasta dejarlo sobre la vereda, con las puertas traseras justo frente a la entrada del edificio. Ahí, entre los dos, bajamos al pibe, que pesaba un montón.

En el departamento, San Martín lo metió en un cuarto cuya puerta de entrada estaba disimulada detrás de una biblioteca. Las ventanas habían sido tachadas con maderas. El chico quedó encadenado a la pata de la cama.

-Hay droga en el Chester y estamos investigando. Te señalaron a vos- le dijo al cautivo y a los dos socios les dejó instrucciones prácticas:

-Cuídenlo, denle de comer, que esté limpio. Yo voy a devolver el auto.

Cuando regresó, lo hizo con un televisor.

Se armó una rutina: Montaña iba de 9 a 21. San Martín y Kay se quedaban a dormir.

Le hacían de comer, le llevaban revistas y dulces. Y le cambiaban los baldes, para aseo y para sus necesidades.

El 20 se hizo un simulacro de liberación. El propio Marcelo colaboró: se metió en la bolsa, se dejó cargar.

-Mansi (el apodo de Silvio) consiguió los papeles – transmitió San Martín.

Al otro día, a las 4 de la tarde, reventaron la puerta los policías. A él lo agarraron parado, a Kay semidormido, con un libro sobre el pecho.

Los dos coinciden:

“Fui utilizado por San Martín, ya que no tenía dinero ni para comprarle los remedios a Nélida (su mujer), que estaba enferma”, declaró Montaña.

“Él era una persona muy fría, un utilizador de hombres”, se ensañó Kay.

-¿Por qué no se rebelaron? -les preguntaron. Los dos dijeron que se sentían amenazados por San Martín.

-Un día intentamos liberar al chico, pero no estaba la llave. La tenía él –adujo Kay.

San Martín se había enfurecido. Ambos coincidieron en eso. Les había gritado:

- Yo estuve en Cuba. Ahí, por mucho menos, los ejecutaba.

 



1 César Cohen tenía 14 años, como Marcelo Dalman, cuando fue secuestrado, en 1985. Su captor, Ricardo Viera, fue atrapado cuando intentaba cobrar el rescate.

[2] El encuentro con Manzano fue narrado al autor por Silvio Dalman. También figura en el capítulo “Marcelo Dalman”, dedicado al caso en el libro  “Secuestros SA”, de Daniel Frescó. Ediciones B, Buenos Aires, 2004.

[3] El ataque terrorista a la Embajada de Israel en Argentina sucedió el 17 de marzo de 1992 y causó 29 muertos y 242 heridos.

[4] Mauricio Macri, actual jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, fue secuestrado el 24 de agosto de 1991 y liberado 12 días después, el 6 de setiembre. Estuvo cautivo en un sótano de una vieja casona ubicada en calle Garay 2882, con un baño químico y un hueco de 20 centímetros en el techo por donde le bajaban la comida. El secuestro fue atribuido a la llamada “Banda de los comisarios”, a la que también se le habían achacado los casos de otros empresarios: Karina Werthein, Julio Ducdoc, Roberto Apstein y Sergio Meller. Aunque hubo condena, el caso luego se cayó porque se comprobaron vejámenes y torturas contra uno de los detenidos, el policía Juan Carlos Bayarri. Mauricio Macri, ingeniero civil y miembro del directorio de varias empresas del grupo Socma, presidido por su padre Franco. Luego, abandonó la carrera empresaria y se convirtió en presidente de Boca Juniors, el club de fútbol más importante del país, entre 1995 y 2007. Su gestión en Boca fue su trampolín político: creó un partido político, el PRO, que le permitió en 2007 acceder a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, cargo en el que fue reelecto en 2011 por cuatro años más.

[5] La banda liderada por Arquímedes Puccio cometió dos secuestros que terminaron en asesinato. Los de Eduardo Aulet y Ricardo Manoukian. También fue condenada por el crimen de Emilio Naum, en 1984, muerto en un intento fallido de rapto. La banda estaba integrada por Arquímedes Puccio, sus hijos Daniel y Alejandro (un conocido jugador de rugby), Guillermo Fernández Laborda y los hermanos Daniel y Roberto Díaz. Cuando cayeron, el caso generó conmoción: tenían las mazmorras en su casa de San Isidro. Datos del libro “Secuestros SA”, de Daniel Frescó. Ediciones B, 2004.

 

[6] Este dato y el relato de los hechos fueron extraídos del expediente de la causa 23317, “R.S.M. y otros por secuestro extorsivo”.

[7] Todas las cartas que se reproducen están incluidas en la causa 23317.

[8] Información brindada al autor por Silvio Dalman, entrevista inédita.

[9] Entrevista del blog Sentimiento Bohemio a Silvio Dalman.

[10] La banda liderada por Arquímedes Puccio cometió dos secuestros que terminaron en asesinato. Los de Eduardo Aulet y Ricardo Manoukian. También fue condenada por el crimen de Emilio Naum, en 1984, muerto en un intento fallido de rapto. La banda estaba integrada por Arquímedes Puccio, sus hijos Daniel y Alejandro (un conocido jugador de rugby), Guillermo Fernández Laborda y los hermanos Daniel y Roberto Díaz. Cuando cayeron, el caso generó conmoción: tenían las mazmorras en su casa de San Isidro. Datos del libro “Secuestros SA”, de Daniel Frescó. Ediciones B, 2004.

[11] Sevel era la empresa que comercializaba la marca Peugeot en Argentina. En esos años estaba en manos del Grupo Macri. Dos hijos del líder de este holding, Francisco Macri, Mauricio y Florencia, fueron víctimas de secuestros extorsivos.

[12] No se verifica tal error en la documentación incorporada en la causa. Tal vez esté presente en los sobres, que no quedaron archivados.

[13] El testimonio de D’Avanzo luego será fundamental para la defensa. Dirá dos cosas importantes: que el vidrio del conductor estaba cerrado y que el detenido no portaba armas. Con estas palabras, el tiroteo de la versión oficial queda cuestionado.

[14] El catálogo se puede consultar on line en www.corbis.com.

[15] El Grito de la Sierra Maestra fue publicado en Argentina en 1960 por Ediciones Gure.

[16] Relato construido a partir de las declaraciones de Lorenzo Montaña y Carlos Kay contenidas en la causa 23317.

 

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Este texto es un fragmento de un libro del autor, de próxima edición.

 

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One Comment → “De Sierra Maestra al delito: no todos seremos como el Che, Por Ary Garbovetzky”

  1. Diego Bigongiari 1 year ago   Reply

    felicitaciones por el sitio y felicitaciones al autor por la investigación y el texto tan bien escrito.

    conocí a ese personaje de casualidad a mediados de los 90, sin saber quién era le alquilé durante algo menos de un año el departamentito de un ambiente y medio de la cale Peña que se menciona en el texto y que estaba puesto como un bulín, con espejo en el techo sobre la cama.
    recuerdo que al dejarlo y hacer limpieza a fondo encontré una bombachita roja tipo tanga.
    como mi madre fue garante fue a la firma del contrato y se comportó con ella como un caballero de vieja estampa.
    lo único raro fue para pagar el alquiler debía hacerlo en efectivo en la oficina de una abogada de aspecto extraño en Tribunales, y me dijo “algún día te explicaré porqué”. También me regaló su voluminoso e ilegible libro mencionado en el texto, que todavía conservo.
    meses después supe a través de mi prima que había estado comprometido en este secuestro, porque ella no recuerdo bien porqué lo mencionó a Diego Bonadeo y éste se lo comentó.
    nunca más volví a saber de Rafael San Martín, hasta hoy.

    cordiales saludos,

    Diego Bigongiari

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