Venezuela: a bailar la changa tuki, por Paula Daibert

19 noviembre, 2012

 

 

“¿Ustedes han visto a Madelen? Baila mejor que el hombre”, dice Elberth a tres amigos, y baja la gorra a la altura de los ojos imitando los pasos de la chica. Con las piernas flexionadas, junta las rodillas como en una equis y los separa rápidamente mientras balancea los brazos frenéticamente alrededor de la cabeza y el cuerpo. Es la mañana del miércoles de principios de octubre, los chicos esperan a otros dos bailarines en una plaza de Petare, el barrio marginal más grande en el área metropolitana de Caracas, Venezuela.

Petare cuenta con aproximadamente 400 mil habitantes, casi seis veces el tamaño de Rocinha. Al igual que la mayoría de las favelas de Río de Janeiro, se construyó cuesta arriba, con calles estrechas.

Llegan otros bailarines vestidos de manera multicolor: zapatos, sombreros y pantalones Chupi Chupi apretados. “Escúchalo aquí”, dice uno de los grupos, y el smartphone emite un sonido grave y acelerado. La aprobación es general. Jonathan no pierde el tiempo: “Pásame esa canción ahí, Locutor”.

 

 

“El Locutor” en realidad se llama Andrés y tiene una voz profunda y seductora. Henry, mejor conocido como “El Negro”, es muy educado y pide permiso antes de hablar. Daniel “El Estilo” es un gordito agradable que siempre sonríe. Jonathan, “El Mono” no puede quedarse quieto, baila antes de hablar. Joel es más silencioso, tiene el pelo trenzado con perlas rastafari, de ahí el apodo “El Marihuana”. “Pero en ambientes serios, me presento como ‘El Gordo.”, aclara.

Todos son panas (amigos en “venezolano”), pero Elberth impone un respeto diferente. Se trata de “El Maestro”, los otros son sus discípulos. Todos son menores de 25 años y bailan changa, un ritmo muy venezolano y creado en las favelas caribeñas que, con un ritmo electrónico producido con sintetizadores, desentona con la tradicional salsa y reggaetón (una especie de funk que se produjo en Panamá y Puerto Rico y explotó en todo el Caribe).

La changa surgió en Caracas en los años 90, en línea con una ola de danza mundial. Los DJs hacían grandes fiestas en todo el país, utilizando pequeños equipos de sonido que instalaban en cualquier lugar. Ellos comenzaron a popularizar el estilo con el hit Beat Up The Jam, pero casi sin letra. Con toques de salsa, merengue y reggaeton, combinado con ritmos electrónicos -que llegaban a un máximo de 140 por minuto-, la changa se consolidó en la década de 2000 como un fenómeno genuinamente criollo (local).

Fuera de los barrios marginales, el estilo “changueiro” es llamado tuki. “Para ellos, tuki es criminal, feo. En el país entero se bailaba changa, desde Caracas hasta el Amazonas. Sólo que ahora la música de las favelas es vista como algo malo “, explica Elberth.

El término proviene del título del disco “Changa Tuki”, lanzado por DJ Byakko en 2005, y se inspira en el “tukiti tukiti” del ritmo. El Locutor interrumpe: “Tuki es nuestra cultura, la danza es un alivio para los problemas. No somos marginales, trabajamos y estudiamos”.

Pero El Maestro recuerda que la escena changueira no era así. “¡Había gente que bailaba con un cuchillo en la mano! Si un bailarín brillaba más que los demás era apuñalado”. Con la popularidad del ritmo en los videos de internet y su circulación, los verdaderos tukis, que arruinaban las fiestas, salieron de escena. “Si uno hacía algo malo, aparecía en los vídeos”, cuenta El Maestro.

Fue entonces que estalló la changa en los barrios pobres de Caracas. DJ Baba mandaba en Catia, el más grande de la zona Oeste, y DJ Yirvin -el nombre principal en Petare- sacudió el Este de la capital. A los 13 años, El Maestro comenzó a atrevérsele al círculo de la changa. “Me miraba en el espejo tratando de imitar a mis amigos más grandes, pero no podía”.  Un día, en un ataque de locura, decidió entrar en una batalla de baile en una pista cerca de su casa. “Tenía mucha gente: Jessica Petare, “Caredeo” Alex (abreviatura de “cara de dedo”), Cheo “El Smicht” – que descanse en paz, ha muerto. Y pensé: Algún día voy a tener un nombre como ellos”. Perdió, por supuesto, pero a partir de entonces nunca dejó de entrenar. Continuó yendo a fiestas hasta que su musa Jessica lo invitó a bailar. “¡Hoy es el día!”, pensó. “¡Y listo! Comencé a salir hasta solo y me hice famoso”.

Elberth creó sus propios pasos y pasó a ganar todas las batallas. Fue cuando se volvió El Maestro. Sus movimientos son frenéticos y naturales, mueve todas las partes del cuerpo, pero principalmente los pies, que se deslizan por el suelo. “Hoy en día, no hay un lugar en Venezuela donde al menos una persona no me conozca”, dice el bailarín.

Entre 2008 y 2009, la changa desaparecía, según sus partidarios, derrocada por los prejuicios de la clase media. “Desaparecía para los sifrinos (“hijos de papá”), porque aquí en Petare nunca dejó de ser importante”, dice El Maestro.

Al mismo tiempo, los venezolanos DJs Pocz y Pacheko comenzaron a hacer música juntos. Fue cuando conocieron a Buraka Som Sistema, grupo portugués que presentó al mundo el kuduro de los guetos angoleños. “Tocábamos dubstep (género electrónico surgido en Londres), pero, inspirados por Buraka, comenzamos a darle un toque tropical, una cosa extrañísima”, cuenta Pocz. Hacían changa tuki y no lo sabían.

Como por obra del destino, el hermano de Pacheko trabajaba en el Ayuntamiento de Petare y concertó su primer encuentro con DJ Yirvin. “Pacheko ni siquiera pudo dormir esa noche, sabía lo que había encontrado”, cuenta Pocz. En 2011, Pocz Pacheko lanzó el jingle Tuki Love, que les llevó a firmar con el sello Enchufada, el mismo de Buraka Som Sistema. Y fueron invitados a llevar la changa al festival Hard Ass Sessions en Lisboa. “A la vuelta hicimos algunas fiestas Tuki impresionantes. Llevábamos a Yirvin y a El Maestro, y los sifrinos estaban alucinados, sin saber qué estaban escuchando”.

La changa fue redescubierta de afuera hacia adentro. El renacimiento se debe a Pocz y Pacheko, y también a los directores venezolanos Miguel Acosta y Juan Salguero, que lanzaron a principios de octubre el documental ¿Quién quiere Tuki? “Hasta de Nueva York me llamaron”, se enorgullece El Maestro. Para el bailarín, la changa comienza a llamar la atención en el mundo y por eso el prejuicio disminuye en Venezuela. “Hay mucha gente de aquí que se fue de la changa porque era cosa de tuki. Y ahora, ¿cómo se visten los sifrinos? ¡Tuki! Hasta con zapatos dorados. Quien dicta la moda es la gente”.

 

 

La versión original de este artículo fue publicada en la revista Piauí (en portugués).

 

 

 

 

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