Deportes: el criquet, una pasión incomprensible

11 septiembre, 2012

(Las) particularidades (del criquet) exceden cualquier lógica. Para ganar un partido de críquet se necesita paciencia, tiempo, perseverancia. Los partidos internacionales duran entre tres y cinco días, mientras que los encuentros de un día pueden extenderse seis horas. Los partidos del prestigioso torneo Twenty20 pueden comenzar por la tarde y prolongarse hasta la noche. (…) la tradición indica que los partidos se detienen para comer, tomar el té, si llueve o hay poca luz, o si el campo de juego es invadido por cerdos o abejas.

(…) Los australianos ven partidos de críquet en directo en los televisores de sus casas, pubs y escaparates de las tiendas, y hablan de los partidos en cafés y bares. Cientos de aficionados recorren las calles y los parques de las ciudades hasta llegar a los estadios de críquet. Desde las playas hasta las paradas de autobús, los transeúntes con radios pegadas a sus orejas comparten los resultados.

El críquet despierta pasiones y los aficionados viajan al otro lado del mundo para ver a sus héroes. Existen clubs de aficionados que viajan todos juntos, unidos por la buena voluntad y la lealtad eterna a sus equipos. Los británicos tienen al grupo Barmy Army y los aficionados australianos son los Fanatics. El gentío celebra con júbilo y pregunta howzat? (¿qué onda?) cuando el árbitro señala al cielo para elogiar la destreza de un lanzador (…)

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El equipo bateador es el que anota las carreras. Los bateadores juegan en parejas, uno a un extremo de la cancha de cricket (pitch) desde donde se batea (striker end) y el otro desde donde se lanza la pelota (non-striker end). El bateador que se encuentra en ese momento en el striker end debe batear la pelota lo más lejos posible para que le dé tiempo a ambos bateadores de correr al otro extremo antes de que la pelota sea devuelta a cualquiera de los extremos. El acto de llegar ambos bateadores al otro extremo produce una carrera. Si la pelota es bateada lo suficientemente lejos, se pueden anotar más carreras yendo y viniendo al otro extremo hasta que la pelota vuelve. El bateador que termina en el striker end es el que se enfrenta a la siguiente pelota.

El equipo que lanza intenta no sólo restringir el número de carreras, sino también eliminar a los bateadores del equipo contrario. La pelota es lanzada desde el non-striker end por el lanzador y es recogida por un defensa (fielder). Un conjunto de seis lanzamientos constituye un over. Una vez que un lanzador acaba un over, otro lanzador coge el relevo y lanza otro over desde el otro extremo de la cancha; los bateadores permanecen en el lado en que quedaron. Cada vez que un bateador es eliminado (out), un nuevo bateador entra a formar pareja con el bateador que no ha sido eliminado.

La entrada finaliza cuando no es posible formar otra pareja; normalmente cuando se eliminan diez bateadores de los once. Uno de los bateadores queda no eliminado (not out). Una vez acabada la entrada, los papeles se cambian y el equipo que boleaba se convierte en el bateador y viceversa.

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(…) Los jugadores de críquet del pueblo de Cheriton Fitzpaine (en Inglaterra) hicieron historia al jugar el partido más largo en la historia del críquet. El encargado del club, Andy Goddard, quedó sorprendido durante sus vacaciones en Francia cuando se enteró de que el récord para el partido más largo de críquet estaba (hasta entonces) en manos de un club francés (…) El récord era de 26 horas 13 minutos y pertenecía al Cricket Club des Ormes.

Goddard quedó consternado (…): “Se esperaría que el récord pertenezca a un equipo con tradición de críquet. No justamente un equipo francés. (..) Izaremos la bandera de la Union Jack e intentaremos traer el récord donde realmente pertenece, al corazón del país”.

El partido duró 28 horas y, luego de meses de verificación, personal del Record Guiness finalmente proclamó aquel partido como el más largo de la historia.

(…) ”Estábamos seguros de que no nos habíamos olvidado de nada, pero uno nunca puede estar seguro hasta que no tiene el certificado. Fue un fantástico fin de semana, y un gran impulso para el club. (…) Tuvimos que tener servicio de primeros auxilios, árbitros, goleadores, escribanos, administradores y, por sobre todas las cosas, mozas que sirvan el té,” (dijo) Goddard.

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Del 26 a 30 de agosto de 2010 el Blunham Cricket Club de Bedfordshire jugó un “partido” que duró 105 horas; sin embargo, tiempo después el equipo Loughborough University Staff Cricket Club se sintió en condiciones de superar esta marca y tras 150 horas de juego sentenció el destino del nuevo récord. Sólo este deporte permite desafiar el tiempo y jugar con la paciencia del resultado. Luego de los maratónicos partidos, los equipos mandan horas de filmaciones y documentación para corroborar lo que hicieron durante tantas horas: jugar al críquet.

Texto original, en inglés, aquí.

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Los jugadores se agachan, los árbitros hunden las rodillas en el verde césped, y los bateadores se cubren con lo que tienen. Lo que hacen los protagonistas del partido es cuidarse de las abejas que, en lugares como Sri Lanka o la India –donde el críquet es pasión- revolotean con frecuencia los estadios de críquet.

En muchas ocasiones los partidos se suspenden por este tipo de cosas.

Texto original, en inglés, aquí.

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Aunque contento y complacido por la victoria de Inglaterra, hubo algo que tocó una cuerda en mí, y eso fueron las quejas, en Twitter, por el tiempo de descanso para el té. El juego comenzó tarde -a las 3 pm – debido al clima. El té lo tomaron a las 4 pm, luego de haber jugado 12 overs. Los periodistas -había varios- protestaban porque  creían que debido a la cantidad de tiempo perdido en el partido no había necesidad del tradicional descanso para el té. Tal vez sea un argumento válido para un periodista que añora volver a casa durante el quinto día de una porquería de partido que, hasta el momento, no iba a ninguna parte. Para mí, era una tontería de argumento (…)

¿Quién se atreve a decir que el resultado del partido hubiese sido diferente de no haberse llevado a cabo el entretiempo para el té?
La durabilidad de los partidos y los asiduos tiempos de descanso son dos de las características que hacen del críquet un reto tan grande  (…).

Tenemos un solo tiro a los bates con un único tiempo de descanso para tomar algo. Así es. Una vez que estás ahí, estás ahí.  Priorizando el tiempo para el té del lunes, los mejores bateadores de Sri Lanka, Kumar Sangakkarra y Mahela Jayawardene, recién se estaban preparando cuando irrumpió el descanso. ¿No debería haber un tiempo de descanso para el té y que estos dos tengan la posibilidad de prepararse? El lanzador rival podría cansarse y ellos se hubiesen focalizado mucho más y tal vez,  lograr el empate. No obstante, hubo un tiempo para el té (…)

Texto original en inglés aquí.

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El críquet es el deporte nacional del Reino Unido y de los países del viejo imperio británico, pero ha caído en una crisis de desprestigio con potenciales consecuencias en las relaciones internacionales. (…)

Sobre el equipo de Pakistán pesó una acusación de hacer trampa en un encuentro disputado contra Inglaterra en 2006, personalizado en su capitán, Inzamam-ul-Haq. El cargo se refirió a la presunta modificación de la superficie de la pelota, que llevaba horas siendo bateada, contra los palos, el césped, el cemento y los carteles publicitarios. Inzaman también se enfrenta a una segunda acusación por “desacreditar” el juego.

El partido se suspendió a media tarde en el más absoluto caos y con la victoria, horas después, adjudicada a los ingleses. Concluido el descanso del té –peculiar hábito en esta modalidad deportiva de largas sesiones de juego–, los paquistaníes demoraron su retorno al campo. Fue un gesto de protesta por haber sido penalizados por manipular la pelota, acusación que ellos rechazan rotundamente. Pero, cuando retomaron posiciones, fue el árbitro quien tiró la toalla.

Mientras tanto, 23.000 personas reunidas en el Oval y millones más que seguían el partido por la radio y la televisión no daban crédito al enfrentamiento entre autoridades y jugadores. Era la primera vez en la centenaria historia del críquet que una serie internacional concluía en semejante desbarajuste.

(…) ”Mis jugadores sienten que se ha difamado al equipo de Pakistán y que se ha difamado al país”, ha declarado Shahriyar Kahn, presidente del Pakistan Cricket Board. Según Kahn, el críquet “ofrece un puente de paz” en estos tiempos de tensión internacional. “Da gusto ver críquet entre un país musulmán e Inglaterra, donde la mayoría son cristianos. ¿Por qué vamos a destrozar este magnífico espectáculo?”, plantea.

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Un escándalo de corrupción empaña la liga de criquet indio y alcanza al gobierno. Empresarios poderosos, actores de Bollywood y altos cargos políticos son las caras del mayor escándalo de corrupción en el mundo del críquet de la India, por el que ya han rodado dos cabezas, entre ellas la de un viceministro.

En sólo tres años, la Indian Premier League (IPL) ha crecido como espuma hasta ser la referencia mundial del críquet, pero los supuestos tejemanejes de sus dirigentes y las alegaciones de evasión de impuestos han puesto en un brete incluso al gobierno del país.
El escándalo llegó al punto de que el Comité de Control de Críquet (BCCI) apenas esperó a la entrega de premios de la IPL celebrada anoche en Bombay para suspender al jefe de la IPL, Lalit Modi, en el ojo del huracán desde hace dos semanas. (…)

El escándalo, paradójicamente, comenzó cuando Modi reveló a través de Twitter que una amiga íntima del viceministro indio de Asuntos Exteriores Shashi Tharoor había recibido acciones gratis en un nuevo equipo, por valor de 15,7 millones de dólares.
Bajo presión de la oposición, Tharoor se vio obligado a dimitir el pasado día 19, pero los medios indios continuaron tirando de la cuerda portada a portada y el Gobierno terminó por lanzar redadas de los inspectores de impuestos en las sedes de los equipos, aunque ha esquivado una investigación parlamentaria.

“La IPL es el mayor fraude del siglo XXI. Se ha convertido en un canal para blanquear dinero en el país”, dijo el domingo un portavoz del principal partido de la oposición, el BJP.

La controversia que ha envuelto a la IPL demuestra “cómo el espíritu del deporte se destruye cuando se convierte en negocio”, dijo por su parte el popular santón Sri Sri Ravi Shankar.

En las últimas semanas, han trascendido los nombres de los dueños de los equipos -grandes empresarios, populares estrellas de Bollywood- así como sus conexiones con distintos líderes políticos y de la familia de Modi, relacionada a su vez con los pingües derechos televisivos de la IPL.

Se dijo que el ministro de Aviación, Praful Patel, dio a Tharoor información privilegiada sobre el valor de las franquicias de la IPL, que la hija del primero retrasó vuelos regulares para que viajaran los equipos de deportistas, y que el propio Modi manipuló las subastas para que los equipos cayeran en manos afines.

Hasta los detractores de Modi reconocen su capacidad para levantar un imperio que enamora a las masas y que, apoyado en una mercadotecnia eficaz, ha triplicado el valor de los equipos.

Compuesta por ocho escuadras, la IPL sigue un modelo de franquicias, con ligas concentradas en un mes de duración y salarios astronómicos sólo por detrás de los que paga la liga estadounidense de baloncesto NBA.

Según datos ofrecidos por la prensa, la IPL mueve un negocio algo superior a los 4.000 millones de dólares.

Modi ha sabido conectar con las nuevas tendencias de los jóvenes urbanos con ayuda de las “glamourosas” estrellas de cine: varios actores poseen equipos y otros han firmado contratos de imagen, lo que ha disparado las audiencias y atraído masas de capital.
Fiel a ese principio, la organización no dudó en aderezar la final de anoche con un gran espectáculo, con bailes de los populares actores Shahid Kapoor y Bipasha Basu y números de animadoras y bailarinas embozadas en trajes inspirados en el carnaval brasileño.

(…) Entre confetis, fuegos artificiales y ante 50.000 espectadores tan excitados como decepcionados, la final de la IPL en Bombay arrojó una sorprendente victoria de los Superkings de Chennai, que derrotaron a los Indians de Bombay por 168 a 142. Poco después, Modi fue suspendido.

Texto original, aquí.

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El críquet es un juego que, a diferencia de otros, te permite desarrollar una “personalidad”. La personalidad de un jugador de críquet se deja ver en los momentos más raros. El jugador puede estar bateando, lanzando la pelota, o corriendo, y cuando la multitud nota un pequeño truco, algún hábito peculiar en él, es parte de la ansiada espera de que el jugador haga algo distinto.

Estos pequeños trucos, peculiaridades, maneras,  nunca pasarán de moda. Muchos años después de que el jugador se haya retirado la gente recordará su peculiar “comportamiento”. En este sentido, no hay ningún jugador en la historia del Grand Summer como Cecil Parkin, ídolo de multitudes en Lancashire y deleite de todos los amantes de críquet. 

Éstas eran las primeras palabras del folleto distribuido como souvenir para la temporada “Ciss” Parkin de 1925.

(…) Una destacable característica en la carrera de Parkin es que jugaba un cricket de primera clase. Se perdió de jugar cuatro temporadas debido a la Gran Guerra pero nueve de sus diez partidos tuvieron lugar antes de que fuera un jugador de tiempo completo.  (…)

Parkin (…) estaba determinado a lograr un lanzamiento rápido. Para mejorar su técnica pasó muchas horas lanzándole a su esposa quien, como resultado sufrió muchas heridas en sus dedos. (…) Parkin sin dudas es el símbolo de una época en la que el jugador que marcaba 50 puntos – o tomaba cinco wickets- ingresaba a un podio, plenamente consciente de la necesidad de mantener al público entretenido. (…) Lejos de todo rasgo perverso, estas raras performances ayudaban a desestabilizar oponentes y perturbar su concentración. Una de las famosas excentricidades de Parkin era entonar canciones mientras volvía a la línea de bateo o hacer malabares con la pelota. (…)

Texto original, en inglés, aquí.

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Si tuvieras que resumir en una frase al críquet inglés ¿Qué dirías? Energéticamente tenso, tal vez. Nerviosamente estoico. Lustrado como la ropa de los vendedores de gamuza. Expandiéndose hacia toda clases de direcciones contradictorias. (…) Este verano el tema recurrente no es el resultado de un estado de ánimo. Mamado y rendido: aturdido y en pedo. El críquet inglés parece estar absolutamente borracho. Consistentemente ebrio en grupo y profundamente – y como nunca antes- borracho individualmente. Nuestro críquet está vizco. Está grogui. Está idiota. ¿Cómo fue qué pasó esto?

Una cosa está clara. (…) El sábado en el Test de Sri Lanka se vivió un momento bisagra (…) La cancha estaba llena. El clima estaba bueno. Lo que se desplegó desde la mañana hasta el torbellino de masas del cierre fue un majestuoso cuadro viviente de embriaguez pública.

Para recrear la escena, imagina las consecuencias de la batalla de Maldon reconstruida en un pegajoso y húmedo césped de vivero: divisiones enteras de hombres geniales en corto circuito -con sus cacareos de smarth phones- se agitaban vertiginosamente desde las vallas hasta la cancha, muchos arrodillados, otros zozobrando. (…)

Esto es, en parte, la respuesta lógica al hecho de que haya bares por todas partes: el gentío atestado en los mostradores con sus polleras hechas de burbujas espumeantes, las atractivas tiendas que venden champaña; y en el mostrador de la marca de bebida Pimm, despachan alcohol como si fuera más que un estilo de vida (…)

(…) Podría resultar extraño en este contexto, pero a pesar de la larga y orgullosa tradición de la embriagada multitud, el críquet no es realmente un juego de bebedores. De hecho, cuando te emborrachas, el críquet se vuelve incomprensible. Los test matches son juegos cuyos horarios son muy difusos, permanecen bien guardados en la memoria como pequeños combates -donde el estado natural de las largas rondas de bebida será un vidrioso y hastiado regocijo (…)

Mirar críquet te hace sentir un poco americano, o un niñito, o alguien que fue forzado a ponerse de novio: coronado en un mudo desconcierto, sorprendido por los aplausos, torciendo fuertemente el cuello diciendo “¿Eh?” o “¿Qué?” cada vez que la bola es lanzada bien lejos o un bate es agitado en clave de triunfo.

En realidad, el críquet ha sido siempre más que un deporte relacionado con la comida. Como escribió el periodista Tunku Varadarjan, “un pobre y abultado almuerzo puede arruinar un juego de críquet” (…) Es probable que el fútbol tenga sus raíces en la bebida, no sólo por sus lazos fundacionales relacionados a las fábricas de cerveza, sino que, a diferencia del críquet, el fútbol tiene sentido si se lo ve ebrio. (…) Creo que un dirigente de fútbol borracho -respaldado por todo un cuerpo técnico ebrio- sería invencible.

No es difícil ver de dónde vienen las nuevas borracheras del críquet. La simple respuesta es: conveniencia. El torneo Twenty20 ha aumentado el negocio del bar. Tenemos las herramientas. No hay excusas para la sobriedad.

Pero el impulso detrás del Twenty20 provocó la decisión -en la década del 2000- de que el juego era simplemente una máquina para hacer dinero y que no optimizar esta fuente de ingresos era un pecado contra el dinero. (…) El duradero éxito del críquet en el país está ligado a este hilo mantenido con la industria del ocio.

Texto original, en inglés, aquí.

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  1. Week-Log.440 - 1 year ago

    [...] El Criquet especial para @jbongio :P [...]

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