“El Tour de France es un calvario. (…) Y aún no ha visto nada, espere a llegar a Los Pirineos. Esto es trabajo duro. Aquello que no haríamos con las mulas, lo hacemos con nosotros mismos”.
”Le voy a explicar cómo aguantamos el Tour de Francia”, le dijo Henri al periodista. Buscó en el bolsillo trasero de su tricota, sacó un estuche y lo colocó sobre la mesa. Del estuche extrajo un par de frascos.
“Esto es cocaína para los ojos. Y esto es cloroformo, para el dolor de rodillas. Ahora le voy a enseñar las píldoras -y sacó tres frascos más-. Ahí lo tiene: funcionamos con dinamita. Y usted no nos ha visto cuando llegamos a las duchas (…) La diarrea nos deja vacíos. Nos desmayamos en el agua. Cuando nos acostamos (…) no podemos dormir. Mire, fíjese en nuestros cordones: son de cuero curtido; pues bien, no siempre resisten las etapas, se rompen. Piense en lo que ocurre con nuestra piel. Cuando nos bajamos de la bicicleta, se puede pasar a través de nuestros calcetines y de nuestros culotes, nada se ajusta al cuerpo. Los dedos de los pies se me encogen día a día, y ya no siento seis de ellos.”
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“Hacemos el esfuerzo que no permitiríamos a una mula. No somos unos vagos, pero, por el amor de Dios, que no nos fastidien. Si salgo con un periódico en el pecho para evitar el frío, tengo que llegar a meta con él. Si paro a beber, tengo que sacar el agua de los pozos yo mismo o me penalizarán. Aceptamos el tormento, pero no queremos vejaciones. Un día nos colocarán plomo en los bolsillos, alegando que Dios hizo al hombre demasiado ligero.”
Henri Pélissier (1889-1935), ganador de 29 carreras y tres etapas del Tour de France
Texto original, aquí.
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Entre 1975 y 1995, cinco corredores franceses que participaron en el Tour de Francia murieron por un infarto o por un accidente vascular sin haber cumplido los 45 años. Los tres más jóvenes tenían 27, 29 y 31 años, los otros dos 40 y 44. Una serie negra así no debería haberse producido nunca. Las muertes tan precoces por problemas vasculares son excepcionales.
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Los corredores del pelotón tienen ahora un riesgo anormalmente alto de que su corazón o sus arterias les dejen tirados antes de lo normal. Un riesgo muy superior al del conjunto de la población.
Los cuatro muertos de más demuestran matemáticamente lo que sabemos desde hace mucho tiempo sin admitirlo: el ritmo de competición del ciclismo moderno, el exceso de entrenamiento y el dopaje organizado se pagan.
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Hacen falta grandes dosis de hipocresía o de mala fe para seguir negando que el dopaje es un componente estructural del ciclismo moderno, como, por otro lado, de gran parte de los deportes de competición. Sin embargo, hemos deseado llevar la investigación un paso más allá. ¿Cuál es el efecto a largo plazo de una práctica deportiva cada vez más artificial, cada vez más alejada de la “verdad de los organismos”? ¿Qué les ocurre a los campeones una vez que abandonan los podios? ¿Cómo viven los hombres reales cuando dejan de ser gigantes de la ruta? ¿A qué edad mueren y de qué?
Ninguna federación, ningún organismo oficial del ciclismo, ningún comité olímpico ha realizado una investigación de este tipo. Al mundo del deporte no le gusta revelar los trapos sucios de los héroes. Y este silencio no es exclusivo del ciclismo. En la bibliografía epidemiológica francesa no se halla ni el más mínimo estudio serio sobre lo que ocurre a un montón de deportistas de alto nivel. (…)
En 1947 tuvo lugar el primer Tour de France de posguerra: 21 etapas, 100 empezaron y 53 terminaron. El vencedor se llamó Jean Robic, de 26 años, con una media de 31,412 kilómetros por hora. En 1948 fue el italiano Gino Bartali. Luego vinieron el campeonísimo Fausto Coppi -en 1949 y 1952-, Louison Bobet y Jacques Anquetil, cuya gran época se extendió de 1961 a 1964 con cuatro victorias consecutivas.
Con la era Anquetil surgió una nueva generación. Los corredores de los años cincuenta habían nacido antes de la guerra, entre 1910 y 1930. A mediados de los años sesenta llegaron los hijos de la explosión demográfica, nacidos entre 1945 y 1955, que tomaron definitivamente el relevo en los años setenta. Este relevo demográfico se articuló en torno a toda una serie de cambios en el ciclismo profesional. Los equipos de marcas comerciales aparecieron en 1962. El ritmo de las carreras se aceleró. El calendario de competición se cargó. Las retransmisiones televisivas se alargaron. En pocas palabras, el ciclismo cambió de piñón durante los años de Anquetil (cuya media récord de 37,317 kilómetros por hora en el Tour de 1963 no fue mejorada hasta la victoria de Bernard Hinault en 1981). El aumento de la cadencia prosiguió a lo largo de los setenta. Jean-Pierre de Mondenard cuenta que “el belga Freddie Maertens es un ejemplo emblemático de este estajanovismo. En 1978 participó en 220 carreras, ganó 56 y alcanzó un total de 23 días de competición entre el 24 de marzo y el 1 de mayo. Los corredores de esa época corrían frecuentemente más de 200 días al año”.
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El cambio en los años sesenta hizo que la práctica del ciclismo de competición fuera más peligrosa. Corrían cada vez más, cada vez más rápido y, sin duda, cada vez más “cargados”. Hasta la II Guerra Mundial, el dopaje tenía tintes folclóricos: cafeína, éter, sangre de toro en ampollas, testículos aplastados de animales salvajes y las célebres “bolas de 4″ con estricnina. La guerra popularizó las anfetaminas, muy apreciadas en especial por los pilotos de cazas. Las anfetaminas se extendieron entre los ciclistas durante los años cincuenta y sesenta. Era la “bomba” de Fausto Coppi, la “dinamita” capaz de hacer literalmente explotar el cuerpo por hipertermia. El 13 de julio de 1967, el británico Tom Simpson cayó fulminado durante el ascenso al Mont Ventoux.
Durante la siguiente década, aunque las anfetaminas no fueron abandonadas, el “armario de venenos” se enriqueció con varios estantes: los corticoides que se inyectaban a través de la camiseta -”el dardo”-, el “desayuno de los campeones” -los anabolizantes- y, por último, la hormona del crecimiento y la EPO.
Por lo tanto, en total, el periodo de los años setenta y ochenta fue especialmente mortífero, a causa, al mismo tiempo, de crisis cardiacas y de accidentes. Los últimos 10 años se caracterizaron por una doble tendencia. Por un lado, el ritmo de carrera se volvió menos duro, aunque el Tour se corra cada vez más rápido (Pantani batió el récord este año, rozando los 40 kilómetros por hora de media). Ahora se corre entre 100 y 130 días al año en vez de 200.
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Desde 1990, dos corredores han muerto antes de los 45 años. En los ochenta fueron cinco y en los setenta, cuatro. La profesionalización del entrenamiento, de la dietética y del dopaje, ¿ha tenido efectos benéficos? Es prematuro afirmarlo. Como mucho, se puede adelantar un pronóstico: con el tiempo, un mejor control de las sustancias y de la fisiología puede reducir los riesgos.
Texto original, aquí.
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Jesús Manzano se retiró del ciclismo en 2003 pero antes confesó su calvario; para el ex ciclista su vida no pasará los cincuenta años:
¿Cuándo me dopé por primera vez? Pues en amateur yo no seguía estos tratamientos, en amateur yo no me he dopado. (…)
Me paré a pensar en los efectos secundarios del dopaje y claro que pensé dejar el ciclismo. Yo entré en este deporte con la mayor ilusión del mundo, porque me marqué una meta y trabajé para ganar dinero o llegar a ser alguien. Yo no creo que haya sido tan malo en amateur, cuando he ganado la Vuelta a Extremadura, he hecho segundo en un Campeonato de España, tercero en la Vuelta a Sevilla… Y sólo corrí seis meses en esa categoría.
Uno se marca unas metas que quiere alcanzar. Con ilusión y ambición se gana todo. Entras en una dinámica y no voy a engañar. El primer año fue todo de color de rosa. En el segundo año empiezas a ver las rosas, pero le quitas los pétalos, y en el tercer año ya se monta un incordio. Te tienes que enfrentar a cosas que ves que están ahí.
(…) Si no andas, vas a la puta calle, lo coges o lo dejas. Por supuesto que se podría correr sin dóping, pero un ciclista no podría hacer Tour y Vuelta, por ejemplo. Habría cosas que no se podrían hacer, porque estarías al límite. (…)
Se podría correr, por ejemplo, si las etapas de 200 kilómetros bajaran a 140. Y los ciclistas te darán más espectáculo. Pero como en esta vida todo se mueve por dinero… Cuando ves que has andado en sitios, has hecho tu trabajo y ¿para qué?, ¿para que te paguen dos millones de pesetas? Si me caigo de un andamio, me he caído, pero a mí no me va a matar nadie.
¿Que por qué no lo decimos? ¿Tú has visto algún ciclista que tenga carrera? ¿Cuántos hay en el pelotón? Yo conozco a dos o tres, muy pocos, porque la bici te obliga a entrenar muchas horas. Tienes que trabajar todos los días cinco horas ¿y lo vas a dejar ahora, después de toda la puta vida?
(…)
¿Me obligan a doparme? Es una pregunta difícil de contestar. Pero yo no me escondo. Insisto que esta es la pescadilla que se muerde la cola. Tú pasas al ciclismo profesional con toda la ilusión del mundo, creyendo que te vas a labrar un futuro y cuanto más andes, más ganas. Te viene el médico y te dice: Te vamos a dar eso. Si tú dices que no, estás botado al año que viene.
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El contrato de las federaciones con las compañías de seguros recoge únicamente la cobertura de lesiones producidas por traumatismos. El ciclista lesionado pretende sin embargo ser atendido por cualquier lesión, se trate o no de un traumatismo, y lo más frecuente es que no lo sea.
Es un tema conflictivo que coloca al médico en medio del contencioso entre un deportista que cree tener derecho a cualquier tipo de asistencia por lesión deportiva, independientemente del mecanismo de producción, y las aseguradoras que cobran la prima ajustada a los accidentes deportivos.
Como es muy difícil concientizar al cicloturista de edad más que mediana que, aunque disponga de una licencia federativa no tiene derecho a médico gratis porque le duele la espalda, la única solución sería asegurar todas las lesiones. Pero eso exige un aumento de las primas.
Lo cierto es que los ciclistas sufren numerosas lesiones: desde tendinitis hasta problemas cardiovasculares y disfunciones eréctiles.
Texto original, aquí.
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(…) Exponerse por muchas horas al viento y a diversas condiciones climáticas así como el repentino cambio de la superficie –del llano a la montaña- también son factores que van alterando, silenciosamente, la salud del deportista. Se estima que para una distancia de sesenta kilómetros, con un desarrollo de seis metros, se necesitan diez mil golpes de pedal.
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La rótula sufre una gran presión contra el fémur por la contracción del cuádriceps y la resistencia que opone el tendón rotuliano. Esta presión es variable lógicamente y está relacionada con la fuerza que realiza el cuadriceps y en gran medida por el grado de flexión de la rodilla. Un exceso de flexión de rodilla todavía comprime más la rótula contra el fémur y puede provocar molestias por roce del cartílago rotuliano o desembocar en una lesión crónica, una condropatía de rótula. (…) La tendinitis también aparece como un enemigo del ciclista. (…) Hoy en día se busca una mayor extensión de la rodilla en el pedaleo, superando los 160º, hasta 10º más.
(…)
Los tendones laterales, bíceps femoral por fuera y pata de ganso por dentro, se ven afectados por el movimiento del retropie. La porción delantera del pie está fija en el pedal pero la posterior tiene cierta capacidad de movimiento libre. Ajustada la rotación del pedal es conveniente mantener una cierta fijación del talón para evitar ese movimiento de vaivén que puede dañar los tendones laterales. Con excesiva rotación interna se solicita en exceso y se produce una lesión del bíceps femoral. Rotando al exterior, la tensión es soportada por los tendones de la pata de ganso.
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El apoyo sobre el sillín puede producir lesiones en el periné debido a la fricción. La sudoración por el esfuerzo en una zona abundante en folículos pilosos produce irritación de la piel y tejidos subcutáneos dando lugar a foliculitis, quistes, forúnculos y nódulos fibrosos subcutáneos.
En profundidad pueden llegar a afectarse estructuras más nobles produciendo una prostatitis, uretritis, etc… La compresión del nervio pudendo contra el plano duro del isquion puede producir alteraciones de la sensibilidad perineal y disfunción sexual por disminución transitoria de la erección y parestesias.
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Según los datos de la Mutua General Deportiva en España el ciclismo está en décimo lugar en el ranking por número de asistencias y en el séptimo por índice de lesiones deportivas. Algo más del 30 % son contusiones, el 26,5 % heridas y el 16,5 % fracturas. Además se producen abrasiones cutáneas, esguinces, luxaciones y otros. Afectan más a los miembros superiores, 25,7 %, cráneo y cara 20,7 % y miembros inferiores 20,65 %
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Lo curioso es que cualquier postura que adopte el ciclista en la bicicleta, es probable que termine lesionado:
Cuadro largo: Obliga a una posición más horizontal, que tumba al corredor y le obliga a levantar la cabeza provocando sobrecarga cervical.
Cuadro corto: Obliga a una posición más verticalizada. La columna lumbar sufre por impacto en el golpeteo con cada salto de la bici. Provoca lumbalgias.
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Cuadro bajo. Sufre más la musculatura extensora, cuádriceps y aparato extensor.
Excesiva rotación interna del pie: Debido a malposición en el anclaje pie-pedal por incorrecta posición de la cala. Sobrecarga la musculatura externa, bíceps y vasto externo.
Excesiva rotación externa del pie: También en este caso se debe a una incorrecta posición de la cala. Produce un mayor sufrimiento de los tendones de la región interna de la rodilla, tendones de la pata de ganso.
Apoyo adelantado en el pedal. Provoca lesiones de columna lumbar.
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Es claro que la simple experiencia de andar unos cuantos minutos en bicicleta genera la sensación de molestia perineal, si en el periné que es precisamente el área en la que se apoya el cuerpo cuando se pedalea sentado.
Hasta hace algunos años, la relación entre el ciclismo y la disfunción eréctil no pasaba de una mera hipótesis. Pero esta asociación ha ido ganando peso.
Claro está, el ciclismo además de un deporte, es una gran industria, los estudios iniciales provocaron una serie de respuestas de las grandes casas industriales, y no cabe duda que el conflicto de intereses ha generado una enorme confusión tanto en el mundo de la ciencia como en el individuo promedio.
Por otra parte, para muchas personas el ciclismo no es solo un deporte, es una autentica pasión, un estilo de vida, de manera que la noticia de que esta practica deportiva puede generar cuadros de impotencia colocan a todos estos aficionados en una situación difícil y comprometedora.
El dilema de la escogencia entre sexo o bicicleta puede resultar ingrato para los amantes de las dos ruedas. (…) Los vasos sanguíneos se cierran cuando son presionados por el peso del cuerpo, provocando la sensación de adormecimiento, por este mismo mecanismo es que se afecta la erección.
Los primeros estudios que sugerían que el ciclismo podía dañar la erección surgieron en la década del ochenta, y no es hasta 1997 que se cuentan con datos más nutridos. Por eso hace diez años no se preguntaba al paciente con impotencia si practicaba ciclismo. Desde hace siete u ocho años, se empieza a dar importancia a este factor de riesgo. Hoy en día es una de las preguntas básicas (…)
Los ciclistas profesionales están más protegidos de desarrollar este tipo de problema por varias razones, por un lado pesan menos, llevan una vida sana con dietas especiales y además toman las previsiones para evitar esta presión sobre el periné.
Sin embargo cuando se comparan ciclistas profesionales con otros atletas profesionales como nadadores o corredores de atletismo se sabe que la incidencia de problemas con la erección es mucho mayor en los ciclistas.
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El supercorazón de los atletas de élite: Bradley Wiggins -ciclista entrenado para la más alta resistencia y ganador del Tour de France 2012.
Poder competir en bicicleta una carrera de casi 3.500 kilómetros, que incluye cimas extenuantes de alturas extraordinarias, está más allá del humano común y corriente , la principal diferencia, afirman los científicos, es un corazón mucho más grande de lo normal. (…)
Según el doctor Keith Tolfrey, experto en medicina deportiva de la Universidad de Loughborough, Inglaterra, este corazón grande puede bombear más oxigeno a los músculos. Estos músculos, que también son extraordinarios, tienen mucha más capacidad de resistencia al usar ese oxígeno.
Estos dos factores, el tamaño del corazón y el uso del oxígeno, pueden alcanzarse con el entrenamiento. (…)
Uno de los signos de un corazón altamente entrenado es la frecuencia cardíaca en reposo. Tanto los atletas como la gente con una condición física promedio requiere un suministro similar de oxígeno a los órganos y músculos cuando están en reposo. La frecuencia normal que el corazón necesita para funcionar cuando la persona está en reposo es 70 latidos por minuto, pero un atleta de resistencia por lo general sólo requiere 40 latidos por minuto.
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Muchos ciclistas que, después de varios años de experiencia y entrenamiento, ven cómo su rendimiento deja de evolucionar, se estancan y por mucho que se esfuerzan no consiguen mejorar sus registros ya sea en marchas cicloturistas como en competiciones.
Conozco muchos grupos, clubs, peñas, con los que he compartido rodadas y la mayoría siguen un patrón en sus salidas. En el inicio tranquilos, risas, conversaciones, demostración de los nuevos materiales adquiridos,… y poco a poco se va tensando el ritmo hasta que se llega a un momento cumbre, que suele coincidir con el puerto del día, en el que se va a tope, se dejan ver las cartas y el momento de forma de cada uno. Después hay un parón que algunos grupos lo resuelven con un almuerzo y otros (más competitivos) con un simple momento de calma; el resto hasta casa suele ser de nuevo a buen ritmo, no máximo, pero sí de esos que te van minando la moral. (…)
El entrenamiento debilita al cuerpo desde diversos puntos de vista, llegando a situaciones desfavorables como la deshidratación, la fatiga, la desnutrición, el sobreentrenamiento en general o incluso una lesión.
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Diario de un ciclista
¡Fíjate ese! ¡Y dice que no sale! Habría que pillarle la libreta de entrenamientos y verías los kilómetros que lleva.
¡Qué manía con los kilómetros!
Es como la típica pregunta de ¿estudias o trabajas?, pero en globero ciclista, ¿Cuántos kilómetros llevas?
Y para qué, si lo que hace falta saber es cómo están hechos y repartidos.
También es verdad, que quedaría un poco raro, preguntar:
¿Cuántas horas llevas?
Pues las mismas que tú. ¿No hemos salido juntos… o qué?
No, no, que cuántas horas llevas desde que empezaste la preparación de este año.
Nos jugamos contigo lo que quieras, que no tiene ni idea de las que lleva y se preguntará que para qué narices, quieres saber eso. Pero pregúntale por los kilómetros y verás que pronto te contesta.
(…)
Una libreta de entrenamientos, una hoja Excel o donde quiera que apuntes tus salidas, es una herramienta muy útil para ir haciendo balance de tus sensaciones, progresos, errores o aciertos.
Hay gente más metódica que puede anotar los cambios que hace de cadena, cubiertas, gastos en la bicicleta. Como verás también puedes personalizar tu hoja.
Si por cualquier circunstancia extraviases tu libreta y cayese en manos de un preparador o entrenador, éste con ver ciertas anotaciones, sabría si el interesado es alguien que entrena con conocimiento de causa, y hasta en que momento de forma puede encontrarse.
La libreta de entrenamiento incluye datos del competidor tales como: peso, kilómetros recorridos, calorías, horas de sueño, y hasta las sensaciones de la competencia. Todo debe quedar registrado; la idea es reducir el tiempo de llegada a la meta e incrementar la técnica. Exigencia al máximo.
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Las competencias internacionales son difíciles, cansadoras y llegan a durar más de seis horas por día; también son prestigiosas y quizás es por esto que cada competidor soporta recorrer montañas, llanuras, terrenos mixtos y volar en dos ruedas a contrarreloj para alcanzar buenas marcas.
El Giro de Italia, cuya primera edición se remonta al año 1919, consiste en 21 etapas y un extenuante recorrido de 3.503 km; la media diaria- lo que cada ciclista tiene que recorrer por día- es de 166 km.
El paisaje se modifica, los fans alientan en otro idioma pero las exigencias son las mismas: La vuelta a España comenzó en 1935 y es otro de los grandes palmares con lo que sueña cualquier ciclista. Si a ningún competidor le queda trunco su sueño habrá recorrido 3300 km repartidos en más de 30 ciudades españolas; también son 21 etapas y la modalidad montañas-llanura se recorre en siete oportunidades.
La pista puede humedecerse, un vuelco de un competidor significa la simultánea caída de decenas de compañeros provocando los clásicos pelotones; en este tipo de caídas los ciclistas pueden tener diversas lesiones, desde pequeños golpes hasta severos traumatismos de cráneo. Sin embargo, ninguno querrá perderse el éxtasis que se siente al cruzar la línea de llegada; no pueden perder el tiempo, para ellos cada segundo es indispensable; de esto sabe bien Purito Rodríguez quien perdió por 16 segundos el último Giro de Italia.





August 27th, 2012 → 12:00 pm @ elpuercoespín
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