Editores y periodistas guatemaltecos discuten, con cierta frecuencia, acerca de la prioridad, en tiempo y espacio, que los medios noticiosos conceden a las muertes violentas de este país.
Si el tema por su naturaleza es triste, los debates resultan cargados… cargadísimos. Hay un reproche de reporteros hacia editores y viceversa por conceder la atención a unos homicidios y olvidar otros en la periferia. “Muertos VIP” bautizaron los reporteros, durante una discusión, a aquellas víctimas cuyos apellidos, estatus económico o perfil social garantizan la atención en las noticias. En apariencia.
Quienes defienden que existe un equilibrio y que la agenda noticiosa, si bien no es perfecta, no es discriminatoria, mencionan un sinfín de casos que han gozado de extensas coberturas donde la premisa “Muertos VIP” pierde solidez: ahí está la historia de un niño, hijo de una familia residente en zonas marginales, secuestrado y luego asesinado, cuyo caso gozó de una amplia cobertura noticiosa, la cual llevó al Congreso de la República a aprobar una ley de alerta que hoy protege a los chicos vulnerables.
Saltan los otros con un listado de casos pesados en las cuales la defensa de esa agenda, en apariencia equilibrada, pierde fuerza. La cobertura del asesinato de Facundo Cabral sopesado con la muerte del motorista, del piloto del transporte colectivo, o de una vendedora ambulante, no puede compararse.
Y, claro, se escucharán las reglas de los manuales de periodismo, en los cuales se hace la clara distinción entre los hechos
relevantes y los hechos comunes. No hay periodista que no comprenda la diferencia, estamos entrenados para priorizar y discriminar.
La verdad es que ambos argumentos son válidos y ambas partes en el debate están llenas de razón. Es cierto que los medios no conceden su espacio y tiempo solo a víctimas VIP, pero también es cierto que existen coberturas de casos que concentran más esfuerzos y recursos.
El problema es que los noticieros y periódicos son sólo el reflejo de una sociedad enferma. El otro día uno de los fiscales involucrados en la investigación de homicidios me confesó que se sintió terriblemente mal, sin justificaciones ni respuestas claras, cuando durante una entrevista le preguntaron por qué para ciertos procesos concentraban más detectives. ¡Piense en una ciudad en la cual en diez horas pueden suceder 8 homicidios! E imagine la reacción de los conductores atrapados en filas de vehículos varados porque, otra vez, los fiscales e investigadores atienden una escena del crimen en plena vía pública.
Los crímenes son rutina. Uno más o uno menos es la historia de día a día. En los últimos l5 años, a partir de la firma de los Acuerdos de Paz que pusieron fin a una guerra de 36 años, se registraron 75 mil 515 homicidios en el país. Suelo hacer comparaciones para descongelar los números fríos y la primera que viene a mente es que el total oficial de vícitmas del conflicto armado se calcula en 200 mil, una cifra aún debatida, pero el punto es que hemos llegado a comparar las tasas de muertes violentas con los tiempos de guerra (¡!).
Y no existen páginas de periódico o tiempo de aire que se den abasto para cubrir cada evento. Esta es la motivación con la cual nace el sitio de internet “Una vida es una vida”, un espacio que, mediante una base de datos registra a cada víctima de homicidio en la Ciudad de Guatemala. El fin es que al crear el registro público se reconozca que cada persona, que muere de manera violenta, cuenta y que poseen un nombre y un apellido, una edad, un retrato ojalá.
El objetivo, además, es que exista un espacio para hablar abiertamente sobre la violencia que afecta a cada barrio, colonia, o zona de esta capital. Y entender, por ejemplo, cómo es que los homicidios no afectan solo una zona en especial, sino un espacio geográfico. U observar por qué la vulnerabilidad de las mujeres es diferente en unos distritos que en otros.
A primera vista, un sitio sobre víctimas de homicidios parece un sitio sobre muerte. Mas en esta ocasión quiero apelar a la idea de un sitio sobre la vida, de hecho, sobre muchas vidas. Al leer los partes policíacos día a día en la Policía Nacional Civil (PNC) ciertos detalles minuciosos detrás de cada víctima revelan las condiciones normales de sus vidas: como esa vendedora que salió del hogar para trabajar, pero en el trayecto un disparo en el transporte colectivo terminó con su vida y fue su hijo, apenas un adolescente, quien debió reconocerla en la escena del crimen.
Esos reportes redactados, a pesar de que están redactados en el más frío lenguaje policíaco, revelan historias conmovedoras: a cada escena de crimen siempre se presenta un padre, un hijo o un hermano a reconocer la identidad de su ser querido caido en las calles de esta ciudad.
El sitio es de entrada la propuesta de un nuevo modelo que propone el espacio para hablar sobre la violencia que afecta a cada zona de esta ciudad. Hay una vieja idea que dice que hablar de los problemas es el primer paso para reconocerlos y quizas orientarnos a su solución. Ya es hora.


August 23rd, 2012 → 4:00 am @ elpuercoespín
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