La utopía existe y se llama Awra Amba, por Nicholas Parkinson

July 24th, 201211:49 am @

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Biblioteca de Awra Amba

La vida es dura en un pueblo etíope. Todos los días, los etíopes se levantan, los gallos cacarean, la luz del sol se filtra por un techo de paja. Los animales son llevados a pastar en el poco pasto que crece en el suelo rocoso. La mujer enciende fuego, té y pan… Café es mejor –a veces hay azúcar.

El hombre se pone al hombro su arado de un solo surco y lleva su buey hacia la tierra que planea arar ese día. Calza el arado en la bestia y entierra la reja en el suelo fértil. Entretanto, la mujer sigue trabajando, separado el grano, moliéndolo, formando y secando bosta para combustible, reuniendo leña en las colinas sin árboles. Si sus hijos son demasiado jóvenes, carga varias garrafas de agua de más de cien litros en su espalda, a veces hasta cinco kilómetros de distancia. En su tiempo libre, hace cerveza casera e injera, y sirve a su esposo una magra cena. Los animales son arriados y metidos en la choza para que estén abrigados durante la noche.

La vida en un pueblo etíope no es un retiro pastoral –y adviertan que el trabajo de la mujer excede por mucho el del hombre. Más aún, cuando llega el momento, la mujer también cosecha el grano mientras hace malabares para cumplir con las demás actividades mencionadas. Combina ese trabajo con las obligación maternal de tener hijos, por lo general cuatro o cinco –”trabajo full time” no alcanza a describir su carga.

Zumra Nuru (63) se dio cuenta de la desproporción de los deberes entre su madre y su padre cuando tenía cuatro años. Visionario, solía preguntarles por qué cuando su padre terminaba, su madre continuaba trabajando. ¿No eran una familia?

Desde su infancia, Zumra se propuso crear una nueva sociedad etíope. Puso en marcha su sueño de igualdad de género y trabajo equitativo en 1978, cuando fundó Awra Amba, un pueblo en las colinas que rodean al lago Tana, en el norte de Etiopía. Cuatro años antes, los militares habían secuestrado la revolución estudiantil marxista contra la monarquía; el régimen Derg gobernaría Etiopía hasta 1991.

Hoy, Zumra es una celebridad en Etiopía. La cobertura de su “Pueblo Utópico” ha atraído visitantes de todo el país que finjen interés en la igualdad de género y quieren conocer al creador de esta idea revolucionaria. ¡Los visitantes pertenecen a un país en que los roles de género no han cambiado desde que Lucy fue desenterrada con una garrafa atada a su frágil columna!

La mayoría de los etíopes conocen el nombre Awra Amba y su primera reacción es simplista: “Donde los hombres hacen injera” (una obligación de la mujer). Debe haber algo más que hombres cocinando injera, así que decido visitar Zumra y su pequeña Utopía, ya que la vida en Etiopía no es ni remotamente utópica.

Un bus me deja en la ruta Debre Tabor, y camino dos kilómetros por una ruta rocosa hasta Awra Amba (que significa Cumbre de la Montaña en amárico). Lo primero que descubro es que hay dos carteles colgando de la entrada al pueblo que dicen: “Conocer a tu País comienza por Conocer tu Pueblo”, y “Ahorra un poco y Haz Más”.

¡Bienvenidos a Awra Amba!

 

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El domingo por la mañana, Zumra y la Asociación del Pueblo se reúnen bajo un inmenso árbol de sicomoro en el centro del pueblo. El se sienta en el medio y más de cien adultos participan de los deberes cívicos, votando y turnándose para hablar.

La Asociación del Pueblo tiene 146 miembros: 83 mujeres y 63 hombres. La Asociación vota democráticamente sobre cada asunto, desde las reglas y regulaciones a los trabajos asignados para cada adulto de los 433 habitantes de Awra Amba. La Asociación del Pueblo gobierna sobre 13 subcomités. Me recibió el Subcomité de Recepción de Visitas, uno de los sub-comités.

Derrasa (25) está a cargo de la casa de té. Nació en Awra Amba y nunca vivió afuera, en las partes no-utópicas de Etiopía. Los niños del pueblo llenan la casa de té con carcajadas altisonantes y miran un pequeño televisor que transmite Friends en inglés. Algunos visitantes están mezclados con los locales. Hoy, soy el único farenji (extranjero) en Awra Amba.

“Nuestro mayor valor es nuestra gente. Compartimos todo. La felicidad y la pena”, comienza Bertukan (30), uno de los guías turísticos asignado a mostrarme todos los detalles de la sociedad, el estilo de vida y la ética de trabajo practicadas en Awra Amba. El tour cuesta 35 centavos.

“La educación es nuestra mayor fuente de ingresos”, continúa. Cada niño asiste al nivel pre-escolar del pueblo a los 7 años; luego de un año, pasan al primario. Awra Amba se vanagloria de poseer un cien por ciento de alfabetización. “Nuestros maestros no tiene título. Los más inteligentes son quienes se convierten en maestros”, explica.

En pre-escolar, los niños reciben adoctramiento sobre Awra Amba. Aprenden un juramento que repetirán una y otra vez hasta ser adultos: “Nunca tocaremos las pertenencias ajenas, y si encontramos algo, lo devolvemos a su dueño original. Trabajamos juntos y así vivimos” –de allí la necesidad del Comité de lo Perdido y Encontrado, uno de los subcomités de la Asociación.

La biblioteca queda al lado del pre-escolar. Aquí se guardan todos los libros del pueblo, desde manuales hasta Harry Potter. Las paredes están adornadas con regalos de grupos que han venido de visita y con el título de Doctor honorario que dio a Zumra la Universidad de Bonga.

Zumra es el único Doctor en Etiopía que nunca fue a una universidad.

 

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Awra Amba está rodeada por pequeños pueblos en los que predomina la práctica del Islam. Antes de hacerse famoso, el pueblo de Zumra sufría persecusiones y amenazas, y veía cómo los vecinos le iban quitando la tierra cultivable. Además de la igualdad de género, el estilo de utopía practicado por Zumra no incluye una religión oficial. Curiosamente, no hay iglesias ortodoxas ni mezquitas en Awra Amba. Para unirse a la comunidad, uno debe primero despojarse de su credo.

La ausencia de una religión organizada hace de Awra Amba un lugar completamente diferente al resto de Etiopía. En vez de evocar a Egzabier y Alá en sus saludos y en el habla diaria, los habitantes de Awra Amba dicen simplemente: “la vida es buena”, y si hay necesidad de referirse a un poder superior, recurren a fatari, que significa creador.
La religión organizada es una distracción. En lugar de rezar cuatro veces por día, o de autocastigarse para ganar un perdón diseñado por un sacerdote o un imán, la gente de Awra Amba dedica ese tiempo a trabajar, tejer, moler y cuidarse unos a otros. Awra Amba es el único lugar de Etiopía donde he visto un asilo. El Comité de Ancianos –uno de los 13 subcomités— tiene la tarea de cuidar a las ocho personas que son alimentadas diariamente y bañadas una vez a la semana.

Si cada iglesia y mezquita de Etiopía fuera convertida en un asilo… me pregunto.

Sin embargo, la peculiar libertad de religión de Awra Amba no se lleva bien con el resto del país. En el pueblo me encontré con creyentes musulmanes, protestantes y ortodoxos haciendo negocios en Awra Amba, cada uno con su propia opinión, que dice más sobre sus religiones que sobre la ausencia de una en Awra Amba.

“Nos gusta hacer negocios con ellos porque están cerca, pero si fueran musulmanes toda la zona vendría y se uniría”, dice el musulmán.

“Es fácil hacer negocios con ellos porque son honestos y aceptan la existencia de un creador; a nuestros ojos, todos somos cristianos, salvo los musulmanes”, dice el ortodoxo.

“He dado muchos pasos para enseñarles sobre Jesús, y comprar sus ropas es uno de esos pasos”, dice el protestante.

Este clip de un documental de 2009 sobre Awra Amba ilustra la fricción entre los habitantes de Awra Amba y los forasteros.

 

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En 1988, Zumra, bajo una tremenda presión de las comunidades vecinas, decidió desarraigar a sus seguidores y mudarlos al sudoeste de Etiopía, cerca de la ciudad de Bonga. Estuvo allí hasta 1991, cuando el Derg fue derribado. El actual gobierno permitió volver a Zumra y su gente, y les dio 17.5 hectáreas de tierra.

Con menos espacio que antes, los Awra Ambans se vieron forzados a cambiar su ocupación: de granjeros a tejedores. A mitad de los ’90, se enseñaron a sí mismos a desmotar el algodón y tejer con máquinas modernas. Eventualmente, la Asociación compró máquinas de coser para dar los toques finales. Hoy, la cooperativa de tejidos financia la mayoría de las actividades del pueblo y es la más importante fuente de ingresos, seguida por la tienda y el molino.

Siete días a la semana, los tejedores trabajan de 8am a 6pm con una hora libre para el almuerzo. Compran materia prima en la ciudad de Bahir Dar, 70 kms. al sudoeste. El tejido de Awra Amba se ha convertido, también, en sinónimo de calidad. En un restaurante de Bahir Dar, las cortinas y almohadas están todas hechas con telas de Awra Amba. “En calidad y precio, nadie se les compara”, me dice el propietario.

Cada martes, los tejedores del pueblo se reúnen bajo el gigantesco sicomoro y tejen, una actividad organizada por el Comité de Desarrollo Semanal, uno de los 13 subcomités. Los frutos de su labor son donados a los enfermos y pobres del pueblo.

 

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En Awra Amba, los niños no trabajan: van a la escuela. Tanto la escuela intermedia como la secundaria están ubicadas en las 17.5 hectáreas de Awra Amba. La intermedia fue construida por el gobierno regional y atiende a 600 estudiantes, la mayoría de los cuales son de otras partes. La secundaria está actualmente en construcción y ha quedado demorada por falta de fondos. Hoy, hay una sala de clases para 180 estudiantes, de los cuales 13 son de Awra Amba.

“¿Ve lo que la sociedad de Awra ha sacrificado por las comunidades vecinas?”, me pregunta el director de la escuela, Abraham Mekonnen. “La escuela secundaria está siendo construida con dinero exclusivamente de Awra Amba. En septiembre, esperamos a otros 300 estudiantes”.

La comunidad utiliza las escuelas para inculcar sus valores de respeto, tolerancia y paz. “Esta es una isla de paz. La gente de alrededor está siempre peleando. Nosotros predicamos la paz a través del acuerdo y la discusión”, explica Abraham. Cada tarde de viernes, Zumra visita las aulas y da conferencias sobre ética.

Las dos escuelas reciben unos 7.000 birr ($415 dólares) al año, que se utiliza en materiales escolares así como en los salarios de los 12 maestros. Abraham estima que la secundaria necesita al menos otros 5.000 dólares para ser terminada.

Cuando la documentalista Paulina Tervo realizó un documental de 30 minutos sobre la comunidad en 2009, inició una campaña de reunión de fondos para la escuela.

 

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Pasé la noche en el hostal de Awra Amba y pagué 20 birr por la noche. La cama está hecha de barro y pasto y es sorprendentemente confortable. Por la noche, la gente desaparece en sus hogares, donde hombres y mujeres a menudo continúan tejiendo, ya que cada casa está equipada con una máquina de tejer. Cada miembro de la sociedad tiene permiso para –y es alentado a—hacer su propia empresa o negocio, además del trabajo realizado para la comunidad.

A la mañana siguiente, voy a la tienda de la esquina, donde una chica cristiana está mirando una cruz de oro que está en venta. La tienda cobra 3 birr, por el collar, 50 centavos más barato que cualquier otra tienda del valle. La chica ya tiene una cruz colgando del cuello.

“Dos cruces son mejor que una”, digo en ahmara.

Mientras tomo un desayuno de yogurt en una casa de té, veo Televisión Etíope. El programa muestra a líderes religiosos —musulmanes, ortodoxos y protestantes—, cada uno predicando las virtudes de conducir prudentemente y obedecer las reglas de tránsito. Confundido, pregunto a un Awra Amban qué están diciendo.

“El pueblo etíope no puede vivir sin religión, así que cuando estos hombres les dicen que manejen con cuidado y eviten accidentes de tránsito, la gente escucha”.

Aquí, publicación original de este artículo.

 

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Zumra Nuru fundó el pueblo utópico de Awra Amba en los ’70. Hoy, más de 430 residentes continúan practicando y siguiendo sus ideales originales de igualdad de género, educación, honestidad, trabajo duro y el rechazo de toda religión organizada. Cada fin de semana, cientos de visitantes vienen a su pueblo a presenciar el éxito de Awra Amba y a maravillarse de cómo puede siquiera sobrevivir una comunidad sin una iglesia o una mezquita.

Después de pasar el fin de semana con el “Gandhi etíope”, extraje esta entrevista de mi cuaderno de notas.

P:           ¿Qué está mal en nuestro mundo?

R:           No hay paz. Adonde quiera que mires, la gente no conoce la paz. ¿Qué necesidad hay de luchar y combater cuando la paz es una opción? El único camino hacia la paz pasa por la paz.

P:           ¿Por qué la sociedad etíope oprime a las mujeres?

R:           Oprimimos a las mujeres porque olvidamos que la mujer es la madre. A menudo, los hombres se refieren a ellas como sirvientes, antes que referirse a ellas como madres.

P:           ¿Cómo comprendió que las mujeres estaban siendo oprimidas en Etiopía?

R:           Simple, lo aprendí del ejemplo de mis padres. Veía a mi madre trabajar día y noche y a mi padre sólo una fracción de ese tiempo. No me pareció correcto.

P:           ¿Está Awra Amba en paz con sus vecinos, ahora?

R:           Fuimos perseguidos durante muchos años. Gracias a nuestro éxito en los medios, finalmente nos han aceptado. Mediante la discusión y el diálogo, la paz es siempre una opción.

P:           ¿Se permite a las mujeres casarse por fuera de la comunidad?

R:           La gente de Awra Amba tiene la libertad de hacer lo que quiera en tanto siga nuestras reglas. Si una mujer elige a un compañero del exterior, también él debe seguir nuestras reglas.

P:           ¿Hay alguna restricción respecto del número de hijos por familia?

R:           Sí, pedimos a las familias que limiten sus hijos a 4 o 5.

P:           ¿Se ve como líder spiritual, gobernador o consejero?

R:           Sólo soy un granjero. Nunca tuve educación alguna. Soy como cualquier otro, sólo un granjero.

P:           ¿Qué pasará con la comunidad una vez que Ud. muera?

R:           Zumra no tiene autoridad alguna. La gente se liderará a sí misma. Mis ideas son inmortales, pero yo no lo soy. La gente educada liderará la comunidad.

P:           ¿Cuáles son los efectos negativos de la religión organizada?

R:           Hay solo un creador, de modo que no debería haber diferencias entre las religions. En Awra Amba, pasamos nuestro tiempo trabajando. Creemos en ese creador, pero no hay tiempo para otras cosas.

P:           Cuando los estudiantes de Awra Amban se van a la Universidad, ¿vuelven?

R:           Se van, pero siempre vuelven, porque no hay paz en ningún otro lugar. Si deciden quedarse afuera, es su decisión

P:           ¿Por qué no hay perros en Awra Amba?

R:           Los perros son guardians y, dado que no hay crimen en Awra Amba, no tenemos en qué usarlos.

P:           ¿Por qué usa siempre ese sombrero verde tejido?

R:           Tengo que usarlo para cubrir las áreas degradadas (calvicie) de mi cabeza (risas)…

 

Aquí, publicación original de esta entrevista.

 

 

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