Etiopía: el ex soldado, el rapero sordo y el Príncipe Heredero, por Nicholas Parkinson

27 junio, 2012

Ilir es mi primo. Me lo dijo la primera vez que nos vimos. Es de Kosovo, lo que lo hace albanés, así que tiene un montón de primos. Me llamó a las 9 de la mañana y me dijo que era su cumpleaños. Decidí faltar a la oficina y quedarme en la cama con una diarrea causada por comer injera. Me buscaba al mediodía. Le pregunté a dónde íbamos. “No te preocupes. Es mi cumpleaños, y tengo una entrada para vos”, es todo lo que dijo, y colgó.

Ilir es el hijo de un famoso iman de Kosovo. Un hombre que recorrió el país persuadiendo a sus compatriotas de perdonarse unos a otros rencores atávicos, abandonar las tradicionales matanzas de honor en nombre de la redención religiosa. Le da orgullo decir que su padre musulmán fue también un sacerdote en la iglesia ortodoxa. Así que ha estado en ambos lados del anciano conflicto entre el Este y el Oeste. Alguna gente lo veía como el perfecto pacificador, un retrato de tolerancia y amor en los Balcanes. Luego de ser considerado como candidato al Premio Nobel de la Paz se mudó a Chicago y juntó fondos para construir la mezquita más grande de la ciudad. Murió antes de que se terminara su construcción.

Eso es lo que su hijo, que vive en Etiopía, me dijo una noche tomando vodka.

Ilir se fue a la guerra a los 14 años, corriendo frenéticamente de un lugar a otro en la caja de una camioneta para defender a sus vecinos y a su tribu.  Fue baleado siete veces en los diez años que pasó como soldado adolescente. El ejército serbio lo capturó al fin, y pasó más de tres años en prisión, donde lo torturaron repetidas veces. Los serbios no solo rompieron cada hueso de su cuerpo sino que destruyeron completamente la estructura de su boca con sus botas, palos y bastones. Cuando Ilir fue finalmente liberado, tenía un sólo diente colgando bajo su labio superior.

“Vení a Kosovo y te muestro mi mansión. Está llena de cocaína”, me dijo una vez.

Su hermana era capo de la droga en Madrid, y una banda rival de mafiosos de los Balcanes la acribilló hace un par de años. La mayoría de lo que me contó Ilir lo acepté, asumiéndolo como armas, drogas y violencia de las entrañas de un país devastado por la guerra. No cuestioné su validez. Mientras bebiéramos, los fantasmas de la guerra seguirían cerniéndose sobre todo lo que dijera.

Eliza Dushku

Eramos primos por mi relación con la actriz de Hollywood Eliza Dushku: ¡el solo nombre evoca la alegría por la celebridad que hay en el corazón de todo albanés! El padre de Dushku era de la misma tribu albanesa que Ilir y se casó con el primo de mi padre, una mujer de la tribu mormona, que resulta ser mi tribu. Nuestras tribus quedaron unidas por sagrado matrimonio en algún lugar entre Utah y albania. No éramos parientes de sangre, pero lo suficiente como para dar vueltas por Addis Abeba y emborracharnos mientras contábamos historias de guerra.

Estacionó una mini mini-van de dos asientos que recordaba al “Kontradiction tour bus” de la banda de mi hermano en Alemania: dos asientos al frente y ningún asiento atrás, sólo un espacio abierto. Una puerta se abría deslizándose a cada lado del diminuto vehículo, que no tenía más de tres metros de largo. Salté adentro e inmediatamente recordé el kontrabajo de Andrew y andar de giro con Kontradiction por las colinas del Pfalz. Había un robusto y rubio finlandés en el asiento del acompañante. Ilir se tragó el volante con los hombros y me mostró una sonrisa sin dientes. Mino se apretó contra el piso de plástico y partimos por el camino de la Unión Europea hacia los Jardines Tropicales detrás del Café Elefante.

“La embajada finlandesa patrocina un concierto en los Jardines”.

“¿Y quién toca?”

“Ya vas a ver”.

“¿Qué clase de concierto arranca al mediodía de un martes?”

“No sé. Ya veremos”.

A nuestra llegada, grupos de escolares se sentaban en la única sombra disponible en el calor de la tarde. La puerta estaba cerrada y la hora de inicio ya no significaba nada de nada. Los chicos eran sordos. Sonreían y se miraban uno al otro, preguntándose por señas por qué y cómo el concierto podía haberse retrasado. La entera población de sordos de Addis Abeba y áreas circundantes había llegado en autobuses escolares a oír al primer rapper sordo del mundo, que resultaba ser de Finlandia y tocaba en la capital etíope esa tarde.

La espera se alargó, y cientos de estudiantes sordos, familias sordas, padres que oían con hijos sordos y padres sordos con hijos que oían, siguieron llegando. De pronto, un Habesha de traje llegó por detrás, se inclinó sin hacerlo evidente y dijo con voz suave: “El Príncipe Heredero está esperando”.

Estaba, inconfundiblemente, dirigiéndose a mí. “Ehh…, ¿el qué heredero?”

“El Príncipe Heredero está aquí. De momento está esperando en su auto”. Señaló un auto estacionado al otro lado de la calle.

Miré a Mino. Estaba metido debajo del mismo autobús estacionado cuya sombra yo intentaba usar. Mino movió la lengua, jadeando sin preocupaciones en el calor. Si Mino sabía quién era el Príncipe Heredero, no mostró indicio alguno.

“¿El Príncipe Heredero está aquí?”

“En verdad, por cierto, el Príncipe Heredero está aquí”, repitió.

“Vayamos y hablemos con este Príncipe Heredero”.

Caminos hasta un Toyota Corolla rojo con bordes negros y puerta en el baúl, un auto que no exudaba exactamente realeza. Todas las ventanas estaban bajas y el Príncipe Heredero se hallaba sentado al frente –su princesa, en el asiento trasero. Vestía un traje de tweed gris y anteojos oscuros.

“Tenayistalign, selam new? Enquanda dena meta.”

Estreché su mano y le prometí que la espera sería reducida al mínimo ahora que su presencia real se había producido, y sonreí al conductor. Le dije a Ilir que teníamos que meter al Príncipe Heredero en el show. No debíamos esperar más, dije. Y me fui a montar la majestuosa entrada del Príncipe, nieto de Haile Selassie I, en un concierto de señas para la comunidad sorda del loco rapero Signmark.

“Por favor, diga al Príncipe Heredero que esté listo”, dije.

Atravesamos una multitud de ojos excitados, conectándose con afecto y sin palabras. En la entrada, un grupo de adolescentes aguardó, hombo contra hombro, a que el conductor del Príncipe Heredero recorriera el trayecto para introducir a ese hombre de 59 años y su esposa en el complejo por esa puertita. No muy lejos, detrás, su cortejo incluía a mi perro Mino, a mi primo sin dientes y a mí.

De pronto, la Casa Imperial de Etiopía se hallaba adentro y ¡éramos la comitiva real farenji (extranjera)!

La sangre de Salomón

Sólo el linaje real japonés puede desafiar en antigüedad a la dinastía salomónica de Etiopía. La actual familia real llegó a gobernar el país en 1270 D.C., cuando la Dinastía Zagwe fue derrocada pro Yekuno Amlak. Amlak (que significa Dios en ahmárico) promocionaba sus lazos de sangre con los reyes del Imperio de Aksum, que gobernó la costa inferior del Mar Rojo entre los siglos I y IX D.C. De hecho, fue el rey aksumita Ezana quien convirtió el cristianismo en religión de Estado en el año 359.

Esos gobernantes aksumitas, por supuesto, eran descendientes del amante de los niños, el Rey Salomón, y de la Reina de Saba, conocida en Etiopía como Reina Makeda. Todo comenzó 1000 años antes de Cristo, el día en que la Reina Makeda, esto es Saba (que era 100 por ciento etíope) dio a luz a Menelek I, el hijo pródigo que luego trajo el Arca de la Alianza de regreso a Etiopía (y dejó una falsificación en el templo de Salomón…

Pero no perdamos el hilo.

La divinidad Rastafari Haile Selassie I fue el último emperador de Etiopía (y el abuelo del Príncipe Heredero). Cuando ascendió al trono en 1930, cambió su título real por: Su Majestad Imperial Haile Selassie I, Rey de Reyes, Señor de Señores, León Victorioso de la Tribu de Judea, y Elegido de Dios, aunque no por el bien de la brevedad. Pero el siglo XX fue difícil para los hijos de Salomón y la Tribu de Judea, y la familia real fue pronto expulsada del poder.

Un año antes de que el Derg –gobierno comunista de Etiopía—derrocara a la monarquía (en 1974), el hijo de Haile Selassie, Amha Selassie, sufrió un derrame y fue evacuado a Suiza. Al año siguiente, la banda salomónica se fue al exilio, y el Derg se deshizo de Haile Selassie I –se cree que fue envenenado. El Derg trató de llevar a Amha Selassie al torno, pero el terco hijo nunca aceptó el destronamiento de su padre. En 1975, el Derg abolió la monarquía totalmente y metió en prisión a los miembros remanentes de la Casa Imperial que residían en Etiopía.

No fue sino hasta 1989 que Amha Selassie I aceptó la corona, aunque desde el exilio en Londres. Él y su emperatriz se mudaron a Viriginia, donde la diáspora etíope crecía rápidamente. Cuando el Derg fue finalmente reemplazado por el actual gobierno, en 1991, este rechazó los reclamos de la familia por una restauración monárquica. El Emperador, hijo de Haile Selassie I, murió en 1997 y regresó a Etiopía en un noble ataúd. Fue entonces que el hombre parado frente a mí, Zera Yacob Amha Selassie, se convirtió en el Príncipe Heredero.

Mino se adelantó para oler los zapatos del Príncipe Heredero. Tal vez Mino puede oler la realeza  y un tufillo a capas polvorientas y coronas enjoyadas. Se remontó con su nariz hasta los tiempos en que el Emperador de Etiopía montaba un caballo majestuoso bajo sombrillas ornadas con su rifle de un lado y su espada del otro. De hecho, fue el tío de Haile Selassie, Menelek II, quien repelió la invasión italiana en 1896 en las montañas de Adwa, la primera vez que un ejército puramente africano derrotó a un poder colonial europeo. Menelek II vistió pieles de león y lideró expediciones de caza en las montañas cercanas a Addis Abeba, la capital que fundó.

Esa es la historia de la caída de la Casa Imperial en Etiopía. Hoy, el Príncipe Heredero es el miembro de mayor rango, vive en Addis Abeba y anda por la ciudad en un Toyota Corolla con el paragolpes torcido, los ejes de las ruedas oxidados y la carrocería abollada: el deterioro consumado de la única familia monárquica de África.

Hablale a la mano

Una vez adentro del lugar, los empleados repartieron remeras moradas, amarillas y rojas con un logo impreso a mano y las palabras: “Hablale a la mano –Tour Mundial de Signmark”. Había un enorme espacio frente al escenario, y el Príncipe Heredero se retiró hacia un lugar con sombra, con una gaseosa y una expresión principesca, esperando tranquilamente a Signmark y la ruidosa descarga de un concierto de rap de lenguaje mudo.

La música todavía no había comenzado, pero yo disfrutaba la soleada tarde en las tierras altas. Dí una mirada para ver en qué estaba el Príncipe Heredero; se había ido. Más de 2.000 estudiantes sordos llenaban el lugar y corrían carreras con la bolsa de las remeras. Se produjo un caos sin palabras –la multitud  perseguía al tipo que tenía la bolsa de plástico llena de remeras. Corrió y saltó por encima de unas sillas y se agachó bajo una tienda acordonada.

Era como si la partida del Príncipe Heredero hubiera liberado un impulso de desesperación entre los niños etíopes.

Una vez que aprendí a decir, con señas, “¿sos sordo?” las cosas mejoraron y todo el mundo quiso saber cómo había terminado Mino en esa excursión escolar. No podía ni empezar a explicarles que mi primo de Kosovo había conseguido pasajes a través de su esposa finlandesa, que trabaja para la ONU….

María conoció a Ilir en Kosovo durante una misión de paz de la ONU. Trabajaba para que lo liberaran de un campo de prisioneros serbio. Dos años más tarde, se mudó a Etiopía y llevó a su esposo consigo. Ilir todavía tenía un solo diente al llegar. Ni hablar de comer bife, chocolate y manzanas. Más tarde, bajo el generoso plan dental de la ONU, Ilir regresó a Helsinki para llenar su boca de dientes otra vez. Recordé el día que llegó a Addis con su nueva parrilla de dientes y todo el dolor y el sufrimiento causado por la guerra parecía dominado y eliminado, al menos por los breves momentos en que hablamos de sus dientes nuevos.

Luego de unas pocas palabras del Ministro de Relaciones Exteriores finlandés, era hora de Hablale a La Mano con Signmark. A medida que la multitud se ponía más y más ansiosa por las tres horas de demora, signos de ansiedad recorrían la sorda multitud; hasta que la música comenzó.

Hay una equivocada, pero común, percepción de que los sordos no pueden escuchar nada, cuando, de hecho, los sonidos fuertes y graves, y los muy agudos, atacan diminutos tímpanos y reberveran por los canales auditivos hasta llegar a las profundidades del cerebro del sordo. No sorprende que a los sordos les guste tanto el tecno.

Signmark tiene 32 años y nació en Helsinki, Finlandia. Hijo de padres sordos, empezó a cantar villancicos con su abuela, que oía bien, al piano. Al cantar los villancicos, sus padres sordos pudieron participar, y las tres generaciones eran unidas por la música y la extraordinaria habilidad de Signmark para interpretar y superponer lenguaje de señas sobre la música.

Por haber nacido en una familia que hablaba lenguaje de señas, Signmark siempre tuvo un amor innato por el lenguaje de señas y el arte de la expresión. No fue sino hasta 2006 que, con el apoyo de su familia y amigos, editó el primer DVD de rap de lenguaje de señas.

Luego de casi ganar el Concurso de Canto de Eurovisión, se convirtió en el primer artista sordo que firmó contrato con una discográfica importante. Sacó su single Speakerbox en septiembre de 2009 y su primer álbum entero en 2010. Un tour mundial más tarde, él y su vocero, MC Brandon, rimaron e hicieron señas en simultáneo con música para enviar el mensaje de que “la sociedad no debería tratar a los sordos como discapacitados, sino como una minoría lingüística con su propia cultura, comunidad, historia y herencia”.

damn right we can’t hear, But I don’t care, we ain’t disabled here, I use sign language yeah, we got our own language yeah, Proud of that I am,
 we got our own culture yeah, I’m bi-cultured here,
 we got our own history yeah, I’m part of history, we got our own society, this is my community

(Claro que no podemos oír, pero no me importa, no somos discapacitados nosotros, uso el lenguaje de señas sí, tenemos nuestro lenguaje sí, orgulloso de eso estoy, tenemos nuestra propia cultura sí, soy bicultural yo, tenemos nuestra propia historia sí, soy parte de la historia, tenemos nuestra propia sociedad, esta es mi comunidad)

Al final de cada canción, todas las manos se extienden y se sacuden en el aire hacia adelante y atrás como un mensaje de aplauso. Entre una canción y otra, Signmark habla a la multitud y les cuenta su historia, les habla sobre el poder del lenguaje y las posibilidades infinitas de la mente. Tal vez yo era una de las pocas personas a las que molestaba el volumen de la música, pero me quedé hasta el final del concierto, alentando en silencio con mis manos a la superestrella finlandesa. 

Cuando Signmark se fue, busqué a Ilir, que había desaparecido del mismo modo que el Príncipe Heredero. Salí, y su minivan alquilada ya no estaba. Tal vez mi primo no disfrutaba tanto como yo del rapero sordo, y tuve que arreglármelas por mis propios medios para volver a casa.

El concierto siguió en los jardines, y Mino cruzó la calle corriendo para dejar su fragancia en una cubierta. En la caminata de regreso a casa, pensé en los parientes distantes, la sangre real, las características del lenguaje y el futuro de mis intestinos en Africa.

Aquí, el blog de Nicholas Parkinson (Nicodemus), en inglés.

Nicodemus, a.k.a. Nico Jah, es un escalador, aventurero,  radio DJ y amante del destino. Reside actualmente en el Cuerno de África con su socio, el Mino-meister.

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  1. Cousin Kosovo, the Crown Prince & the Deaf Rapper | NicoDemus @ nicojah.com | Stories about Travel, Climbing & People in Ethiopia and beyond - 1 year ago

    [...] by Nicodemus on 20. May, 2011 in Addis Abeba, Africa, Mino, Outdoors, Profiles, Travel Para leer esta historia en español, hazle clic aqui [...]

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