Antología del puercoespín: el periodismo es un arma cargada de futuro, por Gabriel Pasquini

11 mayo, 2012

 

A continuación, la introducción a esta antología de textos del puercoespín, que será presentada el martes 15 de mayo a las 19 en la Fundación Tomás Eloy Martínez (Carlos Calvo 4319 esq. Av. de La Plata, Buenos Aires) por Jon Lee Anderson y Gabriel Pasquini.

***

Esta antología no es una simple colección de artículos. Tampoco un vano catálogo de excelencias, como esos que se felicitan por los autores que han logrado reunir. Bien podría serlo, por la calidad de quienes escriben aquí. Pero no: este libro se niega a ser un mero reconocimiento de méritos pasados. Aspira, en cambio, a ser una celebración del futuro.

Su espíritu no parece condecir mucho con el de los tiempos. Para el periodismo tradicional (un adjetivo a falta de otro mejor; la mentada tradición no es, en muchos aspectos, más que un manojo de diferencias y conflictos), estos son días de sangrías y lamentos.

En primer lugar, porque las estructuras económicas-financieras-políticas-culturales-profesionales que lo han sostenido en estas últimas centurias, a las que llamamos “medios de comunicación”, se encuentran en medio de una crisis que, si bien a diferentes velocidades y con diferentes alternativas y posibilidades, se extiende a todo el mundo. Es la crisis del negocio del periodismo: de pronto se ha vuelto menos obvio cómo ganar dinero con la difusión de noticias, una mercancía cuyo precio actual en el mercado tiende a cero.

Por supuesto, no es que la humanidad haya perdido interés en saber qué ocurre, sino que la revolución tecnológica ha puesto a su alcance la posibilidad de gestionar colectivamente la producción, distribución y consumo de la información. En una era en que casi cualquier persona puede echar mano de un teléfono celular con conexión a Internet y crear un medio,  la existencia de una élite encargada de esa tarea parece carecer ya de sentido.

Estamos, así, ante una revolución política. Una multitud anónima, heterogénea, viene a destronar(nos) a los periodistas, que creíamos ser los sumos sacerdotes de una iglesia intocable.

Como suele ocurrir, la revolución política sucede a una crisis económica. Si las noticias, en el sentido tradicional –un bien bastante caro de producir–, sólo servían para atraer a un público al que vender los avisos que iban con ellas (como sugiere Robert Boynton en el último artículo de esta antología), entonces realmente se han vuelto un gasto absurdo en una época en que el público mismo es capaz de producir en forma gratuita el contenido que acompaña a esos avisos que ahora manejan los nuevos amos del espacio público, llámense Google o Facebook.

Muchos periodistas nos consolamos imaginando que, como en las mejores historias de amor, al aparente desengaño seguirá la apasionada reconciliación y que, al final, nuestros saberes serán reconocidos como insustituibles. Morirán algunas empresas periodísticas, sí, y tal vez haya entre ellas quienes lo merezcan –sobre todo si uno lee el artículo de Boris Muñoz reproducido aquí y, a la luz de la experiencia venezolana, reflexiona sobre lo que ha ocurrido y ocurre en otros países de la región y del mundo–; pero nosotros seguiremos. ¿Acaso no es aquello que producimos, información verificada y verificable sobre el mundo y su administración, un bien indispensable en la vida social contemporánea? ¿Y no es cierto que,  aunque millones de personas estén listas para filmar en cualquier momento con sus celulares o mini-cámaras los acontecimientos más diversos –del nacimiento de un cachorro al linchamiento de Gadafi, de un cumpleaños familiar a los rituales budistas del Tíbet— y a emitir a cada segundo infinitos pensamientos sobre el ser y la nada en Facebook, Twitter y toda nueva plataforma inventada o por inventar, no pueden igualar el esfuerzo concentrado, equidistante y profesional de un periodista trabajando sobre aquellos asuntos que no están a disposición del ocasional paseante, como la trama interna del poder, la primera línea de la guerra o los mundos ocultos del crimen, las altas finanzas o los cultos, estén organizados en torno de un Papa o un asesino serial?

Creo que la respuesta a ambas preguntas es, sencillamente, sí: el mundo aún necesita información de calidad sobre sí mismo, especialmente en esas áreas oscuras y resistentes a la inspección pública; y esa información debe ser obtenida y procesada de modo que podamos determinar su veracidad o falsedad con algún grado de certidumbre.

Pero no estoy tan seguro sobre quiénes realizarán esta tarea, o cómo. Porque, y esto no siempre se plantea claramente, esas estructuras periodísticas que hoy se hallan en crisis dieron, a lo largo de los siglos, respuestas específicas a estas dos preguntas, respuestas que se ajustaban a su propia conformación histórica y que ahora han entrado en crisis como ellas.  O dicho en forma más terminante: los medios crearon en su era un tipo de periodismo, a su imagen y semejanza; y, si ellos están ahora destinados a morir, también lo estará éste.

***

Lejos de llorar por semejante aviso fúnebre, y después de trabajar durante décadas en los medios, creímos, con Graciela Mochkofsky, que había que abrazar el cambio con alegría. ¿Quiénes se lamentan en medio de una revolución? O mejor: ¿de qué lado están?

Nosotros elegimos el bando revolucionario y fundamos un nuevo tipo de medio en Internet, el puercoespín, para intentar responder a la pregunta que la época planteaba, aún plantea, al periodismo. No se trataba, según entendíamos, de dar con la respuesta, sino con una respuesta, porque la idea de que había un modo único de hacer las cosas, ese control minoritario sobre cómo y quiénes pueden practicar periodismo, era, a nuestro juicio, una de las varias “certezas” que estaban siendo derrocadas.

Muchos otros, la mayoría, se dedicaron a organizar o facilitar la participación colectiva en la producción y distribución de información. Plataformas que permitían a cualquiera transmitir contenido escrito o audiovisual a una audiencia en crecimiento; reclutadores y/o entrenadores de periodistas voluntarios, que formaban parte de la multitud –aquello que los norteamericanos bautizaron como “crowdsourcing”; nuevos medios que sometían a votación del público la agenda de su contenido e incluso la asignación de sus recursos; organizaciones destinadas a publicitar las filtraciones de fuentes secretas, cuyo más notorio caso fue WikiLeaks; y tantos otros intentos e inventos.

A todos ellos –fueran respaldados por una gran empresa o, como nosotros, se lanzaran a la aventura sin un centavo– los saludamos como a camaradas en armas, compañeros de ruta, cómplices de una misma conspiración. Pero, por nuestra parte, nos concentramos en otra cosa: reunir a algunos de nuestros amigos, que resultaban ser periodistas, escritores, fotógrafos, artistas, editores de cuatro continentes, y explorar con ellos cómo hacer un periodismo de alta calidad que ya no estuviera atado a restricción alguna, comercial, institucional o incluso de preocupación por la audiencia; que no se dedicara a la mera exploración formal –a veces demasiado presente en la llamada nueva “crónica latinoamericana”–, sino que insistiera en retratar asuntos y personajes fundamentales de nuestro tiempo, como ha sido siempre la ambición del periodismo.

A dos años de su fundación, el puercoespín goza de excelente salud y reúne a una comunidad cada vez mayor, que reconoce y se reconoce en su experimento, al que contribuye a redefinir cada día. Libres de las agendas y de la duración asignadas a las noticias por los medios, el puercoespín buscó y busca aquellas historias que puedan ser leídas en un futuro por antropólogos o historiadores para entender esta época. Las recoge de una amplia red de colaboradores en el mundo o de la casi infinita provisión de información que se halla flotando en Internet. Son textos, sonidos o imágenes que, creemos, persistirán en el tiempo.

El presente libro es una muestra de ello. Los textos que lo integran han sido, en algún momento, publicados en el puercoespín –en varios casos, no solamente–; todos sus autores son colaboradores y amigos con los que hemos contado para crear de la nada y con nada lo que, sin una revolución, hubiera sido imposible.

Se podría hacer un largo tratado sobre ellos, pero elijo destacar un solo rasgo: el nuevo uso, la nueva presencia, incluso, de la primera persona; un yo narrador que no es más el del escritor famoso que hace valer su nombre, ni el del cronista que se cubre con el gran manto institucional del “periodismo” para poner a salvo su subjetividad, sino el de personas de carne y hueso, reales, que buscan comunicar a otras, sea el esbozo de lo que han visto en países lejanos o el retrato del propio; sea el testimonio de sus propias vidas o experiencias, o el resultado de años de estudio y obsesión de un tema. Como lo hacen quienes, hoy en día, en blogs y websites, en cuentas de Facebook o Twitter, en YouTube o Flickr, eligen, no colgar las fotos de sus vacaciones o enterarnos de qué humor se han levantado esta mañana, no descargar su ira o proclamar su amor, no blandir su fanatismo en favor o en contra de algo o alguien, sino contar, sencillamente, aquello que han visto u oído de primera mano o de fuente verificable, en su casa, en su calle, en su barrio, en su trabajo o su ciudad, entre amigos o enemigos, conocidos o extraños; aquellos que, al relatar el mundo a su alrededor, a veces en tan sólo 140 caracteres, están haciendo periodismo y también transformándolo completamente, muchas veces sin saberlo.

Para todos ellos, y también para quienes sólo buscan lo que siempre han buscado en el periodismo: enterarse de qué ocurre, hemos reunido esta antología, que es, también, una reunión de amigos que no se ven hace tiempo y que, tras recorrer el mundo y en amable celebración, deciden contarse unos a otros lo que han visto, oído y vivido, porque comparten la misma convicción, la misma certeza, de que ninguna experiencia es enteramente humana hasta que ha sido convertida en relato para otros.

 

, , , , , , , , , , , blogs, Gabriel Pasquini, periodismo

Trackbacks For This Post

  1. Fotografos para 15 | Fotografos para 15 - 1 year ago

    [...] Antología del puercoespín: el periodismo es un arma cargada de … – el puercoespin [...]

Leave a Reply