Archivos secretos: las vergüenzas póstumas del Imperio Británico

20 abril, 2012

Los Archivos Nacionales británicos han empezado a publicar este miércoles los 8.800 documentos del Ministerio de Exteriores sobre el ocaso del Imperio británico que milagrosamente aparecieron el año pasado después de haber estado extraviados durante varios decenios. Los documentos revelan numerosos detalles embarazosos sobre la política de Londres en un momento en que la mayoría de las colonias buscaban la independencia, pero su publicación no ha disipado la sospecha de que nunca se conocerá toda la verdad porque muchos documentos fueron destruidos antes de entregar las colonias.

Los archivos ahora publicados documentan desde la política de incautación de ganado a los locales para impedir que alimentaran a los rebeldes Mau Mau en Kenia a la oposición de Londres y Washington a las becas para estudiantes keniatas en universidades estadounidenses –una oposición que de haber tenido éxito habría impedido que los padres del presidente Barack Obama se conocieran en Hawai en 1959–; así como el proyecto de probar armas químicas en la actual Botsuana durante la II Guerra Mundial, los planes para llevar al arzobispo chipriota Makarios a Seychelles para mantenerlo allí arrestado, o la idea para evacuar a la población de las islas Chagos para que Estados Unidos pudiera instalar allí una base militar.

Las sospechas de los historiadores se sustentan no solo en la supuesta destrucción de papeles o en el hecho de que miles de documentos fueran guardados en secreto, en un limbo legal porque no se ha cumplido la obligación de publicarlos al cabo de 30 años o prohibir expresamente la difusión de cada uno de ellos. Influye también el hecho de que Exteriores (Foreign Office) se niega a publicar el índice de los documentos –lo que permitiría a los historiadores saber cuáles han desaparecido– y porque hay un sorprendente vacío en algunos casos.

Por ejemplo, Richard Drayton, profesor de Historia del Kings College, ha declarado al Times su sorpresa por al ausencia de documentos sobre la Guyana a pesar de que “había allí mucha actividad durante los años 60, en particular debido a la revolución cubana”. A otros investigadores les ha llamado la atención las escasas referencias a la matanza de 24 trabajadores desarmados en Batang Kali en diciembre de 1948, durante el levantamiento de Malaya, una región que forma parte de la actual Malasia.

Tony Badger, el profesor de Historia de la Universidad de Cambridge nombrado por el Foreign Office para supervisar la publicación de los archivos, asegura que el Gobierno está publicando “todos y cada uno de los documentos que tienen interés”, aunque ha admitido que es “muy comprensible el legado de sospecha entre periodistas y académicos acerca de estos archivos”, que el año pasado fueron encontrados milagrosamente por el Foreign Office en su mansión campestre de Hanslope Park después de negar su existencia durante años. Los documentos afectan a 37 territorios de las antiguas colonias.

Esta primera entrega, de 1.300 documentos, afecta a los territorios de Adén, Anguila, Bahamas, Basutoland (Lesoto), Bechuanaland (Botsuana), Brunei, Chipre, Kenia, Malasia, Sarawak, las Seychelles y los Territorios del Océano Índico. El resto de los archivos se irán publicando de forma escalonada desde ahora hasta noviembre de 2013.

Uno de los documentos sobre Kenia revela las instrucciones para impedir que las informaciones más delicadas pasen del poder colonial al nuevo Gobierno y la indicación de que cierto material sea “quemado y destruido”. Un memorando de lo papeles sobre Kenia fechado en mayo de 1961 detalla los criterios fijados por el entonces ministro británico para las Colonias, Iain Macleod. Los papeles que no debían llegar al régimen surgido de la independencia son aquellos que “a) pueden avergonzar al Gobierno de Su Majestad u otros gobiernos; b) pueden avergonzar a miembros de la policía, fuerzas militares, funcionarios públicos u otros como por ejemplo informadores policiales; c) pueden comprometer fuentes de ka inteligencia; d) pueden ser utilizados de forma poco ética por ministros del Gobierno sucesor”.

Los documentos tenían que catalogarse como “legado”, o material que podía dejarse en la ex colonia, y “a controlar”, que no podía llegar a manos del nuevo Gobierno tras la independencia. Ese segundo tipo de material solo podía ser manejado por personal “autorizado”. Es decir, personal del nuevo Gobierno keniata que fueran “ciudadanos británicos descendientes de europeos y que hayan superado una criba de seguridad para acceder a documentos clasificados”.

Aquí, publicación original de este artículo.

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(…) Los archivos salieron a la luz luego de que un grupo de keniatas detenidos y supuestamente torturados durante la rebellion Mau Mau ganaron el derecho a demandar al gobierno británico. El Ministerio de Relaciones Exteriores prometió liberar los 8.800 documentos referidos a las 37 ex colonias que eran retenidos en el centro de comunicaciones de alta seguridad del gobierno en Hanslope Park, Buckinghamshire. El historiador designado para supervisor la revision y la transferencia, Tony Badger, director del Clare College, Cambridge, dice que el descubrimiento de los archives coloca al Ministerio en una posición “vergonzosa, escandalosa”. Según dijo, “estos documentos deberían haberse hecho públicos en los ’80. Está más que atrasado”.

(…) Entre los documentos que parece haber sido destruidos hay: registros de abusos contra insurgentes Mau Mau detenidos por las autoridades coloniales británicas que fueron torturados y a veces asesinados; informes que pueden haber detallado la supuesta masacre de 24 pobladores desarmados en Malasia a manos de soldados de los Scots Guards en 1948; la mayoría de los documentos sensibles conservados por las autoridades coloniales en Aden, donde el Cuerpo de Inteligencia del Ejército manejó un centro secreto de tortura durante varios años en los ’60; y todos los documentos sensibles conservados por las autoridades en la Guayana británica, una colonia cuyas políticas tuvieron una fuerte influencia de los sucesivos gobiernos norteamericanos y cuyo líder, luego de la independencia, fue derrocado por un golpe de Estado orquestado por la CIA.

Los documentos que no fueron destruidos parecen haber sido mantenidos en secreto no sólo para proteger la reputación del Reino Unido, sino también al gobierno de eventuales demandas. Si el pequeño grupo de detenidos Mau Mau tienen éxito en su reclamo, otros miles de veteranos podrían seguir el mismo camino.

Es un caso seguido de cerca por ex guerrilleros Eoka que fueron detenidos por los británicos en 1950 en Chipre y, posiblemente, por muchos otros que fueron apresados e interrogados entre 1946 y 1967, cuando Gran Bretaña librara una serie de acciones de retirada a lo largo de un imperio en rápida disminución.

Los documentos muestran que los funcionarios coloniales recibieron la instrucción de separar aquellos papeles que debían ser dejados en su lugar después de la independencia –conocidos usualmente como “Legacy files” – de aquellos seleccionados para ser destruidos o mudados a Gran Bretaña.  En muchas colonias, estos fueron descritos como “watch files” y se les impuso un sello con la letra roja W.

Los documentos pintan un período de creciente ansiedad, en medio del miedo a que algunos de esos documentos se filtraran. Los funcionarios recibieron la advertencia de que serían enjuiciados si se llevaban papel alguno a casa –y algunos lo fueron. A medida que se acercaba la independencia, grandes cantidades de documentos fueron movidos de los ministerios coloniales a las oficinas de los gobernadores, donde se instalaron nuevas cajas de seguridad.

En Uganda, el proceso recibió el nombre en código “Operation Legacy”. En Kenia, un proceso de escrutinio, descrito como “una purga minuciosa”, fue supervisada por funcionarios coloniales de la Rama Especial.

Se emitieron órdenes claras de que no se involucrara a africano alguno: sólo aquel que fuera “un empleado del gobierno keniata y súbdito británico de ascendencia europea” podía participar en la purga.

Se hicieron extremos esfuerzos para evitar que los gobiernos independentistas supieran de la existencia de los watch files. Una instrucción establece: “Los legacy files no deben hacer referencia al material watch. Ciertamente, la existencia misma de la serie watch, aunque pueda ser imaginada, jamás debe ser revelada”.

Cuando se sacaba un documento watch de un grupo de documentos legacy, un “documento gemelo” –o muletto—debía ser creado y colocado en su lugar. Si no era posible, todos los documentos debían ser removidos. Existía la preocupación de que las instrucciones de MacLeod no fueran divulgadas –“existe, por supuesto, un riesgo de vergüenza si esta circular resultara comprometida”—y los funcionarios que participaron en la purga recibieron incluso la advertencia de mantener sus sellos W en un lugar seguro.

Muchos de los documentos watch terminaron en Hanslope Par. Llegaron desde 37 diferentes ex colonias y llenaron 200 metros de estantería. Pero se hace cada vez más claro que buena parte del material más condenatorio fue probablemente destruido. A los funcionarios de algunas colonias, como Kenia, se les dijo que privilegiaran la destrucción de los documentos por encima de su traslado a Gran Bretaña –“se debe poner énfasis en la destrucción”—y que no debía quedar rastro de los documentos o su incineración. Cuando los documentos fueran quemados, “los residuos deben ser reducidos a cenizas y las cenizas esparcidas”.

Una idea de la escala de la operación y de la cantidad de documentos que fueron borrados de la historia se puede vislumbrar en un puñado de documentos instructivos que sobrevivieron a la purga. En ciertas circunstancias, funcionarios coloniales en Kenia fueron informados: “Está permitido, como alternativa a la destrucción por el fuego, empacar los documentos en cajas y arrojarlas en torrentes de agua muy profundos, a la máxima distancia posible de la costa”.

Los documentos que han sobrevivido de Malasia sugieren un proceso de destrucción más desordenado, en el que oficiales relativamente menos experimentados recibieron el permiso de decidir qué debían quemar y qué debían enviar a Londres.

El Dr. Ed Hampshire, diplomático y especialista en registros coloniales del Archivo Nacional, dijo que los 1.200 documentos transferidos hasta ahora desde Hanslope Park representaban “oro en polvo” para los historiadores, con ocasionales pepitas más que con una gran veta que exija una inmediata reinterpretación de la historia. Sin embargo, sólo un sexto de los archivos secretos han sido transferidos hasta ahora. Se espera que el resto esté en Kew para fines de 2013.

Aquí, versión original de este artículo, en inglés.

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(…) Buena parte de esos archivos se refieren a Kenia. Uno de los documentos revela cómo los británicos acosaban a la población local para impedir que ayudaran a los rebeldes. Por ejemplo, un texto reseña la rutinaria incautación en enero de 1955 de todas las ovejas de una granja de la tribu Kikuyu en el distrito de Naivasha por las sospechas de que habían alojado y alimentado durante varios días a un grupo de 40 Mau Mau.

Otro documento revela un hecho aparentemente trivial pero que podría haber tenido insospechadas consecuencias: la oposición del Foreign Office y el Departamento de Estado a un programa de becas a estudiantes keniatas patrocinado por personajes famosos de Estados Unidos como el actor Sidney Poitier. Un mensaje “secreto” enviado por la Embajada británica en Washington a la Oficina Colonial en Nairobi el 1 de septiembre de 1959 subraya la oposición a esas becas tanto de Londres como de Washington por las sospechas de que los beneficiados eran estudiantes mediocres “que tienen una mala reputación y que si caen en malas manos se pueden convertir tanto en anti-americanos como en anti-blancos”.

Lo importante es que si esa oposición hubiera sido capaz de paralizar el programa de becas, quizás Barak Obama no sería hoy presidente de Estados Unidos. Su padre fue uno de los estudiantes becados, lo que le permitió viajar a Honolulu y convertirse en el primer estudiante africano de la Universidad de Hawai. Allí conoció a Ann Dunham, con la que se casaría poco después. De ese matrimonio nacería Barack Jr en 1961. El padre del ahora presidente completaría después una maestría en Harvard antes de volver a Kenia en 1964.

Otro documento revela que la deportación en 1956 del arzobispo chipriota Makarios a las Seychelles formaba parte de un plan preparado por los británicos meses antes, dando a entender que Londres no había tenido intención de que fructificaran las conversaciones de paz en la isla. Makarios estuvo como “invitado forzoso” en las Seychelles hasta que volvió a Chipre en 1959 y fue elegido presidente al año siguiente.

Otros documentos revelan los planes británicos para probar armas químicas durante la II Guerra Mundial. Un memorando de mayo de 1943 explica que los gases venenosos van a ser producidos en Sudáfrica y que se necesita una zona deshabitada y con poca vegetación de unos 260 kilómetros cuadrados para probarlos y que tenían que ser lanzados desde el aire.

En junio, otro documentos señala que no se ha encontrado un lugar adecuado en Sudáfrica y que la zona elegida podría ser un área de Makarikari, una remota región del noreste de Bechuanaland, actual Botsuana. “Entendemos que se trata de un gas venenoso de un tipo muy virulento. Por lo tanto, sería necesario 1) impedir el paso a la zona experimental durante un tiempo considerable cuando haya acabado el experimento; y 2) tener también en consideración el peligro de que el gas sea transportado por el viento a zonas adyacentes a la del experimento”, señala un telegrama desde el Alto Comisionado (embajada) en Sudáfrica al Alto Comisionado en Bechuanaland.

El ejército acabó descartando Makarikari porque la zona estaba rodeada de granjas y era imposible mantener las pruebas en secreto. Los documentos no aclaran si las pruebas llegaron a realizarse.

Aquí, publicación original de este artículo.

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Hasta ahora, los documentos sólo existen en su formato físico en los Archivos Nacionales en Kew, en el sudoeste de Londres, pero están abiertos al público.

Para verlos, vaya a National Archives, Bessant Drive, Richmond, TW9 4DU. El estación de tren más cercana es Kew Gardens o Kew Bridge.

Necesitará una entrada de lector –para obtenerla, lleve dos tipos de documento de identidad (uno que pruebe su nombre y firma y otro que pruebe su domicilio los tipos aceptables de documenos están listados aquí en inglés). El proceso puede llevar hasta 30 minutos. Una vez que tiene su entrada, ésta es válida durante 3 años.

Luego vaya y revise el catálogo para buscar los registros que quiera mirar. Los registros no son fáciles de revisar, así que el personal de los National Archives han elaborado una guía – que se puede consultar online aquí – para ayudarlo.

Puede pedir los documentos que quiera y verlos en la sala de lectura.

Hay charlas públicas gratuitas a las 11am y 2pm en las salas de lectura de los National Archives hoy sobre cómo acceder a los registros.

Aquí, los horarios de los National Archives:

Lunes: cerrado

Martes: 9am-7pm

Miércoles: 9am-5pm

Jueves: 9am-7pm

Viernes: 9am-5pm

Sábado: 9am-5pm

Domingo: cerrado

Si tiene la oportunidad de ir y encuentra algunos registros sobre los que usted cree que debamos escribir, por favor contácteme en [email protected]  (para el diario The Guardian, en inglés; para el puercoespín: [email protected]) y déjenos saber qué ha encontrado.

Aquí, versión original de este artículo.

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2 Comments → “Archivos secretos: las vergüenzas póstumas del Imperio Británico”

  1. LINA OROZCO 1 year ago   Reply

    muy buen artículo nunca termino de sorprenderme con estos temas que poco respeto por la vida, esta muy bien dar a conocer!!!

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  1. Las vergüenzas póstumas del Imperio Británico | Cartelera de Historia - 1 year ago

    […] Reproducimos este excelente artículo que se puede leer completo en el blog el puercoespín: […]

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