Dos agentes encubiertos de la Policía (británica) concibieron en secreto hijos con activistas políticas a las que habían sido enviados a espiar y luego desaparecieron completamente de sus vidas, según The Guardian está en condiciones de revelar.
En ambos casos, los niños han crecido sin saber que sus padres biológicos –a los que no han visto
en décadas— eran oficiales de Policía que habían adoptado falsas identidades para infiltrar grupos de activistas. Ambos ocultaron sus verdaderas identidades a las madres de los niños durante muchos años.
Uno de los espías era Bob Lambert, quien ya ha admitido que engañó a una segunda mujer para tener una relación larga con él como parte de un complicado intento de fortalecer su credibilidad como activista comprometido.
El segundo espía policial siguió el progreso de su hijo y de la madre de su hijo leyendo informes confidenciales de la Policía que rastreaban las actividades políticas y la vida de la madre.
Estas revelaciones probablemente intensificarán la controversia sobre operaciones policiales de largo plazo para infiltrar y sabotear grupos de protesta.
Los jefes de Policía afirman que los agentes encubiertos tienen estrictamente prohibido mantener relaciones sexuales con los activistas que espían y califican tales situaciones como “groseramente no profesionales” y “condenables moralmente”.
Pero tal afirmación es socavada por la cantidad de oficiales que han sido desenmascarado tras, o han admitido o han sido acusados de, tener relaciones sexuales con las personas que debían vigilar.
El mes pasado, ocho mujeres que dijeron haber sido engañadas para formar relaciones íntimas de hasta nueve años con cinco policías encubiertos iniciaron una demanda legal sin precedentes. Dicen que han sufrido un inmenso trauma emocional por estas relaciones, que se extendieron entre 1987 y 2010.
Hasta ahora, no se sabía que los policías habían tenido hijos mientras vivían como agentes encubiertos. Uno de ellos es Lambert, que adoptó una falsa identidad para infiltrarse en grupos defensores de los derechos animales y el medio ambiente en los ’80.
Después de que fuera desenmascarado en octubre (de 2011), admitió que, como “Bob Robinson”, había engañado a una mujer inocente para tener una relación de 18 meses con él, aparentemente para convencer a otros activistas de su sinceridad. Ella es una de las mujeres que demandó a los jefes de policía.
Ahora, The Guardian puede revelar que a mitad de los ’80, justo al año de su infiltración, Lambert fue padre de un niño con otra mujer, una de las activistas que había sido comisionado para investigar.
El hijo vivió con su madre durante los primeros años de su vida, ya que la relación de sus padres no duró mucho. En ese tiempo, Lambert se mantuvo en contacto regular con él, encajando las visitas dentro de sus deberes clandestinos.
Después de dos años, la madre se casó con otro hombre y ambos asumieron la responsabilidad de criar al niño. Lambert dice que la mujer insistió en que renunciara a su derecho legal a mantener contacto con su hijo y lo excluyó de su nueva vida. Dice que el acuerdo fue alcanzado amigablemente y que no ha visto u oído a la madre o a su hijo desde entonces.
Lambert no dijo a la mujer, ni a su hijo, que era un espía de la Policía, ya que necesitaba ocultar su identidad real a los activistas políticas que espíaba. The Guardian no incluye los nombres de la mujer o el niño para proteger su privacidad.
Lambert estaba casado mientras cumplía su misión secreta, que continuó hasta 1988.
Esta operación altamente confidencial para monitorear y sabotear a activistas políticas, que ha estado en funcionamiento por cuatro décadas, ha caído bajo un creciente escrutinio desde el año pasado (2011), tras revelaciones sobre las actividades de Mark Kennedy, el agente encubierto de la Policía que se convirtió en renegado tras sumergirse profundamente en el movimiento ambientalista durante siete años.
Jefes de Policía y fiscales han lanzado hasta 12 investigaciones el año pasado para examinar acusaciones de falta de conducta de los espías policiales, pero todas ellas han sido realizadas tras puertas cerradas. Ha habido repetidos pedidos, incluyendo uno del ex director de investigaciones públicas, Ken Macdonald, para que se realice una indagación abierta.
El segundo caso involucre a un policía encubierto que fue enviado a espiar a activistas algunos años atrás. Tuvo una relación corta con una activistas de la que nació un niño.
Él escondió su identidad real de la activista y su hijo, dado que estaba abajo estrictas órdenes de mantener en secreto su trabajo clandestino de ella y de otros activistas del grupo en que se había infiltrado. Luego desapareció, aparentemente luego de que sus superiores dieran por terminada su misión. Posteriormente, ella siguió bajo vigilancia porque aún estaba activa políticamente, mientras él continuaba su carrera policial.
The Guardian entiende que, dado que tenía acceso a los informes de vigilancia oficiales, él leía regularmente detalles de la vida de ella con un gran interés. Contemplaba cómo ella envejecía y criaba a su hijo como madre soltera, de acuerdo con una persona enterada de los detalles del caso.
De acuerdo con ésta, el policía sufría de “angustia” por no tener contacto con el niño, en el que pensaba regularmente.
Aquí, versión original y en inglés de este artículo.



January 21st, 2012 → 9:18 am @ elpuercoespín
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