Dice Martín Rodríguez Pellecer, director del periódico digital Plaza Pública, de Guatemala:
Carlos Cabarrús, vicerrector de la Universidad jesuita Rafael Landívar, me habló en agosto del año pasado para proponerme hacer un periódico independiente, de profundidad. Y claro, es el sueño de todos los periodistas: hacer un periódico que sea profundo, que no tenga que depender de anunciantes y que tampoco tenga que congraciarse con los políticos. Después de unas pequeñas negociaciones sobre niveles de autonomía, echamos en andar el proyecto y convoqué a un equipo de periodistas experimentados, comprometidos y con mística. Somos parte de la universidad, administrativamente, pero desde el primer editorial, que es nuestra constitución, dejamos por escrito que somos autónomos. Entonces la universidad nos da total independencia para decidir el contenido periodístico.
La universidad paga nuestros sueldos, nos da una oficina, y nos da
respaldo además, porque nos metemos a ver temas muy duros de política, de crimen organizado, y agradecemos tener un respaldo institucional fuerte para no estar solos en medio del mar. La relación que tenemos es por medio de un consejo editorial que está formado por el vicedirector de investigación, el vicedirector administrativo, el director de Incidencia Pública, una periodista independiente y yo. Hablamos cada semana de cómo va el periódico y la misión de este consejo es velar porque nos mantengamos fieles a la primera editorial, que es donde decimos nuestra línea, cuáles son nuestros principios y qué es lo que queremos hacer en la democracia guatemalteca.
Pero vayamos a la redacción, que es lo más importante de un periódico. Empezamos cuatro periodistas, todos con alguna experiencia en medios de comunicación escritos de entre cinco y veinte años; todos cansados de la falta de independencia de los medios escritos tradicionales y con ganas de hacer periodismo independiente y de profundidad, mucho más dinámico –más, como decía (la periodista colombiana) María Teresa Ronderos, menos acorbatado. Empezamos a planificar todo en diciembre del año pasado. Yo estuve en Bogotá viendo las experiencias de La Silla Vacía, de Verdad Abierta, de Semana, y en El Salvador viendo la experiencia de El Faro. Conversé con Carlos Fernando Chamorro en Nicaragua para ver la experiencia de El Confidencial. Y el 3 de enero de este año empezamos a preparar el periódico –cuatro periodistas, una asistente administrativa, un editor gráfico/webmaster, y estudiantes universitarios. Ahora somos, en total, 25 personas, entre editores, reporteros profesionales, artistas, una fotógrafa, un gráfico y siete estudiantes.
Uno de los objetivos de la universidad al formar Plaza Pública es aportar al debate, incidir en el debate, y que sea mucho más profundo, menos conservador, menos superficial, y, en segundo lugar, formar estudiantes de (ciencias) políticas y de periodismo.
Sacar un periódico de la nada es muchísimo trabajo, muchísimos desvelos, gastritis y tensiones, pero nos hace muchísima ilusión. Lo lanzamos el 22 de febrero. Hoy cumplimos siete meses.
(Sobre la alianza con una iglesia católica, que sostiene a la Universidad Rafael
Landívar y con cuyas ideas, según el primer editorial, Plaza Pública está de acuerdo:) En Centroamérica, desde los ‘60, pero más en los ‘80, los jesuitas han tenido una atención especial para el tema social. Los jesuitas fueron perseguidos por los regímenes militares; el caso de monseñor Romero en El Salvador es el más emblemático, pero persiguieron y mataron a muchos jesuitas que tanto estaban en la Teología de la Liberación como promovían organización comunitaria y cambios sociales. Los periodistas de Plaza Pública compartimos esta visión social de la Iglesia Católica y de los jesuitas y nos sentimos muy cómodos con esa visión. No compartimos la visión, por ejemplo, sobre temas sexuales de la Iglesia. La mayoría de la redacción tiene una visión mucho más aggiornada sobre el tema, sobre el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, sobre las uniones homosexuales… Tenemos una visión mucho más liberal sobre estas cuestiones. Sobre el tema social sí compartimos totalmente la visión de la Iglesia Católica. Es distinta esta visión en Centroamérica que en otras partes del mundo –en España la Iglesia es casi fascista, por ejemplo.
(Sobre la situación del periodismo en Guatemala): Yo estuve siete años como reportero en Prensa Libre, que es el periódico grande y conservador de Guatemala. Hay cierta independencia para hacer investigación sobre corrupción de políticos y sobre militares, y creo yo que el periodismo guatemalteco tradicional durante la década pasada sí perdió el miedo a fiscalizar a los políticos, sobre todo cuando no eran de la élite, y fiscalizar a los militares, pero tiene una gran deuda en cuanto a la fiscalización de los empresarios, que tienen muchísimo más poder que los políticos en este país, y a ellos mismos y a los ciudadanos. Entonces es una fiscalización parcial y una demonización del Estado y de todo lo público. Hay en Guatemala tres medios sobre política, matutinos, que son los tres conservadores, uno menos conservador que los otros, en ocasiones, que es El Periódico. Los otros son muy muy conservadores, y hay un vespertino muy pequeño, que es más progresista, que se llama La Hora, y hay un monopolio en la televisión nacional en manos de Angel González, un magnate mexicano que tiene canales por toda América Latina, y que compra diputados cada vez que hay que renovar las licencias de los cuatro canales nacionales. La empresa de Prensa Libre tenía hasta hace poco el periódico popular, un canal de televisión. Hay otros socios grandes que tienen radios y canales de televisión. En general, es un periodismo muy conservador, y de hechos, muy superficial. En Plaza Pública tenemos el objetivo no de sustituir a los medios tradicionales sino de profundizar en la información y tocar los temas que ellos no tocan. Por ejemplo, la relación entre política y economía, o entre política y crimen organizado. O la relación de política y los temas sociales, como los conflictos de tierra, de las comunidades indígenas con las mineras. Son temas que están relegados en la agenda periodística tradicional y que nosotros creemos que podemos aportar al país en este sentido de dar luces sobre estos temas.
(Sobre los problemas de seguridad en Guatemala): En los ochenta, lo duro para los periodistas era cubrir a las dictaduras y a los regímenes militares, sobre todo en Guatemala, que ha sido el país, por mucho, más sanguinario de América Latina en el siglo XX –en Guatemala, hay que recordar, hubo más desapariciones y más muertes durante la guerra civil que en toda América Latina junta: 200.000 asesinados, 50.000 desaparecidos, un millón de refugiados, en una población de 8 millones de personas–. En ese entonces era muy complicado fiscalizar a los militares y al Estado; fiscalizar cualquier cosa. Y ahora una de las mayores amenazas para el periodismo es el narcotráfico, porque desde los años 80, gracias a los regímenes militares, se les abrieron las puertas a los narcotraficantes –incluso ya hay documentos que empiezan a mostrar la relación de la CIA con el narcotráfico y los regímenes contrainsurgentes que así se financiaban cuando tenían un embargo de parte de Estados Unidos en el tiempo de Jimmy Carter, y empieza a entrar el narcotráfico en Centroamérica, sobre todo por los éxitos en el Caribe para evitar que evitara la droga por medio del Caribe, y ahora Guatemala es una parte central de la ruta Norteamérica-Sudamérica.
No hay ninguna receta para cubrir estos temas pero tenemos la responsabilidad de cubrirlos. Entonces hemos hecho varios perfiles y varias investigaciones sobre la relación de narcotráfico con política, y lo que hemos hecho es, siguiendo un poco la experiencia colombiana, hablar con los mafiosos. Llamar al equivalente, en mucho menor tamaño, de Pablo Escobar, Milton Mendoza, y decirle: “Buenas tardes, ¿puedo hablar con don Milton Mendoza?”. “Si”. “Mire, tenemos una investigación que lo menciona a usted porque usted está siendo demandado en los Estados Unidos porque Del Monte lo contrató a usted para matar sindicalistas, entonces quiero saber cuál es su opinión”. Y entonces me da su opinión y sale publicada, como una persona más, y al día siguiente no vamos a tener una situación en la que él agarre el periódico y diga “¿Por qué están publicando mi nombre sin citarme?”.
Nosotros no somos los enemigos de los narcotraficantes, ni los que les hacemos la guerra. Somos periodistas que informamos y los tratamos como fuentes. Esto se puede hacer con narcotraficantes que están, por decirlo de alguna manera, más institucionalizados, pero con narcotraficantes nuevos que todavía se sienten muy inseguros sobre cualquier cosa que se publica de ellos tenemos más prevenciones, y si no les podemos hablar, pues no los mencionamos, y no mencionamos ningún nombre de ningún narcotraficante antes de que lo mencionen las autoridades, o que lo mencione Estados Unidos. Entonces, tratamos de tomar esas precauciones porque es un poco como estar en la selva; en tiempos del conflicto armado interno, sabías de dónde venían las balas, pero aquí estás en la selva y te puede salir un león de cualquier lado y en cualquier momento. Tienes que ir con mucha cautela y tratando de hacerlo lo más responsablemente posible.
De igual manera, creemos que el periodismo no tiene que estar en la primera línea contra el narcotráfico. Lo que nos toca a nosotros es analizar las acciones pero no hacer la labor de la policía, que es investigar y meterlos en la cárcel. Aquí hay un reportaje que hicimos en la parte oriental de Guatemala, en la frontera con El Salvador, es una de las regiones más duras con el narcotráfico. Fuimos a hacer un reportaje de cómo era la democracia ahí: cómo se puede elegir a un alcalde cuando los que se disputan el poder político son narcotraficantes que disfrazan las disputas del crimen organizado como disputas electorales. Entonces, sin meternos en muchos problemas, hicimos un reportaje muy descriptivo, hablando con todos los actores de cómo es la democracia allí. No logramos con esto frenar el narcotráfico pero si que los ciudadanos puedan tener idea de cómo está su país y con eso tomar decisiones. Estas son cosas que no hacen los demás medios, ya sea por pereza o por mediocridad, o porque están muy cómodos en su pedestal de que son los medios que tienen la credibilidad o los recursos.
(Sobre el público al que apunta el periódico): El país tiene unas 15 millones de personas, de las cuales podemos calcular que unas 9 millones son entre adolescentes y adultos, y hay 3 millones de usuarios de Internet. Hay dos millones de usuarios de Facebook. La cifra va creciendo muy rápido. Nosotros empezamos en febrero con mil visitantes únicos a la semana y siete meses después tenemos unos 12.000 visitantes únicos y 15.000 visitas a la semana. Queremos llegar a la mayor cantidad de ciudadanos. Sabemos que quienes van a tener mayor receptividad para leernos son ciudadanos que toman decisiones, en primer lugar, y a los que les interesa mucho la política, y ciudadanos de clase media, media-alta, y migrantes guatemaltecos que viven en Estados Unidos, que son dos millones. Y el año entrante queremos invertir muchas energías en que sea un periódico no sólo para guatemaltecos acá sino para guatemaltecos fuera. Otro objetivo es aportar información para los que se interesan por el país en profundidad. Más o menos 25 por ciento de nuestras visitas son del extranjero, no sólo de Estados Unidos. Ya empezamos, muy poco a poco, a ser considerados no como una referencia –para eso nos falta mucho—pero como un lugar a ser considerado a la hora de hacer análisis y de informarse y comprender lo que pasa en Guatemala, que es un país muy complejo. La semana de las elecciones, hace once días, nos entrevistaron de CNN, de Al Jazeera, de The Economist… Nos citaron en Semana, en Proceso…
Estamos contentos (con la cobertura de las elecciones) porque lo que hicimos, que fue poco, lo hicimos en profundidad. Los perfiles sobre los candidatos, que fue en lo que nos centramos, algo que ningún otro periódico hizo, y las relaciones entre crimen organizado, o empresarios, y política, tampoco lo hizo nadie. Conseguimos después de mucho trabajo los Wikileaks de Guatemala en exclusiva y se las ganamos a los medios tradicionales porque los de Wikileaks pensaban que no eran confiables los otros medios. Con esto pudimos dar más información a los lectores.
Creamos la sección “Ayúdenos con los cables de Wikileaks” cuando los de Wikileaks decidieron publicar todos los cables del mundo. Ciertamente no nos dábamos abasto e íbamos a un ritmo muy lento, entonces hicimos lo que hicieron otros medios, como Al Jazeera, que fue decir: Ayúdennos, confiamos en su criterio. Y funcionó. Esta semana, por ejemplo, sacamos que Estados Unidos le habia pedido al Ejército de Guatemala en el 2003 que dejara de torturar narcos. Es una información muy importante para la ciudadanía y ningún medio la tomó en cuenta. Esa es otra de las sorpresas, o decepciones mayores, después de conseguir los Wikileaks, que es que el resto de los medios de Guatemala, a pesar de que era información noticiosa, importante para los lectores, optó por no publicar absolutamente nada sólo porque Plaza Pública lo había sacado antes.
Con el Open Society Institute (OSI) gestionamos fondos desde el día cero, antes de nacer, y tres meses después de nuestro lanzamiento nos aprobaron una beca de 100.000 dólares anuales para Plaza Pública, prorrogables, que son fondos para el pago de la mitad de los salarios. Es una ayuda muy importante. Como todavía no hemos encontrado en América Latina un modelo de sostenibilidad para los medios independientes digitales, la ayuda de OSI es super importante porque cubre más o menos el 40 por ciento de nuestro presupuesto, y el resto lo cubre la universidad. Con estos periódicos que nos inspiran mucho con La Silla Vacía, El Confidencial o IDL el acuerdo es intercambiar información gratis. El acuerdo al que llegamos es que podemos usar el contenido del otro de manera gratuita y así enriquecer nuestras ediciones. Y acabamos de firmar un acuerdo con la Fundación EFE para que nos permitan publicar sus cables de manera gratuita también.
Nuestros 35 blogueros son ad-honorem. Son gente que hemos ido escogiendo, que no tenía lugar en las redacciones y que tiene ideas muy interesantes, muy profundas –académicos, economistas, politólogos, activistas de derechos humanos, filósofos… –Hemos conseguido un balance de género. Escriben quincenalmente o semanalmente.
A futuro, queremos enfocarnos en periodismo investigativo con bases de datos y en unir, para investigar, tecnología y periodismo. Queremos afianzarnos y convertirnos en un periodismo sólido de análisis sobre la relación entre la economía, los empresarios y los políticos, y la relación entre el crimen organizado y los políticos.



Guatemala: el nuevo campo de batalla de la DEA | Pulso Ciudadano
5 mess atrás
[...] El texto original de Guatemala: el nuevo campo de batalla de la DEA fue publicado en la revista digital guatemalteca Plaza Pública, uno de los mejores exponentes de la nueva cultura de medios en la red que combina trabajos de investigación, potentes columnas de opinión y un seguimiento constante de los temas que afectan a la población del vecino país, desde la insegurdad, la pobreza o la corrupción. Para saber más de este proyecto auspiciado por los jesuitas, checa este link. [...]
Roberto
8 mess atrás
Un matiz nomás: Monseñor Romero no era jesuita, como se da a entender. Saludos y suerte.