Literatura y monumentos: la sórdida cabaña de Roald Dahl

19 septiembre, 2011

El escritor británico Roald Dahl (1916-1990) no necesitaba demasiado espacio para crear sus historias. Quizá porque éstas eran desbordantes en imaginación y fantasía no es difícil imaginar al autor encerrado en la casita de jardín que le servía de mínimo santuario creativo. En ella redactó, entre otras obras, las aclamadas Charlie y la fábrica de chocolate, James y el melocotón gigante, Matilda, Las brujas y Relatos de lo inesperado.

“Mi queño nido”. Así llamaba Dahl a la pequeña construcción. La mandó levantar en 1954, en el jardín de su vivienda de Great Missenden – Buckinghamshire, al noroeste de Londres. Prohibió la entrada en la casita a todos, incluidos su esposa, hijos, familiares y amigos. En 1970 declaró que necesitaba un lugar donde pudiese sentirse como “una persona diferente”, donde el tiempo y las obligaciones de la vida desapareciesen.

La construcción, de ladrillo y poliestireno, está en muy mal estado y los amigos y la familia de Dahl han iniciado una campaña de recogida de fondos para reconstruirla y que pueda ser visitada. Calculan que necesitan unas 500.000 libras esterlinas (unos 570.000 euros), cantidad en la que también están incluidos los gastos del traslado del contenido de la casita al cercano The Roald Dahl Museum and Story Center dedicado al escritor.

La nieta de Dahl, la modelo y guionista Sophie Dahl, cuya imagen desnuda en un anuncio de colonia fue censurado en 2000 en los transportes públicos británicos, se ha convertido en portavoz de la campaña. Ha declarado que el refugio de su abuelo es un lugar de “palpable magia e ilimitada imaginación” que se ha convertido en “un icono” y debe ser preservado.

La iniciativa ha sido criticada en el Reino Unido, porque algunos entienden que los herederos de Dahl pueden asumir el gasto con los elevados ingresos por derechos de autor generados por los libros de Dahl, que siguen siendo superventas y han sido vendidos a la industria del cine en varias ocasiones.

La directora del museo, Amelia Foster, afirma que la familia del escritor contribuirá como una “muy significativa aportación financiera” y que la campaña de búsqueda de dinero se dirige a instituciones antes que a particulares.

El “pequeño nido” permanece en el mismo estado en que quedó en 1990, cuando murió de leucemia su dueño y único morador. En el interior están los manuscritos, cuadernos de notas y útiles de escritura, así como recuerdos, fotografías y amuletos que Dahl deseaba tener cerca durante el proceso creativo.

Escribía en un sillón de orejas y sobre un pedazo de fieltro de una mesa de billarBuena parte del espacio lo ocupa el viejo sillón de orejas en el que se sentaba para escribir (no soportaba las sillas porque padecía de dolor de espalda desde que resultó herido durante la II Guerra Mundial, en la que combatió como aviador).

Dahl colocaba un pedazo de madera entre los brazos del sillón y escribía a mano sobre folios en blanco. Utilizaba un fieltro verde de mesa de billar como apoyo. Antes de cada sesión limpiaba el paño de pelusas y otros restos y los tiraba al suelo. Prohibía que fuese barrido.

Una visita virtual a la casita puede ser realizada desde esta página del museo dedicado a Dahl.

Aquí, publicación original de este artículo.

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(…) Podría ser el punto de partida para uno de sus libros: el escondite mágico de un chico es descubierto por los adultos, que pasan a pelear sobre cuánto vale, quién debería poseerlo y cuál es el major modo para ponerlo al “servicio público” (Los adultos chiflados recibirían, sin duda, su merecido).

En su reciente biografía de Dahl, “Storyteller” (“Narrador” o “Contador de Historias”), Donald Sturrock escribe sobre su primer visita a la cabaña:

Abrió la puerta de la cabaña y entré. Una antesala, llena de viejos marcos de pinturas y de archivos, llevaba directamente al espacio en que escribía. Las paredes estaban cubiertas por bloques de gomaespuma envejecida para aislarse. Todo estaba amarillo por la nicotina y apestaba a tabaco. Una alfombra de polvo, virutas de lápiz y cenizas de cigarrillo cubrían el gastado piso de linóleo. Una cortina de plástico colgaba desvaídamente sobre una pequeña ventana. Casi no había luz natural.

En lo que hace a monumentos, este es más bien lóbrego. En el centro hay lo que parece una reposera raída. Sturrock observó luego que “todo parecía destartalado e improvisado. Buena parte parecía más bien peligrosa”. Sin embargo, la fascinación pública con la cabaña de Dahl puede tener que ver menos con los detalles (aun si estos son, como muchas de las creaciones de Dahl, tan deliciosamente sórdidos) que con ciertas ideas sobre el santuario y la libertad creativa que representa. Sturrock cita de una entrevista por radio que concedió Dahl en 1970:

Te convertís en una persona diferente, ya no sos más el tipo común que anda por ahí y cuida a sus hijos y come su comida y hace cosas tontas, entrás en un mundo completamente diferente. Yo diseñé personalmente todas las cortinas del cuarto, de modo que no pueda ver por la venta y puse una pequeña luz sobre mi tablero. Todo lo demás de tu vida desaparece y mirás a tu pedazo de papel y te perdés completamente en lo que estás haciendo. Realmente te convertís en otra persona por un momento. El tiempo desaparece completamente. Podés comenzar a las nueve de la mañana y la siguiente vez que mirás tu reloj, cuando te da hambre, puede ser la hora del almuerzo. Y no tenés idea de cómo pasaron esas tres o cuatro horas.

¿Cómo, entonces, preservar una idea? Es fácil leer esta celebración entusiasta del espacio creativo y hacer el salto y decir que la cabaña misma corporiza ese espíritu, y que dejarla morir sería dejar que ese espíritu muriera con ella. Pero, pese a ser un hito histórico y una curiosidad, no estoy seguro de que preservarlo deba estar al tope las listas de muchos donantes. ¿No se gastaría mejor el dinero público dando a otros artistas la chance de disfrutar sus propios espacios –lugares que puedan recordar un día tan cariñosa y centralmente como Dahl, cuando explicó el proceso de su escritura a Sturrock:

“Es realmente muy fácil”, dijo. “Voy a mi pequeña cabaña, que es chica y tibia y oscura, y en minutos puedo retroceder hasta tener siete u ocho (años) otra vez”.

Aquí, versión original de este post, en inglés.
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Roald Dahl, el autor británico de libros infantiles, escribía en un pequeño chalet al final de un camino enrejado y cubierto por tilos retorcidos. La llamaba la “cabaña de escribir” (o la “choza de escribir”) y, dado que medía casi dos metros, debe haber habitado como un gigante en la casa de un elfo. Dahl murió en 1990, a la edad de 74 años, pero un día al año su viuda, Felicity, invita a niños a la propiedad donde vive, en Great Missenden, Buckinghamshire, y las familias locales hormiguean por allí como invitados en la Fabrica de Chocolate de Willy Wonka. Hay juegos y te, tortas y jugo de naranja. Una banda de la R.A.F. toca a la sombra de la casa. Este año, asistí. El día en cuestión era caluroso y brillante, con un cielo claro que Dahl hubiera descripto como “azul lechoso” (…)

Los adultos que miraban adentro de la cabaña no estaban muy impresionados (..) “Uno esperaría que fuera algo más grandiosa”, dijo una mujer. Pero los niños veían más posibilidades en una vieja y mustia cabaña propia. Les gustqaba el hecho de que Dahl, insatisfecho con los escritorios, hubiera diseñado un tablero para escribir recubierto con un paño, que balanceaba sobre sus rodillas. Y les encantaba que tuviera, en una mesa adjunta, una jarra que contenía pedazos cartilaginosos de su propia columna vertebral, que habían sido removidos durante una operación en la parte inferior de su espalda. Junto a la jarra había una perilla de aspecto cerúleo que resultó ser el hueso de cadera de Dahl, junto con un sustituto de titanio.

“Es un buen abridor de cartas”, observó un niño pequeño sobre la cadera ortopédica.

“¿Tiene sangre encima??”, preguntó otro, esperanzado.

Varios de los jóvenes visitantes pidieron permiso para sostener la bola de envoltorios de chocolate que Dahl había hecho cuando joven; estrujaba uno nuevo hasta convertirlo en bola cada día, después de comer el chocolate como postre en el almuerzo (…) Sin embargo, lo que parecía excitar a los niños más era la colección de obras en versión de bolsillo del propio Dahl. “¡Miren!”, gritaron varios. “¡Hay libros!”.

Dahl, cuyo primer libro para niños, “The Gremlins”, fue publicado en 1943, y cuyo último, “The Minpins”, fue publicado en forma póstuma en 1991, ha sido sorprendentemente popular durante casi medio siglo. En una encuesta de 2000, los lectores británicos lo señalaron como su autor favorito. En todo el mundo, se han vendido más de diez millones de ejemplares de sus libros el año pasado (2004) (…)

Dahl es tambiuén, sin embargo, un escritor infantile que muchos adultos no aprecian o del que desconfían, aunque no siempre les ha sido fácil decir por qué. (…) Las objeciones tienen más que ver con su sensibilidad. Hay un humor d ebaño: El protagonist de “The B.F.G.” (1982), el Gran Gigante Amistoso9, insiste en “whizpopping”, su palabra para tirarse un pedo, enfrente de la Reina. Y Dahl tiene un tono mordaz –no sentimental, incluso apenas sádico y sobre todo divertido—que se acerca más a Evelyn Waugh que a Beverly Cleary.

“Matilda” (1988) es la historia de una pequeña niña prodigiosamente brillante que sufre a manos de sus groseros madre y padre. El libro ofrece un comentario desdeñoso sobre los padres egoístas y desatentos. Pero, antes, Dahl se divierte a expensas de los que adoran a sus hijos:

Es algo gracioso de madres y padres. Aun cuando su criatura es la más asquerosa pústula que uno pueda imaginar, todavía piensan que él o ella es maravilloso.

Algunos padres van más allá. Se vuelven tan ciegos de adoración que logran convencerse de que su hijo tiene cualidades de genio.

Bueno, no hay nada malo en nada de esto. Es cómo funcionan las cosas. Es sólo que cuando los padres comienzan a hablarnos sobre la brillantez de su horrible vástago, comenzamos a gritar: “¡Traigan el balde! ¡Vamos a vomitar!”.

Los maestros sufren bastante por tener que escuchar esta clase de bobada de los padres orgullosos, pero usualmente la devuelven cuando llega el momento de escribir las evaluaciones. Si yo fuera maestro, inventaría unas buenas patadas para los chicos de padres que los consienten. “Su hijo Maximiliano”, escribiría, “es un fracaso total. Espero que tenga un negocio familiar en que pueda meterlo cuando deje la escuela porque es más que seguro que no conseguirá un trabajo en otro lugar”.

Si, si me sintiera lírico ese día, podría escribir: “Es una verdad curiosa que los saltamontes tienen sus órganos de audición a los lados de su abdomen. A juzgar por lo que ha aprendido en este período, su hija Vanesa no tiene órganos auditivo en ninguna parte”.

Usualmente, en los libros de Dahl los adultos que maltratan a niños o animales reciben su merecido de forma grotesca, a menudo por obra de sus víctimas, gracias a la astucia y coraje de éstas. En “The Twits” (1980), los repelentes Sr. y Sra. Twit son pegados boca abajo al piso por los emprendedores monos y pájaros que han estado atormentando. En “James and the Giant Peach” (1961), las malvadas Tía Spiker y Tía Sponge mueren aplastadas cuando James y el susodicho Durazno ruedan colina abajol. Y no sólo los malos padres reciben su merecido. En “Charlie and the Chocolate Factory”, Dahl reparte duros castigos niños desagradables. El codicioso Augustus Gloop es insertado en la maquinaria del chocolate; la mascadora de chicle Violet Beauregarde estalla en un globo gigante; el adicto a la televisión Mike Teavee es miniaturizado; la consentida Veruca Salt es arrojada por un tubo de la basura. Que los niños logren salir de la fábrica al final no suaviza demasiado el hecho de que Wonka los ve marcharse sin arrepentimiento —en verdad, con considerable deleite.

En muchos libros infantiles –contra lo que los padres dicen a sus hijos sobre qué significan las apariencias—, la fealdad física implica su equivalente moral. Dahl lleva esto al extremo, describiendo los atributos repulsivos de sus villanos con brío (…) Dahl compartía con George Orwell un agudo sentido de por qué los niños pequeños ven a menudo a los adultos como feos o intimidantes. “Parte de la razón de la fealdad de los adultos, a los ojos de un niño, es que el niño está usualmente mirando hacia arriba, y pocas caras lucen mejor cuando se las mira desde abajo”, escribió Orwell. Dahl dijo una vez que los adultos deberían ponerse de rodillas durante una semana para recordar cómo es vivir en un mundo en el que la gente con todo el poder literalmente se alza sobre uno.

En la ficción de Dahl, los personajes malos no son sólo malos; son horribles del tipo que revolean a los niñas por sus trenzas –una cualidad que algunos lectores adultos encuentran poco sutil pero que muchos niños hallan muy divertida y satisfactoria. Incluso los buenos personajes adultos a menudo son precipitados o fáciles de intimidar, mientras que los niños son usualmente sensatos, aduros e inamovibles (los niños toman todas las “buenas decisiones”, según lo pone mi hijo de nueve años). Y en las historias de Dahl los complicados planes que los niños están siempre elaborando —y que los adultos sensatos están siempre rechazando por imprácticos o peligrosos— obtienen resultados triunfales (…)

Los libros de Dahl regularmente aparecen en la lista de títulos de la American Library Association que los donantes piden que sean restringidos para los niños pequeños o quitados de los estantes. En 1995, una madre que intentaba eliminar a Dahl de las bibliotecas de las escuelas primarias de Virginia declaró al Washington Post que en sus libros “los niños se comportan mal y se vengan de los adultos, y nunca hay consecuencia alguna por sus acciones”. De acuerdo con esta crítica sorprendentemente común de Dahl, desafiar a un adulto –sin importer qué tanl mala sea la persona—es desafiar a todos (…)

El anti-dahlismo ha sido alimentado aún más en 1994 por una biografía no autorizada escrita por el escritor británico Jeremy Treglown, que presenta  un hombre complicado, dominante y a menudo desagradable. Dahl era “un héroe de guerra, un connoisseur, un filántropo y un dedicado hombre de familia que tuvo que afrontar una atroz sucesión de tragedias”, escribe Treglown. “Era también. . . un fantasioso, un antisemita, un matón y un alborotador en busca de autopromoción”. Cuando su primera esposa, la actriz Patricia Neal, sufrió una severa apoplejía a 39 años, él adoptó una estrategia de crueldad-por-ser-amable –intimidando, empujando y a veces humillándola para que actuara de nuevo. Tenía inclinación a las erupciones de resentimiento. En 1981, Robert Gottlieb, que por entonces era el director editorial de Knopf, editorial norteamericana de Dahl, cortó lazos con éste por su “carácter abusivo” con el personal. Más de una vez, Dahl hizo comentarios antisemitas (….) (Esos odiosos sentimientos, hay que decirlo, no se pueden encontrar en sus libros infantiles). Y, en 1989, Dahl, que no tenía problemas en indignarse ante los intentos de prohibir su obra, denunció a Salman Rushdie como “un peligroso oportunista” después de la fatwa lanzada en su contra (…)

Aquí, versión completa, en inglés, de este artículo.

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Roald Dahl (n. en Llandaff, Gales el 13 de septiembre de 1916 – f. el 23 de noviembre de1990) fue un novelista y autor de cuentos británico de ascendencia noruega, famoso como escritor para niños y adultos. Entre sus libros más populares están Charlie y la fábrica de chocolate, James y el melocotón gigante, Matilda, Las brujas y Relatos de lo inesperado.

Roald Dahl nació en Llandaff, Cardiff, Gales, el 13 de septiembre de 1916, de padres noruegos, Harald Dahl y Sofie Magdalene Hesselberg de Dahl. Fue nombrado Roald en honor al explorador Roald Amundsen, considerado héroe nacional en Noruega durante esos tiempos. En1920, cuando Roald tenía tres años, su hermana de siete, Astri Dahl, murió de apendicitis. Sólo unas pocas semanas más tarde, su padre Harald también murió, víctima de una neumonía, a la edad de cincuenta y siete años. A pesar de su viudez, su madre prefirió mantener la familia en Gran Bretaña a retornar a Noruega a vivir con sus parientes, para cumplir el deseo de su marido de que sus hijos fueran educados en escuelas inglesas.

Viviendo aún la familia en Gales, Roald asistió a la Escuela de la Catedral de Llandaff.

A la edad de ocho años, Roald y cuatro de sus amigos fueron bastoneados por el director luego de poner un ratón muerto que encontraron en su jaula del colegio, en un tarro de dulces (concretamente, de inflamofletes) en un negocio local, castigo que su madre consideró desmedido, retirándolo de la escuela.

Cuando tenía nueve años, Roald Dahl fue enviado a la St. Peter’s School, un colegio privado en la ciudad costera de Weston-super-Mare, a la que asistió desde 1923 hasta 1929. Desde los trece años fue educado en la Repton School, en Derbyshire, donde fue ayudante de un prefecto, se convirtió en capitán del equipo escolar de fives y desarrolló su interés en la fotografía. Durante sus años en Repton, Cadbury, una fábrica de chocolates, ocasionalmente enviaba cajas de sus nuevos productos a la escuela para que fueran probados por los pupilos. Dahl solía soñar con inventar una nueva barra de chocolate que sería el asombro del mismo señor Cadbury, lo cual le sirvió como inspiración para escribir su segundo libro para niños, Charlie y la fábrica de chocolates.

A lo largo de su infancia y adolescencia, pasó sus vacaciones de verano en Noruega. Su niñez es el tema de su libro, Boy (Historias de La Infancia), en el que insiste que dicho libro no es su autobiografía, sino unas historias ocurridas en su niñez que le inspiraron para escribir otros libros. Vease Boy (relatos de infancia)

Después de terminar el colegio, pasó tres semanas explorando Terranova con un grupo llamado Publico Schoolss Exploring Society. En juliode 1934 ingresó a trabajar en la empresa petrolífera Royal Dutch Shell. Tras dos años de entrenamiento en el Reino Unido, fue transferido aDar-es-Salaam, Tanganica (actual Tanzania). Junto con los otros dos únicos empleados de Shell en todo el territorio, vivió lujosamente en laShell House, en las afueras de Dar-es-Salaam, con un cocinero y ayudantes personales. Suministrando combustible en Tanganica, se enfrentó a hormigas y leones, entre otros peligros.

En noviembre de 1939 se unió a la Royal Air Force. Después de un viaje en auto de casi mil kilómetros desde Dar-es-Salaam hasta Nairobi, fue aceptado para el entrenamiento de vuelo junto con otros dieciséis hombres, trece de los cuales morirían en combate aéreo más tarde. Con siete horas y cuarenta minutos de experiencia en su De Havilland Tiger Moth, comenzó a volar solo y apreció la vida silvestre de Keniadurante sus vuelos. Continuó con el entrenamiento avanzado en Habbaniya (ochenta kilómetros al oeste de Baghdad), Irak. Tras seis meses volando Hawker Harts, fue nombrado oficial y asignado al escuadrón número 80 de la RAF, volando obsoletos Gloster Gladiator. Dahl se sorprendió al descubrir que no sería entrenado en combate aéreo ni en cómo volar los Gloster Gladiators.

El 19 de septiembre de 1940, Dahl volaría su Gladiator desde Abu Suweir, Egipto, hasta Amiriya para recargar combustible, y luego hasta Fouka, Libia, por una segunda carga. Desde ahí volaría a la pista del escuadrón 80, cincuenta kilómetros al sur de Mersah Matruh. En el tramo final, no pudo encontrar la pista y, corto de combustible y con la noche cayendo, se vio forzado a intentar un aterrizaje en el desierto. Desafortunadamente, el tren de aterrizaje golpéo una roca y el avión se estrelló. Roald se fracturó el cráneo, se rompió la nariz y se cegó. Logró arrastrarse lejos del avión en llamas, y se desmayó. Más tarde, escribió acerca de su accidente en su primer trabajo publicado. En una investigación de la RAF acerca del suceso, se descubrió que la ubicación a la que se le había indicado volar era completamente incorrecta, habiendo sido enviado a una zona entre las fuerzas británicas e italianas.

Dahl fue rescatado y llevado a un puesto de primeros auxilios en Mersah Matruh, donde recuperó la consciencia (aunque no la vista), y fue trasladado en tren al hospital de la Royal Navy en Alejandría. Allí se enamoró de una enfermera, Mary Welland, quien fue la primera persona que vio al recuperar la vista, tras ocho semanas de ceguera. Los doctores dijeron que no había ninguna posibilidad de que volviese a volar, pero en febrero de 1941, cinco meses después de ingresar al hospital, fue dado de alta y pasado a tareas de vuelo. En esos momentos, el escuadrón número 80 se encontraba en Elevsis, cerca de Atenas, Grecia, combatiendo junto con la British Expeditionary Force contra las fuerzas del Eje, sin esperanzas de derrotarlos. Ahora en un Hawker Hurricane, en abril de 1941, Dahl atravesó el Mar Mediterráneo para finalmente unirse a su escuadrón en Grecia, seis meses después de convertirse en miembro.

Allí conoció a un cabo cínico que se preguntaba cuánto tiempo sobreviviría el nuevo avión, acompañado sólo por catorce Hurricanes y cuatro Bristol Blenheims en toda Grecia, contra miles de aviones enemigos. El líder del escuadrón tampoco se mostraba entusiasmado por tener sólo un nuevo piloto. De todos modos, Roald se hizo amigo de David Coke, quien, si no hubiese muerto más tarde en combate, se hubiese convertido en Earl de Leicester.

Dahl tuvo su primera acción sobre Chalcis, donde Junkers Ju 88s se encontraban bombardeando barcos. Sólo con su Hurricane contra seis bombarderos, logró derribar uno. Escribió sobre todos estos incidentes en su libro autobiográfico Volando solo.

Más tarde prestó servicio en Siria, y luego trabajó en inteligencia. Terminó la guerra como Wing Commander (rango de cuarto grado).

Comenzó a escribir en 1942, cuando fue transferido a Washington, DC como Agregado Militar Aéreo. Su primer trabajo publicado, aparecido en la edición del Saturday Evening Post del 1 de agosto de 1942, fue un cuento titulado Pan comido, describiendo su accidente con el Gloster Gladiator. El título original en inglés era A piece of cake (Pan comido, como se lo tradujo en su versión en español), pero fue cambiado a Shot down over Libya (Derribado sobre Libia) para imprimirle más dramatismo, a pesar de que el accidente no tuvo nada que ver con la acción enemiga.

Estuvo casado durante treinta años (desde 1953 hasta 1983), con la actriz estadounidense Patricia Neal. Tuvieron cinco hijos (incluyendo a la autora Tessa Dahl), uno de los cuales, Olivia Twenty Dahl, falleció de encefalitis por el virus de sarampión a la edad de siete años, en1962. Theo, su único hijo varón, sufrió un accidente durante su infancia que le provocó hidrocefalia. Como resultado, su padre se involucró en el desarrollo de lo que más tarde se conocería como válvula de Wade-Dahl-Till, un dispositivo para aliviar esta condición. Su hija Ophelia Dahles directora y cofundadora (junto con el doctor Paul Farmer) de Partners in Health, una organización sin fines de lucro dedicada a proveer cuidados médicos a algunas de las más empobrecidas comunidades del mundo. La hija de Tessa, e inspiración para un personaje de El gran gigante bonachón, es la modelo y autora Sophie Dahl. En 1983, se casó con Felicity Ann d’Abreu Crosland, quien solía ser la mejor amiga de su primera esposa.

Murió de leucemia el 23 de noviembre de 1990, en su casa, Gipsy House, en Great Missenden, Buckinghamshire, a la edad de setenta y cuatro años; y fue enterrado en el cementerio de la parroquia de San Pedro y San Pablo. En su honor, la Roald Dahl Children’s Gallery fue inaugurada en el Bucks County Museum, en la cercana Aylesbury. Los compromisos solidarios de Dahl en los campos de la neurología, lahematología y la alfabetización han sido continuados tras su muerte a través de la Roald Dahl Foundation. En junio de 2005, el Roald Dahl Museum and Story Centre fue inaugurado en Great Missenden para celebrar el trabajo de Roald Dahl y avanzar en sus esfuerzos en la alfabetización.

Impulsado por Cecil Scott Forester, Dahl escribió su primer trabajo publicado, Pan comido, que fue comprado por el Saturday Evening Postpor mil dólares e impulsó su carrera como escritor.

Su primer libro para niños fue Los Gremlins, que trataba de unas pequeñas criaturas malvadas que formaban parte del folclore de la RAF, fue publicado en 1943; El libro había sido encargado por Walt Disney para una película que se tituló Gremlins. Dahl continuó creando algunas de las historias para niños más amadas del siglo XX, tales como Charlie y la fábrica de chocolate Matilda y James y el melocotón gigante.

Paralelamente, tuvo una exitosa carrera como escritor de macabros cuentos para adultos, usualmente apelando al humor negro y a los finales sorpresivos. Muchos de ellos fueron originalmente escritos para revistas estadounidenses, tales como Ladies Home Journal, Harper’s,Playboy y The New Yorker, y luego recogidos en antologías, ganando la aclamación mundial para el autor. Dahl escribió más de sesenta cuentos y han aparecido en numerosas colecciones, algunas sólo publicadas en forma de libro después de su muerte.

Uno de sus cuentos para adultos más famosos, Hombre del Sur (The smoker o Man from the South), fue filmado como un episodio de Alfred Hitchcock Presenta, y fue además adaptada en el segmento de Quentin Tarantino de la película de 1995 Four Rooms. Su colección de cuentos Relatos de lo Inesperado fue adaptada para una exitosa serie de televisión del mismo nombre. Algunos de sus cuentos son supuestamente extractos del diario de su (ficticio) tío Oswald, un caballero rico cuyas hazañas son el tema de estas historias.

Por un breve período en los 1960s, Dahl escribió guiones para obtener dinero. Dos de ellos, la película de James Bond Sólo se vive dos veces (You only live twice) y Chitty Chitty Bang Bang, fueron adaptaciones de novelas de Ian Fleming. Además, adaptó su propio trabajo para realizar Willy Wonka y la fábrica de chocolates, de 1971.

Memories with Food at Gipsy House, escrito con su esposa Felicity y publicado póstumamente en 1991, es una mezcla de recetas, recuerdos familiares y reflexiones de Dahl acerca de sus temas favoritos, como el chocolate, las cebollas y el claret.

Muchos de sus libros infantiles tienen ilustraciones de Quentin Blake.

En el verano de 1983, Dahl escribió una crítica para el Literary Review de God Cried, un libro ilustrado sobre la Guerra del Líbano de 1982 del escritor del Newsweek Tony Clifton. Según Clifton, durante la guerra los israelís mataron a miles de civiles beirutíes al bombardear escuelas, hospitales y bloques de apartamentos indiscriminadamente. La crítica de Dahl sentenciaba que durante esta invasión fue cuando “todos empezamos a odiar a Israel” y que el libro haría a los lectores “violentamente anti-israelíes”. Según el biógrafo Jeremy Treglown, Dahl había escrito en un principio “cuando todos empezamos a odiar a los judíos”, pero el editor de Literary Review Gillian Greenwood cambió entonces el término de Dahl “judíos” a “israelíes”.2 Dahl insistiría posteriormente diciendo “No soy antisemita. Soy anti-Israel”.

Dahl contó a un periodista en 1983 que “hay un rasgo en el caracter judío que provoca aversión… Quiero decir que siempre hay una razón por la cual lo anti-algo crece en cualquier sitio; incluso un apestoso como Hitler no los escogió a ellos sin razón.” No obstante, según Treglown, Dahl mantenía amistad con un puñado de individuos judíos. El filósofo judío Isaiah Berlin, que estuvo en el ejército junto a Dahl enWashington durante la Segunda Guerra Mundial, dijo: “pienso que pudo decir cualquier cosa. Pudo haber sido pro-árabe o pro-judío. No hay ni una sola línea consistente. Era un hombre que se guiaba por caprichos, lo que quiere decir que arremetería en cualquier dirección, por decirlo de alguna manera.”

Años después, Dahl incluyó un compasivo episodio acerca de refugiados germano-judíos en su libro Volando solo, y en otra ocasión dijo que se oponía a la injusticia, no a los judíos. Creía que los medios de comunicación habían suprimido detalles sobre las acciones militares israelíes tales como la matanza de civiles, y mantenía su firme postura política contra Israel, diciendo en el periódico británico The Independent poco antes de morir en 1990: “Desde luego que soy anti-israelí; y me he vuelto antisemita de la misma manera en que un judío en Inglaterra podría fervientemente defender el sionismo. Creo que deberían ver ambas caras. Es el tema de siempre: sabemos sobre los judíos y el resto del asunto. No hay editores no-judíos en ningún lado; controlan los medios de comunicación – lo cual resulta muy inteligente – y es por eso por lo que el Presidente de los Estados Unidos tiene que vender todos esos bártulos [militares] a Israel.”

Los trabajos infantiles de Dahl están contados usualmente desde el punto de vista de un niño, frecuentemente involucrando villanos adultos que odian y tratan mal a los niños, y presentando al menos un buen adulto que contrarresta a los villanos. Usualmente contienen gran cantidad de humor negro y escenarios grotescos, incluyendo espantosa violencia. Las Brujas y Matilda son dos claros ejemplos. El gran gigante bonachón sigue este modelo en un modo más analógico, con el buen gigante representando el arquetipo de buen adulto y los otros gigantes siendo los malos adultos. Esta fórmula es en parte evidenciada en el guion de Dahl para Chitty Chitty Bang Bang.

Prosa para niños

Los gremlins (The gremlins, 1943).

James y el melocotón gigante (James and the Giant Peach, 1961).

Charlie y la fábrica de chocolate (Charlie and the chocolate factory, 1964).

El dedo mágico (The magic finger, 1966).

El Superzorro (Fantastic Mr. fox, 1970).

Charlie y el gran ascensor de cristal (Charlie and the great glass elevator, 1973). Secuela de Charlie y la fábrica de chocolate.

Danny el campeón del mundo (Danny the champion of the world, 1975).

El enorme cocodrilo (The enormous crocodile, 1978).

Los Cretinos (The Twits, 1980).

La maravillosa medicina de Jorge (George’s marvelous medicine, 1981).

El gran gigante bonachón (The BFG, 1982).

Las Brujas (The witches, 1983).

La jirafa, el pelícano y el mono (The giraffe and the pelly and me, 1985).

Matilda (Matilda, 1988).

Agu Trot (Esio Trot, 1990).

Los Minpins (The Minpins, 1991) (Obra Póstuma).

El vicario que hablaba al revés (The Vicar off Nibbleswicke, 1991) (Obra Póstuma).

Poesía para niños

Cuentos en verso para niños perversos (Revolting rhymes, 1982)

¡Qué asco de bichos! (Dirty beasts, 1984)

Puchero de rimas (Rhyme stew, 1989)

Ficción para adultos

Novelas

Sometime never (1948)

Mi tío Oswald (My uncle Oswald, 1979)

Antologías de cuentos en español

Dos fábulas

El gran cambiazo

Génesis y catástrofe

Historias extraordinarias

La venganza es mía S.A.

Relatos de lo inesperado

Los mejores relatos de Roald Dahl

Autobiográficos

Boy (relatos de infancia) (Boy: tales of childhood, 1984). Cuenta su vida hasta la edad de veinte años, centrándose en la educaciónbritánica de comienzos del siglo XX.

Volando solo (Going solo, 1986). Continuación del anterior, cuenta su vida como empleado de Shell y su participación en la Segunda Guerra Mundial.

Memories with food at Gipsy House (1991)

Roald Dahl’s Guide to Railway Safety (1991)

Mi año (My year, 1993)

Teatro

The Honeys (1955). Representado en el Longacre Theatre, Broadway.

Guiones

Cine

Sólo se vive dos veces (You only live twice, 1967)

Chitty Chitty Bang Bang (1968)

The night digger (1971)

Charlie y la fábrica de chocolate (1971)

Televisión

Suspense (Estados Unidos, 1949-1954)

Cameo Theatre (Estados Unidos, 1950-1955)

Alfred Hitchcock presenta (Estados Unidos, 1955-1962)

Way out (Estados Unidos, 1961)

That was the week that was (Reino Unido, 1962-1963)

Thirty-minute theatre (Reino Unido, 1965-1973)

Late night horror (Estados Unidos, 1968)

Roald Dahl fue también presentador de los programas Way out y Tales of the unexpected (en su primera temporada).

Adaptaciones de sus obras

Cine

36 hours (Estados Unidos, 1967, de su cuento Beware of the dog)

Charlie y la fábrica de chocolate (Estados Unidos, 1971, de su novela Charlie y la fábrica de chocolate)

The BFG (Reino Unido, 1989)

Breaking point (Estados Unidos, 1989, de su cuento Beware of the dog)

Las brujas (Reino Unido, 1990)

Four Rooms (Estados Unidos, 1995, de su cuento Hombre del Sur)

James y el melocotón gigante (Estados Unidos-Reino Unido, 1996)

Matilda (Estados Unidos, 1996)

Inaudito (Corto, México, 1999, de su cuento La máquina del sonido)

Genesis and catastrophe (Corto, Estados Unidos, 2000, de su cuento Génesis y catástrofe)

Charlie y la fábrica de chocolate (Estados Unidos-Reino Unido-Australia, 2005)7

Fantastic Mr. Fox (Estados Unidos, 2009)

Televisión

Danger (Estados Unidos, 1950-1955, de su cuento Apuestas)

Star tonight (Estados Unidos, 1955-1956, de su cuento Gastrónomos)

Alfred Hitchcock presenta (Estados Unidos, 1955-1962, diversos cuentos)

Suspicion (Estados Unidos, 1957, de su cuento La subida al cielo)

Way out (Estados Unidos, 1961, de su cuento William y Mary)

Parson’s pleasure (Corto, Reino Unido, 1965, de su cuento Placer de clérigo)

Taste (Corto, Reino Unido, 1967, de su cuento Gastrónomos)

Tales of the unexpected (Reino Unido, 1979-1988, diversos cuentos)

Danny the champion of the world (película para televisión, Reino Unido, 1989)

Aquí, publicación original de este artículo.

 

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