Coco Chanel, la espía nazi

September 4th, 20111:10 pm @

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La diseñadora francesa Coco Chanel espiaba para los nazis durante la ocupación alemana de Francia en la Segunda Guerra Mundial, según un libro que saldrá a la venta el jueves.

“Sleeping with the Enemy: Coco Chanel’s Secret War” (Durmiendo con el enemigo: La Guerra secreta de Coco Chanel) de Hal Vaughan, se basa en una prueba de que la icónica diseñadora tenía una doble vida y era la amante de un espía, el barón Hans Gunther von Dincklage.

Durmiendo con el Enemigo relata cómo Coco Chanel se convirtió en una agente de inteligencia alemán, cómo y por qué se alistó en una serie de misiones de espionaje y cómo escapó de ser arrestada en Francia después de la guerra.

El libro de Vaughan no sólo revela que Chanel fue reclutada por la organización de inteligencia militar Abwehr, sino que el mismo von Dincklage era un “espía nazi maestro. Dirigía una red de espionaje en el Mediterráneo y en París y reportaba directamente al ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels, mano derecha de Hitler”.

Aquí, esta noticia.

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Es sabido desde hace tiempo que Gabrielle “Coco” Chanel —la legendaria diseñadora francesa cuyo imperio de la moda lleva su nombre—fue, durante la II Guerra Mundial, amante de un oficial nazi llamado Hans Günther von Dincklage. Pero en Sleeping with the Enemy: Coco Chanel’s Secret War, el veterano periodista y reportero de investigación Hal Vaughan ofrece pruebas convincentes de que fue también una agente de inteligencia nazi y una incorregible antisemita.

En base a archivos norteamericanos, alemanes, franceses y británicos, Vaughan revela que von Dincklage y Chanel—Agente Abwehr 7124, cuyo nombre en código era “Westminster”— anduvo en misiones por toda Europa, reclutando nuevos agentes para el Tercer Reich. Y en la que es, quizás, su sección más fascinante, Sleeping with the Enemy echa nueva luz sobre los tratos de Chanel con la callada familia Wertheimer, que compró una gran porción del negocio en los ’20 y controla completamente el imperio Chanel en la actualidad. En forma bastante extraordinaria, los Wertheimers —pese al comportamiento de Chanel durante la guerra— decidieron en última instancia financiar su restablecimiento en Francia y eventualmente acordaron pagar sus cuentas por el resto de su vida. Hasta hoy, la familia se niega a discutir el tema de Coco Chanel con los medios, pero aún así Vaughan logra pintar un apasionante retrato de las negociaciones entre ambas partes.

Desde París, Vaughan, que tiene 82 años, respondió a algunas de las preguntas planteadas por su libro. Una versión editada de nuestra discussion aparece debajo.

¿Cómo se interesó por la vida de Coco Chanel?

No lo estaba al principio. Inicialmente, me interesé por la vida de un hombre llamado H. Gregory Thomas, un agente de la familia Wertheimer enviado a París antes de que estallara la Guerra para tratar de impedir que Chanel se apoderara de los derechos de Chanel No. 5 en base a las leyes arias. Así que estaba buscando la historia de H. Gregory Thomas y, de repente, tropecé con Coco Chanel. Comencé a excavar en los archivos y dí con con todo este material sobre ella. Encontré un documento específico que describía a Chanel como agente alemana y, de ahí en adelante, arranqué a toda marcha.

Como el título deja en claro, el libro enfatiza en la vida de Coco Chanel durante la guerra.¿Por qué esta historia no ha recibido más atención en todos estos años?

No tengo idea. No puedo entenderlo. O bien la gente no quería saber o eligió no lidiar con ello. Por supuesto, esta historia no complacerá a los Wertheimers, una de las familias más ricas del mundo. Más allá de esto, no tengo idea de por qué no.

Después de la guerra, Chanel se mudó a Suiza. ¿Cómo pudo restablecerse en Francia, como lo hizo a mitad de los ‘50?

La respuesta simple es el dinero de los Wertheimer: Chanel fue respaldada por los Wertheimers. Pero, en verdad, también estaba el hecho de que, para 1954, la mayoría de los franceses no daba un rábano por quién había colaborado y quién no. De Gaulle había decidido que todos los franceses habían sido de la Resistencia y todo este asunto del colaboracionismo quedó atrás. Y no olvidemos que Chanel, también, era tremendamente talentosa.

Después de todo lo que Chanel había hecho a Paul Wertheimer, ¿por qué acordó en última instancia financiar el restablecimiento de su casa de alta costura en 1954? ¿Y por qué consintió en pagar todos sus gastos –grandes y pequeños—por el resto de su vida?

Desde el punto de vista de los Wertheimers, la decisión era extremadamente lógica. Lo que hacían no era comprar un mero negocio, sino un imperio de por vida, y en verdad eso es lo que ha sido. Henos aquí, en 2011 –¿puede ir a cualquier ciudad grande sin ver una tienda Chanel? Es una marca única en el mundo de hoy.

Especialmente en Francia —una nación que todavía lidia con el legado del colaboracionismo–, ¿cómo es posible que la marca Chanel todavía no soporte el estigma que cayó sobre otras marcas vinculadas con la complicidad con los nazis?

El trabajo de Robert Paxton (NdT: historiador norteamericano especializado en el colaboracionismo francés) nunca empañó totalmente nuestra imagen de Chanel —y por una razón muy simple. Ella es, esencialmente, una máquina de hacer billetes. Chanel es un ícono, un ídolo en Francia –sin importar los detalles de su vida, su antisemitismo, sus tratos con los Nazis. Debo mencionar, ya que es bastante interesante, que los franceses no han comprado mi libro –al menos, todavía no. Está saliendo en los Estados Unidos y en Gran Bretaña y en Alemania. Ha sido traducido al portugués y al holandés. Pero los franceses todavía no compraron el libro.

Dado el pasado de Chanel durante la guerra, ¿qué piensa de la prominencia y la popularidad de la marca Chanel hoy?¿Deberíamos todavía usar Chanel?

No tengo sentimientos contra Chanel. No se puede poner a alguien como Klaus Barbie y Chanel en la misma categoría: ella no mató a nadie, ni torturó a nadie. Madame Gabrielle Labrunie —la sobrina nieta de Chanel— me dijo algo que hallé fascinante: “Sabe, señor Vaughan, esos fueron tiempos difíciles, y la gente tenía que hacer cosas terribles para seguir”. Chanel fue, expuesto muy simplemente, una enorme oportunista que hizo lo que tenía que hacer para seguir.

Si, como usted dice, no tiene sentimientos contra Chanel, ¿cuál fue su motivo para escribir el libro?

No escribí este libro para perseguir a Chanel. Era sólo una buena historia. Soy un hombre de las noticias, y lo ha sido desde que fui aprendiz en el Daily News de Nueva York en los ’50. Es tan sencillo como eso.

Aquí, versión original de esta entrevista, en inglés.

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Hija de un vendedor ambulante y una ama de casa, ambos de escasos recursos, Gabrielle Chanel nació en un hospicio de Saumur, el 19 de agosto de 1883. En permanente situación de escasez, sobrellevó a duras penas sus primeros años de infancia junto a sus cuatro hermanos.

Cuando tenía doce años, su madre murió víctima de tuberculosis y el padre se desentendió de ellos, enviándolos al condado de Auvernia, al cuidado de dos tías que tenían un orfanato. Por eso, su partida de nacimiento está registrada ahí con fecha de 1893.

El abandono de su padre, la muerte de su madre y la soledad espiritual marcarían para siempre la actitud de Coco hacia la vida: «Durante mi infancia sólo ansié ser amada. Todos los días pensaba en cómo quitarme la vida, aunque, en el fondo, ya estaba muerta. Sólo el orgullo me salvó».

Con las cuidadoras del orfanato, Gabrielle aprendió a coser y manejar el hilo y la aguja con especial habilidad, lo que hizo que a los 17 años las monjas del orfanato de Aubazine le consiguieran un empleo como costurera.

De una gran personalidad, con belleza sensualmente discreta, femenina y menuda figura, pelo corto casi varonil, nada la detuvo cuando en 1905 resolvió convertirse en cantante de un cabaret, oficio que desplegó por tres años y que la introdujo en el mundo del divertimento y las relaciones sexuales pasajeras. De estas relaciones Coco Chanel esperaba obtener dinero para su gran sueño: ser una renombrada modista.

Su sobrenombre de “Coco”, hacía referencia a un cariñoso mote que le dieron sus tías que la cuidaron. Otros aseguran que surgió como una especie de nombre artístico, a partir de las melodías que entonaba, quizas el motivo más probable. Otra probabilidad es un apócope de “Cocotte” (“mantenida”).

De la mano de uno de sus primeros adinerados amantes partió a París, y así en 1909 se instaló en un pequeño departamento en el Boulevard de Malesherbes donde rápidamente abrió su primera tienda de sombreros, Modas Chanel.

Siempre apoyada económicamente por sus compañeros de cama, unos años más tarde se instaló en localidades que frecuentaban los ricos: Deauville, Normandía, (1913) y Biarritz (1916).

Guiada por su espíritu libertario, Coco no tuvo complicaciones para vincularse con adinerados hombres de la sociedad europea ni con estrellas del cine. Ocultó además celosamente su humilde pasado: mentía sobre sus orígenes y recurría al esnobismo.

Fue el playboy Etienne Balsan (1873-1953) quien la colocó con su tienda de sombreros, pero su vínculo con el amigo de éste, el socialité (personaje social) y jugador de polo inglés Arthur “Boy” Capel, fue lo que posibilitó su despegue. Chanel se enamoró perdidamente de Capel y se escapó con él. Chanel tenía la esperanza de convertirse en su esposa, pero nunca se casó con Capel y éste prefirió casarse por conveniencia con otra mujer de alta alcurnia, si bien mantuvo a Chanel como amante. En 1919 murió en un accidente automovilístico; Coco lloró amargamente la pérdida de su amor y benefactor, quizás el más importante. Ningún otro hombre ocupó su lugar por un tiempo prolongado.

Con el apoyo de Balsan y Capel se había convertido en la gran dama de la moda, y además pretendida por muchos aristócratas. Uno de ellos fue Hugh Grovesnor, Duque de Westminster, que en Monte Carlo le había presentado Vera Bate Lombardi – así como también el Duque de Windsor- del que rechazó una propuesta de matrimonio, pero no sus sábanas. «Ha habido muchas duquesas de Westminster, Chanel hay una sola», fue su explicación. Fueron amantes hasta 1930.

En 1920 instaló en París, en el 21 de la Rue Cambon, su primera Casa Chanel. Su asesora de relaciones públicas entre 1925-1939 y conexión con la nobleza británica fue Vera Bate Lombardi (1885-1948), nacida Sarah Gertrude Arkwright, aparentemente hija ilegítima de Adolfo de Hannover y Rosa Frederica Baring FitzGeorge, sobrina de la Reina Victoria. Se habían conocido en 1915 siendo ambas enfermeras en el American Hospital de Paris gracias al Conde Leon de Laborde.

En 1924 se alió con el empresario Pierre Wertheimer (1888-1965) y su hermano Paul, para promover la creación Chanel Nº5 de Ernst Beaux, quienes aportaron el capital para promocionar el perfume. Los Wertheimer retenían el 70%, Cocó el 10% y Theophile Bader el 20% de las ganancias.

En 1927 se hizo construir la Villa La Pausa en Roquebrune-Cap-Martin en la Riviera francesa por el arquitecto Robert Streitz en terrenos que compró el Duque de Westminster. Su romance con el duque acabó en 1930 pero ella mantuvo la casa hasta 1953. Allí sería amante del diseñador y decorador vasco Paul Iribe (Paul Iribarnegaray) (1883-1935), notable exponente del Art Decó, con quien se comprometió el 27 de noviembre de 1933 pero quien falleció de un infarto en la cancha de tenis de La Pausa.

Se codeó con grandes artistas, escritores y artistas contemporáneos como Ígor Stravinski, el coreógrafo ruso Sergei Diaghilev, George Bernard Shaw y Jean Cocteau. Todos vieron en ella a una de las pioneras del feminismo, dispuesta a romper fórmulas y esquemas. Stravinski se enamoró perdidamente de ella, pero tuvo que conformarse con ser su amigo. Fue él quien le presentó al conde Dimitri de Rusia (Demetrio Románov), con quien tuvo un apasionado romance.

Observadora innata, criticaba la estricta moda que seguían las mujeres (grandes sombreros, cargadas de pieles de animales y flores, corsés y recargados diseños) y desplegó toda su imaginería hasta convertirse en una de las grandes diseñadoras del siglo XX, tan trascendental como Christian Dior y otros grandes que la siguieron. Coco eliminó la moda recargada que imperaba, diseñando prendas muy sencillas, muy cómodas, de líneas rectas, pero con un toque de alta distinción; su moda fue rápidamente adoptada por el encumbrado público parisino. Su frase más célebre fue: «Todo lo que es moda pasa de moda» o «La moda pasa, el estilo permanece». Pese a los años de recesión, en 1931, el magnate hollywoodense Samuel Goldwyn a quien conoció por intermedio del gran duque Demetrio Románov la contrató por un millón de dólares para que vistiera a sus grandes musas del celuloide como Katharine Hepburn, Grace Kelly, Elizabeth Taylor y Gloria Swanson.

Coco marcó la pauta de la moda durante los «locos años 20», pero ni siquiera su pasado como enfermera durante la Primera Guerra Mundial pudo impedir que su reputación cayera por los suelos durante la Segunda, conflicto que la golpeó en todos sus frentes.

En 1939, Chanel cerró sus tiendas y durante la ocupación alemana de Francia vivió en el Hotel Ritz, lugar de residencia de los altos comandos militares nazis, rumoreándose que mantuvo un romance con el jefe de inteligencia nazi, el Barón Hans Günther von Dincklage (1896-1974), quien permitió su estadía en el hotel.

El director de los Perfumes Chanel era Pierre Wertheimer, de origen judío, y su hermano Paul, y Cocó – sin saber que, en 1940, los  Wertheimer habían cedido sus derechos al industrial cristiano Félix Amiot- escribió a las autoridades alemanas en calidad de aria para legalizar los permisos a su nombre el 5 de mayo de 1941 con la excusa que los derechos habían sido “abandonados por sus propietarios”.

En 1943, Chanel recontactó en Roma a su amiga Vera Bate Lombardi (a la sazón miembro de la Casa de Windsor), para reanudar trabajos aunque en realidad era un encubrimiento de la “Operation Modellhut,” un intento de su amante Nazi Walter Schellenberg - alto oficial de las SS y jefe de la Oficina Central de Seguridad del Reich- de establecer contacto con su pariente Winston Churchill. Lombardi desistió y fue arrestada y encarcelada en Roma por la Gestapo. Vera expuso las conexiones de Coco a su primo Churchill y el asunto de los perfumes con Wertheimer. También se sugirió que tuvo relaciones con el capitán de la SS Walter Kutschmann, responsable de la exterminación de judíos a comienzo de la guerra en Polonia y trasladado en 1943 a Paris, donde fue su contacto con la SS.

Coco Chanel fue encarcelada e interrogada por la FFI (Forces française de l’intérieur) pero fue finalmente exonerada y pudo abandonar Paris en 1945, mudándose a Lausana, Suiza, a orillas del Lago Lemán y regresó a Francia recién en 1954.

Según su biógrafo Hal Vaughan, Coco Chanel era ferozmente antisemita. Su prometido, Paul Iribe, lo había sido y solía diferenciar a los «Israélites» como los Rothschild de los peyorativos «youpins». La empresa Chanel refuta toda interpretación y cargos.

Vera Lombardi murió en 1948 en Roma. En ese tiempo, Cocó cedió sus derechos de perfumes a los Wertheimer que recuperaron el poder a cambio de un estipendio de por vida para ella y su amigo von Dincklage.

En 1953, Chanel vendió La Pausa a Wendy y Emery Reves, el agente literario de Sir Wiston Churchill.

En 1954 y con 71 años, reabrió su casa de moda, pero ya otros diseñadores de renombre se habían instalado en su trono. Se mantuvo al frente de la firma con un extraordinario dinamismo y adaptándose a las diversas tendencias que recorrían el mundo. Aun así, logró imponer el clásico toque de sencillez y elegancia que la caracterizaba. Su estilo fue copiado y ella vistió a las divas de la época como Romy Schneider y Jeanne Moreau en la pelicula Les Amants (1958) de Louis Malle, y Delphine Seyrig en El año pasado en Marienbad (1961) de Alain Resnais como también a Maria Callas y Jackie Kennedy, que vestía uno de sus modelos el dia del asesinato de su marido John F. Kennedy.

Pero su vida solitaria, dominada por la artrosis y la morfina, terminó de forma tan impredecible como la vivió. El 10 de enero de 1971, sola en su departamento ubicado en el hotel Ritz, con vista a la Place Vendome, y a los 87 años. Chanel había salido a pasear y cuando volvió al hotel se sentó a ver televisión mientras le preparaban la cena. Con ella estaba su sirvienta personal en el momento de su deceso.

Su cuerpo yace en Lausanne, Suiza, resguardado por cinco leones de piedra. Actualmente la casa de moda Chanel sigue funcionando, dirigida por Karl Lagerfeld.

Aquí, publicación original de este artículo.

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