La historia de una revista, por Alfonso Armada
Los accidentes ocurren. Los sueños no se cumplen. ¿Con cuál de estas dos frases no está de acuerdo?
Yo no sabía que iba a ser periodista, aunque sin falsificar demasiado una biografía que todavía no está escrita y una memoria que no está olvidada, creo recordar que cuando descubrí que no hay paraíso mejor que los libros pensé que tal vez debería buscar un trabajo que me permitiera vivir (pagar el alquiler de una casa sin goteras en la que cupieran miles de libros) que tuviera que ver con las palabras. Y lo menos arduo me pareció el periodismo.
Al principio no me imaginaba viviendo en otro lugar que no fuera Vigo, mi ciudad natal, o al menos mi región natal, Galicia. Pero me fui a estudiar periodismo a Madrid y al cabo de tres años decidí que jamás volvería a vivir en Galicia.
Tuve suerte. Conseguí hacer prácticas en el diario de mis anhelos, El País. No me quedé. Pero me llamaron al cabo de un tiempo… para editar libros en Ediciones El País. Después de dos años le dije al director que quería pasar al diario. Me dijo que me lo había ganado. ¿A dónde quieres ir? A cultura. Siempre, los libros.
Con el tiempo, acabé en la sección de internacional, y porque me dejaba perplejo que apenas habláramos de África acabé convirtiéndome en corresponsal para África. Y lo primero que cubrí fue el genocidio ruandés de 1994. Para lo que nada ni nadie podía haberme preparado. Y ahí –ya van cinco párrafos: ¡qué desperdicio de espacio, y qué falta de respeto a la pirámide invertida!- se puede rastrear el origen remoto de FronteraD.
De mi frustración a la hora de conseguir espacio para escribir acerca de África, y de que muchos viajes se hicieran solo cuando una ONG pagaba el viaje, tomé la decisión de que, si algún día tenía algún poder en un medio dedicaría a África todo el espacio que fuera necesario.
Aquí otro salto mortal. Desde pequeño estaba obsesionado con las antípodas de España, es decir, con Nueva Zelanda. Me enteré de que el príncipe de Asturias iba a viajar a Australia y Nueva Zelanda. Le hablé a la directora adjunta de mi obsesión. Reconocí que yo no cubría la información de la familia real, pero que si nadie iba a hacer ese viaje, a mí me encantaría. Para mi sorpresa, accedió. En el grupo viajaba la hija del editor de ABC. Nos hicimos amigos. Bastante tiempo después, me llamó para ofrecerme la corresponsalía de ABC en Nueva York.
Me quedé lívido. Nunca había soñado ni imaginado: trabajar en Nueva York y para el ABC. Fue difícil la decisión, más por lo que sentía de dejar África –me parecía una suerte de traición, ya que después de cinco años empezaba a saber algo, a tener fuentes en el continente: iba y venía desde Madrid, no vivía en África- que por irme de El País al ABC. Después de un mes de conversaciones con el director acabó reconociendo: “No somos ni el New York Times ni Le Monde para tener una persona dedicada a África”. Capté el mensaje, y me fui. Nunca me arrepentí.
El periódico disponía de un despacho en la tercera planta del cuartel general de la ONU, a un tiro de piedra del Consejo de Seguridad. Allí conocí a Antonio Lafuente, que trabajaba en la delegación de la agencia EFE. Simpatizamos enseguida y dedicamos buena parte de nuestros ratos de asueto y esperas entre sesiones del Consejo y de la Asamblea, briefings diarios y demás avalancha de papeles para hacer lo que suelen hacer los periodistas: criticar el estado de la prensa, en nuestro caso de la prensa española. Devotos de cabeceras como The New York Times o The New Yorker, tomamos la decisión de predicar con el ejemplo.
Hacer lo que hay que hacer. Pensamos en qué soporte encajaría en nuestras pretensiones de seguir el ejemplo trazado por el periodismo anglosajón, especialmente el del New Yorker: buenas historias, largas si el tema lo justificaba, bien escritas, comprobadas y verificadas hasta la saciedad, lejos de partidismos y banderías, que amplíen la visión y el conocimiento del mundo, que estimulen la inteligencia de los lectores, y por supuesto hacerlo con las dos virtudes que seguimos pensando son las que definen al mejor periodismo: humildad y curiosidad. Evitar el autobombo, el narcisismo, la superficialidad.
No fue un camino de rosas. Empezamos a celebrar reuniones con compañeros de profesión que compartían las mismas inquietudes. Hasta que en el año 2005 regresé a la redacción central de ABC en Madrid, empezamos a pensar cómo sería ese semanario con el que soñábamos, porque decidimos que tenía que ser un semanario en papel, pero con una potente versión digital desde el inicio.
Al llegar a Madrid, el equipo de trabajo se amplió, con José Luis Toledano asumiendo el papel de director. Hicimos dos números cero, elaboramos infinidad de planes de negocio, buscamos socios financieros… En una ocasión, cuando ya creíamos que íbamos a contar con un empresario que entendió desde el inicio la combinación entre periodismo necesario y rentabilidad empresarial… tuvo la mala suerte de morirse.
Nos dimos cuenta de que no éramos capaces de atraer inversores a una revista de presupuestos tan ambiciosos como la nuestra. Gracias a familiares y amigos reunimos cerca de 70.000 euros y, tras convencernos de que era imposible aventurarse a hacerla en papel, optamos por lanzarnos a internet. Cometimos infinidad de errores: entre los más llamativos, alquilar un local, comprar ordenadores y un servidor que en realidad (como se acabó por demostrar más pronto que tarde) no eran necesarios. En la nube estaba la respuesta. No fuimos capaces de generar tanta publicidad ni visitas como esperábamos, y acumulamos deudas que nos han tenido con el agua al cuello hasta ayer mismo. El error fue salir justo cuando una feroz crisis económica asomaba sus fauces. Pero nadie pensaba que iba a ser tan profunda y duradera como está siendo. La conclusión positiva es que si logramos sobrevivir en un entorno tan crudo estamos vacunados contra maremotos. Ojalá.
Por la revista han pasado cientos de colaboradores. Muchos siguen colaborando por amor al arte. Porque de momento no hemos sido capaces de generar ingresos suficientes salvo para pagar durante un tiempo a un equipo de redacción mínimo, formado por un editor, un director, una directora de arte, un webmaster y dos becarias. El dinero se lo llevó el gestor de contenidos, el hardware, el alquiler, los sueldos… Ahora hacemos la revista un equipo mínimo formado por este editor, un director de arte (Emilio López-Galiacho) y el webmaster (Jota Palacios) y una pléyade de colaboradores (entre ellos 43 blogueros) que confían en que este proyecto es necesario y en que si perseveramos sin bajar el listón de la calidad y el rigor saldremos finalmente adelante y podremos vivir decentemente de él. Yo lo sigo pensando.
FronteraD es una revista en español, no española, con sede en la nube, con colaboradores esparcidos por todo el mundo. Se actualiza todos los viernes, aunque muchos blogs lo hacen a diario. Entiende que el mundo no es susceptible de ser segmentado en ámbitos como internacional, nacional, local, economía, cultura, etcétera, de ahí que hayamos optado por unas secciones que Google no entiende: brújula (agenda cultural internacional), mientras tanto (blogs), acordeón (periodismo de precisión, con tres subsecciones: reportaje, ensayo y acentos), arpa (vidas y relatos, subdividida en perfiles, cuéntame y cómic), universo elegante (ciencia y tecnología: fronteras de la ciencia, salud y vida digital), sociedad del espectáculo (un claro homenaje a Guy Debord y la Internacional Situacionista, subtitulada crítica de arte y pensamiento, que incluye arte, letras, escenarios y pantallas), además de la hemeroteca, donde sigue viva toda el ingente material que hemos ido volcando en estos casi dos años de actividad periodística ininterrumpida.
Intentamos que todos nuestros materiales sean inéditos, aunque a veces republicamos reportajes de revistas amigas en América Latina, o, bajo el epígrafe Maestros del periodismo, artículos clásicos de la historia del periodismo.
Aspiramos a ampliar el conocimiento del mundo, ayudar a descifrar un momento político, económico y social especialmente arduo. Huimos del sensacionalismo y del partidismo. No podemos evitar que se nos vea el plumero español, porque quienes hicimos realidad el sueño de FronteraD lo somos, pero es la única publicación española en la que publican periodistas de todo el espectro ideológico. Tenemos colaboradores de La Vanguardia, El Periódico, El País, ABC, El Mundo, La Razón, La Gaceta de los Negocios y muchos otros, y buena parte de nuestros colaboradores son periodistas latinoamericanos. Después de España, donde más nos leen es en Estados Unidos y en toda América Latina, seguidos de Europa y Asia. África sigue muy alta en mis prioridades (tenemos dos blogs africanos: uno de Guinea Ecuatorial –alimentado por Juan Tomás Ávila Laurel, uno de los más brillantes y corajudos escritores de la ex colonia española- y otro en Burkina Faso), y con relativa frecuencia publicamos reportajes dedicados a África, aunque todavía no con la intensidad y profundidad que me gustaría.
Esperamos que FronteraD se convierta en una empresa mínimamente rentable de aquí al año 2015. Estamos a punto de elaborar una versión para todo tipo de tabletas y teléfonos inteligentes, y estamos estudiando la posibilidad de editar una revista en papel cada tres o cuatro meses, porque hemos comprobado que hay publicidad que sigue reclamando el papel, y lectores que quieren leer nuestros extensos reportajes en papel. Creemos que ambas fórmulas pueden ser compatibles. También esperamos sacar versiones en inglés y chino de aquí a dos años.
Somos ambiciosos, pero humildes. No queremos enriquecernos haciendo periodismo. Los objetivos empresariales inmediatos son liquidar las deudas con los ingresos publicitarios que van llegando y empezar a pagar modestamente las colaboraciones en cuanto sea posible. Queda mucho por hacer, pero estamos convencidos de que FronteraD tiene mucho que decir, y sobre todo aprovechar las ventajas de internet y de los nuevos dispositivos móviles para elaborar y presentar informaciones mucho más ricas y elocuentes de un mundo que sí tiene sentido. Queremos desmentir la sospecha que detectó Kapuscinski. Según el reportero polaco –que se tomó libertades que en FronteraD no estamos dispuestos a tomar: la linde entre la ficción y la no ficción es infranqueable-, “los medios han difundido la consigna de que la lucha no da resultados”. Nosotros pensamos todo lo contrario. Sin ser militantes, creemos que es posible explicar con buena prosa y de forma apasionante en qué consiste nuestro mundo, de dónde venimos y adónde vamos. O por lo menos a disfrutar mientras lo averiguamos.
Madrid, 1 de septiembre, 2011
***
Alfonso Armada, fundador y editor de FronteraD, cubrió el cerco de Sarajevo y fue corresponsal para África de El País, y corresponsal en Nueva York y reportero del ABC, donde es adjunto al director y director del máster de periodismo. Sus últimos libros son: Nueva York, el deseo y la quimera (2006), El silencio de Dios y otras metáforas (con Gonzalo Sánchez-Terán, 2008) y El sueño americano, Cuaderno de viaje a la elección de Obama (2009), además de los poemarios Los temporales (2002) y TSC. Diario da noite (2009).



MIGUEL ANGEL
8 mess atrás
la verdad es que me gustaria colaborar , ayudaros ,… como podemos hacer
un gran abrazo
miguel