Para aquellos que se sienten confundidos por las noticias que salen de Libia, he aquí unas pocas cosas para tener en cuenta, captadas durante la observación del conflicto en los últimos siete meses.
1. Presuponga que nada es lo que parece.
Cuando los rebeldes entraron, virtualmente sin oposición, en Trípoli, se informó que el hijo y heredero aparente de Gadafi, Seif al-Islam, había sido arrestado. Un día después, descubrimos que esto era falso: no sólo no lo estaba, sino que se movía por la capital supuestamente liberada, exhibiendo abiertamente su libertad y burlándose de los rebeldes, diciendo que habían sido atraídos a una trampa. Su padre, mientras tanto, no aparecía por ningún lado y alrededor de la ciudad sus fuerzas resurgían y volvían al combate –aún si, al día siguiente, los rebeldes entraban en su complejo. Súbitamente, el final de juego para Gadafi había adquirido un posfacio, y parecía que él lo estaba escribiendo.
¿Cómo era posible? Siguiente regla:
2. Gadafi es un zorro del desierto.
En sus cuarenta y dos años en el poder, Muammar Gadafi se ha presentado como muchas cosas ante mucha gente: como un libertador socialista de estilo propio, como el visionario beduino consumado del Norte de África; aún como el extravagante, proto-rey de África en túnica. Para muchos, en Libia y en el mundo, Gadafi es un sabio y un bufón, y su largo gobierno y sus intromisiones globales fueron posibles por el dinero del petróleo y una pandilla brutal de vigilantes pagos. Hay algo de verdad en todas estas afirmaciones. Pero, más que ninguna otra cosa, Gadafi es primera y principalmente un sobreviviente diabólicamente astuto, que, cuando el soborno y la cooptación no fueron posibles, burló a sus enemigos una y otra vez usando el engaño y la traición. Estas son sus características más distintivas en el campo de batalla, y han estado presentes durante estos últimos meses de guerra.
A mitad de marzo, después de dos semanas de ganancias rápidas en camino hacia la capital rebelde provisional, Benghazi, y en la víspera misma de una acción militar con la que amenazaban las fuerzas de la OTAN, Gadafi declaró un cese unilateral de la actividad militar. Apareció en la TV libia para decir cuánto amaba al pueblo de Benghazi y quería hacer cosas por ellos; cómo, esencialmente, todo lo que quería era paz y amor. Al mismo tiempo, según resultó, estaba moviendo sus columnas blindadas en las sombras con rapidez para atacar Benghazi. En la madrugada siguiente, éstas habían penetrado los bordes occidentales de la ciudad, tomando a los rebeldes completamente por sorpresa; siguió una sangrienta, pero afortunadamente corta, batalla. Las fuerzas de Gadafi fueron obligadas a retroceder y los aviones y misiles de la OTAN finalmente entraron en acción, salvando a Benghazi, a sus rebeldes y, en última instancia, a la revuelta libia, en el último minuto. Pero sus tácticas ilustran la siguiente regla.
3. La confusión es el ambiente ideal para Gadafi.
El modo en que los rebeldes se precipitaron sobre Trípoli el otro día, felices por la falta de oposición armada, fue un comportamiento típicamente amateur. En marzo y abril, con el conflicto en marcha, los rebeldes se sobreextendieron una y otra vez, avanzando hasta ciudades orientales de Libia y aparentemente “espantando” a las fuerzas de Gadafi en retroceso, solo para detenerse sobre sus pasos y ser desangrados por tropas del gobierno que invariablemente aparecían —como parecen haber hecho en Trípoli—“de la nada”. Y, sin embargo, la aparente desorientación total de los rebeldes, en esta coyuntura decisiva, fue sorprendente y puso de relieve serias y persistentes deficiencias de liderazgo y comando que la guerra área a control remoto de la OTAN y el puñado de equipos de fuerzas especiales encubiertas sobre el terreno (francesas, británicas y cataríes, supuestamente), claramente, no han sido capaces de superar. En el campo de batalla, el conocimiento del propio enemigo es clave, y Gadafi conoce bien el corazón y la mente del pueblo libio, y también su temperamento, y se ha mostrado capaz de explotar este conocimiento para sacar ventaja de las oportunidades provistas por la irresponsabilidad de los rebeldes en sembrar más confusión entre sus filas. Bien puede todavía perder, pero, en este momento, en Trípoli, reina la confusión y ello da a Gadafi, no a la OTAN (sus aviones no pueden bombardear fácilmente una ciudad poblada) ni a los rebeldes, una ventaja clave.
4. Que la Teoría del Caos sea su guía.
Si manejar el caos es una de las grandes fortalezas de Gadafi, también es, aparentemente, un aspecto inequívoco de la vida en Libia: se puede confiar en que aparezca y, en última instancia, da forma a la atmósfera del campo de batalla. Es, en términos de Rumsfeld, el Conocido Desconocido. Puesto en términos más prácticos, se puede confiar en que el caos se desate cada vez, por ejemplo, que los rebeldes parecen ganar algo en el campo de batalla. Inevitablemente, comenzarán a disparar sus armas al aire y a bailar y a cantar, sin importar la posibilidad de que su enemigo esté esperando, escondido, listo para abrir fuego y contraatacar. En este aspecto, su reacción pertenece a una tradición libia de actuación como una parte clave de la guerra: rememora el tiempo en que los guerreros beduinos, armados sólo con espadas o quizás mosquetes, cargaban contra sus enemigos a través de la llanura del desierto, los dispersaban y declaraban “victoria” allí mismo.
5. Los rebeles todavía tienen que aprender cómo escribir sus propias reglas.
Todavía siguen el juego de Gadafi. La falta de liderazgo entre los rebeldes es un problema en muchos sentidos —no hay una figura verdaderamente carismática de su lado.
Donde quiera que hubiera uno, Gadafi encontraba una forma de socavarlo —como con Fatah Younis, su ex ministro del Interior, que desertó y fue, en última instancia, asesinado por otros rebeldes (Gadafi sembró la confusión al exhibir una filmación sin fecha de ambos en televisión, por ejemplo). Aún si logra, como parece probable, tomar control de Libia con la ayuda de la OTAN, se debería dudar –no importa cuáles sean las propias esperanzas– de si lograrán concertar un gobierno unificado para este castigado país. Gadafi no solo ha configurado el campo de batalla: ha moldeado el paisaje humano de Libia durante cuarenta años.



Cinco reglas básicas para entender Libia, por Jon Lee Anderson | La mula
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