HOMS, Syria — Cuanto más estrechas las calles de esta ciudad –un caldero de
revuelta y resistencia contra cuatro décadas de gobierno de la familia Assad–, más audaces se vuelven los graffiti. Están pintados en paredes, tachos de basura, cabinas telefónicas, puertas e incluso troncos de árboles, en tanto la ciudad, por largo tiempo quieta, declara estos días que ya no lo estará.
“No nos arrodillamos ante nadie, excepto Dios”, declara un eslogan.
Los sentimientos tienen su eco en las calles, más extraordinariamente, quizás, por el simple hecho de que nadie –ni los jóvenes que filman, ni los padres que aguardan por un vislumbre de desafío ni las abuelas que cantan desde sus balcones—parece dispuesto a abandonar.
“Siria quiere libertad”, dice el cántico.
El levantamiento de Siria ha entrado en su sexto mes, mientras los manifestantes desafían una represión en aumento que ha matado a cientos este mes en ciudades como Hama, Deir al-Zour y, ahora, Latakia. Las condenas internacionales han ido creciendo, aun cuando los diplomáticos reconocen cierta falta de herramientas para influir en el resultado del levantamiento. Pero la vida cotidiana en Homs subraya el grado en el que aquel ha transformado esta, en un país alguna vez destacado por su escasez de política.
Disenso y desafío en Homs, dicen sus residentes, se han vuelto parte del entretejido de la ciudad, indicando al gobierno que, sin importar cuán feroz sea la represión, enfrentará una oposición resistente en el futuro previsible.
Cada noche, en Homs, la batalla comienza de nuevo.
En un domingo reciente, 200 manifestantes marcharon frente al Hotel Safir, el más famoso de la ciudad, portando carteles que pedían la caída del gobierno y expresando solidaridad con Hama, una ciudad al norte que fue tomada el 31 de julio.
Los manifestantes caminaban lentamente, liderados por los cantos de un hombre cuya cara estaba escondida detrás de un pañuelo. “Hama, estamos contigo hasta la muerte”, gritaban, y unos pocos filmaban a la multitud desde atrás con sus celulares.
Los autos conducían sin prisa detrás de la protesta, con las luces apagadas, de modo de ocultar la identidad de los manifestantes. A medida que pasaban, las mujeres en los balcones saludaban, gritando: “¡Dios es grande!”.
“No estamos preocupados por la seguridad”, dijo uno de los manifestantes.
“Terminaremos, de todos modos, en media hora”. Dado que era una manifestación chica, dijo, ya se habrían dispersado para cuando llegasen los autobuses con los agentes de las fuerzas de seguridad. Los manifestantes tenían vigías cerca de las estaciones de policía que enviaban señales cuando los autobuses partían. El principal propósito de la protesta era simbólico, explicó: querían subir nuevos videos a YouTube.
Cuando la marcha concluía, se oyó un tiroteo distante. Los vecinos, en sus casas, esforzaron los oídos por las ventanas, tratando de adivinar la dirección de la que provenía el sonido. Meses atrás, un tiroteo en la calle hubiera sembrado el pánico. Ahora, a menudo provoca sólo curiosidad.
“Nos acostumbramos”, explicó Umm Khaled, un constructor de 53 años.
Al día siguiente, cuando comenzó Ramadan, las calles estaban quietas, como en un estado de anticipación. “Cuando caiga el sol, sé que se desatará un infierno”, dijo Umm Fares, abuela de tres nietos, mientras conducía a su familia a un supermercado cercano. En la tienda, intercambió saludos relativos al el comienzo del mes santo, en el que los musulmanes observantes ayunan de la madrugada al oscurecer. Es, tradicionalmente, un tiempo pío y de fiesta, pero, más allá de los deseos de Ramadan que ella y otros se intercambian, el levantamiento dominaba la mayoría de las conversaciones.
“¿Dormiste anoche?”, preguntó uno.
“Entonces, ¿qué tan fuerte fue por tu casa la otra noche?”, inquiría otro.
Cerca, había un papel pegado al nombre de la calle. “Calle Mártir Adnan al-Farra”, decía, conmemorando a un joven muerto en el levantamiento. Diez bloques más allá, en la pared de una escuela, había otro papel: “Esta es la calle del Mártir Hani al-Jundi”. La historia era la misma en todas partes de Homs, donde cientos han muerto. Los manifestantes han rebautizado las calles donde los caídos vivieron, pintando sus nombres sobre edificios, paredes y carteles.
Mientras el Sol se ponía, unas pocas tiendas todavía abiertas comenzaron a cerrar. La gente rompió el ayuno con la comida conocida como iftar; luego, muchos se dirigieron a las plegarias nocturnas. Una horas más tarde, los cánticos podían oírse en dirección a la Mezquita Omar bin al-Khattab Mosque, un sitio de referencia en la ciudad de piedra blanca.
“Somos millones de mártires que se dirigen al cielo”, cantaban juntos mientras marchaban por la calle Al-Malaab al-Baladi, “¿Qué están esperando?”, les preguntó. “¿No quieren unirse? ¡No hay nada más en su casa excepto ustedes!”. Los muchachos corrieron a la protesta y más automóviles se dirigieron en su dirección.
Media hora más tarde, sonaron los silbatos, alertando que se acercaban las fuerzas de segurdad. Lo mismo hicieron las bocinas de los automóviles. “¡Seguridad!”, gritaron unos jóvenes. Mientras se oían tiros, un hombre corría por la calle, cantando.
“Dios es grande”, replicaban las mujeres desde sus balcones.
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Minivans y autobuses aceleraron en dirección a la protesta, seguidos por automóviles y taxis. Cuando se desató el tiroteo, más hombres se unieron a la protesta. Los automóviles bloquearon los caminos que llevaban hasta allí, tratando de evitar que los autobuses de las fuerzas de seguridad lograran pasar. Las bocinas sonaban sin parar y los automóviles se amontonaban en las calles a oscuras. Se oían más disparos a la distancia, pero los manifestantes se quedaron. A pocas calles, algunos de ellos tiraban ladrillos y piedras, y las fuerzas de seguridad respondían con munición.
“Empezaron a usar gas lacrimógeno”, indicó Basel, un vecino de 65 años que jadeaba mientras él y otros huían, finalmente, de regreso a sus casas. El tiroteo duró una hora; luego, las calles se vaciaron. Los tachos de basura estaban dados vuelta. Las ventanas de los automóviles estaban rotas y las persianas de las casas, cerradas.
A la mañana siguiente, había dos anuncios de fallecimientos: uno por Ahmad al-Fakhoury y otro por Adnan Abdul Dayem. “Recibió un tiro en la cabeza anoche”, susurró un empleado de la Cruz Roja a un voluntario, en alusión a Fakhoury. En las paredes del edificio alguien había escrito en grandes letras de imprenta: “Calle Mártir Adnan Abdul Dayem”. Gente de luto se reunió en la casa de Abdul Dayem con su madre, quien se hallaba sentada y en calma.
“Era su único hijo”, apuntó una mujer. “Que Dios esté con ella”.
“Dios le da paciencia”, dijo otra mujer.
A la dura luz del nuevo día, la solidaridad de la noche anterior cedía el sito a las sospechas que todavía corren por Homs. Una mujer comenzó a tomar fotografías del anuncio del fallecimiento con su teléfono celular. Otras tres mujeres se le acercaron: ¿lo suyo era un gesto de simpatía o vigilancia?
“Tomo una fotografía para recordar siempre cómo murió”, les explicó la mujer.
“¿Quién dijo que vamos a olvidar?”, replicó una de las otras dos.
Aquí, versión original de este artículo, en inglés.
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Homs (árabe:حمص, Ḥimṣ) es una ciudad de 1.033.000 habitantes, capital de la gobernación de Homs, localizada al oeste de Siria.Ciudad industrial situada junto al río Orontes, 140 km al norte de Damasco, que es también un importante centro carretero y ferroviario. Las industrias de la ciudad comprenden refinamiento de petróleo, procesamiento de remolacha azucarera, textiles, joyería y obras metalúrgicas. En tiempos antiguos Homs (entonces llamada Emesa) fue famosa por el culto al dios Baal; aquí nació el Emperador romano Heliogábalo en el 204 d. C. La Iglesia de San Elian conmemora a un gobernador romano de Emesa que llegó a ser mártir cristiano. Actualmente hay numerosas iglesias para la comunidad cristiana, y en 1957 se descubrieron varias catacumbas (antiguas cámaras mortuorias subterráneas de los cristianos). El monumento más interesante de la ciudad es la tumba de Khaled Ibn Al-Walid, el guerrero que introdujo la religión islámica en Siria en 636 d. C.



August 20th, 2011 → 2:29 pm @ elpuercoespín
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