Ni Facebook ni Twitter: el motín de Londres fue organizado por Blackberry

August 9th, 20115:29 pm @

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(…) Pese a un incremento en la cantidad de guardias antimotines, muchos de ellos enviados de prisa a Londres desde todo el país, bandas de jóvenes encapuchados parecían sobrepasar a la Policía por tercer noche consecutiva.

Comunicándose por mensajes instantáneos de BlackBerry que la policía se ha esforzado por controlar, así como por redes sociales como Facebook y Twitter, añadían nuevas zonas a las ya devoradas por el caos. Unían su manejo de la tecnología digital con la habilidad para correr entre los atascos del tráfico de Londres en bicicletas y ciclomotores, en escuadras voladoras que saltaban de un punto a otro en los distritos de Hackney, Lewisham, Clapham, Peckham, Croydon, Woolwich e incluso, tarde en la noche del lunes 8 de agosto de 2011, brotes menores en el barrio mayoritariamente de clase media alta de Notting Hill y el vecino Camden.

El caos también se extendió, por primera vez, fuera de Londres: a la ciudad de Birmingham, 110 millas al noroeste de la capital, así como a Manchester y Liverpool. La Policía informó que al menos 200 jóvenes encapuchados  se congregaron cerca de un shopping center en el medio de Birmingham, destrozaron vidrieras y ventanillas de automóviles, aterrorizaron a pasajeros de autobuses y saquearon tiendas. La Policía indicó que ha establecido un cordón de media milla alrededor de la ciudad y ha arrestado al menos a nueve personas, incluyendo a algunos menores de 18 años.

En Londres, Ms. May, la secretaria de Seguridad nacional, indicó que hubo más de 200 arrestos antes del anochecer, y el número parece haber crecido drásticamente a medida que los disturbios hacían metástasis en horas de la noche, diseminándose ampliamente de norte a sur a una distancia de unas 15 millas a cada lado del Támesis.

Nada remotamente como esto se había visto en Londres desde 1985, cuando otra erupción tuvo lugar, principalmente entre jóvenes negros, y llevó a violentas batallas con la Policía. Conocido como los motines de la Broadwater Farm por el monoblock donde comenzó, el levantamiento ocurrió en el distrito de Tottenham, donde también comenzó el actual el sábado pasado. Aquella creció de una protesta fuera de una estación de policía por la muerte, la semana pasada, de Mark Duggan, de 29 años, que vivía en el monoblock, a manos de la policía.

Esta vez, cientos de jóvenes con las caras cubiertas con  bufandas o mascaras de esquí cometieron saqueos, atacaron a oficiales de Policía con palos, bombas de gasolina, botellas rotas, piezas de mampostería e incluso carritos de supermercado; y prendieron fuego a vehículos policiales, autos privados,  tachos de basura y edificios.

Algunos grandes edificios ardían en la noche, mientras los helicópteros de la Policía y las cadenas de televisión volaban en círculos sobre ellos. Se vio a algunos de los alzados utilizar BlackBerrys mientras escapaban de los cordones policiales, deslizándose por las calles y abriendo nuevos frentes de batalla. Cientos de oficiales de Policía los seguían de un enfrentamiento a otro (…)

Aquí, versión completa, en inglés, de este artículo.

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En octubre de 1985, en la propiedad Broadwater Farm en Tottenham, donde la muerte de Cynthia Jarrett desató motines que culminaron en el asesinato brutal del PC Keith Blakelock, un líder comunitario se paró en su silla en una asamblea multitudinaria al aire libre.

El hombre aulló por megáfono a los 150 residentes que tenía enfrente: “Díganles que es una vida por otra a partir de ahora. Estamos en guerra”.

Entre gritos y celebraciones de los residentes, se volvió hacia el montón de policías parados a 50 yardas y les advirtió: “Espero que estén escuchando. De ningún modo voy a condenar las acciones de los jóvenes del sábado por la noche”.

Veintiséis años más tarde, los policías todavía están escuchando –pero los megáfonos y las asambleas públicas han sido remplazadas hace tiempo. Los motines de este fin de semana en el norte de Londres, anunció el Daily Mail el lunes, fueron “instigados por las redes sociales”.

¿Pero es realmente así?

Ciertamente, la primera convocatoria online de gente de duelo –y pronto juramentada a vengarse—por la muerte del vecino de Tottenham Mark Duggan tuvo lugar en Facebook. Algunos de los que organizan la página, que ahora ostenta más de 7.500 seguidores, se lanzaron a la acción poco después de las 10.30 pm del sábado –más de cinco horas después de la primera manifestación pública de protesta fuera de la estación de Policía en Tottenham High Road.

A las 10.45 pm, cuando los amotinados prendieron fuego a un autobús de dos pisos, la página posteó: “Por favor, suban cualquier foto o video que tengan de anoche en Tottenham. Compártanlo con la gente para enviar el mensaje de por qué esto se ha convertido en un motín”.

Sin embargo, si hubo alguna señal de que una protesta pacífica escalaría, no se encontraba en Facebook. Twitter fue levemente más indicativo: tweets acerca de un intento de dirigirse contra el Sunday’s Hackney Carnival fueron advertidos por la Policía y el evento fue abruptamente cancelado.

Scotland Yard advirtió el lunes 8 de agosto de 2011 por la tarde que aquellos que “incitaban a la violencia” en la red social de 140 caracteres no quedarían sin castigo. El sub-asistente del comisionado, Stephen Kavanagh, confirmó que los policías miraban el sitio como parte de las investigaciones sobre el saqueo y el motín.

Sin embargo, la convocatoria más poderosa y actualizada al minuto parece haber tenido lugar en una red social más encubierta: el BlackBerry Messenger (BBM).

Usando aparatos BlackBerry –el smartphone elegido por la mayoría (37%) de los adolescentes británicos, de acuerdo con el Ofcom study de la última semana– BBM permite a los usuarios enviar mensajes a muchos destinatarios de la propia red de contactos, que están conectados por PINs (números de código) BBM. Para muchos adolescentes armados con una BlackBerry, BBM ha reemplazado los mensajes de texto porque es gratis, instantáneo y parte de una comunidad mucho más grande que la de los mensajes de texto SMS.

Y, a diferencia de Twitter o Facebook, muchos mensajes BBM son imposibles de rastrear por las autoridades (razón por la cual, en gran medida, BBM es preferida por los adolescentes de los emiratos para diseminar chismes ilegales sobre el poder).

Una transmisión de BBM enviada el domingo, que ha sido mostrada a The Guardian por múltiples fuentes, llamaba a “todo el mundo de todas partes de Londres” a atacar las tiendas de Oxford Street.

Decía: “Todo el mundo de todas partes de Londres encontrarse en el corazón de Londres (central) OXFORD CIRCUS!!, TIENDAS descubiertas van a ser destrozadas asi que vengan a conseguir algo (¡¡mercadería libre!!) ¡A la mierda los federales los mandaremos de vuelta con NUESTRO motín! >:O Dead the ends y Guerra de razas ahora así que si ves a un hermano… ¡SALUDA! Si ves a un federal.. ¡DISPARA!”

Otro, enviado poco antes del estallido de la violencia en Enfield el domingo a la tarde decía: “¡Todo el mundo en Edmonton Enfield Wood Green en cualquier parte del norte unirse en la estación de enfield a las 4 en punto!”.

Jenny Jones, la ex vicealcalde de Londres, culpó a la insuficiencia de recursos de la policía de que ésta no hubiera monitoreado tweets y actualizaciones de estado (de Facebook). “Es bastante posible que si hubieran tenido más recursos podrían haber cogido esto a tiempo”, dijo.

Pero quizás estaban mirando en el lugar equivocado. Así como los residentes de Tottenham en 1985 cargaron contra los medios por difundir miedo entre los manifestantes –el Daily Express sugirió que algunos habían sido entrenados en Rusia–, los amotinados de hoy podrían sorprenderse al leer acerca de un “caos organizado por Twitter”.

Aquí, versión original de este artículo, en inglés.

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(…) El lunes, los expertos dijeron que la exclusión social y la ruptura de la ley y el orden acicatearon a los saqueadores para olvidar las normas sociales.

“Mucha de la gente involucrada probablemente viene de zonas de alto desempleo y bajos ingresos, y muchas, si no la mayoría, no tienen un gran futuro legítimo”, afirmó el criminólogo y experto en cultura juvenil, profesor John Pitts.

A diferencia de la mayoría de la gente, algunos de los saqueadores no tienen expectativa alguna en el conformismo, dijo. “Las cosas que normalmente restringen a la gente no están. Buena parte de esto fue oportunismo, pero en el medio hay una cuestión social que debe plantearse respecto de jóvenes que no tienen nada que perder”.

En muchas de las filmaciones de los robos después de los motines, los saqueadores pueden ser vistos tomando descaradamente la mercancía que desean, algunos sin siquiera la precaución de cubrir sus caras. En un video filmado temprano en la mañana del domingo en Wood Green, se veía a gente que se iba de H&M con una carga de mercadería, mientras otros se hallaban parados en JD Sports, aparentemente esperando su turno.

Un vecino del norte de Londres, que quiso ser identificado sólo como Tiel, relató una conversación: “Escuché a dos chicas que discutían sobre cuál tienda robar luego. ‘¿Vamos a Boots? No, Body Shop. Vamos a Body Shop después de que esté muerto (es decir vacío)’”. La chica salió de Boots “tranquilamente, como si hubiera hecho sus compras de la semana”, añadió. Contó de otros que agarraban ropa en las ventanas rotas de H&M. “Estaban tan despreocupados por lo que hacían…”

En Wood Green, unos 100 jóvenes atacaron tiendas, incluyendo electrónicas y cadenas de ropa como H&M. “Tengo montones de G-Star”, dijo uno, saliendo de una tienda de ropa. Otros fueron vistos con valijas llenas de mercancías robadas, y, temprano el domingo, los jardines de la zona residencial fueron utilizados para revisar e intercambiar el botín.

También ha surgido evidencia de que algunos saqueadores intentan vender la mercancía robada. En Tottenham, un joven de 20 años que se rehusó a dar su nombre, dijo que había oído a saqueadores tratando de librarse del botín tan pronto como les fuera posible (…)

Los saqueadores encontraron vías para justificar sus acciones, añadió Pitts. “Sienten que pueden racionalizarlo atacando a las grandes corporaciones. Hay la idea de que las compañías tienen montañas de dinero, mientras que ellos tienen muy poco”. Combinado con una falta de intervención de la Policía y una creciente ausencia de la ley, la combinación fue explosiva: “(Los saqueadores) ven rápidamente que la Policía no puede controlar la situación, lo que lleva a una suerte de euforia adrenalínica –súbitamente tenés el poder y no hay nada que nadie pueda hacer”.

Una generación alimentada con una dieta de consumismo excesivo y bombardeada por la publicidad se ha desatado, prosiguió. “Mientras que solíamos definirnos por lo que hacíamos, ahora nos definimos por lo que compramos. Estas grandes tiendas están en el negocio de tentar (al consumidor) y súbitamente esta gente descubre que puede simplemente entrar a la tienda y tenerlo todo” (…)

Paul Bagguley, un sociólogo de la University of Leeds, indicó que el saqueo fue una característica común de la mayoría de los motines, pero una mezcla de razones prácticas podría haber aumentado su dimensión. El desempleo en alza fue importante, no sólo como catalizador del descontento, sino porque significa que más gente estaba desocupada en las calles, lo que lleva a una “disponibilidad biográfica”. “Es un argumento sencillo, pero poderoso. Gente sin trabajo tiene más posibilidad de perder el tiempo en la calle. También hay mercancías de consumo más deseables y transportables para robar que nunca antes”.

El saqueo era visto como una actividad menos riesgosa que el motín. “El saqueo tiende a involucrar una más vasta variedad de gente –niños, mujeres, ancianos–, porque no involucra violencia física. Los motines permiten a la gente perder sus inhibiciones, les da la libertad de hacer cosas que no harían normalmente”.

Aquí, versión completa de este artículo, en inglés. 

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