The Guardian informa que Rupert Murdoch pronunció la sentencia de muerte a la era de los barones de los medios, comparó a los actuales pioneros de Internet con exploradores como Cristobal Colón y John Cabot y dio la bienvenida a una “segunda era de grandes descubrimientos”.
El magnate de News Corp (..) confió a miembros de uno de los pocos clubes a los que pertenece –el Worshipful Company of Stationers and Newspaper Makers (Compañía de Productores de Papelería y Editores de Diarios)—que bien puede ser uno de los últimos ejemplares de una raza en extinción. “El poder se está alejando de la vieja élite de nuestra industria: de los editores, los ejecutivos en jefe, y, aceptémoslo, los propietarios”, dijo Murdoch (…)
Lejos de lamentar esta muerte, evangelizó sobre un futuro digital que pondrá el poder en manos de los que hoy lanzan un blog por segundo, comparten fotos y música online y descargan programas de TV. “Ha surgido una nueva generación de consumidores de medios, que demanda contenido entregado cuando lo quiere, como lo quiere y en la cantidad que quiere,” dijo.
(19 de marzo de 2006)
Texto original, en inglés, aquí.
***
Los barones de la prensa solían ocupar un lugar especial en la elite de los poderosos. Otros capitanes de la industria se veían obligados a adularlos por su control de la información –o porque querían hacerse los amigos para acceder a la celebridad. Eran, como dijo alguna vez el actual CEO de Time Warner, Jeff Bewkes, “personalidades poderosas que creaban estrellas que alimentaban su poder”.
Pero esos días se acabaron hace rato. Como dejan en evidencia los rankings de poderosos del sitio Mogulite, la economía de información y entretenimiento digital ha castrado a los viejos medios.
Sólo un lider de una compañía de los viejos medios -Rupert Murdoch, de News Corp- aparece en la lista de los 50 magnates más influyentes. Su ubicación en el puesto número 9 es testimonio de su asombrosa -o desagradable, según tu punto de vista- capacidad para influenciar a los políticos mediante sus medios. Buena parte de su ubicación en el ranking se debe a que la gente no se cansa nunca de él. Es el Howard Stern de los magnates de los medios: sus defensores adoran hablar sobre él, sus detractores adoran hablar sobre él aún más.
Después de Murdoch, sin embargo, sólo hay seis jefes de empresas de medios en el top 100: Howard Stringer (número 55), Oprah Winfrey (65), S.I. Newhouse (74), Sumner Redstone (80), Martha Stewart (91), and Bob Iger (97). Silvio Berlusconi y Michael Bloomberg ocupan los puestos 17 y 24, respectivamente, pero se debe a sus posiciones políticas más que a su papel como figuras de los medios.
El hecho de que Iger, que reina sobre la compañía de medios más grande del mundo según su valor de mercado como CEO de Disney, apenas aparece en la lista de los top 100, dice más sobre la impotencia que sobre el poder los viejos medios. (…)
Entonces, ¿qué puede hacer estos magnates de los medios para volver a pavonearse? En verdad, no mucho. La innovación, tanto tecnológica como creativa, los dejó atrás hace rato. Los chicos que se gradúan de la universidad ya no aspiran a trabajar para Disney o NBC. Quieren trabajar en Facebook o Zynga o lanzar su propia productora o hacer sus propios programas de TV y subirlos a YouTube o venderlos por Netflix. La “desagregación” mató al viejo magnate de los medios. Lo más que pueden ambicionar ahora es mantener su relevancia hasta que llegue el momento de retirarse y pasarle los problemas de los viejos medios a algún otro.
(Abril de 2001)
Texto original, en inglés, aquí.
***
(…) Los magnates de los medios –los magnates del periodismo, en cualquier caso- necesitan dos tipos de habilidades. Tienen que ser capaces de elegir y almacenar material del mundo de tal manera de darle orden y un sentido narrativo. También tienen que forjar, con creatividad, astucia y fuerza, un conjunto de acuerdos con clientes, competidores, gobiernos, avisadores y redes de distribución que puedan generar mucho dinero. Incluso en una era de focus groups e investigaciones de mercado, cualquier publicación que atraiga a una audiencia tiene que tener una personalidad.
Esto significa que tiene que llevar la imagen de una persona de verdad (esa persona no tiene que ser glamorosa o estar a la moda; él o ella sólo tiene que tener sensibilidad, fuerza y cabeza empresaria, como DeWitt Wallace, del Reader’s Digest, o Michael Bloomberg). A menudo la personalidad queda, preservada por los sucesores, cuando el magnate se ha ido. (…)
Por supuesto, políticos y barones de la prensa tienen mucho en común. Ellos construyen una entidad representando la realidad de una determinada manera, y tratan todo el tiempo de sacar ventaja. La mayoría de los magnates mediáticos, según han levantado sus imperios, han tratado de ejercer el poder político. A veces, han buscado influencia política para ayudarse económicamente a sí mismos (…) y a veces buscaron expandir sus negocios para tener más poder político, como Henry Luce, de Time Inc, quien fue tal vez el magnate de los medios más influyente políticamente en la historia de Estados Unidos. Incluso los editores que se piensan a sí mismos como depositarios de la “confianza pública” no están totalmente desinteresados del poder político (…).
Con todo, los dueños de los imperios mediáticos apenas tienen acceso directo a los poderes del Estado. De hecho, todas las cualidades que los hacen parecer amenazantes en vida, y notablemente más cuando están muertos, contribuyen a su habilidad para constituir un genuino Cuarto Poder. Un magnate mediático hambriento de poder es una fuerza social independiente, más independiente, por supuesto cuando los políticos que no les gustan están en el poder. Eso debería contar. Y si en el tire y afloje, conseguimos noticias o entretenimientos, o que nos suba la presión por estar furiosos, es un beneficio adicional. (…)
Texto original, aquí.
***
Al nombrar a [Rupert ] Murdoch, vienen a la cabeza figuras como William Randolph Hearst o Joseph Pulitzer. Y, en cierto modo, Murdoch, de 80 años, algo tiene que ver con los magnates de la prensa de otros tiempos.
“Una de las cosas que hacen único a Murdoch como magnate es que le gustan los periódicos. En cierto sentido es un propietario de diarios de la vieja escuela, un defensor de la libertad de prensa, sobre todo para los propietarios de la prensa”, afirmó a la BBC Michael Wolff, biógrafo del empresario.
Texto original, aquí.
***
The Wall Street Journal comenzó como una versión decimonónica de [la agencia de noticias financieras] Bloomberg –un conjunto de datos muy valorizado y a medida del cliente sobre los mercados financieros que se distribuía a personas que sacaban provecho de la información.
Desde 1882, Dow Jones & Co publicó un newsletter que jóvenes mensajeros entregaban a sus clientes en Wall Street. No mucho después, la compañía editó su Customer’s Afternoon News Letter, un resumen de final del día, y en 1889 la publicación cambió su nombre por The Wall Street Journal. Siete años más tarde, Adolph Ochs, el joven propietario del Chattanooga Times, compró el entonces lánguido The New York Times por 75 dólares. Era el comienzo de los dos grandes diarios de elite estadounidenses.
Por entonces, nadie habría tomado a The New York Times y a The Wall Street Journal como los diarios más importantes del país. Esa distinción pertenecía a dos diarios que ya han desaparecido hace tiempo: The New York World de Joseph Pulitzer y The New York Journal de William Randolph Hearst.
Los diarios, y sus dueños, eran alegremente ricos, Demócratas, populistas y populares. Aunque a veces proveían información y análisis, a la manera del NY Times y del Wall Street Journal, su negocio era principalmente contar historias que convertían la vida de la superpoderosa metrópoli industrial en ciernes en aventura y drama cautivantes. (…)
Texto original, aquí.
***
Pulitzer, un cultivado pero desposeído inmigrante húngaro, compró el World en 1883, después de haber hecho carrera en St. Louis, primero como protegido de Carl Schurz, el reformista germano-americano, después como legislador del estado y, finalmente, como dueño del Post-Dispatch. Aunque se estableció como un amable académico, un conocedor de arte y un hombre de buen vivir, Pulitzer tenía una mágica conexión con el ciudadano de a pie.
Pulitzer creció en una época en la que el periodismo era un brazo de la política (como hizo Hearst, cuyo padre era senador estadounidense, y él mismo fue congresista dos veces y compitió por la presidencia), pero descubrió cómo hacerse del mercado, antes que de partidos políticos, para sostener un diario.
La fortuna de Pulitzer se hizo vendiendo diarios de a uno, un penique por ejemplar, en las calles de Nueva York. Valoró el apetito de los inmigrantes por leer mucho más que sus amigos reformistas, y sus lectores le dieron la razón. Proveía una mezcla de reportaje de investigación, conocimiento sobre la ciudad y comics (incluyendo “El chico amarillo”, origen de la famosa etiqueta de “periodismo amarillo”), animando a favor del Partido Demócrata, de la aventura y de la soap-opera de la vida real de magnates y grupos económicos, policías y bandidos, Madonnas y prostitutas.
En palabras de Pulitzer, el World debía convertirse en “un diario que no sólo sea barato sino que brille, no sólo que brille sino que sea grande, no sólo que sea grande sino verdaderamente democrático”. (…)
Texto original, aquí.
***
Hearst, una década y media más joven que Pulitzer, tuvo su primer encuentro con el World cuando era un estudiante en Harvard. Una vez afuera, partió hacia San Francisco y tomó el control del Examiner, un pequeño holding de su padre en el que usó exitosamente la fórmula editorial de Pulitzer. Para la época en que Hearst compró el Journal, Pulitzer enfermaba mientras él se preparaba para mejorar (o empeorar, depende de dónde se mire).
Para promocionar el Journal, Hearst imprimió posters y envió bandas de música a las calles de Nueva York. Contrató a muchas de las estrellas de Pulitzer, como Morrill Goddard, cuyas primicias habían incluido disfrazarse él mismo para husmear en el carruaje fúnebre de Julia Dent Grant, en el entierro del presidente Grant, y persuadir a una “modelo de artistas” de 16 años de revelar que había sido contratada para irrumpir desnuda desde el interior de un gran pastel de papel maché en una fiesta de un grupo de hombres prominentes.
Otras firmas que aparecieron en el Journal fueron Winston Churchill, Benito Mussolini, Jacob Riis, Stephen Crane, Richard Harding Davis, Julian Hawthorne (hijo de Nathaniel) y Frederick Remington, el artista que reivindicó (sin pruebas, por cierto) haber recibido el telegrama de Hearst que rezaba, refiriéndose a Cuba:
“Vos dame las imágenes, yo te doy la guerra”.
Texto original, aquí.
***
(…) Hearst encontró su próximo monstruo periodístico en la brutal represión española de la insurrección a favor de la independencia de Cuba. Nada de lo que apareció en la prensa americana durante 2002 y 2003 sobre los atropellos de Saddam Hussein y sus riesgos puede alcanzar los excesos en que incurrió Hearst para con España entre 1896 y 1898. Hearst fue especialmente adepto a encontrar ganchos melodramáticos que ayudaran a incentivar el sentimiento militar (y a vender diarios). Uno de ellos fue el arresto por los españoles de Evangelina Cossio y Cisneros, la hija de 17 años del presidente del gobierno revolucionario cubano, que el diario desplegó como una clásica historia de la princesa virgen amenazada por bestias negras. Cuando fue liberada, el título de Hearst fue “Evangelina Cisneros rescatada por el diario”.
Texto original, aquí.
***
Lo que Hearst creó en el Journal, Murdoch lo creó en The Sun, el popular tabloide británico que compró en 1969, conocido por su “Chica de la Página 3” de pechos desnudos y sus chismes sobre la familia real británica. Como Hearst, Murdoch desafió las reglas de la estricta separación entre el periodismo y la política, entre las noticias y el entretenimiento. Es odiado por las clases respetables, vive derrochando y está sentado sobre una gran montaña de medios –más grande de la que nunca tuvo Hearst- gracias a la globalización y al advenimiento de las nuevas tecnologías. (…)
La mayoría de los biógrafos de Hearst (no precisamente Kenneth Whyte) lo describieron como un hombre que suele hacer negocios de un modo irracional. “A mí ni me importa hacer dinero”, supuestamente dijo una vez. Murdoch puede parecer así –se clavó con el Times de Londres, con The New York Post y con la revista conservadora The Weekly Standard, sin ganancias durante años- pero también puede deshacerse de popiedades que lo decepcionan, como TV Guide, New York, The National Star, The Village Voice y Los Angeles Dodgers. Congénitamente audaz, vive en una zona propia, prestando, comprando, vendiendo, influenciando, negociando y manipulando según un plan no fácilmente discernible. (…)
Para cualquiera que haya sido educado en la admiración de los valores burgueses, Murdoch parece repelente en su necesidad de controlar toda relación y situación, de encontrar y explotar la debilidad de cada uno. Se rodea de “sí-Rupertistas”. Dos de sus hijos dejaron o fueron retirados de sus puestos ejecutivos en NewsCorp. Murdoch está en una etapa en la que estaba Hearst cuando Orson Wells hizo “Ciudadano Kane”. (…)
Texto original, aquí.
***
Nacido el 11 de marzo de 1931 en Melbourne, Australia, Keith Rupert Murdoch II fue el hijo de Dame Elisabeth Murdoch y de Sir Keith Murdoch, un periodista muy bien relacionado y consejero del primer ministro australiano Billy Hughes. Keith se convirtió en el empresario de prensa más importante como dueño de The Herald y del Weekly Times Ltd, y obtuvo reconocimiento de caballero por servicios a la Corona británica. Siempre imaginó traspasarle sus negocios a su joven hijo, pero fue decepcionado por el lento progreso que le mostraba Rupert. Por eso, Murdoch deseó agradar a su padre, aunque muchos veces se rebeló.
Murdoch asistió a la Geelong Grammar School, la misma escuela de elite de Australia a la que concurrió el Príncipe Carlos. Después entró en el Worcester College de la Universidad de Oxford. En esa época, su padre sufría graves problemas cardíacos y se disgustaba más al enterarse de que su hijo estaba haciéndose una reputación por dedicarle más tiempo a las fiestas que al estudio.
Preocupado por el futuro de su hijo, Keith intercedió por él ante un amigo, Lord Beaverbrook, editor del Daily Express en Londres. Beaverbrook le dio a Rupert un trabajo en el diario, donde rápidamente desarrolló un talento para los titulares sensacionalistas y una redacción picante.
Cuando iba a la Universidad, Murdoch fue atraído por el socialismo y detuvo su atención en Lenin, a quien consideraba un gran hombre. También fue un hábil y apasionado polemista y, por esa razón, fue elegido presidente del Oxford’s Labour Club en 1950. También desarrollaba un sentido de los negocios trabajando en el departamento de publicidad del diario estudiantil Cherwell.
En 1952, falleció su padre. Descontados los altos impuestos que se pagan en Australia, la herencia de Murdoch fue mucho menos de lo que había pensado. Completó su master de grado en Oxford y volvió enseguida a Australia para intentar, y lograr, relanzar un pequeño diario de Adelaida que su padre había controlado, The News. Con una reputación de vago e inexperto, a Murdoch le costó ganarse el respeto de sus colegas editores. Sin embargo, se dedicó a tratar de aprender los vericuetos de la producción de diarios.
The News comenzó a ganar alguna atención pública en 1959, cuando se unió al Sydney Morning Herald en una exitosa campaña contra la pena a muerte contra Max Stuart, un aborigen australiano sentenciado tras un controvertido juicio por asesinato. Aunque fue el editor Rohan Rivett quien lideró la campaña, Murdoch se quedó con casi todo el crédito.
Texto original, aquí.
***
(…) Pero para ser propietario de canales de televisión en Estados Unidos, Murdoch debía cumplir un requisito legal, convertirse en ciudadano estadounidense.
Y así lo hizo. En 1985, el magnate adoptó la nacionalidad norteamericana.
En medio de las sospechas de que la administración Reagan podría haber agilizado su proceso de naturalización, los periodistas le preguntaron el por qué de su decisión. ”Porque quería ser estadounidense, y estoy muy contento y gratificado”, fue todo lo que contestó el magnate. (…)
Más allá del mercado anglosajón, China fue desde siempre una de las aspiraciones del imperio de Murdoch. Un interés que, según algunos analistas, trasciende lo meramente económico y no entiende de matices políticos.
“Murdoch cortejó a los líderes del Partido Comunista e hizo negocios con sus hijos. Fox News ayudó a la principal cadena estatal china a desarrollar su sitio web”, escribió el reportero Joseph Kahn en The New York Times.
En 1999, el magnate se casó con Wendi Deng, de origen chino, “embajadora” desde entonces de News Corp. en aquel país. A pesar de que su plataforma de televisión por satélite, Star TV, es una de las mejores posicionadas en el mercado asiático, en los 90, Murdoch perdió millones después de que el gobierno chino decidiera restringir sus emisiones.
A partir de ese momento, el magnate intentó ganarse la confianza de las autoridades chinas hasta el punto de que se le acusó de aceptar el juego de la censura oficial.
“Star TV cambió su programación para adecuarse a los gustos chinos. En 1994 retiró BBC News de su oferta. Murdoch aseguró que la decisión tuvo que ver con razones comerciales, no políticas”, señaló Joseph Kahn.
Finalmente y tras una serie de fracasos, en 2007, News Corp. alcanzó una alianza con China Mobile para suministrar contenidos multimedia a los 480 millones de usuarios de móvil chinos, un enorme negocio potencial. (…)
“Desde los primeros años 50, cuando tenía un busto de Lenin en su estudio del Worcester College de Oxford, se consideró a sí mismo un inconformista”, escribió el periodista Nicholas Shakespeare en el periódico británico The Telegraph.
En el Reino Unido, si en la década de los años 80 apoyó abiertamente las gestiones conservadoras de Margaret Thatcher, en los 90 su candidato fue el laborista Tony Blair. La relación entre el magnate y el fundador del “nuevo laborismo” fue, durante una época, fluida y -según indican algunos analistas- interesada.
“En 1995, Blair viajó 9.000 millas hasta las Islas Caimán para dar un breve discurso en una reunión de News Corp. A finales de ese año, los editores de Murdoch tenían pocas dudas de que Blair era su hombre”, escribió Andrew Neil, editor en aquel momento de The Sunday Times, citado por Nicholas Shakespeare.
En EE.UU., los medios de propiedad de Murdoch apoyaron muchas de las políticas del gobierno de George Bush, incluida la guerra de Irak.
“El éxito de Fox News, que Murdoch lanzó en 1996, le hizo ganarse una reputación de conservador acérrimo, así que fue sorprendente tanto para sus aliados de derechas como para sus enemigos liberales cuando en julio de 2006 organizó un desayuno para recaudar fondos para Hillary Clinton”, comentó el periodista John Cassidy en la revista The New Yorker.
En las últimas elecciones presidenciales, que dieron como resultado la victoria de Barak Obama, casi el 70% de las donaciones de News Corp. a los partidos político fueron destinadas a los demócratas.
Texto original, aquí.
***
El imperio global de Rupert Murdoch está asediado, con dudas sobre su futura conducción luego de que News Corp., la compañía del magnate de los medios, fuera obligada a retirar su ambiciosa oferta para hacerse cargo de la principal cadena de TV de Gran Bretaña, British Sky Broadcasting.
Entre presión en aumento desde todas partes del espectro político de Gran Bretaña y la indignación pública por el escándalo de las escuchas telefónicas, Murdoch fue obligado a retirar su oferta de 12 mil millones de dólares por el 61 por ciento de BskyB que todavía no está en poder de News Corp.
“Probablemente pensaron que luego de los ataques salvajes que recibieron de los parlamentarios de la House of Commons que no hay modo de que puedan avanzar con este negocio’, dijo Ian Whittaker, analista de medios para Liberum Capital. “Probablemente, no quisieron ser objeto de más escrutinio. Hay preocupación por que el escándalo se extienda a los Estados Unidos”ç
El primer ministro David Cameron recibió la noticia con satisfacción, dijo un vocero. El parlamento británico iba a votar este miércoles en favor de que Murdoch abandonara la licitación.
(…) News Corp es objeto de creciente indignación a medida que crecen las revelaciones sobre que periodistas e investigadores de los diarios de Murdoch interceptaron mensajes telefónicos de una chica asesinada, de otras víctimas de crímenes y de familias desconsoladas de soldados.
News Corp. bajó un 7 por ciento en los últimos días, perdiendo unos 3 mil millones de dólares de su valor.
(…) Los cuestionamientos apuntan al liderazgo del ejecutivo en jefe de News Corp, Rupert Murdoch. Si News Corp se comportara como otras corporaciones en el medio de un escándalo, el puesto del CEO estaría en riego. Pero el conglomera mediático se maneja más bien como una dinastía familiar. (…)
Es posible que varios altos ejecutivos caigan en la investigación criminal, incluyendo al hijo de Murdoch, James, quien, como jefe de las operaciones para Europa y Asia, autorizó pagos para hackear los mensajes de las víctimas; a la ejecutiva en jefe de la filial de Gran Bretaña, News International, Rebekah Brooks, editora de News of the World cuando ocurrieron las escuchas; y Les Hinton, que condujo News International durante una parte de los años en que ocurrieron los abusos.




July 27th, 2011 → 3:25 pm @ elpuercoespín
0