El supuesto poder de los diarios, si bien no es inocuo, probablemente nunca fue tan importante en el pasado como a los diarios o a sus críticos les hubiera gustado creer. Y cualesquiera haya sido su influencia en el pasado, los diarios nacionales británicos ahora están en proceso de verse mucho más disminuidos en su habilidad de influenciar los resultados de la política (…).
En 1950, el promedio diario de circulación de diarios pagos para Gran
Bretaña era de 21 millones de ejemplares, equivalente a casi 150 por ciento del total de hogares. El total de circulación de dominicales pagos era de 31 millones (casi el doble de la cantidad de hogares).
En 2010, el promedio diario de circulación de diarios pagos para Gran Bretaña fue de unos 10,1 millones (el 39,9 por ciento de hogares). El total de circulación de dominicales pagos fue de 9,9 millones (39 por ciento de hogares). (…)
Cuando se revisan los muchos artículos que han sido escritos sobre el asunto de los medios, la diversidad de enfoques y las relaciones entre los medios y el público, se pueden ver dos puntos de vista contrapuestos.
Un enfoque podría ser denominado “determinista”: la estructura de propiedad de los medios es automáticamente asociada al sesgo del medio. A los medios se les atribuye un rol predominante en la formación de la opinión pública. En mi opinión, este enfoque determinista es simplista. Y en el caso de la prensa escrita, es también anticuado por la realidad de la tendencia de circulación (…).
¿Cómo sería entonces una mirada equilibrada sobre la influencia de la prensa escrita en el proceso político? ¿Tienen alguna influencia? Por supuesto, como parte de un amplio juego de influencias en danza. ¿Tiene la capacidad de dar forma a los resultados? Probablemente sobreestimada en el pasado, y en declive en el presente y hacia el futuro.
¿Por qué, de todas maneras, estos mitos sobre el “poder” de los medios vuelven a ponerse una y otra vez sobre el tapete? Sugeriría dos razones principales. Primero, hay una relación simbiótica entre los políticos y la prensa (y los medios en general). Los políticos son los sujetos: ellos leen (o miran o escuchan) los reportes sobre ellos mismos. Y cuando entre los diarios y los resultados de la política no pueden ser encontrados, entonces escuchamos los argumentos sobre la “agenda setting” (…).
En segundo lugar, acusar a los medios es un sustituto de más serios autoanálisis por parte de aquellos que están perdiendo un debate político. ¿Cuántos políticos derrotados se han mirado al espejo y han admitido que, quizás, no comunicaron eficientemente, o incluso que el contenido de sus propuestas pudo haber sido equivocado o desconectado de ciudadanos cuyos intereses dicen representar? Es mucho más fácil culpar a alguien más, en este caso a los medios.
Por supuesto, algunos diarios han sido responsables de regodearse en la misma clase de mitos (como el recordado titular del Sun: “Fue el Sun el que ganó”). Todo eso conformó un ida y vuelta sin fin con el cual los políticos y los medios alimentaron la mitología sobre ellos y recíprocamente.
Permítanme sugerir un punto de vista alternativo: fueron los votantes los que lo hicieron (…).
Texto original en inglés, aquí.
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“Rupert Murdoch no decidirá quién gana esta elección. Usted decide”. Este titular del diario The Independent provocó una de las historias más sonadas de la campaña electoral británica de 2010.
Aludía al percibido poder que tiene el magnate australiano director de News Corporation, la corporación de medios de comunicación más grande e influyente del mundo, en los destinos políticos del Reino Unido.
James Murdoch, hijo de Ruppert, y Rebekah Brooks, alta ejecutiva del grupo, se apersonaron en The Independent e interpelaron al editor del diario con algunas palabras irreproducibles.
Y es que, en el Reino Unido, la intervención de los periódicos en la campaña electoral es abierta y explícita (…).
El gran enigma es el impacto concreto que los diarios tienen en los votantes. En 1992, el periódico de más tirada en el Reino Unido, el sensacionalista y superamarillo The Sun, se atribuyó la victoria del conservador John Major sobre el laborista Neil Kinnock.
Esta victoria generó un cambio en el laborismo, que atenuó algunas políticas consideradas de “izquierda” en su intento de neutralizar los ataques de la prensa conservadora.
El “Nuevo Laborismo” de Tony Blair terminó recibiendo el apoyo del grupo Murdoch -dueño de The Sun- para las elecciones de 1997. (…)
Sin embargo varios estudios académicos puntualizan que no hay una correlación significativa entre la lectura de la prensa escrita y la intención de voto.
“La gente lee el diario que coincide con su ideología. De modo que no va a cambiar de partido. Pero, además, hoy la prensa tiene que competir con otros canales informativos como Twiter o You Tube”, le dijo a BBC Mundo Ian Mc Lean, profesor de política de la Universidad de Oxford y coautor de “British Politics” (…).
“Es cierto que los diarios sensacionalistas son abiertos en todo esto, pero si uno compara algunos titulares de un diario ‘serio’ como el Daily Telegraph, es posible ver el mismo fenómeno pero de manera más encubierta. Por ejemplo, los titulares de unas denuncias que hicieron sobre Nick Clegg y que no tuvieron mayor trascendencia, tenían la misma dimensión tipográfica que los que se utilizaron para los atentados del 11 de septiembre”.
Texto completo en inglés, aquí.
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(…) Según datos que arrojan recientes investigaciones, más de la mitad de los votantes perciben que los medios están políticamente sesgados en sus reportes, y esa percepción de sesgo mediático ha crecido con el tiempo (…).
¿Tiene la cobertura sesgada menos influencia sobre los votantes que la cobertura imparcial? En este trabajo, investigamos estos asuntos en el contexto del rol del apoyo explícito de los diarios a candidatos ante una decisión electoral. Empezamos por desarrollar un simple modelo econométrico en el cual los votantes tienen información incompleta sobre la calidad de un candidato y, por tanto, buscan una orientación en los medios (…)
Probamos esta hipótesis considerando el sesgo de los medios y la influencia de los medios sobre los votantes, usando información de una investigación diaria, que incluye el nivel de información sobre las intenciones de voto a nivel personal y como lector de diarios, en los meses previos a las elecciones de 2000 y 2004.
Estos datos fueron combinados con información sobre los apoyos a candidatos expresados por los diarios, que incluye no solamente el nombre del candidato apoyado sino además la fecha, que facilita la comparación de las intenciones del votante y las preferencias después y antes del apoyo para esos lectores (…).
Usando estas mediciones de credibilidad, mostramos que los apoyos a los candidatos son influyentes, en el sentido de que los lectores están más dispuestos a apoyar a los candidatos favorecidos después de la publicación del apoyo por parte del medio.
Es importante destacar, sin embargo, que la credibilidad del apoyo a un candidato es el elemento más determinante de su influencia. En particular, mostramos que la influencia es creciente en la credibilidad del apoyo y que el apoyo a un candidato de parte de diarios extremadamente tendenciosos tienen menos o ninguna influencia. (…)
Nuestro hallazgo básico es que los apoyos de los diarios a un candidato influencian en el sentido de que los votantes están más dispuestos a respaldar a los candidatos recomendados después de la publicación de un respaldo explícito del medio.
El alcance de la influencia, sin embargo, depende de la credibilidad del propio apoyo. En este mismo sentido, los apoyos a candidatos demócratas desde diarios de inclinación a la izquierda son menos influyentes que los apoyos desde medios neutrales o incluso de derecha, y del mismo modo para diarios de inclinación de derecha que apoyan a republicanos.
Los apoyos son también más influyentes entre votantes moderados y entre aquellos que están más expuestos al apoyo de parte de un diario. Tomados en conjunto, estos resultados sugieren que los votantes son sofisticados e intentan filtrar cualquier sesgo en la cobertura política de los medios.
Texto en inglés, aquí.
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La mejor evidencia empírica muestra que los medios masivos influencian a los votantes, pero no está claro si al hacerlo los medios imponen un sesgo. Podría resultar que mejorar el acceso a cualquier medio ilustrara a los votantes y los impulsara a volverse contra el poder de turno que es combatido.
Durante la elección presidencial francesa de 2007, el candidato Francois Bayrou denunció enfáticamente el “asesinato mediático” que los medios masivos y sus rivales orquestaron supuestamente en su contra. Inclusive, un observatorio de medios galo reveló una “excesiva bipolarización a favor de dos candidatos” en “determinado canales de televisión”.
Bayrou proponía, de ser elegido, introducir varias leyes para garantizar la independencia de los medios, con particular atención sobre el control que ejercen los grandes grupos económicos en los medios masivos. Sin embargo, en discursos en los que denunció el poder de los medios, Bayrou nunca dejó de elogiar a los votantes, quienes, según dijo, no se dejarían engañar por ello (“Los franceses somos gente civilizada: no caigamos en esa masacre”).
Así, era de esperar que, habiendo confrontado con mensajes sistemáticamente sesgados, los votantes deberían haber sido capaces de restablecer un balance.
¿Quién tenía razón? ¿Bayrou el pesimista, el que acusaba a los medios de manipular las elecciones? ¿O Bayrou el optimista, el que denunciaba la futilidad de esos esfuerzos de manipulación?
Dos estudios recientes ayudan a clarificar la cuestión. El primero, de Stefano Della Vigna y Ethan Kaplan, estudia el impacto de Fox News, el ultraconservador canal de cable norteamericano propiedad de Rupert Murdoch. (…)
Comparan los cambios en la proporción de votos republicanos entre las elecciones presidenciales de 1996 y de 2000 en las ciudades que dispusieron de Fox News antes de 2000 y las ciudades que no. Concluyen que Fox News causó un aumento en el voto republicano de alrededor de 0,5 por ciento, o sea 200 mil votos, suficientes como para cambiar el resultado de la elección de 2000.
¿Y qué pasa con la prensa escrita? Tres investigadores de Yale (Daniel Bergan, Alan Gerber y Dean Karlan) condujeron un experimento interesante para determinarlo. Tres semanas antes de la elección para gobernador de 2005, contactaron a un grupo de 1.800 personas residentes en el área de Washington y les ofrecieron a la mitad de ellos, elegida al azar, una suscripción gratuita a un diario.
La mitad de los elegidos (nuevamente elegida al azar) recibió una suscripción al Washington Post, un diario de centroizquierda que apoyaba al candidato demócrata. La otra mitad recibió una suscripción al Washington Times, conocido por sus opiniones conservadoras y a favor del candidato republicano (…).
No era una buena época para el presidente George Bush y para los republicanos. Las malas noticias sobre la guerra de Irak, en particular, dominaban los diarios. Sin embargo, los investigadores mostraron que el Washington Times tenía la tendencia a presentar las malas noticias de modo más favorable que el Washington Post. Se podía esperar entonces que los dos diarios tuvieran un distinto efecto.
Recibir una suscripción de uno u otro diario aumentaba la probabilidad de votar en las elecciones de un año más tarde en un 3,5 por ciento (el promedio de participación es de 65 por ciento). Según la encuesta de opinión, los votantes que habían recibido el Post estaban un 11 por ciento más inclinados a votar por los Demócratas que el grupo que no había recibido ningún diario.
Pero, llamativamente, incluso los votantes que habían recibido el Times eran más proclives (7 por ciento) que el grupo inicial a votar a los demócratas. Y las opiniones políticas de los dos grupos, en ambos casos, cambió hacia la izquierda respecto del grupo original.
Este estudio concluye así que los lectores no se dejan influenciar por una posición dada de un diario y que recibir un diario estimula la posibilidad de su activismo en política (…).
Texto original en inglés, aquí.



June 24th, 2011 → 12:28 pm @ elpuercoespín
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