Látex

June 10th, 201112:00 am @

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El caucho, o látex, exuda de un árbol Hevea Brasiliensis. Cortes en espiral dan una vuelta casi completa a la circunferencia del árbol para dejar caer el líquido blanco y recogerlo en un recipiente, cada día un poco. Un día, un británico se robó miles de semillas del Amazonas y el caucho terminó en Asia.

Además de la especie Hevea Brasiliensis, el continente americano tiene el árbol de hule, el Castilloa elastica, que antes de la Conquista servía en el actual México para la fabricación de pelotas de uso del juego de pelota entre los mayas. En Perú, los aborígenes lo llamaban cauchuc (de aquí, caucho).

Los españoles no pudieron imitar la impermeabilización con caucho de calzados, abrigos y capas de los nativos. Pero en 1736, llamó la atención del geógrafo Charles Marie de La Condamine, quien envió a Francia caucho crudo en forma de rollos y un reporte sobre productos de tribus amazónicas. En 1770, el químico británico Joseph Priestley descubrió que frotando con caucho se borraban las marcas y trazos hechos con lápices: de ahí su nombre en inglés, rubber.

Hasta que otro británico, el explorador Henri Wickahm, se llevó de contrabando desde el Amazonas unas 70 mil  semillas del H. Brasiliensis. De los invernaderos de los Reales Jardines Británicos de Londres el caucho pasó a las colonias asiáticas: de pronto, hubo látex en las regiones tropicales de Asia. Hoy día, Indonesia, Tailandia, China y la India producen el 90 por ciento del caucho natural.

Manaos (Brasil), Iquitos (Perú) y otros centros comerciales explotaron con la “fiebre del caucho”, que impulsó la colonización sin control del Amazonas. La II Guerra Mundial agotó los stocks del caucho natural, que terminó desplazado por el desarrollo del caucho sintético, fabricado con hidrocarburos, y que ahora dobla en producción al látex natural. El neopreno es una de sus variantes más modernas.

 

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