Un candidato para las elecciones locales colombianas de este año denunció que en su distrito de Andalucía fueron inscriptos para votar irregularmente 200 corteros de caña llevados adrede desde otros municipios del Valle de Cauca. En estos días se suceden las denuncias de ese tipo. En Colombia, a eso, se le llama transhumancia: transhumancia electoral.
El lenguaje político colombiano ha tomado la palabra de otra del castellano castizo español, con la que se designa una práctica que se remonta, al menos, hasta el Paleolítico, cuando los cazadores acompañaban a las manadas, y que siguió en el Neolítico, cuando ya domesticadas las bestias los pastores continuaron con estos movimientos, a través de una compleja red de rutas ganaderas.
Desde entonces se repite y, en España por ejemplo, cruzan de norte a sur casi toda la Península Ibérica. Las vías pecuarias o cañadas trashumantes ibéricas han venido utilizándose al menos desde la época prerromana para el traslado del ganado desde los pastos de verano a los de invierno y viceversa, reguladas por decretos reales en la antigüedad y por leyes en estas épocas. Como se ve en Colmenarejo.
Allende el Atlántico, viajó el castellano y la transhumancia, ahora, toma también otros significados. Consiste básicamente en inscribir la cédula para votar en un lugar distinto a aquel en que se reside o tiene domicilio actual, el cual tiene propósitos oscuros de favorecer candidatos con poca o escasa aceptación en los municipios en la cual proponen e inscriben su nombre como candidatos a corporaciones públicas, alcaldías e incluso gobernaciones de departamentos.
La trashumancia electoral es conocida en el ámbito nacional con la designación de trasteo de votos, calificada por la Corte Suprema de Justicia de Colombia como “practica maligna”, penada hasta con la cárcel desde 2000.
Haciendo alarde del castellano barroco, el columnista Carlos Bustamante Barros lo define así en estos días: “Es como introducir en el juego de naipes cartas con valores de ases siendo de otras denominaciones, muy diferentes por supuesto a las emulaciones de la pasión desbordada en la que se insiste por el común de la gente la validez de todo acto para el logro del anhelado amor de marras que ocasiona desvelos innecesarios de la mujer amada la cual plácida en el candor inefable de su intimidad envuelve la estancia con sus encantos atiborrados de amor”.




June 8th, 2011 → 12:00 am @ elpuercoespín
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