El fiscal de Eichmann todavía está indignado con Hanna Arendt, por Laura Lucchini

April 9th, 20114:14 pm @

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Gabriel Bach, 84 años, fue uno de los fiscales israelíes en el juicio contra el criminal nazi Adolf Eichmann que comenzó el 11 de abril 1961, es decir, hace exactamente 50 años. Eichmann, encargado por el régimen nazi de organizar el transporte de la población judía de Europa hacia los campos de concentración donde sería exterminada, fue secuestrado en 1960 por un equipo especial del servicio secreto israelí en la Argentina, adonde había escapado tras la guerra, y donde vivía bajo falsa identidad, y sometido a juicio. La filósofa judeoalemana Hanna Arendt intentó capturar los alcances y el sentido de este acontecimiento único en una serie de crónicas para la revista New Yorker, que luego trasnformó en un clásico del siglo X: Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal (1963). Más allá de lo radical de su afirmación central –que los actos atroces de Eichmann no eran resultado de una maldad intrínseca o incluso del antisemitismo, sino de la muy humana tendencia al conformismo–, el libro despertó una polémica internacional, también, porque afirmaba que Eichmann estaba condenado de antemano y sugería que el juicio era, en gran medida, un show político del sionismo destinado a probar que los judíos sólo estaban seguros en Israel y en ninguna otra parte del mundo, amén de criticar la complacencia o pasividad de la dirigencia judía europea durante el Holocausto. Sin embargo, respaldó la condena a muerte de Eichmann.La semana pasada Bach estuvo en Berlín, en ocasión de la apertura de la exposición El proceso. Adolf Eichmann ante el Tribunal. Se sentó entre los periodistas en el curso de la rueda de prensa y tuvimos la ocasión de hablar. Traía consigo una carpeta llena de fotos, en impresiones originales. En una aparecía él, joven, al lado del fiscal general Gideon Hausner y a pocos metros de la célebre jaula de cristal que separaba el burócrata nazi del resto del tribunal en Jerusalén. Eichmann murió ahorcado un año después.

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Nací el 13 Marzo 1927, in Alberstadt. Mi padre era empresario en la industria pesada Hirsch Kupfer- und Messingwerke. Su empresa se trasladó, cuando yo tenía dos meses, hacia Berlín. Es decir que yo solo conocí a esta ciudad. Dejamos Berlín en 1938, dos semanas antes de la Noche de los cristales rotos, directo hacia Holanda. Dejamos Holanda en 1940, un mes antes de la invasión de la armada alemana. Viajamos hacia Palestina en el barco “La Patria” que en un viaje sucesivo fue hundido. Siempre estuvimos un paso adelante, pero muy cerca del peligro.

Entonces yo era representante de la Fiscalía general de Israel, y dos día después de que Eichmann llegara a Israel, el ministro de Justicia me preguntó si estaba dispuesto a ser el asesor judicial primero para el trabajo de la policía que tenía que llevar al cabo la investigación. Dije que si, y, durante nueve meses, visité casi todos los días a Eichmann en la prisión. Yo ya había tomado parte en algunos juicios importantes y mi alemán era suficientemente bueno; no había muchos, entre los fiscales, que entendieran el idioma. Por estas razones, no fue ninguna sorpresa que el ministro me eligiera para este cargo. Pasé dos años enteros entre la investigación y el juicio, enteramente ocupado con este proceso.

Yo era responsable de la entera investigación en contra de Eichmann y tenía una larguísima lista de supervivientes que podían ser testigos. Sin embargo, muchas de las personas que contacté dijeron que ya habían dejado hace tiempo de hablar del tema. Quizás no habían vuelto a hablarlo siquiera con sus familias. Se habían alejado de todo esto porque no querían volver a recordarlo –y tampoco lo querían ahora. Les dije que tenían ahora la oportunidad del Derecho y de la Historia de contar lo que sabían. Algunos dijeron que sí, otros que no. Otros dijeron: “Ok, pero ¿vamos a tener que hablar durante días del frió que hacía y de las condiciones inhumanas?”. Pero yo tenía claro que, más allá de los documentos, por lo menos debería aparecer un testigo procedente de cada país para poder enseñar la atmósfera de lo que pasó entonces. Y, al final, lo conseguimos.

No diría (que sentí) miedo (durante el juicio). Pero fue un sentimiento muy raro. Pensé qué podría haber pasado si no hubiésemos dejado Alemania. En realidad, queríamos abandonar el país todavía antes, pero ocurrió la crisis de Checoslovaquia –mi padre, como dije, trabajaba en la industria pesada, y, por sus conocimientos y su papel en este sector, nos retiraron los pasaportes. No querían que una persona como él viajara al exterior. Nos devolvieron los documentos poco antes de la Noche de los cristales rotos, y dejamos Alemania.

Mi primer encuentro con Eichmann… Yo acababa de leer un libro donde se describía la crueldad con la que se asesinaron niños en los campos de concentración. Hablé de esto con él. Me contestó que, si se quiere eliminar una raza, es fundamental también deshacerse de todas las generaciones. Desde un punto de vista lógico, su razonamiento era correcto.

De todos los juicios a los que tomé parte, seguramente este fue el más significativo,  desde numerosos puntos de vista: histórico, jurídico, emotivo. Él fue, verdaderamente, el hombre por cuyas manos pasaron todos los detalles y todas las fases del Holocausto, que terminó, incluso, siendo mencionado en algunos documentos alemanes como la Operación Eichmann. También, durante la guerra, fue responsable en todos los transportes.  El Holocausto y sus consecuencias fue objeto de numerosos juicios, pero en ninguno fue descripta la solución final en su totalidad, con todos sus detalles. Esto pasó en el juicio de Eichmann porque él fue verdaderamente la figura central, y esto permitió analizar y describir todo la operación, tal y como fue planificada. Hasta hoy sigue dando mucho que hablar. Me doy cuenta de que cincuenta años más tarde, sigue creciendo el interés en todo el mundo. Me invitaron de Japón, Australia, Nueva Zelandia y, naturalmente, los Estados Unidos para hablar del tema. Este siempre es el tema central.

(Hannah Arendt escribió que no fue un juicio imparcial y que la condena a muerte  se había decidido desde antes) Esta tesis es absolutamente de risa. Hay que considerar que había entonces en Israel también muchas personas que estaban en contra de la pena de muerte. Hasta el final, hasta el último día nadie tenía claro cuál sería la condena. Con respecto a Hannah Arendt, me sorprendió que algunos días antes nos informaran que una filosofa conocida, Arendt, llegaría desde los Estados Unidos para escribir algo en contra del juicio. Es decir, se sabía antes de que empezara. Yo le hice saber que estaba dispuesto a encontrarme con ella y contestar sus eventuales preguntas. Algunos días después recibí la respuesta de que ella no estaba dispuesta a hablar con nadie de la fiscalía. La cosa me sorprendió. Sin embargo, di instrucciones de que pudiese estar en el juicio y que tuviera acceso a todos los documentos de la fiscalía. Hay también otro libro, escrito por Jacob Robinson, quien colaboró con la fiscalía, que describe cómo ella transcribió de manera incompleta o falsa muchos de los documentos y hechos que tenía a disposición. No tuve la ocasión de hablar con ella y no se cuál fueron sus motivaciones. Hay distintas versiones. Pero yo tuve la sensación de que ella venía con una idea preconcebida.  No sé. Para mí, (el libro) fue una sorpresa y muchas partes fueron…sí, fueron indignantes. No hay el tiempo ahora para enumerar todos los detalles, pero los hechos y los documentos, tales y como los examiné yo, no estaban descritos correctamente.

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(Sesión del juicio sobre la conferencia de Wannsee, en que se decidió la “Solución Final” (en alemán)

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Sesión del juicio a Eichmann (doblado al inglés)

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