Cataríes y militares: las nuevas caras del conflicto libio, por Jon Lee Anderson

3 abril, 2011

En el crepúsculo del viernes, manejando en la ruta que atraviesa Brega, llegué a una intersección en la que unos doscientos combatientes excitados, en su mayoría jóvenes, disparaban sus armas al aire. Seguí adelante, como hicieron algunos de los rebeldes, hasta que se produjeron tres explosiones de artillería a unos cientos de metros frente a nosotros; todos dimos la vuelta. En la intersección, algunos de los rebeldes habían formado una suerte de puesto de control para examinar a quienes venían de las líneas de Kadafi, pero estaban discutiendo sobre ello. Habían quienes querían imponer orden y quienes no. Eventualmente atravesamos gritando sahafi, que significa “periodista”. No parecía haber allí ninguno de los militares “reales” a los que había visto imponiendo controles más temprano. Por la noche, escuché que varios rebeldes, muy probablemente de esa misma multitud, habían muerto por error en un bombardeo aliado, quizás media hora o cuarenta y cinco minutos después de que los vimos. Un amigo que trabaja en una ambulancia me llamó y dijo que habían encontrado un amasijo de cuerpos calcinados; estaba shockeado por la escena, alterado por la pérdida de un médico muy conocido y de otros todavía por identificar. Se especulaba que algo había incitado a los rebeldes y los había llevado a disparar sus armas antiaéreas al cielo, lo que provocó el bombardeo.

Brega es, en realidad, dos ciudades, extendidas sobre un área de más o menos tres por seis o siete millas, entre la autopista y el mar. La “Nueva Brega”, atrás de las dunas, es un área residencial para trabajadores petroleros; la “Vieja Brega”, pasando la universidad, consiste en una refinería, otra zona residencial cerrada, una pequeña franja comercial y un hospital de la Media Luna Roja (la intersección se hallaba entre ambas). El sábado, por lo que supe, toda la zona de Brega todavía estaba en disputa, a pesar de informes intermitentes de que los rebeldes la habían tomado. Aquellos rebeldes con entrenamiento militar, que se han vuelto más visibles en días recientes, mantenían bloqueos estrictos en las rutas para alejar a los periodistas de las líneas del frente. Ellos –y la OTAN—también querían mantener fuera a los shabab para evitar incidente como el de la última noche, así como la infiltración de hombres de Kadafi entre sus filas.

Un combatiente voluntario me dijo que los soldados de las fuerzas especiales habían estado entrenándolo en artillería el mes pasado; él y otros “nuevos rebeldes” estaban siendo asignados para deberes de retaguardia en las nuevas líneas defensivas que se establecían alrededor de Benghazi y Adjabiya.

Le conté sobre los nuevos controles que había visto en las carreteras; dijo que pretendían mostrar a los norteamericanos que los combatientes entrenados habían tomado el control y podían recibir armas. Mencionó (esto fue informado más tarde) que los rebeldes habían confirmado a Fatah Younis, el ex ministro del Interior de Kadafi, como su máximo líder militar después de los encuentros de consejos del viernes. Había visto a Younis visitar las líneas; el rebelde con el que hablé creía que “permanecerá en el frente de aquí en adelante”.

Circulaba la noticia de que tropas militares de elite de Catar estaban en Benghazi para instruir a los libios en el uso de armas nuevas que estaban llegando. Los cataríes están surgiendo como mediadores en este conflicto –más dispuestos que otras naciones árabes, que no lo han hecho, a reconocer su participación en la guerra junto con los Estados Unidos y otros países occidentales. Un reconocimiento de ese apoyo se palpaba cuando atravesé la ciudad de Al Bayda, al este de Benghazi, donde, en el muro de la plaza, había una bandera catarí rudimentariamente pintada –franjas blanca y rojo oscuro unidas por una línea aserrada–, no lejos de la francesa y la nueva (vieja) de Libia. Al Jazeera, que tiene su sede en Catar, ha simpatizado con los rebeldes, más desde el asesinato de uno de sus camarógrafos en Benghazi hace un par de semanas. También tienen un equipo en la atribulada Misurata (donde CNN y AFP también han contrabandeado gente en los últimos días).

Misurata, situada entre Sirt y Trípoli, está sufriendo el ataque de las fuerzas de Kadafi, con al menos varias muertes cada día. Una especie de Sarajevo libio se desarrolla allí, parece, con algunas partes de la ciudad en poder de un lado o del otro, mientras prosiguen la lucha en los demás barrios. El puerto está evidentemente en manos rebeldes, pero se halla, como sus vías de acceso, bajo el fuego de las armas gubernamentales.

Al este, la batalla por la carretera Benghazi-Sirt parece haberse estancado en las dunas alrededor de Brega, mientras ambos bandos usan otras escaramuzas y estratagemas para fortalecer sus chances y prepararse para lo que sea que viene.

Aquí, versión original de este artículo, en inglés.

 

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