Confusión, rumor y deserciones en Libia, por Jon Lee Anderson

2 abril, 2011

El viernes, en el camino que lleva de Brega (donde los rebeldes intercambian golpes de artillería con los hombres de Kadafi) hasta Benghazi, soplaba el viento frío del desierto, levantando torbellinos de arena rojiza y tornando difícil ver. Con todo, la situación parecía diferente a la de un día antes, cuando los rebeldes se hallaban al borde de una retirada sin rumbo. Los militares “reales” estaban más presentes, contenían a los shabab —los jóvenes combatientes voluntarios— y parecían estar organizándolos un poco e imponiendo una nueva disciplina. Tenían órdenes de impedir el paso a los periodistas, pero algunos de mis colegas y yo logramos, gradualmente, atravesar los puntos de control.

En lo que respecta a agentes de la CIA en el terreno, ni mis colegas ni yo los hemos visto todavía, pero uno sospecha que pueden estar allí donde hay una línea roja para los periodistas, en las zonas más lejanas del frente. Definitivamente hay algunos que parecen S.A.S. británicos: hubo algunos avistamientos, incluyendo a un colega que tropezó con algunos ayer, en una parada al costado del camino entre Benghazi y Adjabiya. Vestían informalmente y tenían teléfonos satelitales, pero eran claramente militares. Le dijeron, vagamente, que eran “ingenieros” y se alejaron.

A pesar de los nuevos controles, todavía hay algo de la falta de disciplina amateur. En un promontorio donde se habían reunido rebeldes, a más o menos diez millas del frente, se oyó un disparo y ví hombres que corrían alarmados. Hubo gritos y caos, y se pidió una ambulancia. Mientras me acercaba, ví que llevaban a un hombre, cojeando e inclinado, los ojos y la boca abiertos, hacia la ambulancia, que se estrelló contra otro auto al girar. El hombre parecía muerto. Después, en medio de la consternación y las corridas de soldados y shabab —vimos un par de airadas confrontaciones entre ambos grupos—, varios combatientes vinieron a explicar que el hombre había estado limpiando su arma con el cañón apuntando hacia sí y de algún modo se disparó en el corazón.

Aviones volaban sobre los cielos de Brega esta tarde, presumiblemente franceses, norteamericanos y/o británicos. No oí ningún bombardeo, pero si muchos sobrevuelos rasantes. Alrededor de las 5 PM, alguna artillería bien ubicada disparada desde el lado de Kadafi aterrizó cerca de las líneas rebeldes, provocando que casi todo el mundo retrocediera, aunque algunos de los militares reales permanecieron en lo que parecía ser el frente –y algunos hombres y vehículos se movían alrededor de unas posiciones a unos pocos cientos de yardas de la carretera principal, cuidando mayormente de sí mismos.

Hoy, más temprano, Fatah Younis, quien hasta cinco semanas atrás era el ministro del Interior de Kadafi pero está ahora con los rebeldes, llegó a Benghazi en un convoy y se dirigió al frente, provocando gran excitación entre los combatientes –saltos y agitar de banderas, gritos de “Allahu Akbar”, disparos al aire. Younis nunca salió del auto y luego se alejó. Hubo mucha especulación sobre la “deserción” de Moussa Koussa, el canciller, y la supuesta visita a Londres, para mantener conversaciones, de otros altos funcionarios de Kadafi que, se rumoreaba ayer, también estarían desertando. ¿Podían avanzar las negociaciones? También oímos que los tutores oficiales de los muchos periodistas en Trípoli se habían desvanecido; qué significaba eso no estaba claro. Otros rumores nos llegaron en el frente, incluido el de que el liderazgo de los rebeldes había ofrecido una tregua a Kadafi, pero nadie aquí sabe cómo interpretar eso. En esta guerra, es más difícil que en la mayoría distinguir entre rumor e información, manipulación y hechos, y a veces es incluso difícil aprehender las cosas que uno presencia por sí mismo.

Aquí, versión original de este artículo, en inglés.

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