La Defensa Bobby Fischer, por Gary Kasparov

19 febrero, 2011

Me resultaría imposible escribir en forma neutral sobre Bobby Fischer aunque lo intentara. Nací el año en que logró el puntaje perfecto en el Campeonato norteamericano de 1963, 11 victorias sin ningúna derrota o tablas. Sólo tenía 20 entonces, pero era obvio desde hacía años que estaba destinado a convertirse en una figura legendaria. Su libro, My 60 Memorable Games, fue una de mis primeras y mas atesoradas posesiones en material de ajedrez. Cuando Fischer arrebató la corona mundial a mi compatriota Boris Spassky, en 1972, yo ya era un fuerte jugador de club que seguía cada movida que llegaba desde Reykjavík. El norteamericano había aplastado a otros dos grandes maestros soviéticos en la ruta hacia el match por el título, pero había muchos en la Unión Soviética que admiraban en silencio su descarado individualismo y su sorprendente talento. Soñaba con jugar contra Fischer algún día, y nos convertimos, eventualmente en competidores, de algún modo, aunque fue en los libros de historia y no sobre el tablero. Dejó el ajedrez competitivo en 1975, abandonando el título que había codiciado tanto durante toda su vida. Pasaron diez años antes de que yo ganara el título al sucesor de Fischer, Anatoly Karpov, pero rara vez un entrevistador perdía la oportunidad de traer a colación el nombre de Fischer. “¿Vencería a Fischer? ¿Jugaría contra Fischer si volviera? ¿Sabe dónde está Bobby Fischer?”.

En ocasiones sentía como si estuviera jugando un match solitario contra un fantasma. Nadie sabía dónde estaba Fischer, o si –por entonces, todavía el más famoso jugador de ajedrez mundo— estaba por ahí planeando su regreso. Después de todo, a los 42 años, en 1985, era aún más joven que dos de los jugadores que yo acababa de enfrentar en la clasificación para el campeonato mundial. Pero trece años fuera del tablero es mucho tiempo. En lo que hace a jugar con él, supongo que me tenía fe y lo dije, pero ¿cómo se puede jugar contra un mito? Tenía a Karpov de que preocuparme, que no era ningún fantasma. El ajedrez había seguido adelante sin el gran Bobby, aún si muchos en el mundo del ajedrez no.

Fue, por tanto, todo un shock ver al verdadero y vivo Bobby Fischer reaparecer en 1992, seguido del primer juego de ajedrez de Fischer en veinte años, seguido de veintinueve más. Había dejado su autoimpuesto aislamiento, atraído por la oportunidad de enfrentar a su viejo rival, Spassky, en el veinteavo aniversario de su enfrentamiento por el campeonato del mundo –y por el premio de cinco millones de dólares–; un gordo y barbudo Fischer se presentó ante el mundo en un resort en Yugoslavia, una nación que atravesaba un sangriento proceso de división.

Las circunstancias eran bizarras. El retorno súbito, el trasfondo de la guerra, un oscuro banquero y traficante de armas como sponsor. Pero ¡era Fischer! No se podía creer. El ajedrez desplegado por Fischer y Spassky en Svefi Stefan y Belgrado fue, previsiblemente, descuidado, aunque hubo unos pocos flashes de la vieja brillantez de Bobby. Pero, ¿era realmente un regreso, o desaparecería tan pronto como había aparecido? ¿Y cómo entender las extrañas cosas que Fischer hacía en las conferencias de prensa? ¿El gran campeón norteamericano escupía sobre un cable del gobierno de los Estados Unidos? ¿Decía que no había jugado en veinte años porque había sido “puesto en la lista negra… por el judaísmo mundial”? ¿Acusaba a Karpov y a mí de haber arreglado nuestros juegos? Uno tenía que mirar hacia otro lado, pero no podía.

Aún en su mejor momento había preocupación por la estabilidad de Fischer, a lo largo de una vida de estallidos y provocaciones. Luego, estaban las historias de sus dos décadas fuera del tablero, rumores que de algún modo habían circulado por el mundo del ajedrez. Que  había empobrecido, que se había vuelto un fanático religioso, que repartía literatura antisemita en las calles de Los Angeles. Parecía todo demasiado fantástico, demasiado en línea con todas las historias sobre cómo el ajedrez vuelve loca a la gente –o cómo la gente loca juega al ajedrez— que han encontrado tan buen lugar en la literatura.

Una cosa era cierta: las viejas preguntas sobre Fischer volvían con vida nueva. Empecé a recibir llamados antes de que Fischer moviera siquiera un peón, y terminamos teniendo un diálogo bizarro a través de la prensa, a medida que los periodistas derivaban las respuestas de uno al otro. Mientras me llamaba tramposo y mentiroso repetidamente en las conferencias de prensa, Fischer decía que el primer obstáculo para jugar un match contra mí era que le debían al menos 100.000 dólares en derechos por la edición soviética de su libro. Qué ironico que su obra maestra, My 60 Memorable Games, una gran influencia en mi juego, fuera presentado  como tema de conflicto.

A la distancia, puede que fuera una compensación kármica, dado que era Fischer quien, ahora, tenía que lidiar con incontables preguntas sobre la posibilidad de jugar conmigo. Pero al menos todo el mundo sabía dónde estaba yo, ¿y qué podía decir yo sino que por supuesto jugaría con él? Nunca creí que ocurriera, en especial porque Fischer, que todavía se llamaba a sí mismo campeón mundial, nunca habría pasado el riguroso entrenamiento y los eventos preparatorios que requiere semejante encuentro competitivo.

Según resultó, Fischer no jugó de nuevo después de vencer a Spassky en aquel match de 1992. El juego de Fischer estaba oxidado y él sonaba perturbado, pero en el ajedrez siempre había visto claro y había sido honesto consigo mismo. El entendía que ya no podía conquistar el Olimpo del ajedrez. Pero el fantasma había renovado su licencia para acosarnos durante algún tiempo.

Fischer fue tema de tapa algunas veces más, después de eso. El 11 de septiembre, su obscena tirada celebrando los ataques (contra las Torres Gemelas en Nueva York) fue difundida en una radio de Filipinas y luego recorrió el mundo por Internet. En julio de 2004, fue arrestado en Japón por tener un pasaporte inválido y fue detenido durante ocho meses, hasta que se le concedió la ciudadanía islandesa como una forma de sacarlo del cautiverio (Fischer había sido un fugitivo de la ley en los Estados Unidos desde que jugó en Yugoslavia en 1992, porque ésta se hallaba bajo sanciones de la ONU en ese momento. En una conferencia de prensa antes del match, Fischer escupió sobre un cable del gobierno de George H.W. Bush en que se le advertía que no jugara. Pero había viajado amplia y libremente fuera de los Estados Unidos durante una docena de años y su detención en Japón lo sorprendió tanto como a todos).

Entonces, el 17 de enero de 2008, murió en Reykjavík después de una larga enfermedad cuyo tratamiento había rehusado. Aún esto parecía de algún modo típico de Fischer, quien creció jugando ajedrez contra sí mismo, dado que no tenía a nadie más con quien jugar. Había luchado hasta el final y se había demostrado como su más peligroso oponente.

Las extraordinarias vida y personalidad de Fischer producirán, seguramente, incontables libros y probablemente películas y tesis doctorales. Pero hay pocas dudas de que ninguno de los autores de esas obras futuras estará más calificado para escribir sobre Bobby Fischer que Frank Brady. Relación cercana del joven Fischer, él mismo una “persona del ajedrez” (como las llamamos), así como un experimentado biógrafo, Brady escribió también la primera y la única biografía sustancial sobre él: Bobby Fischer: Profile of a Prodigy (1965, edición revisada en 1973).

Es difícil imaginar un tema más difícil que Bobby Fischer para ser expuesto de modo riguroso y neutral. Era un solitario que no confiaba en persona alguna. Su carisma atraía tanto a cholulos maravillados como a críticos despreciativos. Fischer tenía opiniones fuertes de la clase que tiende a crear sentimientos igualmente categóricos en aquellos que lo conocían –y en aquellos que no. Tuvo una familia muy pequeña y tanto su madre, Regina Fischer, como su hermana mayor, Joan Targ, han fallecido. La inaccesibilidad general de Fischer también provocó incontables rumores y mentiras sobre él, convirtiendo la tarea del biógrafo en un desafío.

Con todo eso en mente, el libro de Brady es un acto de equilibrio impresionante y un gran logro. Aún antes de abrir el libro, no hay razón para dudar de que Brady apreciaba a Bobby Fischer y que tiene un interés como amigo así como fan en en el héroe norteamericano del ajedrez. Pero hay pocos rastros obvios de ello en Endgame, que no vacila en presentar los lados más oscuros del carácter de Fischer sin pretender juzgarlos o diagnosticarlos. El resultado es una oportunidad para el lector de sopesar la evidencia y llegar a sus propias conclusiones –o evitar completamente el juicio y simplemente disfrutar de leer una historia de ascenso y caída que tiene no pocas afinidades con la tragedia griega.

Una imprecisión que es algo más que una exageración dramática ocurre cuando Brady dice que Fischer no era consciente que su oponente soviético en la Olimpíada de Varna en 1962, el gran campeón mundial Mikhail Botvinnik, había recibido ayuda en el análisis de una partida pospuesta (Ndr: en el ajedrez profesional, después de 40 movidas, se puede interrumpir el partido a pedido de uno de los dos jugadores y se prosigue otro día; esto da chances a los jugadores de analizar con más tiempo las posibles variantes del juego en la continuación). La costumbre soviética (Ndr: de que unos jugadores del equipo ayudaran a otros en el análisis) era ampliamente conocida y, en este caso, era más natural, dado que era una competencia por equipos. No es posible que Fischer no hubiera sabido que esto era lo que ocurría.

Empezar por el final parece lo más natural dado que es allí donde más se han mezclado realidad y ficción en el pasado. ¿Por qué, cómo, pudo Bobby Fischer, que amaba el ajedrez y sólo el ajedrez más que nadie antes o después, abandonar el juego tan pronto como conquistó el título? No se trataba de una estrella tratando de marcharse cuando estaba en la cima; Fischer no tenía planes de retirarse. Tenía 29 años y estaba en su mejor momento, y finalmente tenía la fama y la fortuna que siempre supo que merecía.

Fischer regresó de vencer a Spassky en Reykjavík—El Match del Siglo— como campeón mundial, estrella mediática y condecorado combatiente de la Guerra Fría. Se desplegaron ofertas sin precedentes de millones de dólares y acuerdos publicitarios, básicamente cualquier cosa en la que él estuviera dispuesto a poner su nombre o su cara. Con escasas excepciones, rechazó todo.

Hay que tener en cuenta que el mundo del ajedrez de la era anterior a Fischer era risiblemente pobre aún para los modestos estándares de hoy. Las estrellas soviéticas eran subsidiadas por el Estado, pero en el resto del mundo la idea de vivir solamente de jugar al ajedrez era un sueño. Cuando Fischer dominó el torneo de Estocolmo de 1962, una pesada calificación de cinco semanas en el ciclo para el campeonato mundial, su premio fue de 750 dólares.

Por supuesto, fue el mismo Fischer quien cambió la situación, y todo jugador de ajedrez posterior debe agradecerle por sus incansables esfuerzos para obtener para el ajedrez el respecto y la recompensa que él sentía que merecía. Se ganó el apodo que Spassky le dio: “el presidente honorario de nuestro sindicato”. Estos esfuerzos significaron que era, a menudo, la peor pesadilla del organizador de un evento, pero esto no era asunto de Bobby. Diez años después de Estocolmo, la bolsa para el Campeonato Mundial de 1972 entre Fischer y Spassky fue la astronómica cifra de 250.000 dólares, más acuerdos colaterales para recibir una parte de los derechos de televisación.

Es apenas exagerado decir que el impacto de Fischer en el mundo del ajedrez fue tan grande en términos financieros como en el tablero. El campeonato del mundo se convirtió en una mercancía caliente y, como sabemos, el dinero manda. Los torneos de ajedrez y los jugadores adquirieron una nueva respetabilidad, aunque no todo sobrevivió al propio Fischer. Mi serie épica de matches contra Anatoly Karpov de 1985 a 1990 avivaron las llamas del sponsoreo hasta convertirlas en un incendio –no sólo íbamos a jugar por una más grande gloria soviética ahora que sabíamos que había millones de dólares por ganar. Habíamos aprendido de Fischer más que puro ajedrez. El match del campeonato del mundo del año pasado, en el cual Viswanathan Anand de India defendió su título contra Veselin Topalov de Bulgaria en Sofia, tenía una bolsa de alrededor de tres millones de dólares, a pesar de no contar con publicidad real alguna fuera del mundo del ajedrez. Más allá de las federaciones corruptas y de la falta de una organización coherente entre ellos, los principales jugadores de hoy ganan bastante bien sin tener que, además, enseñar o escribir libros mientras intentan, al mismo tiempo, trabajar en su propio ajedrez.

Joven, famoso, rico y en la cima del mundo, Fischer se tomó primero algún tiempo libre. Luego, un poco más; luego, más. Los grandes torneos eran relativamente escasos por entonces, y no sorprendió a nadie que Fischer no jugara durante el primer año posterior a obtener el título. Pero ¿el segundo año? El ciclo de tres años del campeonato del mundo, manejado por la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), ya estaba en marcha para definir al hombre que desafiaría a Fischer en 1975. Obviamente, no podía esperar hasta entonces para jugar su primer partida después de derrotar a Spassky.

Pero eso fue exactamente lo que hizo. Mucho antes de que esos tres años acabaran, sin embargo, ya tenían lugar las discusiones acerca del formato del match del campeonato mundial de 1975. Sin sorpresas para nadie, Fischer tenía muchas ideas firmes sobre cómo se debía manejar el evento, incluyendo volver al viejo sistema de no limitar el número de partidas. Como con muchos otros de los eternos debates del mundo ajedrecístico sobre Fischer, Brady hace piadosamente corta esta larga historia, dejando al lector decidir si las demandas de Fischer eran o no extremas, pero la justa o descaradamente egoísta FIDE no cedió en todo y para Fischer era todo o nada. Al final, renunció al título.

Esta desconcertante noticia desató uno de las mayores brotes de psicoanálisis in absentia que el mundo haya visto jamás. ¿Por qué no jugaba? ¿Creía tan firmemente que sus sistema para el campeonato era el único correcto que estaba dispuesto a entregar el título? ¿Había sido todo un bluff, una estratagema para ganar una ventaja o más dinero? ¿Siquiera sabía él por qué?

Una teoría que no fue oída mucha era que Fischer podía haber estado más que un poco nervioso acerca del desafiante, el líder de la nueva generación, Anatoly Karpov, de 23 años. De hecho, cuando propuse esta posibilidad en mi libro de 2004 sobre Fischer, My Great Predecessors Part IV, la respuesta hostil fue abrumadora. No se trataba de meras protestas de los fans de Fischer diciendo que había calumniado a su héroe. Hay gran cantidad de evidencia para argumentar que Fischer era el favorito por lejos en el match, si hubiese tenido lugar. Esto incluye el testimonio del propio Karpov, quien dijo que Fischer era el favorito y más tarde estimó sus personales chances de victoria en un 40 por ciento.

No sostengo que Karpov hubiera sido el favorito, ni que fuera mejor jugador que Fischer en 1975. Pero sí creo que hay un fuerte caso circunstancial de que Fischer tenía buenas razones para no apreciar lo que vio de su retador. Hay que recordar que Fischer no había jugado una partida seria de ajedrez en tres años. Esto explica por qué insistía en un match de longitud ilimitada, jugada hasta que uno de los dos jugadores alcanzara diez victorias. Dado que las tablas (empates) predominan en el más alto nivel, un match de ese tipo habría durado probablemente muchos meses, dando a Fischer tiempo para desentumecerse y probar a Karpov, a quien nunca había enfrentado.

Karpov era el producto líder de una nueva generación que Fischer había creado. Tenía un enfoque distinto al de todos los demás jugadores que Fischer había derrotado en su marcha hacia el título y él tenía poca experiencia lidiando con esta nueva especie. En las eliminatorias, Karpov había aplastado a Spassky y luego derrotado a otro bastión de la vieja generación, Viktor Korchnoi. Puedo imaginar a Fischer revisando las partidas de esos encuentros, especialmente el juego meticuloso de Karpov y su mano firme contra Spassky, y empezando a sentir algunas dudas.

Frank Brady descarta esta posibilidad rápidamente, quizás con justicia, dado que no hay forma de que sepamos alguna vez qué había en la cabeza de Fischer o, más desgraciadamente, que podría haber ocurrido si el match Fischer—Karpov hubiera tenido lugar. Pero me sorprendió leer que hubo contemporáneos que atribuyeron la no realización del encuentro puramente a los temores de Fischer. Brady cita al columnista de ajedrez del New York Times, Robert Byrne, quien escribió un artículo titulado: “El temor de Bobby Fischer a la caída”, justo unos pocos días después de que Karpov recibiera el título. Byrne no mencionaba a Karpov como amenaza –dice que no habría tenido chance alguna–, pero señaló que Fischer siempre había tomado grandes precauciones contra la derrota, al punto de declinar del mismo modo la participación en otros eventos cuando sentía que demasiado quedaba librado al azar.

La refutación de Brady erra el punto: “Lo que todos parecían olvidar era que, sobre el tablero, Bobby no temía a nadie”. ¡Sí, una vez en el tablero, él estaba bien! Donde Fischer tenía sus grandes crisis de confianza era siempre antes de llegar al tablero, antes de subir al avión. El perfeccionismo de Fischer, su absoluta creencia en que no podía fallar, no le permitía poner esa perfección en riesgo. Y en Karpov, no tengo dudas, especialmente después de un corte de tres años, Fischer vio un riesgo significativo.

Uno de los incontables debates sin fin acerca de Fischer era si sus excesos eran producto de un alma desequilibrada pero sincera, o una extensión de su omnívoro impulso de conquista. Fischer tenía principios firmes, pero el depredador que había en él era bien consciente del efecto que sus actitudes y comportamientos tenían sobre sus oponentes. En 1972, el caballeresco Boris Spassky no estaba preparado para lidiar con las dilaciones sin fin de Fischer y las quejas, y jugó muy por debajo de su nivel normal.

Karpov, por su parte, había vencido a Spassky convincentemente en 1974 sin ningún ardid. Se puede sostener un buen caso con el hecho de que el match con Spassky fue uno de los mayores esfuerzos de Karpov y que Fischer no habrá dejado de advertir la cualidad de su retador. Los matices de la vida real a menudo desconcertaban a Fischer, pero siempre veía muy claramente en blanco y negro. Junto con su juego moderno, Fischer habrá visto a un joven duro que no tenía ninguna de las nociones románticas de la generación más vieja y que no se descolocaría por las demostraciones fuera del tablero. (Todos los informes dicen que Fischer era escrupulosamente correcto en el tablero.) Sin importar cuán sincero Fischer pueda haber sido acerca de sus quejas –condiciones de juego, modales del oponente y, siempre, dinero–, eran tan parte de su repertorio como la Defensa Siciliana.

La debacle de la renuncia de Fischer llevó a otra pregunta sin respuesta. ¿Habría jugado Fischer si la FIDE hubiera cedido a todas sus demandas? La FIDE había aceptado todas sus condiciones excepto una: que si el match quedara empatado 9–9, Fischer mantendría el título. Esto significaba que el retador tenía que vencer al menos 10–8, una ventaja sustancial para el campeón. Si la FIDE hubiera accedido y Fischer hubiera aparecido con más demandas, se podría haber cerrado el caso de buena fe. En cambio, nos perdimos el que podría haber sido uno de los más grandes matches de la historia y deberemos preguntarnos eternamente qué hubiera hecho Fischer. Bajo esa luz, 10–8 apenas parece tan gran desventaja.

Irónicamente, después de que Fischer saliera de la escena, la FIDE implementó algunas de sus sugerencias, incluyendo el match ilimitado. Karpov recibió también la protección de la cláusula de revancha, que le dio al menos una ventaja tan grande como la que Fischer había exigido. El absurdo de un match ilimitado sólo se demostró de forma concluyente cuando Karpov y yo nos batimos durante el record de 48 partidas a lo largo de 152 días antes de que el encuentro fuera abandonado sin un ganador. Y sólo jugábamos a seis victorias, no las diez que deseaba Fischer.

Brady ofrece un relato sencillo del ascenso de Fischer al estrellato como el más joven campeón norteamericano de la historia en 1957, a los catorce años, que de allí saltó a la palestra mundial. Desafía la incredulidad que un norteamericano solitario pudiera derrotar a lo mejor que la maquinaria soviética del ajedrez podía producir. Pero incluso Walt Disney hubiera vacilado en concebir la historia de una pobre madre soltera que trataba de completar su educación mientras mudaba a su familia de un lugar a otro y a su joven, distraído hijo, de una escuela a otra –todo ello mientras era investigada por el FBI como posible agente comunista.

Regina Fischer era una mujer extraordinaria y no sólo por producir un hijo campeón del ajedrez. Pese a su preocupación porque Bobby pasaba demasiado tiempo en el tablero, comprendió que era la única cosa que lo hacía feliz y pronto transformó esa pasión en suya. Luchando constantemente por financiar los esfuerzos de su hijo, escribió una vez una carta directamente al líder soviético Nikita Khrushchev pidiéndole que invitara a Bobby a un festival de ajedrez.

Como único hijo, yo mismo, de una decidida madre-manager-promotora, no puedo sino preguntarme qué hubiera sido de Fischer si su situación familiar hubiera sido diferente. Perdí a mi padre a temprana edad, pero, a diferencia de Fischer, estaba rodeado de familia. El padre de Fischer no figuró y, de un modo un poco decepcionante, Endgame falla en aclarar una de las más sórdidas historias que circularon acerca de Fischer en los últimos años, esto es, la fuerte posibilidad de que el científico nacido en Alemania Hans Gerhardt Fischer no fuera el padre de Bobby. Su nombre estaba en el certificado de nacimiento expedido en Chicago en 1943, pero nunca entró en los Estados Unidos desde que Regina se mudara allí de Rusia, via Paris, con su hija Joan. Otro científico, un judío húngaro que enseñaba en los Estados Unidos y de nombre Paul Nemenyi, era muy próximo a Regina y envió dinero a la familia durante años. Sus retratos fotográficos lucen, además, tentadoramente similares al adulto Bobby Fischer. Más allá de una breve mención, sin embargo, Brady, claramente, no está interesado en la controversia.

El foco está puesto en Bobby y el ajedrez, como debe ser, aunque esperaba un poco más de carne en el tema de la naturaleza del prodigio y el desarrollo temprano de Fischer, más allá de su famoso comentario “simplemente resulté bueno” –aunque quizás no hay nada más. La naturaleza del genio puede no ser definible. La pasión de Fischer por los rompecabezas se combinaba con interminables horas dedicadas al estudio y al juego del ajedrez. La habilidad para sostener esas horas de trabajo es, en sí misma, un don innato. El trabajo duro es un talento.

Generaciones de artistas, autores, matemáticos, filósofos y psicólogos han considerado qué es lo que hace a un gran jugador de ajedrez. Más recientemente, científicos con máquinas avanzadas para scanear el cerebro se han unido a la cacería, buscando por sitios calientes de actividad cuando un maestro estudia una movida. Una veta obsesivo-competitiva es suficiente para crear un buen jugador de squash o un buen (o mal) banquero de inversión. No es suficiente para crear a alguien como Fischer.

Esto no es necesariamente un cumplido. Muchos fuertes jugadores de ajedrez llevan adelante carreras exitosas como negociantes de acciones o de divisas, así que supongo que hay una considerable superposición de habilidades requeridas como el cálculo intuitivo y el establecimiento de patrones. La aptitud para jugar ajedrez no es nada más que eso. Mi argumento ha sido siempre que lo que uno puede aprender de usar las propias habilidades–analizar las propias fortalezas y debilidades—es mucho más importante. Si uno puede programarse a sí mismo para aprender de sus experiencias mediante la revisión asidua de lo que funcionó y lo que no, y por qué, el éxito en el ajedrez puede ser muy valioso en verdad. De este modo, el juego me ha enseñado mucho acerca de mis procesos de toma de decisiones que es aplicable en otras áreas, pero ese esfuerzo tiene poco que ver con dones innatos.

La brillantez de Fischer era suficiente para convertirlo en una estrella. Fue su implacable, incluso patológica, dedicación lo que transformó el deporte. Fischer investigaba constantemente, estudiando todo partido de alto nivel en busca de nuevas ideas y mejoras. Estaba obsesiones con rastrear libros y periódicos, incluso con aprender suficiente ruso como para expandir el rango de sus fuentes. Estudiaba a cada oponente, al menos aquellos que consideraba dignos de preparación. Brady relata lo que era cenar con Fischer y oír un monólogo de un increíblemente profundo análisis del adolescente sobre las aperturas de David Bronstein antes de que ambos se encontraran en el torneo de Mar del Plata de 1960. Nadie se ha preparado tan profundamente fuera de los encuentros del campeonato mundial. Hoy, cualquier partida de ajedrez jugada alguna vez, incluso siglos atrás, está disponible para un novato con el click de un mouse. Pero en la era anterior a la computadora, la búsqueda obsesiva de Fischer era una ventaja competitiva fundamental.

En su juego, Fischer era sorprendentemente objetivo, mucho antes de que las computadoras desnudaran tantos dogmas y presunciones que los humanos han usado para navegar el juego por siglos. Posiciones que habían sido consideradas inferiores durante largo tiempo fueron revitalizadas por la habilidad de Fischer para mirar todo con ojos frescos. Sus métodos concretos desafiaban preceptos básicos, tales como que el bando más fuerte debe seguir atacando a las fuerzas sobre el tablero. Fischer demostró que la simplificación –la reducción de fuerzas mediante intercambios de piezas—era, a menudo, la vía más fuerte en tanto se mantuviera la acción. El gran cubano José Capablanca había jugado de este modo medio siglo antes, pero la interpretación moderna de Fischer de “la victoria mediante la claridad” fue una revelación. Su fresco dinamismo comenzó una revolución: el período que va de 1972 a 1975, cuando Fischer estaba ya en su autoexilio como jugador, fue más fructífero en la evolución del ajedrez que toda la década precedente.

El enfoque independiente de Fischer tuvo un impacto aún mayor sobre el mundo del ajedrez que sobre sus resultados personales. No me refiero a ninguna “movida especial”, como imaginan a menudo aquellos que no están familiarizados con el juego. Era simplemente que Fischer jugaba cada juego hasta la muerte, como si fuera la última. Fue este espíritu de lucha lo que sus contemporáneos recuerdan más acerca de él como jugador de ajedrez.

Si el genio es difícil de definir, la locura lo es aún más. Otra vez, debo aplaudir la habilidad de Brady para navegar entre riscos traicioneros como los que presenta Fischer en sus palabras y acciones, al rara vez intentar explicarlas o defenderlas. Ni tampoco intenta diagnosticar a Fischer, quien jamás fue examinado apropiadamente por un profesional, y en cambio fue declarado culpable, inocente o enfermo por millones de amateurs desde lejos. Brady también evita la trampa de argumentar si alguien con una enfermedad mental es o no responsable por sus acciones.

A fines de los ’90, Bobby Fischer comenzó a dar esporádicas entrevistas de radio que mostraron un pozo de odio hacia el mundo que se ahondaba –profanas diatribas antisemitas, júbilo después del 11 de septiembre de 2001. Repentinamente, todo aquello que había sido sólo rumores de los pocos que habían pasado algún tiempo con él desde 1992 era público en Internet. Fue una conmoción para la comunidad del ajedrez, y muchos trataron de responder de una forma o de otra. Fischer estaba enfermo, decían algunos, quizás esquizofrénico, y necesitaba ayuda, no censura. Otros culpaban a sus años de aislamiento, a los fracasos personales, a las persecuciones tanto reales como imaginarias del gobierno norteamericano, de la comunidad ajedrecística y, por supuesto, de los soviéticos, de inspirar su ánimo de venganza.

Claramente, esta completa paranoia estaba mucho más allá de la más calculada “locura” –incluso suscitada en defensa de principios—de sus años de jugador, bien descripta por Voltaire en su Diccionario Filosófico: “Tened en vuestra locura razón suficiente para guiar vuestras extravagancias; y no olvidéis ser excesivamente obstinado y lleno de opiniones”. Esto es, locura deliberada y exitosa que difícilmente puede ser llamada locura. Después de que Fischer dejó el ajedrez, las fuerzas oscuras en su interior no tenían ya un objetivo.

Pese a lo desagradable de su declive, Fischer merece ser recordado por su ajedrez y por lo que hizo por el ajedrez. Una generación de jugadores norteamericanos aprendieron el juego gracias a Fischer y debería continuar inspirando a las futuras generaciones como un modelo de excelencia, dedicación y logro. No hay moraleja al final de una fábula trágica, nada contagioso que necesite una cuarentena. Bobby Fischer fue único, sus fallas tan banales como brillante su ajedrez.

Aquí, versión de este artículo en inglés.

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10 Comments → “La Defensa Bobby Fischer, por Gary Kasparov”

  1. DragonEmi 3 years ago   Reply

    Excelente, lo lei todo, una lectura muy recomendada e instructiva en general

  2. JORGE A. PADILLA R. 3 years ago   Reply

    TRIBUTO A BOBBY FISCHER
    Corría septiembre de 1988, estando de vacaciones durante un viaje que realizamos con mis compañeros de promoción; en el fragor de esas algarabías, solía separarme del grupo para buscar algún retazo de artículo o revista, relativo a un protagonista de un milenario juego; este fanatismo me acompañaba desde mi adolescencia; y en una de esas salidas, mi búsqueda no resultó vana; pues aún recuerdo la viva emoción que me causó advertir en una librería de Mar del Plata, el libro de Pablo Morán: “Bobby Fischer” su vida y partidas; aquel día había llegado a mis manos la obra que siempre esperé encontrar; y que por muchos años fue mi más preciada bibliografía, junto a la obra de S. Gligoric, Los Campeonatos del Mundo de Botvinnik a Fischer, que fue un apreciado regalo que me hizo mi querido hermano.
    Demás está decir que los “devoré” ávidamente, tanto su particular biografía, como la reproducción con sumo deleite de las partidas contenidas; siendo casi una obsesión recopilar todas las que ha disputado, desde los inicios de su carrera, hasta su épica lucha por el Campeonato del Mundo. No pasarían muchos años en que conseguiría este objetivo.
    Por aquella época aún discutían en encarnizadas y titánicas batallas, la supremacía del trono mundial los otros dos gigantes, Karpov y Kasparov. Debo decir que seguir al diario las partidas disputadas, han generado emociones únicas.
    Otro agradable episodio acaecido en mi juventud, fue conocer a una distinguida persona, quien a su vez conoció al mismísimo “Bobby” Fischer, y si eso fuera poco, jugó una partida contra Él! siempre guardaré en mi memoria la narración de mi amigo el MF Aníbal Aparicio (por muchos años el mejor ajedrecista del norte Argentino), cuando Bobby después de derrotar convincentemente en Bs. As. la finalísima del Candidatos a la “Boa” Tigran Petrosian; visitó Salta en octubre de 1971 para dar una sesión de simultáneas. El Joven Universitario Aníbal, era ya por entonces un fuerte ajedrecista, que se ganó el privilegio de participar en la sesión como uno de los rivales de Bobby. Cuenta El, que era una noche intensamente lluviosa, y cuando la desilusión ya imperaba el recinto y se pensaba que el invitado no llegaría, el astro americano de repente hace su aparición! y sin protocolo ni banalidades, instruyó a todos ejecutar por su cuenta e4! “Everybody plays pawn four king!”, y luego de la correspondiente respuesta de sus emocionados rivales, procedió a replicar vertiginosamente de mesa en mesa de las veinte que contempló el evento. No menos interesante le fue contemplar sus peculiares ademanes; y en el tradicional saludo, al estrechar la amplia mano del Gran Maestro y mirar su rostro, dijo ver unos expresivos ojos de penetrante mirada; que presagiaban el devenir de una insólita celebridad mundial. No creo que entonces, le haya afectado mucho a mi narrador (y en realidad a todos sus compañeros!) el resultado deportivo de la contienda, pues acababa de verificar técnicamente, las consecuencias de una “pequeña” inexactitud, en respuesta a una de las líneas abiertas derivadas por el movimiento e4 de las Blancas.
    Reitero que mi amigo ya era un fuerte candidato a Maestro, pero el punto es que había estado jugando contra “El Maestro”. Lo suyo realmente fue una experiencia memorable!
    Mucho se ha escrito acerca de Bobby, de sus colosales proezas, su prodigiosa memoria, su agresivo, combativo y único estilo, y principalmente su férreo instinto asesino. Pese a todo ello, creo que cada uno de los que admiramos el arte de este inefable ajedrecista, tenemos nuestra propia opinión acerca de su estilo, sus fortalezas y debilidades; y lo que supusiera para la historia del ajedrez, su continuidad después de aquel épico match con Boris Spassky en Reykjavic 1972.
    Admito en que antes, durante y posterior a él, existieron jugadores al que los expertos denominan más “brillantes”, como por ejemplo: Alekhine, Bronstein, Tahl, Spassky, Stein, Kasparov y últimamente Shirov. Pero porqué se les considera jugadores más brillantes? En mi modesto entender, estimo que un jugador considerado brillante, es aquel que regularmente ejecuta partidas deslumbrantes, caracterizadas por combinaciones, sacrificios en serie y fulgurantes ataques; pero que pese a que producen una honda sensación estética, las mismas por lo general no resisten profundos análisis, al hallarse en ellos algún hueco u “hole” que descalificaba el llamarlas partidas perfectas; concluyéndose que una partida “brillante” no precisamente es impecable; pero una partida perfecta necesariamente debe ser una auténtica brillantez, por su calidad y desarrollo en conjunto. Es aquí a donde apuntaba la maestría de Fischer, pues su juego era puro y lógico, siempre buscaba la verdad, y la encontraba gracias a su portentosa erudición, a su genialidad en cada fase de la partida, elevada técnica y a su profunda capacidad de cálculo; cualidades éstas, que generalmente le reportaba conducir sus partidas con maestría y precisión impecables.
    Si consideramos que una partida de ajedrez magistralmente jugada, consiste en una conducción que vincula coordinada y eficazmente todas las facetas del juego (transición de la apertura al medio juego y de éste al final), para cuyo efecto se ha dispuesto de inventiva, creatividad y precisión; la obra así labrada no puede ser menos que una gema, una obra de arte; y una obra así, no puede ser ejecutada invariablemente por un prominente Gran Maestro, sino por un jugador necesariamente genial. Cierto es que Fischer no forzaba (tampoco las evitaba) generar posiciones complejas e inciertas para desarrollar deslumbrantes ataques, pues actuaba según las particularidades de la posición; consecuentemente con ello, si en la misma disponía de una ventaja microscópica pero tangible, optaba por el procedimiento técnico más eficiente, simple pero demoledor, al más puro estilo de Capablanca; cuando la característica de la posición demandaba definición por la vía rápida, infaliblemente desplegaba una fulgurante combinación al estilo de Morphy; y si a su vez, la contienda reflejaba equilibrio; para asirse con la iniciativa, el enérgico juego de Bobby siempre se mostraba combativo, explotando sus posibilidades hasta el límite, forzando a sostener una intensísima lucha hasta el último peón!; semejante tensión sobre el tablero solía quebrantar hasta la más férrea de las resistencias, para luego proceder a su ejecución con una secuencia letal. Muchas víctimas, entre ellos destacados Grandes Maestros, indicaron que les resultaba muy desagradable jugar contra un oponente con un instinto tan asesino. Esta persistencia y voluntad férrea de ganar, recordaba al gran luchador que fue Lasker (el hombre de las grandes circunstancias). Y es que en el juego de Bobby, se fusionaban virtuosamente las cualidades de estos gigantes (especialmente el de Capablanca), pudiéndose sintetizar que su combativo estilo era universal, dominando tanto el juego posicional como el combinativo con una marcada fiereza agresiva; ello consecuentemente le erigió constituirse a Bobby Fischer en el más grande talento natural, que unido a sus inigualables logros y altos porcentajes, le reportó el incuestionable honor de ser considerado el más grande ajedrecista que haya existido.
    Empero, la necesidad de tener el control absoluto de la partida, le inducía a no extenderse demasiado en ejecutar movimientos especulativos de extremo riesgo, donde no es posible para ningún humano estimar las consecuencias a través del cálculo; es por ello que en sus partidas no se advierte frecuentes posiciones confusas, sino posiciones propensas a la claridad. De ahí es que resulta difícil señalar sus debilidades, pero como todo ser humano indefectiblemente los tiene, posiblemente una debilidad de Fischer radicaba en que pese a su incomparable comprensión y conocimiento del juego, tenía obsesión por poder dominarlo todo, pero el ajedrez es prácticamente infinito, por lo que es imposible abarcarlo con el cálculo concreto de variantes; puesto que en determinadas situaciones, la posición de una partida indistintamente su complejidad, requiere a veces del aspecto intuitivo, que aunque no le faltaba, generalmente no recurría, porque lo consideraba especulativo; y el hueco que a veces dejaba este afán, era donde sus oponentes ocasionalmente encontraban su oportunidad. Asimismo analizando la causa de sus derrotas, se denota que fueron consecuencia de su pragmática tendencia a aceptar casi ineludiblemente sacrificios de peón (tanto en la variante del peón envenenado de la defensa siciliana, como en la variante Marshall de la Ruy López) pues si percibía que no había razones reales de peligro los aceptaba, pues siempre jugó a ganar; y su gran calidad y confianza en sí mismo le permitía resistir la iniciativa rival, rechazando su ofensiva, para pasar luego a un mortal contraataque; pero esto invariablemente significaba defenderse al borde del abismo, y precisamente por ello que se producían sus aisladas capitulaciones.
    Entre sus principales logros; puede decirse que fue el candidato al campeonato del mundo más joven de la historia, pues a los 15 años clasificó para el torneo de candidatos, adquiriendo el título de Gran Maestro, el cual por muchos años constituyó un récord; hasta que la jovencísima Húngara Judith Polgar lo rompió a los 14 años de edad. Fischer fue uno de los pocos GM de la historia en ganar todas las partidas (once) disputadas en un torneo, precisamente en el campeonato de los EEUU en 1963. En Herceg Novi (Yugoslavia 1970) participó en el considerado campeonato mundial de blitz, donde también tomaron parte los mejores jugadores del mundo en la especialidad, ganando por 4,5 puntos de ventaja precisamente sobre su más difícil rival, el ex campeón mundial Mijaíl Tahl; y ante el asombro de todos, los dos fueron los únicos capaces de reproducir de memoria cada una de las 22 partidas (unos 1056 movimientos) que jugaron en el torneo!
    Antes de su gran ascensión al más alto podio, Fischer había establecido un récord prácticamente inigualable; había ganado veinte partidas consecutivas, de las cuales doce fueron ante rivales de elevadísima categoría, como la de los GMs Taimanov y Larsen, a quienes endosó respectivos 6 a 0!! Los expertos no lograban explicar estos fantásticos resultados, pero el gran público los aplaudía fervientemente. En la final de la candidatura Bobby derrotó convincentemente al hombre más difícil de vencer, al ex campeón mundial Tigran Petrosian, desplegando un nivel de juego nunca antes visto; la precisión, inventiva y la casi nula presencia de errores, convergieron en el juego de Bobby. Ya sólo quedaba Spassky en su camino al título mundial; los rusos se dieron cita para evaluar la situación, ya que dos de sus grandes maestros habían sido literalmente aniquilados; por lo que había que preparar de la mejor manera al Campeón Mundial para defender con éxito el título; para ello fue imperativo disponerle a Boris de analistas, ayudantes, asesores. Esta tarea se tornó en un compromiso moral a nivel nacional, pues se invocaba a todos los ajedrecistas del país, aportar con estudios, análisis, novedades de apertura y variantes. El gobierno estaba preocupado; el orgullo de toda una Nación estaba en juego, pues el temor a perder el cetro mundial que engalanaba sus vitrinas desde 1948, exacerbaba al Estado progresivamente; por primera vez se amenazaba seriamente a la hegemonía rusa, y precisamente de un ajedrecista proveniente del país con quien menos desearían claudicar; pues nunca antes hubo tangibles argumentos para todo aquello. Definitivamente un fantasma recorría el ajedrez soviético! el fantasma de Bobby Fischer!
    Por primera vez en aquellos años, el nombre de un ajedrecista se publicaba por todos los medios, rebasando en rating y difusión incluso a figuras deportivas de la categoría de Muhammad Alí (campeón mundial de peso pesado), Marck Spitz (campeón mundial de natación y futuro plusmarquista olímpico), Edson Arantes Do Nascimento “Pelé” (Campeón Mundial de Fútbol) y Jackie Stewart (Campeón Mundial de Fórmula I). Nunca antes el ajedrez se antepuso en la prensa mundial de manera tan ostentosa y frecuente. La genialidad de Bobby Fischer y sus impresionantes resultados, fueron los responsables de todo aquel boom.
    El hasta entonces encuentro más esperado, se denominó “El Match del Siglo” en 1972 en la capital Islandesa de Reikjavic. Spassky estaba magnánimamente preparado, seis meses de constante investigación e intenso estudio coadyuvaron en ello! Su mente portaba una colosal información, había estudiado a fondo el juego de Fischer, y en base a ello prepararon variantes y novedades de apertura con los que sorprendería al temible norteamericano. Es probable que hasta el mismísimo Botvinnik aportara en dicha preparación, pues durante su preparación para enfrentar a Fischer en match amistoso (encuentro que fue abortado) seguramente había preparado algún bagaje teórico, el que sería útil para su compatriota. Después de semejante preparación, los rusos confiaban que su hombre fuerte protegería los intereses de la nación. Todo el pueblo le expresó su apoyo, despidiéndole en el aeropuerto de Moscú, para tomar el vuelo rumbo a Reikjavic. Bobby se preparó de manera diferente, lo hizo literalmente solo y dio un paso más allá, calculó acertadamente que los soviéticos prepararían novedades en sus sistemas de apertura favoritos; por lo que amplió significativamente la gama de aperturas a emplear en el match, aportando novedades teóricas inclusive en cada una de ellas!
    Después de un comienzo dubitativo, debido a desavenencias de tipo financiero y técnico (iluminación y grabación televisiva del match) con la organización, sobre lo cual se han escrito ríos de tinta; Bobby jugó de manera genial y soberbia, evitó las sorpresas preparadas por su rival, variando en cada partida de una apertura a otra, entre las cuales produjo partidas de singular belleza; Spassky estaba sobrecogido por el completísimo conocimiento del retador; intentó jugar su ajedrez variado y brillante, que en muy aisladas ocasiones le reportaron éxito, pero estuvo lejos de ser suficiente. Bobby se impuso en el match concluyentemente; la corona de campeón mundial cambió de manos. Es una pena que le haya tocado a Boris Spassky (todo un caballero del tablero) la tamaña responsabilidad de defender para su país el título más preciado, ante el probablemente más peligroso adversario, por lo que no fue su culpa el no defenderlo con éxito; Fischer sencillamente fue superior, en realidad había alcanzado un nivel de juego muy por encima de su tiempo; ya que al decir de Kasparov, Fischer en 1972 se adelantó a su época en 15 años. Esto sólo les está permitido a los genios!
    Los Grandes Maestros Miguel Tahl, Efwim Geller y Boris Spassky jugadores de agresivo estilo atacante, fueron los rivales de Fischer contra quienes ha jugado sus más interesantes partidas, a la vez que más dificultades tuvo durante su carrera deportiva; probablemente por ello, es que un hipotético match contra Kasparov (en sus respectivos mejores tiempos), hubiera marcado el más emocionante e interesante duelo de todos los tiempos (gambitos, sacrificios, contra sacrificios, activas defensas, contraataques, jugadas geniales, etc.); cuyo vaticinio del resultado de la contienda, no me aventuro a expresar; pues pecaría de auténtico fanatismo…; pues, sobra y basta con la difícil tarea de predecir el resultado de su abortado match contra Karpov, el mismo que sí intentaré expresarlo; pero me estoy adelantando un poco.
    Por ahí leí que el actual campeón del mundo el indio Viswanathan Anand (uno de los campeones mundiales más queridos por la afición, debido a su afable y sencillo carácter), comparando las carreras ajedrecísticas del undécimo y décimo tercer campeón mundial, dijo que Kasparov es un poco mejor que Fischer…, obviamente, la opinión de Anand es digno de toda consideración y respeto; pero he aquí que no es explícito, “un poco mejor” en qué?, por lo que en mi modesto entender, permítaseme intentar aclarar esta ambigüedad, y discrepar con él por las siguientes razones:
    Considerando que Kasparov dispuso de todo cuanto precisó para obtener el máximo efecto en su rendimiento, como ser una portentosa instrucción del mejor maestro al que se puede aspirar (Botvinnik), los mejores ayudantes y analistas, y la invaluable experiencia que le reportó jugar extendidos matches con el más fuerte maestro en el arte del juego posicional (Karpov); prerrogativas éstas, que le permitieron universalizar su estilo y tal experiencia práctica, le propició alcanzar el más alto pináculo. En contraposición, Fischer ha conseguido sus singulares logros, absoluta y literalmente sólo, pues desdeñaba disponer ayudantes, y de hecho no utilizó a los que le asignaron para su enfrentamiento en el campeonato mundial contra Spassky, alegando que “sólo otro Fischer podría ayudar a Fischer!”. Fue un genuino ejemplo de autodidacta, una especie de intrínseca fusión hombre-ajedrez, que estableció sin paralelismo, el mayor distanciamiento en nivel de juego con respecto a sus más fuertes rivales contemporáneos; pero lamentablemente una vez obtenido el máximo galardón mundial, debido a su auto enclaustramiento y ostracismo, no culminó a consolidar su obra y demostrar su posterior hegemonía. Por lo que si Anand quiso decir que Garry al tener una carrera más convincente como Campeón Mundial por el mérito de mantenerse en la cumbre por más de veinte años con sus ininterrumpidos éxitos deportivos, le considera “un poco mejor”, probablemente tenga razón; y en el caso de referirse a lo estrictamente técnico como la calidad de juego, considero que sus niveles en cierta forma llegaron a ser equivalentes, ya que cada uno en su tiempo produjeron auténticas joyas, tanto en el juego de posición como en el combinativo; aunque éstas últimas por cuestiones de estilo, hayan sido más frecuentes en las partidas de Kasparov; denotando que de manera habitual, dispuso a su servicio de la valiosa cooperación de prestigiosos analistas, entrenadores y segundos; ello por supuesto, no desmerece en absoluto su impresionante carrera.
    Pero en lo que discrepo completamente con el Sr. Anand, es que si se refirió a lo eminentemente deportivo y fuerza ajedrecística; pues, aunque Garry Kasparov monopolizó convincentemente su dominio en el ajedrez mundial a través de un regular juego brillante, la magnitud de su hegemónica superioridad con respecto a sus contemporáneos, fue inferior al establecido por Fischer. A su vez cabe denotar que para ascender al olimpo, la lucha de Garry se desarrolló en un escenario donde los más fuertes oponentes precisamente fueron sus propios co-nacionales, y no así la concentrada y colosal fuerza de una legión de los mejores jugadores del mundo, apoyada acérrimamente por su gobierno, al que Fischer tuvo que enfrentar y derrotar, en el período de mayor aspereza política (la Guerra Fría entre la URSS vs. EEUU).
    Por lo que Sr. Anand por favor excuse Ud. a este modesto admirador suyo, pero por todos los argumentos vertidos, considero que Fischer fue el más grande y genial ajedrecista de todos los tiempos; y en ese contexto, creo que una legión de ajedrecistas no le discutirán que Kasparov no tiene rival, en el segundo puesto; con el respetuoso permiso de Capablanca y Alekhine.
    Metaforizando lo alcanzado por Fischer, por su entera devoción al ajedrez; me remito a la célebre versión de la obra de Goethe, donde El Dr. Fausto, vendió su alma al diablo a cambio de conocimiento y poder. Fischer en cierta forma, pactó lo mismo a sus 13 años con Caissa la Diosa del ajedrez (justo antes del Torneo de Rosenwald 1956), a quien por su entrega en cuerpo y alma al juego de reyes, habría pedido a cambio el don del mayor talento ajedrecístico jamás brindado a una mente humana. Por lo que parafraseando la dimensión del logro deportivo de Fischer, resulta semejante al resultado del siguiente encargo que le hiciera Caissa: “…, de acuerdo, satisfaré tu petición, pero además me pides ser Campeón Mundial!; pues bien no será una empresa nada fácil; por lo que prepárate para iniciar la obra más grande de tu vida; deja a tu familia y amigos, y sígueme; toma este compendio, estudia y analiza concienzudamente todas las partidas de tus antecesores de todas las épocas, obtén su sabiduría; pero eso sí, tendrás que trabajar solo! luego sal y enfréntate a todos tus contemporáneos; no los temas, respétalos, pues serán los mismísimos propietarios de la hegemonía mundial a quienes tendrás que derrotar; y en aras de defender para su nación, el monopolio del prestigio intelectual que les pertenece y les es lo más preciado, en bloque y con todas sus fuerzas; te pondrán todos los obstáculos a su alcance; pero tú sigue, no importa cuantas veces caigas, levántate, y vuelve a hacerlo, no hay dolor! lucha enconadamente, pues desde ahora tu vida está en juego; derrótalos y luego hazme testigo de tu gesta con una ofrenda, emulando lo que Julio César hizo: vini, vidi vici; y arrebátales el título. Hazlo, hazlo! pero no olvides que después de tu conquista, deberás honrar la segunda parte de nuestro compromiso…”
    Pese a su arrolladora personalidad y ser dueño de un difícil carácter, Fischer siempre fue honesto consigo mismo y con sus seres de confianza. Después de alcanzar el objetivo de su vida arrancando la corona del seno soviético; Bobby habría cumplido su compromiso con Caissa…! desapareció del mundo del ajedrez, refugiándose en una secta “La Iglesia de Dios” ubicado en Pasadena (un barrio de Los Ángeles), bajo la custodia de una tal Sra. Claudia Makarov, quien actuó como un centinela a pedido de Bobby, ocultándolo de todo el mundo.
    Creo que muy pocos mortales aceptarían consagrar su vida a semejante objetivo por tan estrecho y espinoso sendero! en esas condiciones hubiera sido una hercúlea y prácticamente imposible tarea incluso para el mismísimo Kasparov, el mejor discípulo (pero no el mejor autodidacta) de la escuela soviética; pero he aquí, que el encomendado por Caissa se llamó Robert James ”Bobby” Fischer. Quien antes de concretizar el objetivo de tan magnánima empresa, Fischer dominó el ajedrez mundial durante tres años (y cómo lo dominó!), en los mismos ha demostrado una fuerza deportiva excepcionalmente superior, al haber rozado la perfección por la casi ausencia en su juego de todo error ajedrecístico, habiéndole ayudado a su innato y sin parangón talento, el asombroso coeficiente intelectual de 184 (el nivel de un genio!), indicando que su genialidad se codeaba con los de Aristóteles, Da Vinci, Newton y Einstein!. Definitivamente Bobby dispuso de las virtudes y cualidades mentales que la Divina Providencia anteriormente dotó a sus “geniales predecesores”.
    En cierta manera coincido con Kasparov en que posiblemente Fischer “temió” perder su título ante Karpov en 1975; aunque creo que es más preciso decir que dudó retenerlo; pues esta vez el fantasma de la derrota surcaba su mente; pero acaso tener miedo es malo y no es de humanos? acaso alguno de los más grandes logros no se han conseguido por efecto del miedo al provocar la inyección de una fortificante adrenalina que en determinados y excepcionales humanos, les ha estimulado el ardor deportivo?. Fischer era consciente que mientras él estaba alejado de las lides en el tablero (al menos deportivamente), la grandiosa campaña de la extinta URSS, movía cielo y tierra en aras de producir en el firmamento soviético otras estrellas dignas de relevar a la vieja, brillante pero alicaída guardia. Paralelamente de manera ferviente se buscaba producir al talento capaz de recuperar la corona, ahora en manos de occidente y precisamente del país que más dolor les produjo perder la hegemonía. La nueva estrella portaestandarte no les tardó en llegar, cuando después de una exhaustiva serie de matches en el candidatos, se erigiera como desafiante al trono, alguien que convincentemente derrotó a Spassky el otrora contendor de Fischer; no obstante, probablemente Boris no se encontraba en mejor forma que en 1972 aunque haya aducido lo contrario y lo haya corroborado el mismísimo Kasparov (dado el tremendo golpe psicológico sufrido a manos de Bobby en el match del Siglo); seguidamente Karpov consiguió algo similar con Korchnoi. Indudablemente para Fischer el nuevo gigante le era totalmente desconocido, resultándole incómodo la idea de disputar un match contra quien nunca ha jugado partida alguna, y a quien Spassky por experiencia propia, le definió como un Petrosian mejorado, por su excepcional solidez, depurado estilo, y mayor espíritu combativo.
    Se sabe que uno de los métodos considerados válidos para evaluar el estilo de juego de un jugador, es relacionando y comparando las similitudes de su juego con el de otros jugadores referentes; bajo este criterio, diversos expertos coinciden que el estilo de Karpov es muy similar al de Capablanca, pero tal vez con mayor espíritu combativo; el de Kasparov es afín con el de Alekhine, con un mayor dominio del juego de posición. Y por ahí leí la afirmación de un experto, de que el juego de Fischer tenía un extraordinario instinto asesino y una garra deportiva sin igual; cualidades competitivas que se amalgamaban con las características del juego luchador de Lasker, la claridad y lógica del juego de Capablanca; y la profundidad de cálculo y capacidad resolutiva del juego de Alekhine. Si bien ratifico dichas aseveraciones de similitud con el juego de sus ilustres predecesores; empero, sintetizando objetivamente el estilo del juego de Fischer con los jugadores inmediatamente posteriores a su puesta en escena; y por paradójico que pueda parecer, a mi modo de ver, me animo a expresar que es más preciso indicar que el juego de Bobby en cierta manera es la combinación del estilo de Karpov con el de Kasparov, por la convergencia en su juego de las principales virtudes de estos dos fenomenales ajedrecistas; fundamento esto por lo siguiente: Si bien con respectivas variaciones, pero de manera general; una faceta del juego de Bobby se parecía y acercaba a la solidez y tenacidad defensiva de Karpov, como asimismo otra faceta se aproximaba al juego arriesgado y combinativo de Kasparov aunque en menor escala por cuestiones de enfoque y estilo; pero que sumando a dichas cualidades su típica fiereza y ardor deportivo, su inmenso conocimiento del ajedrez y su casi inhumana sed de estudio y auto superación; la fusión así obtenida, refleja el intrínseco y potente estilo de juego de Fischer, lo que fundamentadamente confiere considerarlo técnicamente en el jugador más completo. Pero en contraposición y en detrimento suyo, semejante potencia en su fuerza de juego, fue inversamente proporcional a su estabilidad emocional, por lo que su enemigo más peligroso precisamente se llamaba Robert James Fischer; pues debido a su carácter retraído y temperamento excesivamente individualista, su carrera hacia el título mundial en más de una ocasión se ha visto postergada. La manera siempre consecuente en defender las mejores condiciones para los ajedrecistas, junto a las enormes listas de exigencias a cumplirse para propiciar su participación en cualquier torneo, generalmente le reportaba la antipatía de los organizadores; el disgusto de uno de los anfitriones más famosos, fue el del Príncipe Rainiero (quien fue un entusiasta aficionado) que se “cabreó” con las exigencias que parecían brotar del cuerno de la abundancia por parte de Fischer, durante el fuerte torneo internacional que en el año 1967 organizó el principado de Mónaco.
    La disputa del match entre Fischer y Karpov en 1975, despertó gran expectativa a nivel mundial, hasta tal punto que el país anfitrión (Filipinas) que se impuso en la pugna para organizar el match bajo la activa gestión del entonces presidente Ferdinando Marcos, quien ofertó la estratosférica suma de 5 millones de dólares. Todo el mundo esperaba presenciar un combate incluso superior al de Reikjavic, tanto por la inmensa calidad de los contendores, como por el trasfondo político que revestía el nuevo encuentro. La situación ahora era diferente, dado que se intercambiaron los papeles; pues ahora el retador personificaba al país cuyo orgullo había sido hondamente herido tres años atrás; y por ende ardía en deseos de recuperar su anterior hegemonía; y el detentador del título, precisamente representaba al país que en aquellos años se constituía en su mayor rival político.
    Esta atmósfera revelaba la magnitud del respaldo que el pueblo soviético proferiría a su nuevo embajador. Y en efecto! a Karpov (por precisas y ardorosas instrucciones del Kremlin a través del entonces Premier Nikita Krushev) le habrían dispuesto a su servicio, toda la maquinaria ajedrecista soviética para su asistencia técnica, dotándole de un colosal apoyo (entrenamiento, analistas, ayudantes, psicólogos, preparadores físicos, material logístico, etc.) para destronar al temible americano.
    El futuro campeón mundial Anatoli Karpov poseía un colosal talento, pues en posiciones equilibradas literalmente podía “extraer agua de la roca” para desequilibrar la balanza a su favor y derrotar a sus rivales; asimismo tenía una capacidad extraordinaria para defender posiciones difíciles, como lo ha demostrado en los matches preliminares; posiblemente esta cualidad haya sido una de las razones que infundió inseguridad en Bobby; pues para romper esa solidez, debía estar en óptima forma y ello necesariamente demandaba tener una intensa actividad contra los mejores jugadores del mundo; exigencia que no ocurría desde que se coronó campeón.
    Cuando Bobby fue llamado a concertar las condiciones para su match contra Karpov, fue percatable que Fischer perdía progresivamente interés en defender lo que le fue más precioso en la vida, pues es comprensible (aunque no aprobable) que Bobby impusiera duras e inaceptables condiciones para jugar el match; esta actitud revelaba tácitamente el argumento con el que encubría su inseguridad y desinterés por defender su título.
    Empero a su vez, también me animo a discrepar con Kasparov, cuando indica en el Tomo IV de su magnífica serie “Mis Geniales Predecesores”, que de haberse disputado el match de 1975, Karpov de 24 años lo hubiera ganado. Si bien lo que esgrimo también es una especulación, pero creo que no sin sentido ni argumento. Probablemente Karpov hubiera comenzado ganando el match, dado su óptimo estado de forma por su continuidad deportiva en los fuertes y provechosos matches previos; empero durante el transcurso del match, el “aletargado” Fischer aunque no sin dificultades, paulatinamente habría recuperado su forma (es por eso que impuso la condición de un match sin límites de partidas), hasta permitirle revertir el tanteo del encuentro, gracias a su experiencia, fenomenal espíritu de lucha, genialidad y voluntad reconocidas; pues pese a su retiro, aún estaba en la cresta de su potencial intelectual, y en ese nivel, el mejor Fischer era insuperable. Una hipótesis que corrobore esta afirmación se basa en que Karpov (quien reconoció que en 1975 Bobby era el más fuerte) recibió un importante apoyo (similar al que se le habría brindado ante Fischer) para derrotar al “Terrible” y apátrida Víctor Korchnoi, pero que pese a estas prerrogativas acontecidas en Baguío 1978, no ha demostrado impecabilidad en su juego ni una superioridad tangible, dado que la diferencia de puntuación ha sido ajustada (6 – 5), donde un consolidado Karpov de 27 años, tuvo dificultades para derrotar a un Korchnoi de 47, quien en sus mejores tiempos ha sido derrotado por Petrosian en 1971 y convincentemente por Spassky (10 años atrás) en 1968, y a quienes Fischer literalmente aniquiló entre 1971 y 1972 respectivamente; implicando que Korchnoi en 1978 pese a vengarse en la fase de candidatos de los ya afectados ex-campeones Petrosian y Spassky en 1974 y 1977 respectivamente, no podría en 1978 ser mejor a sí mismo en 1971, cuando era más joven y fuerte (al menos deportivamente). Por ende y ley Transitiva, a su vez, la fuerza de Karpov no podría ser superior a la de un más maduro y experimentado Fischer en la plenitud de sus facultades en 1975. Por lo que de haberse jugado el tan esperado match, Fischer lo hubiera ganado, pero de haber retornado nuevamente al ostracismo, en el siguiente ciclo 1978 o el sub-siguiente en 1981, probablemente Bobby hubiera perdido, pues ante la cismática e inconstancia, no hay genio al que la Diosa y la vida no terminarían por castigar; prueba de ello aunque por diferentes razones, es lo que les pasó en su momento, a los entonces invencibles Capablanca y Alekhine.
    Cómo habríamos disfrutado ese encuentro! tanto, que hasta a veces pienso que fue una lástima y gran pérdida para el ajedrez, que no se hayan aceptado esas sus excesivas condiciones, con tal de haberlo vuelto a ver en acción…! Pero vamos, seamos objetivos! ¿Por favor me excusan? pues es el sentimiento de alguien que aún lamenta por lo que pudo ser y no fue.
    Pero permítanme continuar; de haber sido Bobby un genio más equilibrado y haber continuado vigente, la ley de la vida se hubiera impuesto, ya por la edad, la disminución de sus fuerzas y el aumento de la de sus rivales, en algún momento hubiera caído (tendrán razón los que sostienen que la CIA, para evitar lo posteriormente inevitable, ocultaron a Fischer…?) ya en manos de Karpov o de Kasparov; ciertamente ello nos habría dolido a muchos y alegrado a otros…, pero que fantásticas luchas habrían producido sobre el tablero! Definitivamente durante su reinado siendo un jugador activo, Bobby habría marcado el período más enigmático, imprevisible, emotivo e interesante de toda la historia de este milenario juego. Cuánto perdió el ajedrez con su prematuro retiro!
    En 1982 se supo que en Pasadena fue arrestado por ser confundido con un delincuente, cuenta él que fue torturado para forzarlo a que admitiese injustamente su culpabilidad. Posteriormente corrieron rumores que se encontraba en una crisis económica, y que vagabundeaba errante para granjearse sustento, cuando una sola participación en un torneo comercial, le hubiera bastado para asegurar su futuro económico! Pero Fischer era fiel y honesto consigo mismo, nunca el dinero le fue más importante que sus propias convicciones y principios.
    Cuántas historias se generaba y ventilaba en torno a su mítica figura! El misterio y el enigma enarbolaron a Bobby Fischer como a ningún otro deportista o personaje, no sólo del mundo del ajedrez.
    En el año 1983 se llevó a cabo en Pasadena el Match Final del ciclo de candidatos entre Kasparov y Korchnoi. Que dicho sea de paso, el motivo de organizar el match prácticamente en la casa de Bobby, tenía fines de buscar un contacto y motivar su retorno. Pero no hizo más que distanciarlo, pues ni siquiera el periodista ajedrecista más influyente de aquellos años Dimitrije Bjelica (uno de los más cercanos amigos de Bobby de los años 60), no pudo ocultar su frustración al verse impedido por la Sra. Makarov para tener un contacto aunque sea telefónico con Él. Fischer al saber que sus colegas jugarían en su reducto, no esperó a que lo buscaran, granjeándose ningún riesgo en que lo encontraran; y huyó hacia Los Ángeles.
    Nadie podía ubicarlo, y menos aún tener con algún contacto; todo sobre Él provenía de rumores, por lo que el enigma sobre su paradero incrementaba su leyenda. En cualquier evento ajedrecístico estaba presente su nombre; las tertulias eran amenas, pues hablar del genio era cercano a hablar del escocés William Wallace, o de Ulises, Aquiles u otro héroe mitológico. Pues la pregunta no contestada del millón siempre era la misma, donde está Fischer…? dicen que lo vieron…, que está en Pasadena, y está igual, deformando sus bolsillos con todo retazo de periódico que encuentra sobre artículos de ajedrez; que gana todas las partidas blitz que en secreto juega contra los GMs…!, que está al tanto del acontecer mundial; y que prepara su retorno para restablecer el orden…!
    El GM argentino Miguel Angel Quinteros, que acompañó a Bobby en las instancias finales de su match contra Spassky, pues se le puede ver en un video sujetando la corona de laurel y subiendo con Bobby triunfante a la nave que los traería de regreso a EEUU; fue quizás el ajedrecista que más contacto tuvo con Bobby, incluso en el período de su auto reclusión; pero era evidente que su amistad era leal, pues no violó su compromiso con Bobby de revelar su paradero y situación; sólo se habría limitado a decir que el genio estaba igual, que no había mermado su nivel de juego y que en partidas blitz era verdaderamente intratable.
    Se dijo tantas veces que se tramitaba su retorno a las lides ajedrecísticas, pero para desilusión de sus acérrimos seguidores, siempre se supo que se abortaron las negociaciones, por lo que hasta el más crédulo, ya no creía en su regreso. Estaría escrito el destino que nunca más tornaríamos a verle en su clásica pose, pensando jugadas que volvieran a deleitar al mundo de las 64 casillas?
    Fischer Vuelve…!!! decían los titulares de los periódicos en agosto de 1992. Parecía verdad! los trámites organizativos del célebre match de revancha con Spassky en Sveti Stefan estaban en marcha; pero todo podía suceder con el imprevisible Bobby, hasta incluso iniciada la contienda!
    Y finalmente volvió! su retorno naturalmente causó honda emoción en el mundo del ajedrez. Como será ahora después de veinte años? seguirá manteniendo su nivel de juego? Después de ganar a Spassky, retará a Kasparov? Eran las típicas preguntas de todo fan. Tras su brillante debut en la primera partida, seguí con gran entusiasmo el desarrollo de todo el match, esperando que después de unas cuantas dubitaciones, recupere finalmente su forma y aplaste convincentemente a Boris, y a soñar en un match con Kasparov (estas emociones acaso se vive dos veces! una película de James Bond dice que sí!) pero no ocurrió de esa manera…! Un balance general después del match indicaba que Fischer ya no era el mismo, pese a que en algunas partidas mostró destellos de su legendario talento, pero la vida siempre pasa la factura, pues su prolongado alejamiento e insuficiente preparación le impidió definitivamente recuperar su nivel anterior; Kasparov dijo que se “fosilizó”. Si bien ya no tuvo el mismo mérito, pero volvió a derrotar por 10 a 5 a su antiguo rival, quien pese a su mayor constancia competitiva, tampoco estuvo cerca de su mejor nivel.
    Pese a todo, fue indefectible que se hablaría luego de un encuentro contra Kasparov; pero siendo honesto conmigo mismo, en el fondo ya no deseaba que se lleve a cabo (a nadie hará feliz que destruyan la aureola del héroe que más se admira!), pues no era difícil pronosticar quien hubiera sido el vencedor; inclusive ante un hipotético encuentro con el mismo Karpov de entonces.
    El embargo aplicado a la ex Yugoslavia, derivó en la prohibición a todo ciudadano norteamericano de sostener cualquier vínculo o relación comercial con este país; instrucción que fue deliberadamente omitido por Fischer al jugar el match con Spassky en Sveti Stefan en 1992, en parte como repudio a la nación que antaño dedicara su hazaña, y que luego comenzara a herirle de “muerte” con el primer desaire que tuvo al llegar a su tierra, y no ser invitado a la Casa Blanca por Nixon (a quien hasta entonces tanto admiraba); pues definitivamente su esfuerzo y heroísmo no le fueron debidamente reconocidos; pero no por su gente, sino por quienes precisamente le pidieron en nombre de la nación alcanzar la gloria; éste, futuras injusticias y persecuciones, incluyendo desengaños con su iglesia, le fueron minando su mente, provocándole los primeros síntomas de una paranoia crónica que le acompañaría y se agudizaría en las postrimerías de su vida. Estas decepciones indefectiblemente alteraron sus sentimientos, hasta llegar a un enfermizo odio; por lo que consideró que su “enemigo” no podría prohibirle jugar donde él quisiese. Su desacato le supuso arresto con privación de libertad y una multa de $us. 250.000,00
    A su huida de la zona embargada y esquivando la sanción, Bobby volvió a desaparecer hasta 1996, año en que su viejo amigo y colega el GM Miguel A. Quinteros, conjuntamente con el entonces Gobernador de Buenos Aires, Eduardo Duhalde, quien mas tarde fuera Presidente de la Nación (se saluda su entusiasmo por el ajedrez) le atrajeran a la Argentina, para presentar la invención de su ajedrez aleatorio, el “Fischerandom” o Ajedrez 960. Hoy existen numerosos simpatizantes de esta modalidad entre GMs de élite; cuya principal característica radica en sortear la posición inicial de las piezas, donde en el desarrollo del juego, pierde valor práctico la erudición de la teoría de aperturas. En las postrimerías de su vida, Fischer desafió a Karpov y Kasparov a un match bajo esta modalidad, pero al parecer, no recibió respuesta alguna.
    Después se supo que estuvo por Alemania, Filipinas, Japón y Hungría, donde tuvo contactos con los GM Peter Leko, Amador Rodríguez y las hermanas Polgar (Zsusza, Sophia y Judith), con quienes habría intercambiado ideas y análisis de partidas, descontando que también jugaron algunas. Posiblemente algún día salga a la luz mayor información sobre estos interesantes encuentros.
    En el año 2001 ocurrieron penosos acontecimientos para la historia, como aquel fatídico 11 de septiembre con el ataque terrorista dirigido por el saudí Osama bin Laden a las torres gemelas; y en noviembre la triste ida del que fuera integrante de la banda más influyente del siglo XX, el ex Beatle George Harrison. Pero en ocasión de lo sucedido el 11 de septiembre, un exultante ex -ciudadano americano hablaba efusivamente por una emisora de Filipinas, expresando su beneplácito por el suceso. Su paranoia y desequilibrio emocional se agudizaban progresiva y vertiginosamente.
    Hubo un tiempo en que “alguien” anónimo, regularmente participaba en el ICC, a través de la red internet, jugando partidas rápidas, destrozando a todos abriendo el juego con las prosaicas pero originales jugadas 1. f3?.., 2. Rf2?!… (o su análogo con negras); la víctima más famosa fue el inglés Nigel Short (Sub-Campeón Mundial oficioso en 1993), quien narró que recibió un verdadero aporreo a manos de este misterioso contendiente, a quien entre movimiento y movimiento le preguntó: conoce Ud. a Armando Acevedo? la respuesta no tardó en llegar…, “Siegen 1970” (Acevedo fue un fuerte ajedrecista mejicano contra quien Fischer jugó en la Olimpiada de Siegen – Alemania 1970), Short según dijo, estuvo convencido en un 99% que había estado jugando contra el genio americano; quien posteriormente negó haber sido el aludido “oponente”. A mi juicio Fischer no mintió, pues sentía verdadera aversión a lo falso; y esto en más de una ocasión, quedó demostrado su legítima honradez; por lo que Short debió jugar contra algún poderoso programa, instalado en alguna potente computadora, y obviamente manipulado por un (o unos) hábil técnico, no contrario a Fischer obviamente; pues no pocos responderían al toque, sobre tópicos que solamente revela una previa y sugestiva lectura biográfica…
    En julio de 2004 en el aeropuerto de Narita – Japón, fue arrestado al portar pasaporte caduco, pero la razón principal fue la antigua sanción impuesta en 1992 por George Bush (Padre), manteniendo su vigencia George W. Bush (Hijo). Después de meses de negociaciones, finalmente en el año 2005 Fischer adquiere la nacionalidad Islandesa, lo que le permite liberarse de su arresto y radicar en el país anfitrión que fue testigo presencial de su epopeya. En esa época, creo que una legión de ajedrecistas y aficionados, saludamos el exitoso esfuerzo que hicieron gala en dichas tratativas sus antiguos amigos Islandeses, entre ellos Torarinsson ex – Presidente de la organización del match del siglo de 1972, Saemi Palsson (guardaespaldas de Bobby durante ese épico evento) y Einar Ernasson Presidente de la Junta Directiva del Grupo de Campañas de RJF, quien llegó a ser de Bobby su más fiel y cercano amigo en Islandia.
    El nuevo hijo mimado de Islandia vivió el último período de su vida, deambulando por las calles de Reikjavic entre la biblioteca central y alguno que otro lujoso restaurant. Y en ocasión de un evento ajedrecístico que se llevó a cabo en la capital (2006) donde participó el actual titular V. Anand, quien mencionó que en un restaurant se reunió con Bobby que le invitó por cena una hamburguesa (cabe indicar que Anand es un ferviente vegetariano) y que no le fue posible negar la cortesía. Luego de la cena, cuenta el campeón que Fischer extrajo de su bolsillo un “viejo” y raído tablero de cuero (sería el mismo que usaba desde 1970?), y le mostró una posición de una de las partidas que Anand jugó en el reciente torneo de Wijk Ann Zee (Holanda), procediendo a analizarla vertiendo velozmente diversas variantes brillantes que simplificaban el procedimiento ganador. La experiencia de este encuentro no lo contó hasta recientemente, por temor a que el genio se molestase con El, puesto que lo único que Fischer exigía a su interlocutor de turno, era una absoluta discreción; lo cual también dejaba en claro, que Bobby sólo admitía encuentros con personas que instintivamente le caían bien; pues es por todos reconocido que Peter Leko, las hermanas Polgar y el mismo Anand, son ajedrecistas muy apreciados por su sencillez y simpatía. Quiso el destino que estos dos genios se cruzaran y conocieran en la vida.
    Si bien Bobby decía que el ajedrez clásico ya no le interesaba, probablemente se refería al aspecto competitivo, ya que nunca dejó de seguir el desarrollo de los principales eventos; y no fue la excepción cuando en una de las mesas del campeonato Nacional de Islandia, se produjo una posición, donde la ventaja de uno de los contendores le permitió ganar la partida por la vía “normal”. Al minuto de concluida la misma, el salón de análisis de los juegos recibió una llamada telefónica por alguien que indicó la manera precisa de rematar la partida; la secuencia de la combinación, sencillamente fue espectacular. Si bien el maestro encargado de la sesión de análisis reconoció de quien provenía la voz; al solicitársele su identificación, el sugerente sólo se limitó a dar las iniciales de su nombre: R.J.F.
    Este y otros detalles, demostraba que la lucidez mental de Fischer hacia el ajedrez estuvo intacta hasta sus últimos días; pero lamentablemente no así en otros aspectos, sumándose a ello su debilitada salud; pues en el mes de noviembre de 2007, se supo que le internaron en alguna clínica de la ciudad con claros arrebatos de paranoia y demencia senil, y principalmente aquejado de una rara e incurable enfermedad renal degenerativa. Sus más allegados encubrieron hasta el último la seriedad de su mal.
    Habría pasado las fiestas de fin de año con su esposa Miyoko Watai (Presidenta de la Federación Japonesa de Ajedrez), a quien se agradece haberlo acompañado. Su mal se agudizó a mediados de Enero del presente año (2008). No puedo imaginarme lo triste y amargo que debe ser saber que ya no estaremos mañana! pues desde hace varios meses atrás, Fischer habría sabido que su salud era irreversible, que la muerte rondaba su alcoba, por lo que prefirió pasar con los suyos el resto de sus días que al cuidado especial y artificial de la ciencia. Desde entonces habría instruido la ubicación de su última morada y las personas que estarían presentes en su entierro. Bobby tuvo un “corazón valiente”, no podía ser de otra manera; pues en El, tanto talento resultó ser proporcional a su entereza; definitivamente incluso en sus últimos días, Fischer demostró su integridad y consecuencia con sus principios, viviendo su vida “a su manera…”
    Por lo que trascendía en su entorno, supe que después de su fallido desafío a Karpov y Kasparov para un match bajo su modalidad, Fischer había determinado alejarse definitivamente de todo vínculo ajedrecístico; y recibí con tristeza la noticia de su internación, deseándole pronta recuperación, sumándome a la consigna “dejen en paz al maestro”, “dejen que viva dignamente el resto de su vida” en el país que afectuosamente le acogió. Hasta entonces nos era desconocida la seriedad de su dolencia, por cuanto estaba lejos de pensarse que su vida corría real peligro, pues al menos eso informaban (y no sin razón!) sus más allegados. Pero cuando me enteré de su muerte, sólo el deceso de mi padre y de otros seres queridos me causó mayor dolor; me llené de estupor y consternación, no lo podía creer, apenas pude contener que me escurriera un par de lágrimas (dije Fischer no, no, tu nooo!). Así fue, El genio se había ido, pero mientras se juegue al ajedrez, su nombre vivirá por siempre.
    Bobby Fischer, verdaderamente no te has ido y nunca te irás, eres el más grande entre los grandes, y ellos son eternos. Cuánto debiste sufrir amigo! no quiero llorar, porque sé que hoy eres feliz al estar con tu familia (tu madre Regina y tu hermana Joan) y tus amigos Morphy, Steinitz, Pillsbury, Tarrasch, Marshall, Lasker, Capablanca, Alekhine, Euwe, Stein, Keres, Petrosian, Reshevsky, Tahl, Botvinnik, Najdorf, Geller y Bronstein; todos ellos te acogieron, como cuando se acoge al que más se espera.
    Gracias Bobby por esas maravillosas horas que viví en mi juventud a través de tus inolvidables partidas. Quizás no fuiste un hombre feliz en tu paso por esta vida, pero hiciste algo grande, lograste en ella lo que te hizo ganar el cielo, y es el hacernos felices a todos los que amamos el juego que fue tu vida; por lo que pido al Todopoderoso recompensar tu legado.
    Te llevaste “64” casillas del tablero y un Rey con quien te trocaste; podrá entonces el ajedrez a ser el mismo? No lo sé, pero lo que realmente siento, es que mi devoción por el juego ya no es el mismo desde aquel nefasto 17 de enero.
    El que escribe estas líneas es un sencillo mortal, y algún día alguien tocará mi puerta y también tendré que partir; y de permitirme la divina providencia estar allí, te buscaré, y seguramente te encontraré jugando algún torneo, aunque marchando segundo pero tomándote tu revancha ante Tahl…
    Adiós amigo, hasta siempre, cuánto te extrañaremos! que encuentres paz eterna al lado del Altísimo!
    Dios, Dios espera! No te enojes con el que te empató la partida…!

    Autor: Jorge A. Padilla R.
    Email: [email protected]
    Bermejo – Tarija – Bolivia

  3. jesus 3 years ago   Reply

    Estimado Jorge:
    larguísimo pero entretenido articulo sobre El Genio.
    solo decirte que me has hecho llorar como un niño y que tambien soy de los que piensan que ha sido el mejor entre los mejores y que su infelicidad tuvo que ser una pesada carga para llevar a cuestas tantos años.
    Solo soy un humilde aficionado de los que guardaba sus ahorros esperando a poder comprar un nuevo libro o revista.
    Empecé descifrando en soledad los secretos de la notacion descriptiva con 18 años (un poco tarde) pero mis obligaciones familiares y un poco de holgazaneria no me han dejado mejorar.
    Ahora con 46 años solo espero recuperar mis viejas motivaciones para clavar los codos en la mesa y poder bucear en el infinito oceano de Caissa.
    Un fuerte abrazo.

  4. Per 3 years ago   Reply

    Maldita percanta

  5. andreshobis 2 years ago   Reply

    el simplemente fue y sera el mejor

  6. arty 2 years ago   Reply

    q buen escrito

  7. Edgard 2 years ago   Reply

    Jugué ajedrez en mi pais durante 5 años de forma continúa, incluso fuí campeón nacional estudiantil, Bobby Fisher fue para nosotros nuesto refernete, conocimso ede sus exentricidades, pero nadie la tomaab en consideración, nosotros queríamos imitar a Fischer.

    No puedo decir con certeza quien pudo haber ganado el match contra Karpov, epero de heberse presentado, la historia del ajedrez pudo haber cambiado, dudo que tuviera miedo de perder su corona, si estoy seguro que lucharía por la vixctoria siempre.

    Quizas no ha sdo el mejor jugdor de ajedrez de todos los tiempos, cada quien en el suyo, pwro estamos seguros de que fue el luchador ajedrescitico mas grande de todos los tiempos.

  8. Franco 2 years ago   Reply

    Pienso que Fischer tenía una visión más amplia de las cosas,las veía como sistemas.No era el rival lo que le importara(una vez campeón mundial),sino que no se debe ser genio solo en un tablero de ajedrez como algunos;sino genio dentro y fuera del tablero,en el mundo que nos rodea en general, como lo fué Fischer. Gracias! …Soy un aficionado al ajedrez,que por el estudio y cosas así no puedo invertirle el tiempo que me gustaría. Saludos!!

  9. galacktzz 1 year ago   Reply

    Galacktzz Kollecktor Se lee hasta el final , asi sin dudarlo lo hubiera hecho el, sin dudarlo dos veces con tal de descubrir algo nuevo ke el sabia ke no estaba a simple vista ke habria kke buscarlo debajo de una atmósfera ke solo los dedicados al estudio o sin saberlo lo logro con perseverancia sin saber lo ke llegaria a conseguir , con eso logro ver lo que los simples mortales ni siquiera nos imaginamos .sabemos que ahí esta pero la pesada neblina no no lo permite observar , la vida en ajedrez del maestro esta dedicada a quien asi lo quiera considerar como un ejemplo de querer ser el mejor en la historia del universo del gran juego , dedicado a mis mis amigos ,Edgar Carmona De Citalan , Eduardo Morales Nunez , Carlos Daniel Fradenburg , entre otros muchos que no leerán esto pero de algun modo se los hare saber como , Don Ray , Whicho , Abrahm , y otros buenos jugadores , ateniéndose al doble filo que el estudio del ajedrez asi lo implica ,eso lo comenta el mejor jugador de ajedrez que he visto en persona mi amigo y profesor del CCH Sur en Historia el maestro Chepe .

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