En nombre del copyright, combaten una versión rusa del Señor de los Anillos en que Frodo y Gandalf son los malos

16 febrero, 2011

Hace más de 15 años, el biólogo y paleontólogo ruso Kirill Yeskov trató de solucionar algunos problemas geológicos en la Tierra Media, el mundo de fantasía creado por Tolkien, el lugar donde ocurre “El Señor de los Anillos”.

Una cosa lleva a la otra, y a Yeskov le fue asaltando una pregunta siniestra, una para la que, aparentemente, nadie se había atrevido a dar respuesta. La pregunta era la siguiente: ¿Por qué luchaban los orcos para Sauron?

Como debe de ser en todo buen ruso, Yeskov no tuvo miedo del inmenso trabajo que tenía por delante y se puso manos a la obra a investigar cada uno de los hechos ocurridos en la trilogía original, buscando interpretarlos desde el punto de vista de los perdedores. Y descubrió cosas muy interesantes.

Para empezar, que no eran sólo los orcos quienes estaban del lado del Señor Oscuro, sino toda una coalición de razas, entre ellas varias etnias de humanos. De hecho, el ejército de Sauron era la única fuerza multicultural y multirracial de la Tierra Media (aparte de la Comunidad del Anillo). Haciendo números, las tropas de Sauron eran mucho más numerosas que las que defendían “el mundo libre”.

Y como explicación para esta inaudita unión de razas, a esta hermandad (muy a diferencia de los así llamados “pueblos libres”, a los que sudores y sangre les costó tan solo ponerse de acuerdo en qué puñetas hacer con el anillo), se nos dice que sólo querían arrasar el mundo por el mero placer de hacerlo, que es casi como decirnos que no tenían ningún motivo.

¿O tal vez sí que lo tenían?

Porque, ¿y si “El Señor de Los Anillos” fuese una obra manipulada, una elaborada mentira escrita por y para los vencedores de una guerra donde no hubieron tantos blancos ni tantos grises como se nos pretende hacer creer? ¿Y si los malos no eran tan malvados? ¿Y si el verdadero motivo de la guerra fuese otro, una verdad que se nos ha intentado esconder a toda costa?
Esa es la premisa de “El último portador del anillo” (The last ring-bearer), la novela que Kirill Yeskov escribió con el resultado de sus investigaciones personales. En ella, se nos cuenta la historia desde el otro punto de vista, desde el punto de vista de los perdedores.

Unos pueblos que, aunque violentos en sus medios (no tenían otro método para conseguir lo que querían), sólo pretendían escapar de la desolada tierra de Mordor, un sitio donde (lo vemos en la película) no se puede cultivar nada, donde nada crece, y donde un volcán escupe fuego y oscurece el cielo. Para ellos el tipo gigante que agitaba una maza no era un demonio. Era su libertador.

El libro ha sido publicado en España con el título: “El Último Anillo”, editorial Alamut. Quizá es el momento de soltar unos cuartos y comprárselo, ¿no?

Corre también una edición por internet, traducida al inglés por un amable internauta, que ha sido revisada por el propio Yekov y cuenta con su bendición (puede encontrarse en la fuente).

El mensaje está muy claro: Mientras no seamos capaces de entender por qué alguien como Sauron es capaz de reunir un ejército entre los desheredados de la tierra, estaremos condenados a luchar esa guerra una y otra vez. Una y otra vez.

Hasta que nuestro planeta se haga trizas.

Aquí, versión original de este artículo.

***

Una reescritura rusa de “El Señor de los Anillos” de J. R. R. Tolkien se halla disponible para descargar después de ser traducida gratuitamente por otro fan de Tolkien. Pero el secretario general de la Sociedad de Autores, Mark Le Fanu, advirtió que aún los títulos distribuidos no comercialmente deben ser autorizados por los dueños del copyright, en este caso, los herederos de Tolkien.

“El Último Anillo” (The Last Ring-Bearer: El Último Portador del Anillo), del paleontólogo Kirill Yeskov, narra de nuevo la fábula épica de Tolkien, desde la perspectiva de la región de Mordor, desde la que Sauron, el Señor Oscuro, libró la guerra contra los pueblos libres de la Tierra Media en la Guerra de los Anillos, y fue, eventualmente, derrotado por Gandalf.

La novela de 140.000 palabras, publicada en Rusia en 1999, usa como gancho la idea de que el texto de Tolkien es una leyenda romántica del bando ganador de la Guerra de los Anillos y que un examen atento de éste como documento histórico revela una versión alternativa de la historia.

“El Último Anillo” es bien conocida entre los fans de la literatura de fantasía en Rusia, pero, de acuerdo con el traductor Yisroel Markov, las editoriales no están dispuestas a publicar una traducción inglesa por temores legales. El mismo se declaró “suficientemente impresionado por el trabajo para gastar unas decenas de horas de almuerzo traduciéndolo al inlgés”. La novela ha sido descargada desde los servidores que la albergan unas miles de veces, dijo.

David Brawn, editor de legados en HarperCollins –la editorial exclusiva de Tolkien, declaró: “Hasta donde sé, ninguno de nosotros ha sido contactado para la publicación de este libro”. Rusia ha operado fuera del regimen de propiedad intelectual “por años”, añadió Brawn, aunque la situación está cambiando.

“Online, hay muchas infracciones respecto de las que es muy difícil hacer algo¨, dijo. “Cuando se trata de algo tan popular como Tolkien, los fans quieren crear nuevas historias. La mayoría son muy amateurs. El propio Tolkien ya no está, así que la opinión del legado es que es mejor decir que no a todo intento. Si uno admite un solo intento, abre las compuertas”.

Mark Le Fanu, secretario general de la Sociedad de Autores, advirtió que la ficción disponible en forma no comercial no está exenta del regimen de propiedad intelectual. “Si el libro está disponible en inglés sin una licencia del propietario del copyright, se trata de una infracción”, afirmó.

Aquí, versión original de este artículo. En inglés.

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(…) A la novela le falta alguna pulida –notablemente, un confuso ir y venir entre el pasado y el presente en los primeros capítulos—y algunos lectores pueden cansarse con el hábito de Yeskov (clásico ruso) de incluir tiradas informativas de historia política y militar en la narración. En su mayor parte, sin embargo, “El Último Anillo” es una trama de aventuras bien escrita, llena de energía,  que ofrece un intrigante añadido en lo que algunos críticos han descripto como moralidad simplista de la obra maestra de Tolkien.

En la versión de Yeskov, el mago Gandalf es un promotor de la guerra determinado a aplastar el impulso científico y tecnológico de Mordor y sus aliados del Sur porque la ciencia “¡destruye la armonía del mundo y seca las almas de los hombres!” Está confabulado con los elfos, que pretenden convertirse en “los amos del mundo” y hacer de la Tierra Media una “mala copia” de su hogar mágico del otro lado del océano. Barad-dur, también conocida como la Torre Negra y la ciudadela de Sauron, es, por contraste, descripta como “una maravillosa ciudad de alquimistas y poetas, mecánicos y astrónomos, filósofos y físicos, el corazón de la única civilización en la Tierra Media que apuesta al conocimiento racional y valerosamente enfrenta su apenas adolescente tecnología contra la antigua magia”.

Dado que Gandalf se refiere a Mordor como ”Imperio del Mal” y es acusado de pergeñar una “Solución Final a los problemas de Mordor” por el mago rival Saruman, obviamente sirve como avatar de los enemigos de Rusia en el siglo XX. Pero la yuxtaposición de un “Occidente” deliberamente feudal y retrógrado, feliz con “buscar piojos en sus ‘castillos’ de madera” mientras Mordor cultiva el conocimiento y abraza el cambio, también recuerda el choque entre la Europa de la Edad Media y los más sofisticados y sabios imperios musulmanes del Este y el Sur. Sauron aprueba una “ley de alfabetización universal”, mientras que la doncella Eowyn ha sido criada en el analfabetismo, “como la mayoría de la elite de Rohan” –los buenos que Tolkien basó en sus amados anglosajones.

El protagonista de “El Último Anillo” es un médico de Umbar (una tierra del Sur), que es bien asistido por un explorador Orocuen –esto es, un orco–, quien no es una criatura demoníaca como los orcos de “El Señor de los Anillos”, sino un hombre común. Se les da la tarea de destruir un espejo en la fortaleza elfa de Lorien antes de que los elfos pueden hacer un uso ulterior de ella para infectar la Tierra Media con su magia extranjera. Mientras tanto, los restos de la civilización de Mordor luchan una guerra de guerrillas en la retaguardia para sostener “los brotes de razón y progreso” en contra del “estático” y “prolijo” seudo-paraíso de la Tierra Media bajo el régimen elfo.

Algunos de los personajes secundarios de “El Señor de los Anillos” –como Faramir y Eowyn—obtienen más atención y aún un poco más de respeto en “El Último Anillo”. Otros, como Aragon –pintado por Yeskov como un despiadado intrigante maquiavélico que, en última instancia, es una marioneta de su mujer, la elfa Arwen – han sido transformados completamente. (Incluso, otros, como los hobbits, no existen) No obstante, los personajes principales son invenciones completas de Yeskov, presentadas en una versión radicalmente recreada del mundo de Tolkien. La novela es claramente dependiente de la creación de Tolkien, pero es también original e ingeniosa.

Algunos fans de Tolkien han minimizado “El Último Anillo” como nada más que ficción escrita por fans(fan fiction), aunque no se conforma al estereotipo de esta última: parejas románticas improbables entre personajes “canónicos”, como las imaginan las adolescentes. Si algo, la novela se parece más a “Wind Done Gone” (El Viento que Ya Se Fue), de Alice Randall, una recreación de  “Lo que El Viento se Llevó” (Gone with the Wind) de Margaret Mitchell desde la perspectiva de una esclava nacida en la plantación de Scarlett O’Hara. “Wind Done Gone” fue publicada en 2001, lo que provocó una demanda por infracción de la propiedad intelectual de los herederos de Mitchell. Randall, que es afroamericana, y su editor montaron una defensa que descansaba en parte en el argumento de que “Wind Done Gone” es una “parodia” que intentaba poner de relieve las actitudes raciales retrógradas y las distorsiones históricas de la pintura sentimental del Viejo Sur hecha por Mitchell.

Se debe decir en defensa de “El Último Anillo” que es superior a “Wind Done Gone” sea como literatura o entretenimiento. Los dos libros, tienen, sin embargo, objetivos similares. En la visión de Yeskov, “El Señor de los Anillos” es una versión altamente mistificada y romántica de la caída de Mordor, quizás incluso pura propaganda; se supone que “El Último Anillo” es la menos complicada y menos sentimental historia real.

La naturaleza inhumana de los orcos y las descripciones de los aliados humanos de Mordor como de seres foráneos y morenos han levantado quejas de que su libro oscurece los dilemas morales de la guerra y caen en la demonización racial. El crítico norteamericano Edmund Wilson describió “El Señor de los Anillos” como un libro infantil que se había “salido de madre” y como “basura juvenil”, en gran parte por tales razones. Otros, como el novelista Michael Moorcock, han atacado la Tierra media como una visión infantil y rosa de la Merrie Olde England que nunca existió, así como deliberadamente ciega a las durezas e injusticias de las sociedades preindustriales y feudales.

“El Señor de los Anillos” no sería tan popular como es si el idilio pastoral de la Comarca y las seguridades de una monarquía virtuosa, de linaje místico, tal como se corporiza en Aragorn, no hubiera apelado a un anhelo extendido de una forma más simple de vida. No hay nada malo en disfrutar de tales narraciones –habría que arrojar por la borda el mito entero del Rey Arturo y enormes porciones de la cultura popular norteamericana en caso contrario–, pero nunca daña recordarnos que no son sólo sus tópicos mágicos los que los convierte en fantasías.

La “parodia” de Yeskov –porque “El Último Anillo”, con sus giros sardónicos sobre los personajes y sucesos conocidos de Tolkien está más cerca de ser una parodia de lo que “Wind Done Gone” nunca estuvo – es un recordatorio de este tipo. Y si es fan fiction (y no estoy segura de estar en posición de pronunciarme al respect), entonces puede tratarse del más persuasivo ejemplo conocido del potencial artístico de este género.

(Aquí, versión original de este artículo de Laura Miller, redactora senior de Salon y autora de “The Magician’s Book: A Skeptic’s Adventures in Narnia”)

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4 Comments → “En nombre del copyright, combaten una versión rusa del Señor de los Anillos en que Frodo y Gandalf son los malos”

  1. luckyboy 2 years ago   Reply

    claro, todo tendria sentido…si sauron no fuera un maia oscuro que se revelo a los ainur y sirvio de lugarteneiente a morgoth. sauron deseaba poder y autoridad y era un mentiroso que le endulzaba el oido a los hombres de oriente que tenian rencor -justificado- a gondor, pero a final de cuentas, sauron solo queria dominar todas las voluntades…esto señores, es no leer a tolkien y querer parodiar a tolstoi. por otra parte Michael Moorcock, es solo un idiota resentido.

  2. carlosal222 1 year ago   Reply

    Ahora resulta según este ruso desocupado que la obra de Tolkien esta mal escrita y segun ellos el padrecito Stalin era un santo,que lo que hicieron en Alemania a las mujeres era botin de guerra,y que el mundo segun ellos todos son enemigos,deberia mejor dedicarse a chef de cocina.

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  2. y si Sauron era el bueno - 3 years ago

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