México: una muerte es el fin del mundo, por Daniela Rea

February 15th, 201110:47 am @

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Dice Daniela Rea, de Ciudad de México:

Cada uno de los 30 mil y más muertos de la guerra declarada por Felipe Calderón es nuestro. Cada uno de ellos tiene nombre. Cada uno asoló a alguien con su partida. Cada una de sus muertes fue el fin del mundo.

¿Cuál sería la historia de esta guerra si pudiéramos conocer el nombre de cada uno de sus muertos y saber quién lo esperaba el último día de su vida? ¿Habría vencedores? ¿Puede alguien levantar la mano victorioso en medio de tantos finales del mundo?

Uno.

Elías Ramírez, 32 años. Morelia, Michoacán.

La mañana del 1 de enero del 2009 fue asesinado a bordo de su motocicleta. Ese día no se despidió de su hijo Elías, de 15 años, porque lo descubrió fumando cigarros. La tristeza disparó en el joven un brote de bipolaridad y ganas de vengar su muerte.

Dos.

Sergio Adrián Hernández, 15 años. Ciudad Juárez, Chihuahua.

Una bala de la Border Patrol lo mató el 7 de junio del 2010, mientras jugaba en el borde del Río Bravo. Su hermana Angélica, embarazada de gemelos, se tatuó su rostro en el brazo; su sobrina Angi espera cada tarde su regreso.

Tres.

Jaime Nájera, 43 años. Ciudad Juárez, Chihuahua.

Fue asesinado con tres balazos en el estómago y uno arriba de la ceja, a unas cuadras de su casa. Esa noche lo esperaban en casa Velia Tovar y Perla, su esposa e hija, de 9 años, quien pelea con los vecinos cuando le dicen que a su padre lo mataron porque era “malo”.

Cuatro.

Óscar García, 30 años. Ciudad Juárez, Chihuahua.

Érika se enteró de la muerte de su esposo por televisión: lo presentaron como víctima de un “ajuste de cuentas”. Le sobreviven sus hijos Carolina, de 10 años, Karina, de 6, y Ernesto, de 3. En una hoja de papel, Carolina le escribe recados a su papá, como ese que dice “mandanos ese consuelo que necesitamos porque resignacion, nunca”.

Cinco.

Daniel Albarrán, 11 años. Zitácuaro, Michoacán.

Temerosa de las balaceras, María Ana Albarrán impidió a su hijo jugar en la calle. Pero una bala escapó de una persecución entre militares y narcotraficantes, esquivó postes y azoteas, cruzó dos cuadras, estrelló el cristal de la ventana, entró al cuarto donde Daniel jugaba con su perro, hirió su pierna y se incrustó en el colchón. Un mes después de su muerte, militares desbarataron el colchón para buscar la bala y llevarse la evidencia.

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