Moby Dick en la vida real: la mala suerte del verdadero capitán Ahab

11 febrero, 2011

HONOLULU—. En los anales océanicos, hubo pocos marinos con peor suerte que George Pollard Jr.

Pollard, verán, era el capitán del Essex, el maldecido ballenero cuyo final, en 1820, llegó del modo más increíble: atacado y hundido por un cachalote, el suceso que inspiró a Herman Melville para escribir “Moby Dick”.

Pero, a diferencia de la historia de Ahab e Ismael, la de Pollard no terminó allí. Después del hundimiento del Essex, Pollard y su tripulación flotaron en el Pacífico por tres meses, una travesía marcada por la muerte, el hambre, la locura y, sobre el final, el canibalismo (Pollard, ay desgracia, comió a su primo).

Pese a todo, Pollard sobrevivió y se le entregó la dirección de otro barco: el Two Brothers (Dos Hermanos), el mismo barco que lo había traído de regreso a Nantucket.

Y, luego, este barco también se hundió.

El viernes, en un descubrimiento que podría llevar alguna paz al capitán Pollard, que sobrevivió a su segundo naufragio (no así su carrera), unos investigadores anunciaron que habían encontrado los restos del Two Brothers. El ballenero se hundió hace exactamente 188 años, después de chocar contra el coral en los French Frigate Shoals (literalmente, Bajos de la Fragata Francesa), un traicionero atolón unas 600 millas al noroeste de aquí. El tesoro incluye docenas de artefactos: puntas de arpones, lanzas balleneras y tres anclas intactas.

Se cree que se trata del primer descubrimiento de un ballenero de Nantucket, miembro de una flota de barcos que se echaron a navegar a principios del siglo XIX, cuando la pequeña isla de Massachusetts era la capital internacional de la caza de ballenas. Era un oficio arriesgado que llevaba a los marinos a través de medio mundo –y, a veces, al fondo del mar.

“Se ha recuperado poco material de los balleneros que se hundieron porque generalmente se perdían lejos de la costa y en lo más profundo del océano”, explicó Ben Simons, curador en jefe de la Nantucket Historical Association. “Tenemos muchas bitácoras y diarios que registran desastres en el mar, pero ser llevado a la escena real de la nave hundida –eso es realmente lo fascinante de eso”.

(…) El Two Brothers —que se dirigía a los recientemente abiertos terrenos japoneses, después de que los balleneros pescaran en el Atlántico y partes del Pacífico sur— se hundió, según se sabía, en la noche del 11 de febrero de 1823 fuera de los French Frigate Shoals.

Un archipiélago de corales con forma de langostino, los bajos eran un paraje notoriamente complicado. Las cartas del área no eran muy confiables y Pollar conducía el Two Brothers sin la ayuda de las estrellas, ya que el cielo había estado cubierto.

(…) En 2008, un equipo de arqueólogos marinos del National Oceanic and Atmospheric Administration’s Office of National Marine Sanctuaries decidió investigar muchos otros restos de naufragios, incluyendo al ballenero británico Gledstanes, que se hundió en el remoto Atolón Kure en 1837, y el Churchill, que se fue a pique con una carga de coco en los French Frigate Shoals en 1917.

Con pocos días disponibles antes de regresar a Honolulu, el equipo decidió revolver un poco un pequeño banco de arena conocido como Shark Island (Isla Tiburón).

Kelly Gleason, líder del equipo, estaba en el agua –clara como el cristal y de 15 pies de profundidad–, cuando un colega advirtió de pronto que había visto algo.

“De repente”, dijo Gleason, arqueóloga marina, “dimos con esta gran ancla”.

El ancla, de unos 10 pies de largo, descansaba pacíficamente en el fondo del mar y era demasiado pesada para ser levantada (también hay reglas estrictas sobre la remoción de artefactos). Las anclas, como muchos otros tipos de tecnología marítima, evolucionaron en el tiempo, lo que hace más fácil ubicar su época. La doctora Gleason estaba muy segura de que pertenecía a principios del siglo XIX.

Los buzos encontraron pronto más restos, incluyendo muchos “try pots”, calderos en los que se hervía la grasa de ballena hasta convertirla en aceite, el objetivo último del lucrativo pero altamente especulativo negocio de las ballenas. Era un rubro brutal tanto para las ballenas, que fueron cazadas casi hasta la extinción, como para los marinos, que debían lidiar con años en el mar, raciones magras y la omnipresente posibilidad de la muerte.

“Los capitanes balleneros de Nantucket eran famosos como lo que se llamaba ‘fishy men’ (‘tipos sospechosos’, pero también “tipos del pescado”’), es decir que no les importaba lo que conllevara (su negocio)”, indicó Nathaniel Philbrick, historiador marítimo y autor de “In the Heart of the Sea”  (En el Corazón del Mar), el aclamado relato del hundimiento del Essex. “Estaban formateados para traer ballenas, porque las ballenas significan dinero”.

Pollard, sin embargo, era diferente, “un poco más contemplativo”, apuntó Philbrick, a pesar de que obtuvo su primer comando –el Essex—a la joven edad de 28 años.

“Definitivamente se ganó el respeto de sus hombres”, afirmó Philbrick. “Pero fue desafortunado dos veces”.

Y, comprensiblemente, temeroso. De acuerdo con el relato de Thomas Nickerson, que había estado en el Essex –y casi murió de hambre en el mar después de que se hundió, pero se enlistó para otro viaje con Pollard–, el capitán se paralizó en la cubierta del Two Brothers cuando el barco comenzó a hundirse y tuvo que ser prácticamente arrastrado a un bote.

(…) Pollard fue rescatado un día después de que el Two Brothers se hundiera. Volvió a Nantucket, donde optó por una vida tranquila, sedentaria y decididamente no marina, aunque otros marineros lo etiquetaron como un “Jonás” o marinero maldito.

Eventualmente, consiguió un trabajo como sereno nocturno en el pueblo. En 1850, fue visitado por un escritor de poco más de treinta años que había publicado una novela, “Moby Dick”, y recibido no muy buenas críticas. Ex ballenero él mismo, Melville había buscado a Pollard y encontrado, de acuerdo con  Philbrick, algo así como un alma gemela en ese hombre mayor que él.

“Ambos habían tenido experiencias extremas”, observó, “y luego continuaron viviendo tranquiliamente, ignorados por todos”.

En efecto, Melville trabajó como inspector de aduanas hasta varios años antes de su muerte, en 1891. Pollard murió –solo, pero aparentemente amado por sus vecinos de Nantucket—en 1870. Pero, mientras la reputación de Melville creció, pocos saben sobre el capitán Pollard (…)

Aquí, la version original de este artículo, en inglés

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