Los medios de comunicación de Corea del Norte están entre los más controlados del mundo. La constitución nacional contempla los derechos de libertad de expresión y de libertad de prensa, pero el gobierno prohibe el ejercicio de estos derechos en la práctica. En su informe de 2009, Reporteros Sin Fronteras ubicó al medio ambiente mediático de Corea del Norte en el puesto número 174 en una lista de 175, cuyo último lugar ocupó Eritrea.
La estatal Agencia de Noticias Central de Corea es la única fuente de información para todos los medios de comunicación de Corea del Norte.
Texto original, aquí.
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En meses invernales, el río Tumen se congela y, bajo la protección de la oscuridad, algunos norcoreanos escapan a China. En 2004, por segunda vez en su vida, Lee Jun hizo el viaje a través del Tumen; sólo que esta vez no llevaba a su familia, como la primera vez, para escapar de la hambruna masiva que mató a millones en los ’90s En el segundo cruce, Lee Jun llevaba escondido en su abrigo un dispositivo portátil de memoria que contenía las fotografías y el video que sacó para la revista Rimjin-gang. Era el primer “periodista ciudadano” encubierto.
Entre los documentos que contenía el dispositivo, había una foto de una comerciante contando dinero en un mercado en Chongjin. Fuera de contexto, la imagen parece ordinaria y poco interesante –ciertamente, no merecedora de una condena a prisión de por vida o una sentencia de muerte. Pero los coreanos del Norte son objeto de períodos indeterminados de cárcel y hasta de ejecución por contrabandear información al mundo exterior, que es exactamente lo que hace la revista Rimjin-gang.
Lanzada en 2007, Rimjin-gang es la primera revista sobre Corea del Norte escrita por coreanos del Norte. Sus artículos no llegan a la mayoría de las publicaciones occidentales que se ocupan del país. En los últimos meses, la cobertura en Occidente estuvo mayormente enfocada en su programa nuclear y en el anuncio de la sucesión de Kim Jong-il por su hijo menor, Jong-Un. Mientras tanto, Rimjin-gang publica historias sobre la vida cotidiana, y ofrece a extranjeros y a norcoreanos un acceso excepcional a temas tales como el tráfico ilícito de propiedades, la vida comfortable de aldeanos emprendedores que venden redes para pescar, el negocio ilegal de clases particulares con que los profesores suplementan sus magros ingresos, y las detenciones de familias enteras en los campos para prisioneros políticos.
Rimjin-gang ha estado disponible en coreano y en japonés desde 2007, y recientemente lanzó su edición en inglés, una antología, con la esperanza de llevar estas historias al público occidental. Carece de fondos suficientes para publicar regularmente en inglés, pero esta antología reune los mejores artículos, entrevistas y fotografías de los últimos tres años.
Ishimaru Jiro, editor de Rimjin-gang, tuvo la idea de trabajar con “periodistas ciudadanos” luego de años de intentar cubrir Corea del Norte como periodista extranjero desde Japón. Al hablar para un público de académicos, periodistas y estudiantes en el instituto de periodismo Arthur L. Carter de la New York University en pasado 18 de octubre, Ishimaru dijo que escuchó “los primeros informes sobre el sufrimiento de los norcoreanos” bajo el régimen hermético de Kim Jong-il mientras estudiaba en Seúl sobre el final de la Guerra Fría.
Como joven periodista, se sintió compelido a ir a Corea del Norte y cubrir la situación. Pero cuando comprobó que obtener una visa era casi imposible, Ishimaru intentó otra cosa: en 1993 viajó a la frontera de Corea del Norte con China para entrevistar a los norcoreanos escapados que vivían en ciudades limítrofes como Yanbian.
Durante el puñado de veces que, a lo largo de su carrera, Ishimaru logró permiso para entrar a Corea del Norte, no pudo eludir el monitoreo constante del gobierno. “Te vigilan hasta cuando estás dormido”, dijo Ishimaru. “Me di cuenta de que era imposible hacer periodismo verdadero en Corea del Norte siendo extranjero”.
En 2002, en colaboración con Assia Press, Ishimaru desarrolló un plan para entrenar a periodistas norcoreanos y crear Rimjin-gang, nombre de un río que corre desde Corea del Norte hasta Corea del Sur. En 2003, Ishimaru comenzó a entrenar a su primer recluta, Lee Jun, a quien había conocido en uno de sus primeros viajes a la frontera. Hoy, Ishimaru viaja frecuentemente a la frontera para entrenar a nuevos periodistas y reunirse clandestinamente con otros seis apostados en Corea del Norte, dos de los cuales son madres con hijos pequeños.
Durante una entrevista con The Nation, Ishimaru explicó que el entrenamiento comienza con una discusión sobre por qué hacer periodismo es importante y si puede ayudar a producir un cambio en Corea del Norte. Si los reclutas siguen interesados en trabajar con Rimjin-gang luego de estas charlas iniciales, Ishimaru les enseña los rudimentos fundamentales de la ética periodística, la entrevista, la escritura, la filmación, la fotografía y cómo operar computadoras y cámaras. El proceso lleva entre unos pocos meses y unos pocos años. En ese lapso, los periodistas no pueden conocerse entre ellos, por razones de seguridad. Estos periodistas, que trabajan aislados y bajo nombres falsos por una paga escasa, arriesgan sus vidas porque creen que su trabajo hará una diferencia en el futuro de su país. Una vez que recolectan suficientes datos e imágenes en fotografía y video, el único modo en que pueden hacerlos llegar a Ishimaru es mediante el peligroso cruce de Corea del Norte a China con dispositivos de memoria escondidos en sus ropas.
“Aún si llegan a atraparnos”, dijo Lee en una declaración en el Rimjin-gang, “creo que no nos arrepentiremos de lo que hemos hecho. No importa cuánto lo pienso, estamos trabajando para que haya justicia”.
Rimjin-gang ha tenido buena recepción en lugares como Japón, Alemania y especialmente Corea del Sur, pero Ishimaru ha enfocado su promoción de la edición inglesa en la audiencia norteamericana.
“La política norteamericana tiene un inmenso impacto en el futuro de Corea del Norte, por lo que queremos que Rimjin-gang se convierta en una fuente para los norteamericanos”, dijo Ishimaru, y observó que es difícil para los periodistas norteamericanos conseguir información de primera mano sobre Corea del Norte. “Esperamos que Rimjin-gang ayude a profundizar la compresión sobre Corea del Norte a los encargados de la política exterior, a los periodistas y a los académicos”.
Ishimaru participó en la conferencia sobre Tecnología de Liberación en Regímenes Autoritarios de Stanford University en octubre pasado, y dio una charla sobre la limitada tecnología disponible en Corea del Norte y cómo su equipo supera esos obstáculos. En Washington, Ishimaru se reunió con varios expertos en Corea del Norte en el Comité para los Derechos Humanos en Corea del Norte de los Estados Unidos, donde hizo una presentación sobre Rimjin-gang.
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Sin embargo, algunos pueden ser renuentes a adoptar a Rimjin-gang como material primario de información. Henry Em, profesor asociado de Estudios sobre Asia del Este y experto en la Corea moderna de New York University, señala que “muchas afirmaciones hechas por desertores de Corea del Norte se han probado falsas”, y que las medidas de seguridad que toma Rimjin-gang para proteger a sus periodistas y fuentes hacen difícil, si no imposible, chequear la información.
Rimjin-gang proclama su compromiso con la precisión (Ishimaru asigna múltiples reporteros para temas particularmente controvertidos y usa fotografía y filmaciones para corroborar sus afirmaciones de artículos y entrevistas), pero en los casos en que quienes investigan no pueden presentarse como periodistas por razones de seguridad, Rimjin-gang no atribuye los dichos a personas específicas y publica fotografías y video sin el permiso de los sujetos retratados. Ishimaru dice que es conciente de que esta no es la práctica periodística ideal, pero afirma que el “contexto único” de Corea del Norte requiere estos protocolos de seguridad.
El profesor Em advierte que las audiencias extranjeras deben ser muy cuidadosas al interpretar los artículos y las imágenes que produce Rimjin-gang. Aunque no cuestiona la autenticidad de su material, señala que “el conocimiento local requiere ser interpretado y dependiendo de quién hace la interpretación, la historia puede aquirir formas muy diferentes. Todas las historias de Rimjin-gang exigen conocimiento del contexto histórico”
Porque el material informativo resultaba “difícil de interpretar aún para coreanos del sur”, la producción de la primera edición inglesa de Rimjin-gang fue un proceso costoso que llevó más de tres años, dice Ishimaru. El gasto fue de más de 70.000 dólares.
“Tratamos de recaudar fondos mediante la venta de imágenes tomadas por nuestros periodistas a canales de TV, como también mediante las ventas de la edición japonesa de Rimjin-gang, pero no era suficiente”, dijo Ishimaru. “Tuve que tomar un préstamo personal para completar lo que hacía falta. Sabemos que la edición inglesa es cara, pero esperamos que las personas interesadas en Corea del Norte comprenderán cuál es nuestra situación financiera y lo comprarán”.
A 108 dólares porantología , el precio para tener un conocimiento íntimo de Corea del Norte es alto. Pero aún para aquellos con un conocimiento básico de lo que ha ocurrido en Corea del Norte en las últimas décadas, Rimjin-gang es una lectura atrapante. La cantidad de información de primera mano es verdaderamente inédita e indica que existe entre los norcoreanos la voluntad de criticar a su gobierno y ponerse en contacto con el mundo –desafiando así el estereotipo que muestra a los coreanos del Norte como autómatas con cerebros lavados (…)
Texto original, aquí.
Más sobre Corea del Norte: La larga venganza de Kim Jong Suk o la tragedia de una dinastía.




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