Nuestra aparente rendición: solo la sociedad civil podrá salvar a México

November 18th, 20101:18 am @

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Hola a todos

a raíz de los últimos acontecimientos, pero también como respuesta a meses, años de desgaste, los artistas, pensadores, lectores, escritores, profesores, estudiantes, críticos y demás ciudadanos interesados, mexicanos de nacimiento o de corazón, debemos comenzar a criticar, protestar, imaginar y proponer, de una manera activa y sistemática. Creemos que nos urge inventar recursos para ser quienes somos y no quienes nos están acorralando a ser. Tratando de superar, nosotros también, nuestra aparente rendición ante lo que nos sucede. Nuestra perplejidad constante.

Así comenzaba la carta que envió a sus amigos Lolita Bosch, novelista, catalana por nacimiento y mexicana por adopción, residente de Barcelona y del DF, luego de enterarse de la masacre de Tamaulipas, a fines de agosto pasado. Fue el inicio del blog colectivo Nuestra Aparente Rendición.

Dice Lolita Bosch:

Nuestra Aparente Rendición surgió por hartazgo. Llevamos muchos años en los que la violencia ha ido creciendo, creciendo, creciendo, y la hemos normalizado hasta donde hemos podido, pero llegó un punto en que no pudimos más. Hubo un turning point, que fue la matanza de Tamaulipas, de los migrantes, con la que mucha gente llegó a su límite. De repente fue noticia internacional. Ya no era una lucha de mexicanos, ya no era por drogas: estaban traficando con personas de una manera evidente. Había habido en otras ocasiones matanzas así, pero esta fue un límite muy importante para México. La sociedad civil mexicana es muy organizada –se ha visto en momentos como el terremoto, o la gripe del año pasado–, pero el poder está muy copado por el gobierno. Entonces el mejor medio para protestar es la red. Llega a mucha gente que está afuera. Este blog no está pensado sólo para dentro de México, por la cantidad de mexicanos que hay en el exilio, y porque ya se ha visto que el de México es un problema global, sobre todo continental, grave.

Con la matanza de Tamaulipas mucha gente reaccionó. Yo estaba en Barcelona, me desperté, lo leí y me indigné. Me dolió. Reaccioné como todo el mundo. E hice una carta para mandar a nuestros amigos, que se llamaba Nuestra Aparente Rendición, para decirles que teníamos que hacer algo. Esto siempre sucede: cada vez que algo sucede todo el mundo entra en Facebook y dice “puta madre, nadie hace nada”, y manda correos: “no podemos llegar hasta aquí”… Yo ese día mandé esa carta y dije: “somos muchos los que decimos que no podemos llegar hasta aquí”. Yo sí creo en el poder social del arte, y de la literatura, y de la academia, y en México ahora es necesario pensar lo que nos está pasando, porque es un país lleno de tribus de psicópatas sueltos, muy muy agresivos, y que tienen a una gran parte de la población aterrorizada. La mitad de la población mexicana no puede hablar, porque el 50 por ciento de Mexico es pobre, y por esta gente tiene que hablar los demás, porque son cien millones de personas, y cincuenta no pueden hablar: los demás tienen que hablar.

Yo nunca había usado blogs. Los había usado para proyectos literarios que hago a veces, porque yo tengo un colectivo literario y a veces hago proyectos que tienen que ver con América Latina y Cataluña. Nunca pensé que tendría tanta repercusión. Empezó a crecer. Y fue más que una denuncia inmediata. Es tanta la indignación y la impotencia que la reacción en los blogs muchas veces es inmediata. Pero yo no quería hacer una cosa inmediata de protesta –llamar a un estudiante de Ciudad Juárez y al día siguiente se organiza una marcha–, sino crear un espacio que reuniera a ciudadanos críticos y que pudieran aportar algo al hecho de que este es un problema grave que aumenta a una velocidad vertiginosa. Yo, que en realidad soy novelista, dije: voy a editar. No voy a escribir lo que yo pienso: vamos a ver qué pensamos todos.

Primero invité a amigos escritores, que era lo que tenía más cerca, y a gente de la Universidad Nacional. Luego empezó la convocatoria a moneros, fotógrafos… Y empezaron a llegar, desde una carta de un brigada del ejército hasta la posibilidad de entrevistar a Los Tucanes de Tijuana. Y de repente llevamos 26.000 visitas en dos meses, que ha sido… guau. Ahora lo pienso mucho, leo muchas cosas de la teoría de la violencia, veo qué poner, qué no, con cuánta periodicidad. Yo esto no sabía hacerlo.

Yo no quería que fuera un blog partidario, aunque la mayoría de la gente pensante en México –como en el mundo—es de izquierda, pero yo quería que fuera un punto de convergencia. Lo primero era que tenía que ser, no un blog a favor de la paz, sino contra la violencia. No sólo un blog para pedir paz, un blog reclamante, sino que nos hiciera abrir los ojos, en la medida de lo posible, como una pequeñísima aportación, abrir los ojos para ver que la violencia está permeando a unos niveles muy bestias, que lo que sucede no es una cosa que sucede fuera de nosotros, sino que es algo que está modificando el carácter nacional.

Nosotros estábamos acostumbrados, como muchos habitantes de grandes ciudades latinoamericanas, a que la violencia modificara nuestros hábitos. Lo teníamos asumido: debes estar mucho más alerta que cuando estas en Europa, tienes que convivir con muchísimas injusticias. Pero estábamos un poco inmunizados. Yo creo que por culpa, precisamente, de esta especie de inmunidad hemos tardado mucho en reaccionar como sociedad. Mucho. En principio, porque era un problema “lejano”: porque pasaba en el Norte. Yo soy del DF y ahí estamos alejados, como Suiza de España. Pero cuando cambió el gobierno y se acabó la dictadura del PRI y subió al poder este partido de derechas que nos gobierna ahora, el PAN, fueron tantos los cambios, y tan radicales, y cambiaron estructuras internas tan pequeñitas, que tardamos mucho tiempo en darnos cuenta de que México se estaba abriendo a otras cosas, y de repente hubo como una liberación muy bestia y muy sana, pero descuidamos otras cosas.

Por supuesto, yo creo que todo lo que está ocurriendo es, básicamente, culpa del gobierno mexicano, pero también creo que una cosa es que la sociedad sea organizada y otra es que sea responsable. México vivió 71 años en una dictadura y nos han enseñado que la sociedad no es responsabilidad nuestra. Hemos vivido como bajo la sombra de un gran papá que organizaba todo a su modo y nosotros nos acoplábamos porque no había mucho margen. Y ahorita tenemos que responsabilizarnos de la sociedad, y es muy difícil. Primero porque hay problemas mucho más urgentes y más cotidianos y segundo, pues porque contra la violencia no hay margen. Por ejemplo, entró hace unos días la policía en la universidad de Ciudad Juárez, donde no puede entrar porque es zona autónoma, y disparó contra una marcha contra la desmilitarización, y dispararon a un chavito de 21 años, que está vivo pero grave. Eso fue un sábado. El martes salieron los estudiantes de Ciudad Juárez a manifestarse. target=”_blank”>Esa manifestación, que yo la colgué hace un par de días en el blog, es impresionante. Porque es impresionante ver niños de 20 años, que son la primera generación que ha crecido sin el PRI y han asumido este cambio como algo natural, de repente salir a enfrentarse a la violencia. Porque salían con miedo. En Ciudad Juárez han rafagueado autobuses con mujeres maquiladoras; por supuesto pueden rafaguear a estudiantes. Y esta actitud tan valiente a mí me impresionó mucho y creo que hay que comunicarla.

El carácter mexicano –sé que en Argentina hay un verbo que es mexicanear—es muy… Hemos estado tan a merced de otras cosas que nos cuesta mucho ver que hay gente jugándose la vida por informar o por protestar. Yo creo que esta gente tendría que tener muchísima más presencia, porque es lo más importante, socialmente, de lo que está pasando en México. El hecho de que haya 3.000 estudiantes que se atrevan a salir a la calle muertos de miedo es un acto de valentía impresionante. Yo quería mostrar estos actos de resistencia pacífica, o cultural. Por ejemplo, en Chihuahua, hay un movimiento que se llama Recuperemos Chihuahua, que hacen, por ejemplo, caminatas, o quedan un día a las 12 de la noche y recorren Chihuahua en bici. Esto, que puede parecer poco importante, yo creo que es muy importante. Porque toda esa gente que sale es gente con miedo. Y vivir en un país con miedo es muy difícil.

Y por otro lado hay muchísima población pensante, que son los que necesitamos. En Barcelona, cuando sucede algo, nosotros volteamos a ver qué dice el presidente de la Generalitat catalana y más o menos nos aclara. En México esta figura no la tenemos. En México, esta figura moral de la sociedad son los intelectuales. Era Monsiváis, o es Alma Guillermoprieto, o es Juan Villoro. Siempre son el faro moral. Yo quería abrir un espacio donde cupiera todo esto.

En Nuestra Aparente Rendición no sólo hay intelectuales. Me ha escrito gente que ha sido víctima de un secuestro y dice: “Oye, no lo sé contar, pero quiero que lo escribas”. Y me cuentan y yo los ayudo a editar. Y me han escrito amas de casa, muchos estudiantes, muchos maestros, que eso me ha sorprendido: maestros de secundaria y de primaria que no saben muy bien qué hacer. He recibido muchas cartas anónimas –muchas no las he colgado– de gente que dice que está muy bien estar conversando entre todos. No sólo intelectuales con intelectuales, porque a veces es un mundo muy cerrado y un poco distante. Me ha escrito un agricultor diciendo que no puede seguir plantando maíz. Claro, ¿quién checa esto? Es muy difícil saber, pero yo sé la gente que lo firma, y ahí más o menos ponen sus profesiones. Testimonios hay muchos. Gente que dice: “secuestraron a mi marido, te voy a contar”. O una niña que era vecina de una de las muertas de Juárez.

Yo lo único que pedía era respeto por los muertos. En muchos blogs llegan comentarios que dicen: “este hijo de puta mató a no sé quién”. Esto lo saco. Debe ser un cosa respetuosa, que no quiere decir cordial. Respetuosa. Que en México llevamos 30.000 muertos, que son 30.000 mexicanos, y que si alguien se mete al narco tampoco es culpable per sé. También es consecuencia de una sociedad que está muy mal repartida. Entonces, todos tenemos nuestra parte de responsabilidad.

Mi criterio de publicación, en literatura, es fácil: si es malo, no. Si está mal escrito, propongo una corrección o rechazo. He rechazado muchas cosas. También hay poesía –los poetas están muy activos en México. En México existe un género que se llama narcoliteratura. Mucha gente rehúye eso y parece que de narco, en literatura, hablen los narcoescritores. Esto yo lo quería romper. Entonces, a Elmer Mendoza le he pedido una entrevista pero no un texto. En cambio, le he pedido a gente como a Eduardo Halfon, de Guatemala, que vive en la frontera, que me cuente qué efectos ha tenido en Guatemala… O ha escrito gente de El Salvador, que manda migrantes, que a sus compatriotas los matan constantemente. Luego muchos artículos los pido, o leo mucho y si hay uno que me interesa escribo y lo pido. Hay un grupo de madres de la frontera, unas de Estados Unidos y otras de México, que se han ido a hacer una huelga de hambre a la Casa Blanca. Esto, que a mí me parece un acto muy importante, no ha salido en ningún sitio. Llamo a amigos cronistas y les digo: “Oye, ¿quién está en Washington?” y no paro hasta que encuentro a alguien y le pido: “Acércarte a la Casa Blanca”. Como la gente se siente identificada con la propuesta –que es muy clara: queremos una cultura de la no violencia, sabemos que nunca recuperaremos el México que teníamos, que era un lugar increíble, lo echamos todos de menos, se nos fue a la mierda—, entonces es muy fácil que la gente esté de acuerdo.

También hay un buzón de sugerencias, y alguien escribe y dice: “deberíamos entrevistar a Castañeda“, que fue candidato presidencial y es muy interesante y crítico con el gobierno. Eso se lo asigno a alguien, muchas veces gente joven o que yo conozco o conocen amigos. Buscamos personajes que sean importantes. Yo entrevistaría a quien fuera. Hemos entrevistado a asesinos, y hay un par de entrevistas con sicarios. Para mí esto no es reflejar violencia. Que te cuenten la violencia es una cosa. Que pongan de comentario: “Calderón es un hijo de puta, hay que matarlo”, va afuera. Porque eso no sirve para pensar. Yo lo que quería era cualquier cosa que nos ayude a pensar. A mí me interesa mucho lo que piensa un sicario. Su país es el mío, las razones por las que lo hace no me las puedo ni imaginar, entonces quiero que me las cuente.

Los periodistas están haciendo muchas cosas ahora en México. Yo creo que es el género que ha cogido la antorcha, son los más valientes. Hay chavas que entran solas a una cantina a buscar a un sicario, y se atreven.

Yo llevo el blog general, que es Nuestra Aparente Rendición, pero mi idea, porque veo que crece, es que cada tanto, que no sé todavía cada cuánto, pero cada tres meses o así, quiero hacer un proyecto especial. Alma Guillermoprieto montó el altar de 72 migrantes. La plataforma para convocar fue el blog. Durante un tiempo nos enfocamos en buscar gente que quisiera publicar la vida de uno de estos 72 migrantes, que en algunas ocasiones era muy difícil porque tenías que tener acceso a la familia, tenías que hablar con ellas, luego les mandábamos los textos, era muy complicado, teníamos que buscar 72 escritores mexicanos, porque era un homenaje de México. Pero fue un proyecto muy lindo. Luego, hubo otro para el día 2 de noviembre: con una amiga mexicana que vive en París montamos una página que se llama Por las mujeres asesinadas de Juárez, y pedimos a mujeres alrededor del mundo que nos mandaran un mensaje, algo sobre las muertas, de cinco a siete líneas, y colgamos 140 textos y se los mandamos a las madres de Juárez.

Paralelamente, dije: vamos a contar durante una semana quiénes son los muertos. Porque los muertos en México son números. Al presidente que tenemos, no les interesa mucho. Yo lo he visto en España: viene aquí y parece el adalid de la lucha contra el narcotráfico, y en realidad lo está haciendo mal; ayer dijo en una entrevista en la CBS que su inspiración para luchar contra el narco era la serie “24 horas”. Es patético. Nosotros dijimos: alguien debe recordar a los muertos, hacer una especie de cementerio virtual. El gesto de que no los olvidamos. Quiénes eran. A raíz de una página que se hizo en El Salvador, que a mí me invitaron hace como tres años, que se llamaba Cien Días en la República de la Muerte, una chava en El Salvador colgaba cada día las notas de toda la prensa de El Salvador. A raíz de eso se me ocurrió buscar voluntarios y que durante una semana repasaran toda la prensa, los reportes policíacos, de radio, blogs, etc, y buscar quiénes habían muerto –que obviamente se nos escapan muchísimos— y con qué detalle se les podía identificar. No sólo decir: ha habido ocho colgados en el puente de Tijuana. Sino: ocho colgados, uno llevaba el talón azul, o una camiseta que decía… Ahora nos escribe gente que busca a sus muertos, a sus desaparecidos: ”Mi hermana se fue hace dos meses, ¿han oído hablar?” Cosas muy feas.

Hay mucho periódico regional en México y todos tienen sección policíaca. Por ejemplo, hay tres muertos. Pero al otro día hay siete y nadie se acuerda de aquellos tres. Nosotros buscamos, en la medida de lo posible, los nombres de esos tres, ponemos quiénes eran o de qué pueblo. Es una manera no sólo de que la gente los pueda buscar sino de decir que esto tiene que ver con nosotros, y que nosotros podemos hacer algo. Lo que no podemos hacer es esperar que el gobierno lo resuelva. Tampoco, por lo visto, ya que no han hecho nada, esperar que la comunidad internacional reaccione. Con lo que sí cuenta México es con la sociedad civil. ¿Qué podemos hacer nosotros? Esto es algo que podemos hacer y creo que es muy útil. Es muy difícil. Cuando ví lo que era sentarse tres horas a ver cuáles eran los muertos en tu país y cómo está el paisaje de tu infancia … es muy doloroso. Entonces buscamos voluntarios que están una semana, y, normalmente, a media semana se vienen abajo, porque es que cuentan 200 muertos mínimo. Y cómo han muerto. Mueren de unas maneras muy bestias. En México se sigue diciendo que el narco no mata mujeres. Es mentira. Mata mujeres, mata niñas. Se cuentan 600 niños muertos en los últimos cuatro años. Todo el mundo, cuando termina, me dice: “Puta, yo sabía lo que estaba pasando, pero visto de cerca te cambia mucho la perspectiva”. Yo creo que hacer esto nos cambia a nosotros. Somos mucho más realistas a la hora de describir el país en que estamos viviendo.

Hemos publicado un texto de un escritor de Los Mochis, que se llama “La ciudad extraviada”. Él se llama Alfonso Orejel, que cuenta muy bien cómo el silencio te crea la ilusión de que estás protegido. Si no cuento, no formo parte de esto. Si no hablo, no estoy. Y de alguna manera me siento seguro. Esto, en época de Internet, no tiene por qué ser así. Porque a mí no me ve la policía haciendo este blog. No es lo mismo que hace treinta años en Argentina… Es como la revolución de Irán: ahora nosotros la podemos seguir por Twitter, hace veinte años los hubieran matado a todos sin que supiéramos nada. Esto, aunque parezca poco, es algo.

La mayoría de la gente que nos visita es de México, el 80 por ciento, pero hay mucho mexicano afuera que se siente muy impotente. Yo no conozco a los voluntarios. Gente que está en Helsinki y dice: quiero hacer algo, mi mamá vive en Tamaulipas. A esa gente yo siempre intento disuadirla, le digo: “es muy difícil, te la vas a pasar muy mal, puede pasar algo en tu ciudad, puedes encontrar gente que conoces”, que eso pasa. Y si no los persuado, entonces participan. Y nadie nunca ha fallado. Ni un día. El que se compromete se compromete. Está funcionando muy bien. Incluso tengo voluntarios para los días de Navidad y Fin de Año, que me parecía imposible. Me he dado cuenta de que hay mucha gente que necesita hacer algo. No es sólo por las víctimas muertas, sino por nosotros que somos víctimas: que vivimos con mucho miedo y mucha tristeza.

Todos los países de América Latina, excepto Costa Rica, han pasado por un periodo de violencia extrema. Lo que vemos en México, Argentina o Paraguay lo han vivido. De otra manera, en otras circunstancias, pero han vivido un período de violencia extrema, miedo y desprotección absoluta. Por eso he convocado a escritores de toda América Latina para que cuenten en un texto, en un proyecto que se inaugura el 15 de diciembre, y se llama El Mapa Latinoamericano de Nuestro Futuro, qué viene después; es decir, cuáles son las consecuencias de vivir lo que estamos viviendo. Los niños desaparecidos de Argentina, los huérfanos de la violencia de la guerra de Ecuador… Cuál es nuestro futuro. Porque cuando esto acabe –que esperemos que acabe, porque la violencia en América es en ciclos–, lo vamos a pagar. México no será el mismo en años y años. Y vamos a estar durante un mes en el blog viendo el futuro.

Acabo de hablar con un editor y le he dicho: quiero publicarlo y que todo el dinero vaya a una escuela de Ciudad Juárez, o a las madres de las desaparecidas, o los hogares de migrantes desde Oaxaca. A lo mejor estos proyectos especiales sirven para recaudar un poco de dinero para algo.

Lolita Bosch

Por ahora, lo hago yo. Le dedico tres o cuatro horas diarias –con todo el gusto. Estoy aprendiendo muchas cosas; no lo hago sólo como un acto de bondad, me interesa: me interesa el país, la política, la violencia. El otro día, una chica que financia proyectos culturales me dijo si quería solicitar una ayuda en México y le dije que del gobierno mexicano no. No quiero nada, sería terrible. Hay unas ayudas de la comunidad económica europea, pero tiene que ser clarísimo que es una institución sólo dedicada a la cultura, que no tenga vínculos… y eso es muy difícil. Si no hay una institución así, que ayude, no. Lo hago yo y ya está. Otra cosa es si sale una editorial –yo publico en Mondadori, por ejemplo–que publique el libro del Mapa Latinoamericano de Nuestro Futuro y se haga cargo de publicar el libro, recaudar el dinero y mandarlo. Sería una institución que nos ayudaría, pero para un proyecto concreto.

El blog sigue mientras esto siga. Ojalá pueda un día cerrar este blog. Lo de México va a durar mucho. El año anterior a las elecciones en México se llama “el año de Hidalgo”, en el que todo el mundo se lleva algo. Y este año es año de Hidalgo. Entonces, este año va a empeorar. Hay el doble de muertos que el año pasado: llevamos diez mil en lo que va del año. Hay muchas cosas por hacer. Muchas.

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