A medida que el consumo de noticias comenzó a declinar en los Estados Unidos, hace décadas, y los ingresos publicitarios y comerciales comenzaron a contraerse, y los contadores aumentaron sus brutales ajustes de costos, y los dueños, que ya no eran de la zona, cosecharon sus inversiones maduras (es decir, ya no crecían), y las redacciones se volvieron más tranquilas y menos emprendedoras, muchos editores y reporteros serios se fueron, por necesidad, a otra parte. Buscaban con desesperación un medio diferente, más hospitalario, en el que trabajar; un ambiente no comercial, sin fines de lucro, más dirigido al periodismo de investigación y de servicio público. Y, con el tiempo, empezó a emerger un nuevo ecosistema periodístico, que intentaremos definir y describir aquí.
Antes de hacerlo, hay que poner en contexto lo que ha ocurrido con el periodismo tradicional de los periódicos, tal como lo hemos conocido por generaciones. No sólo el impacto humano de esta transformación sísmica ha sido devastador, como descubrieron Leonard Downie Jr. y Michael Schudson el año pasado en The Reconstruction of American Journalism, sino que el número de empleados de periódicos comerciales ha caído en un 33 por ciento –de más de 60.000 en 1992 a unos 40.000 en 2009. Como bien sabemos, venerables periódicos norteamericanos como The Philadelphia Inquirer, Los Angeles Times, Chicago Tribune, Newsday, The Baltimore Sun y otros han dado una batalla financiera, en algunos casos declarando la bancarrota como protección. Otros, como el Rocky Mountain News en Denver y el Seattle Post-Intelligencer, ya no existen. Más de cien periódicos diarios han dejado de salir los sábados u otros días de la semana. De acuerdo con el Project on Excellence in Journalism (PEJ), el número de reporteros que cubren las capitales de Estado a tiempo completo cayó de 524 en 2003 a 355 a principios de 2009.
El impacto de la contracción de la redacción es, obviamente, que ciertas actividades privadas y públicas de los poderosos no son cubiertas. Según descubrió el PEJ, y así ocurre ciudad tras ciudad, entre 1980 y 2005, el número de reporteros de periódicos que cubrían el área metropolitana de Filadelfia cayó de 500 a 220.
Al mismo tiempo, es ampliamente aceptado que el periodismo de servicio público más extensivo y sustancial en los Estados Unidos durante el siglo pasado ha sido iniciado, apoyado y publicado por los periódicos del país. Así que el impacto específico de la carnicería actual en las redacciones de la capacidad para hacer periodismo de investigación –uno de los géneros del periodismo más dificultosos e impredecibles, y que más tiempo (ergo, costo) consume—ha sido y continúa siendo muy serio. Los equipos de investigación han sido desmantelados y muchos staffs de las oficinas del exterior o domésticas se han achicado o han desaparecido por completo. Sólo unos pocos periódicos emplean todavía a corresponsales extranjeros de tiempo completo; el periodismo de investigación o internacional ha llegado a ser considerado por las gerencias, cada vez más, como un asunto impráctico de alto riesgo y alto costo.
El resultado neto, evidente, de este proceso de vaciamiento: hoy hay menos gente para reportear, escribir y editar historias noticiosas originales acerca de nuestro infinitamente más complejo y dinámico mundo, menos periodistas para controlar el poder. Y para ponerlo en una perspectiva que da mucho que pensar, mientras ocurría este achicamiento histórico de las redacciones de periódicos, radio y televisión a lo largo del país durante las tres décadas que comenzaron en 1980, el número de especialistas y gerentes de relaciones públicas se duplicó, de aproximadamente 45.000 a 90.000 personas. Como han escrito Robert McChesney y John Nichols en su reciente libro The Death and Life of American Journalism: “Aún con el achicamiento del periodismo, las ‘noticias’ seguirán existiendo. Serán provistas, cada vez más, por decenas de miles de diestros y bien pagados especialistas de relaciones públicas, listos y decididos a explicar el mundo a la ciudadanía de un modo que sirva a sus empleadores del gobierno y las corporaciones”.
El grave vacío de noticias e información también está siendo llenado, en medida creciente, por organizaciones no gubernamentales y think tanks, que se especializan y explícita o implícitamente defienden los intereses de ciertos sectores, como el International Crisis Group, Human Rights Watch y el Natural Resources Defense Council. Y mientras la elite tradicional de las organizaciones noticiosas se debate sobre cómo adaptar a las exigencias de la nueva era de la información su rol tradicional de guardián de la información, decidiendó qué hechos son noticias, el mercado online, global, de ideas e información del no-periodismo ha alcanzado una dimensión enteramente masiva, está en expansión perpetua y su calidad y credibilidad es, para decirlo amablemente, muy variada.
En este contexto complejo y ruidoso, se ha producido un brote de organizaciones noticiosas sin fines de lucro. Este reporte, El Nuevo Ecosistema Periodístico, es un intento ambicioso, inevitablemente imperfecto, de trazar sistemáticamente un fenómeno excitante y dinámico y tal vez provocar una conversación pública (…)
Cómo armamos la lista
Para este reporte, hemos examinado 60 sitios/organizaciones nuevas y no tan nuevas de periodismo sin fines de lucro que proveen a los ciudadanos información vital a nivel comunitario, regional, nacional y hasta internacional; en algunos casos, de periodismo investigativo, en otros más explicativo, pero todos ejemplos de periodismo serio y de servicio público. Con humildad, enfatizamos que este reporte inicial no es completo. Hay otras organizaciones que también podrían haber sido incluidas (…)
Hemos descripto las actividades de 14 organizaciones de periodismo sin fines de lucro que funcionan o están cerca de universidades, que representan el 23 por ciento del total (…) En todos los casos, estudiantes subgraduados y graduados están aprendiendo el oficio del periodismo investigativo, trabajando con periodistas experimentados, con veteranos. Casi todos ellos dependen de financiamiento externo (…)
Tres de las 60 organizaciones incluídas en El Nuevo Ecosistema Periodístico financian periodismo investigativo –la Alicia Patterson Foundation, el Fund for Investigative Journalism y el Investigative Fund del Nation Institute–. Por ejemplo, en la Patterson Foundation, se dieron subvenciones de un año y seis meses a periodistas activos para que llevaran adelante proyecto independientes sobre temas relevantes, y luego escribieran artículos para el APF Reporter, la revista digital de la fundación, basados en sus investigaciones. Las tres organizaciones publican online, directa o indirectamente, periodismo serio (…)
Hemos hecho un esfuerzo conciente por arrojar luz sobre el alcance y vastedad de este ecosistema, en términos geográficos pero también financieros. Por eso incluimos a nuevos editores sin fines de lucro que se encuentran frente a startups precarias, que luchan por sobrevivir y luego crecer en medio de una implacable recesión. Como fundador de organizaciones sin fines de lucro y miembro de numerosas juntas directivas y consejos asesores, es espantoso contemplar cómo estos excelentes, bien intencionados, desesperadamente necesitados aventureros luchan por sobrevivir financieramente. Al menos ocho de las organizaciones sin fines de lucro registradas aquí, y posiblemente más, tienen presupuestos operativos anuales de menos de 100.000 dólares, lo que significa que varios periodistas experimentados están trabajando por poca o ninguna paga, ofreciendo su conocimiento y tiempo en un intento valiente, heroico, de crear de la nada una nueva institución.
Y es esta dimensión nueva, emergente, tal vez la más fascinante. De las 60 organizaciones sin fines de lucro descriptas aquí, 38 (o el 63 por ciento) fueron creadas a partir de 2006. Tres de los esfuerzos más sólidos, ProPublica, The Bay Citizen y The Texas Tribune, fueron creación de sus benefactores, Herb y Marion Sandler, Warren Hellman y John Thornton, respectivamente. Pero la enorme mayoría de las organizaciones fueron iniciadas por editores y periodistas de redacción que raramente vestían traje, con poca o nula experiencia financiera, como emprendedores o como administradores de empresas.
Y aquí es cuando debe ser admitida la dimensión darwiniana del Nuevo Ecosistema Periodístico. Algunas de estas organizaciones no sobrevivirán, otras lo harán y otras nuevas surgirán más adelante. Es un ambiente en constante fluir, altamente competitivo, estresante, que depende de los caprichos del destino, las economías locales y nacionales, el coraje, la energía y el ánimo emprendedor de sus fundadores, la firmeza o volatibilidad de sus financistas, la resonancia pública del periodismo que hacen, por nombrar sólo unas pocas variables.
En palabras de Karen Dunlap, presidente del Poynter Institute, estos nuevos sitios “ofrecen terreno firme a los ciudadanos para que consigan la información que necesitan, pero operan bajo el manifiesto problema de la sustentabilidad. Como nonprofits, desafían más directamente a los ciudadanos con la pregunta: ¿quién pagará por las noticias?”
Hace un año, el Chi-Town Daily News de Chicago “cesó operaciones… debido a la falta de financiamiento”. Sólo en las últimas dos semanas, se anunció que el Fondo de Investigación del Huffington Post, lanzado en 2009, comenzará a funcionar en una nueva sociedad, y su pequeño equipo será reubicado y absorbido por el Center for Public Integrity en enero próximo.
Por separado, según Anne Galloway, fundadora de VtDigger (que lanzó en septiembre de 2009), su organización noticiosa sin fines de lucro se fusionó esta semana con un grupo local, el Vermont Journalism Trust. “VJT actuará como editor de Vtdigger.org, y conseguirá fondos para nosotros”, dijo Galloway, que es optimista sobre el futuro, y espera contratar a un equipo de tiempo completo en 2011, con un presupuesto proyectado de 160.000 dólares.
En contraste, las organizaciones sin fines de lucro con los más altos presupuestos operativos de nuestra lista son:
• La revista Mother Jones (…): 10.6 millones de dólares.
• The Christian Science Monitor (…): 10 millones de dólares.
• ProPublica: 10 millones de dólares
• New America Media (…): 5.5 millones de dólares.
• y el Center for Public Integrity, 5.2 millones de dólares.
Según nuestra cuenta, hay 658 empleados de tiempo completo en las 60 organizaciones examinadas. Dos tercios de ellos tiene experiencia profesional previa. Una pequeña parte –67 por ciento, o 443 personas, para ser precisos—de la Diáspora de periodistas muy talentosos que trabajaron previamente en el periodismo comercial han entrado en la lucha del nonprofit.
El total acumulado de presupuestos anuales de estas organizaciones es 79.7 millones de dólares. Pero 11 de los 60 grupos, que emplean a 40 personas a tiempo completo, no revelaron información sobre su presupuesto anual. Por lo tanto, el gasto presupuestario total en un año del Nuevo Ecosistema Periodístico se encuentra entre los 80 y los 85 millonares de dólares.
En cuanto al “qué” del Nuevo Ecosistema Periodístico, por cada organización nueva hemos tratado de identificar quién es su fundador, quiénes son sus editores y directores responsables, cuál es la naturaleza de su estructura corporativa y de dirección, cuándo comenzó sus operaciones, cuántas personas integran su equipo a tiempo completo (algunas de las organizaciones más nuevas y pequeñas tienen menos personal a tiempo completo y se apoyan más en tiempo donado, en pasantes y en escritores independientes contratados), el número de personal contratado a tiempo completo que tiene experiencia profesional anterior (etc.)
Descubrimos que 28 de las 60 organizaciones han ganado premios por sus coberturas, lo que significa que el periodismo tradicional ha comenzado gradualmente a aceptar el buen trabajo original publicado por estas organizaciones.
Un criterio especialmente importante en este contexto sin fines de lucro: la transparencia. ¿Publicita la nueva organización cuáles son sus fuentes de financiamiento, cuál es su presupuesto operativo, incluso cuáles son los salarios del personal con cargos de mayor responsabilidad? (…) ¿Y hasta qué punto es la organización, sobre todo, sensible a la necesidad de transparencia y responsabilidad pública?
Debe ser dicho que el hecho más sorprendente y decepcionante del Nuevo Ecosistema Periodístico es este: sólo 13 de las 60 organizaciones, o 22 por ciento, publica su formulario impositivo anual e información sobre salarios en su website (…)
Un poco más alentador es que el 78 por ciento, o 47 organizaciones, revelan quiénes son sus donantes en sus websites. Pero, en muchos casos, la renuencia a la total transparencia es evidente. Esta información puede ser enterrada entre cientas y miles de palabras o más, en las secciones de Preguntas Frecuentes, o en largas entradas de blogs de varios meses atrás. Ciudadanos ordinarios, y no contadores forenses, deben ser capaces de acceder fácilmente a esta información. La falsa transparencia es hipócrita para una organizacion que proclama ejercer el periodismo guardián y daña la credibilidad de lo que ha reporteado y escrito.
La mitad de las organizaciones tienen una política editorial/ética, lo que muestra cierta introspección sobre sus prácticas y estándars. Y sólo diez de las 60 organizaciones, o 17 por ciento, tienen una política de diversidad. Ese número es ligeramente engañoso, y algunas de las organizaciones más diversas étnicamente no tienen en verdad una política de diversidad (…)
La cantidad de organizaciones dirigidas por mujeres es 23, o 38 por ciento del total, aunque debe señalarse que en cuatro casos los géneros se combinan en el liderazgo (con coeditoras).
Más allá de los detalles, esperamos que este reporte ofrezca una imagen más clara y precisa sobre lo que hemos visto ocurrir en los Estados Unidos en estos últimos años.
¿Funcionarán los nuevos modelos?
¿Y cómo ven al ecosistema del periodismo sin fines de lucro las figuras íconicas del periodismo gráfico del pasado? Para Phil Meyer, padre del reporteo asistido por computadora y autor de dos libros fundamentales, Precision Journalism (1973) y The Vanishing Newspaper (2004), es un panorama estimulante. “El periodismo sin fines de lucro funciona porque sus dueños y administradores se han escapado de la chaqueta de fuerza del corto plazo en la que el mundo de negocios norteamericano, en general, se ha metido”, dijo Meyer. “Todavía tienen que encontrar cómo cubrir sus costos y pagar sus cuentas, pero son libres de trabajar por la salud a largo plazo de sus empresas y de las comunidades a las que sirven”.
Barry Sussman estuvo en la cima del periodismo gráfico norteamericano por ser el editor especial del caso Watergate en The Washignton Post, que supervisó la investigación de Bob Woodward y Carl Bernstein. Hoy es el editor del Nieman Watchdog Project en la Universidad de Harvard. Como Meyer, es entusiasta respecto al creciente fenómeno de las organizaciones sin fines de lucro, y sobre la nueva energía y esperanza que ofrecen.
“Sin mucho aviso, algunos editores comprometidos, reporteros, emprendedores de medios y sponsors se niegan a lamentar el colapso de una industria”, dijo. “En cambio, trabajando desde un modelo sin fines de lucro, han descubierto y publicado historias importantes por décadas, y sólo en los últimos años han logrado sorprendentes ganancias en números, reconocimiento e impacto”.
“Todavía se hace gran periodismo en los medios tradicionales, pero hay muy poco. Es el modelo sin fines de lucro… el que muestra mayor promesa. Más que ninguna otra cosa, servirá, ya está sirviendo, para controlar el poder de los dirigentes y para mantener los temas importantes en la luz pública”.
“Las organizaciones sin fines de lucro son importantes en otro sentido”, dijo Sussman. “La era del Watergate hizo que mucha gente viera el periodismo como un trabajo honesto, valioso. Hoy no lo ven de ese mismo modo. El modelo sin fines de lucro, a medida que crece y se fortalece y permanece independiente, puede recuperar ese espíritu y atraer a jóvenes brillantes e idealistas a la profesión. ¿No sería lindo?”
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Para ver el reporte completo, haga click aquí y vaya al mapa interactivo. Al deslizar el cursor sobre el mapa verá, estado por estado, los nombres de las organizaciones reseñadas. Para ver cada una en detalle, utilice el buscador que se encuentra arriba y a la derecha del mapa –puede buscar por estado o por el nombre de la organización.
Texto original, aquí.
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Charles Lewis es un referente fundamental del periodismo de investigación sin fines de lucro de los Estados Unidos. Es el fundador y director ejecutivo del Investigative Reporting Workshop en la American University, en Washington, e integra los consejos directivos del Center for Public Integrity, FairWarning, el Fund for Investigative Journalism, el Investigative News Network, el Watchdog Institute y el Wisconsin Center for Investigative Journalism. También integra los consejos directivos de: Canadian Centre for Investigative Journalism, International Reporting Project, Kaiser Health News y New England Center for Investigative Reporting.




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1 año atrás
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EDM
1 año atrás
Un insumo estupendo… ¡¡¡Gracias al elpuercoespín por el hallazgo y también por el esfuerzo de traducción!!!