Contra Gladwell: las redes sociales son clave para el cambio global, por Zeynep Tufekci

25 octubre, 2010

El término “redes sociales” existe desde antes que Facebook. El análisis de redes sociales (ARS) es una metodología, cercana a la teoría de las redes, usada ampliamente en las disciplinas sociológicas para estudiar las estructuras de grupos. Y ha sido aplicada en campos y problemas diversos, entre ellos el análisis de movimientos sociales. En un artículo con mucha circulación Malcom Gladwell utiliza una distinción propia de uno de los trabajos clásicos en el tema “La fortaleza de los vínculos débiles” de Mark Granovetter para argumentar que el uso de las redes sociales en la militancia política juega en contra del verdadero cambio social: “el activismo de Facebook (…) tiene éxito motivando a hacer las cosas que la gente hace cuando no está motivada lo suficiente para hacer un sacrificio real”.

En el artículo siguiente, la socióloga especializada en las relaciones mediadas por la tecnología Zeynep Tufekci contesta al artículo de Gladwell releyendo los mismos conceptos. Los “vínculos débiles” (que tenemos con “conocidos”) y los vínculos “fuertes” (que nos unen a parientes y amigos) no son opuestos. Para ella, por el contrario las redes sociales son una herramienta indispensable para enfrentar los problemas de política global.

El Error de Gladwell: El verdadero problema es el Desfasaje de Escalas (además, vínculos fuertes y débiles son complementarios y sinérgicos)

Malcom Gladwell escribió un artículo muy interesante en el New Yorker, argumentando que el verdadero cambio social tiene lugar cuando redes de vínculos fuertes, se organizan jerárquicamente; y no al conformar estructuras de redes descentralizadas. Su ejemplo contrasta las protestas de los restaurantes de Greensboro, Carolina del Norte, en los sesenta con el activismo de poco riesgo a través de redes sociales. Si bien tiene muchos puntos válidos, su argumento principal está desviado.

En este post voy a sostener dos argumentos. El primero: el asunto central en torno a los activistas que desean un verdadero cambio social es el desfasaje entre la escala de nuestros problemas (global) y la escala natural de nuestra socialidad (local). Este es un problema profundo y más, y no menos, las redes sociales son seguramente un elemento clave de cualquier solución. En segundo lugar, la relación entre vínculos fuertes y débiles es una de complementariedad y mutuo apoyo, no de oposición. Gladwell ha escrito sobre vínculos fuertes y débiles antes y continúa una tradición de contrastarlos como opuestos ontológicos, de alguna manera mutuamente excluyentes. Ese es un error conceptual muy difundido, asentado sobre un entendimiento inadecuado de éstos conceptos. Un gran fondo de vínculos más débiles son la condición para la construcción de construir redes robustas de vínculos más fuertes – y el uso de Internet es central para este proceso.

La Escala de Nuestros Problemas (globales) contra la Escala de Nuestra Socialidad (Local) y movimientos sociales.

Zeynep Tufekci

Los principales problemas que enfrenta hoy la humanidad son el cambio climático, el agotamiento de los recursos naturales, la devastación económica, la destrucción del medio ambiental y para los desafortunados que viven en ciertos lugares del mundo, guerra, epidemias y pobreza alarmante (La mayor parte de éste último grupo está compuesto de gente con muy pocos recursos y ninguna influencia, a la merced de los más poderosos. Me uno al resto del mundo y cruel y vergonzantemente ignoraré su situación por el momento).

Todos los problemas del primer grupo son de escala global y simplemente no pueden ser afectados desde el nivel local. Discutir sobre como organizar una sentada en un restaurante me recuerda a los generales peleando en la última guerra ¿Quiere Ud. cambiar las ordenanzas ambientales en su consejo deliberante para que su municipio recicle mejor? Hágalo (Lo apoyo completamente); pero tenga en cuenta que difícilmente haga mella en el tren del cambio climático que viene hacía nosotros ¿Desea Ud. forzar a las grandes empresas de su país para que tengan a sus empleados en blanco, aumenten sus salarios y paguen sus cargas sociales? Seguro, sonría y salude cuando los capitales se muden a países más generosos con las regulaciones laborales. La estructura de “carrera de mínimos” (race to the bottom) fomentada por décadas de políticas neoliberales ha sido efectiva para liberar a los poderosos de las ataduras en el nivel local. El problema no es que no podemos organizar sentadas en restaurantes o acciones directas de gran riesgo; el problema es que no influyen demasiado. Nuestra socialidad tiende a ser local pero la escala de la acción requerida para enfrentar los problemas actuales es global.

Para lidiar efectivamente con el asunto del cambio climático con una verdadera solución necesitamos equidad y capacidad de imposición en escala global – miles de millones de personas, cientos de naciones (ya que se trata de un problema de múltiples niveles). Actualmente no existe una organización con el alcance, el poder o la jurisdicción para enfrentar efectivamente estos problemas. Los únicos actores globalmente organizados son los poderosos intereses de estados nación y corporaciones. Forzar a estos actores a comportarse de manera responsable requiere desentrañar sus alternativas y constreñirlos de manera que no puedan escapar del mandato de los ciudadanos.

“No”, debemos ser capaces de decirles, “no puede Ud. contaminar en China o pagar salarios de explotación en Indonesia, o dejar sin seguro de salud a sus trabajadores en Estados Unidos. O trasladar sus plantas, dineros, capitales o infraestructura a voluntad por el mundo, como si no tuviera una consecuencia de dejar un rastro de miseria y destrucción”. Necesitamos ser consecuentes con ellos en todas partes y todo el tiempo, simultáneamente.

¿Sentadas en restaurantes en unos pocos lugares? ¿Incluso a escala nacional?  Tal vez logremos hacer que algún ejecutivo ría con cara de asombro. Lo que nos resulta imprescindible es acción simultánea para controlar la conducta de estados y grandes empresas imponiendo el mandato ciudadano. Eso sí podría borrar sonrisas autocomplacientes, pero ¿alguien puede imaginar una forma de organizar algo así prescindiendo de Internet? Si conoce Ud. algún método, por favor hágame saber.

Estoy de acuerdo con los argumentos de Gladwell sobre que la importancia de Twitter está inflada, por ejemplo, en el caso de Irán. También creo que Morozov está absolutamente en lo cierto al recordarnos que se trata de un arma de doble filo: que, tecnología incrementada implica capacidad de vigilancia aumentada. Y odio el ejemplo del libro de Shirky sobre aquel empleado de Wall Street utilizando sus redes sociales para perseguir y hacer capturar a una adolescente que había robado el teléfono de su amigo (aún cuando tenía el derecho, me pone la piel de gallina pensar que gente tan poderosa ponga tanto empeño en delitos tan nimios).

Dicho eso, Shirky está totalmente en lo cierto en sus dos últimos libros. Internet es la pieza clave para resolver nuestros problemas de acción colectiva – es la única herramienta que baja las barreras para que vastos números de personas puedan lograr coordinación, motivación y compromiso para una acción consecuente. Si un día logramos organizar un equivalente de las sentadas en los restaurantes al mismo tiempo en cientos de países, seguramente será mediante organización online. Usted podrá ir con sus amigos cercanos, o con gente desconocida con quién trabará amistad.

Vínculos Débiles contra Vínculo Fuertes

Lo que me lleva finalmente al hecho de que los vínculos fuertes y vínculos débiles no deben ser vistos como opuestos, sino más bien como sinérgicos en una dinámica complementaria. Un buen punto es que Internet reafirma los vínculos fuertes directa e indirectamente. Directamente, porque Internet hace más frecuente las comunicaciones “de ambiente” y ellas son el cimiento para la formación de los vínculos fuertes ¿Todos esos tweets sobre lo que tomó en el desayuno y de los que todos ríen? Si, mucha investigación ha demostrado que si Ud. registra las conversaciones de gente común con sus amigos y familiares encontrará que es exactamente eso lo que hacen: hablar sobre el mundano ritmo de vida.

Las actuales estructuras de la vida urbana: casas más distantes entre sí, mudanzas por causa del trabajo, familias más pequeñas, etc.; todas ellas, hacen más dificultosa la interacción diaria cotidiana y debilitan nuestras comunidades. Internet es un proceso opuesto: si la vida en la ciudad nos encierra en nuestras casas, la Red abre una puerta que da a lugares potencialmente compartidos.

El concepto de vínculos débiles contra vínculos fuertes que Gladwell utiliza frecuentemente tiene su origen en un trabajo capital de Mark Granovetter, “Fortaleza de los Vínculos Débiles” (me pondré técnica por un momento). En aquel fantástico trabajo de investigación Granovetter no se interesa tanto en la fuerza de los vínculos en sí mismos, sino en una estructura particular de red que él llamó “vínculos puente”: una conexión entre dos redes internamente densas que de otra manera permanecerían desconectadas. Quizá porque la información completa sobre las estructuras de las redes sociales era muy difícil de obtener, Granovetter sugirió utilizar los vínculos débiles como aproximación (proxy) para estudiar los puentes.

En esta conceptualización, el beneficio de los vínculos débiles no es que sean débiles per se, sino que la red de vínculos de un vínculo débil tiene presumiblemente menos probabilidades de superponerse con la propia red y por tanto, puede servir para dar acceso a recursos e información diferente. Hay dos supuestos para que esto funcione: quienes tienen un vínculo fuerte seguramente se conocen entre sí (por ser parte de una red densamente conectada) y los otros con quienes tenemos relaciones de vínculos fuertes son muy parecidos a nosotros en los recursos que tienen y otros atributos, como consecuencia de la homofilia, la simultaneidad de origen o evolución convergente.

Es importante mostrar que el carácter de, sí un vínculo funciona como puente o no, es una cuestión dicotómica; mientras que la cuestión de la fortaleza de un vínculo, por otro lado, es un continuo (y dinámica, en cuanto a que los vínculos varían de fuerza a través del tiempo). Granovetter, como muchos después de él, han dividido los vínculos entre fuertes y débiles mediante el trazado de líneas artificiales. Sin embargo, el contraste fundamental fue y seguirá siendo si funcionan como puentes o no; consolidarlos a partir de su fortaleza y luego considerarlos como opuestos directos es conceptualmente incorrecto. En realidad, los vínculos de la gente varían de muy fuertes a muy débiles. Los primeros se vuelven los segundos a través del tiempo y viceversa. De ninguna manera se tratan de opuestos ontológicos.

Internet como Recurso Central en la Formación de Vínculos

Lo que me lleva a mi último argumento. Dada la declinación de la importancia de la locación y la familia en proveer a la gente con vínculos fuertes (lo vínculos cercanos solían ser la familia, los parientes, los vecinos, etc.) ¿Hacía dónde cree Ud. que la gente se volverá para regenerar las comunidades robustas compuestas de individuos fuertemente conectados? Hacia sus vínculos débiles ¿Todos esos amigos de Facebook de los que Gladwell y otros se toman turnos para burlarse? Ese es exactamente el lugar desde el cual la mayoría de la gente puede potencialmente dibujar vínculos más fuertes ¿Tweets y discusiones sobre el almuerzo y la siesta y actualizaciones de estado sobre citas y rupturas sentimentales? Esos son los fundamentos de la socialidad y redes sociales de vínculos fuertes y débiles ¿Es realista pensar que comunidades de vínculos fuertes pasen su tiempo discutiendo sobre las sutilezas del proceso de la especialización flexible del trabajo bajo el post-fordismo?

Hay investigaciones que muestran que, añadir conectividad online a espacios que de otra manera serían de interacción cara a cara, aumenta el nivel general de unidad porque incrementa los canales de comunicación (puede verse en los trabajos de Keith Hampton, Barry Wellman o Gustavo Mesch, entre otros) Piense en las listas de correo de vecinos: les permite conectarse aún cuando difícilmente tengan tiempo para reunirse, dados los tiempos que requiere desplazarse al trabajo y otras responsabilidades. Internet les permite comunicación rica por su asincronía, liberada de requerimientos de coordinar tiempo y lugar.

Consecuentemente, acervos de vínculos más débiles organizados sobre afinidades e intereses compartidos se volverán más probablemente en la fuente que la gente tendrá para hacer  amistades más cercanas. Mientras nos presentemos unos a otros en nuestras redes cada vez más dispersas geográficamente podremos recrear comunidades más densas en una trama cerrada de interdependencia que definitivamente puedan dar lugar a un movimiento social. Internet y las redes sociales serán, claramente, una pieza importante en este proceso porque volver a vínculos basados en la locación no sólo no es posible, sino que inadecuado para enfrentar a la altura los problemas complejos, globales y multinivel como que como humanidad tenemos hoy en frente.

Nuevos movimientos que puedan traer cambios sociales siempre requerirán gente que interactúe entre sí, regularmente.; y que estén unidos por vínculos de confianza y dependencia mutua en redes densas. Nuestra única esperanza es que esas redes se extiendan por todo el globo en una cerrada trama de actividad, interacción y personalización. El verdadero cambio vendrá si podemos hacer amigos que nos importen en todas partes y tender puentes que cubran todo el mundo en una Red común a la humanidad que sea más grande que un puñado de corporaciones poderosas y una corrupta clase política que busca auto perpetuarse en el poder.

Entonces, tal vez ver un tweet sobre lo que un huérfano de guerra desayunó en Afghanistan (nada), sobre lo que los trabajadores en una maquila en China almorzaron (nada, porque no tienen hora de descanso); o, sobre dónde un sobreviviente de una de las cada vez más frecuentes catástrofes climáticas como una inundación masiva durmió (sobre un pedazo de plástico mojado) que se entremezcle en nuestro ritmo diario de comunicación, con nuestros propios amigos y comunidades sea lo que necesitamos para organizarnos en una “mente de colmena”; aquella a la que todo el mundo teme cuando en realidad, lo que está destruyendo nuestras oportunidades para la individualidad y la creatividad trastornándonos de alcanzar nuestro potencial humano no es que tuiteamos trivialidades, sino que nos han despojado de la governanza de nuestro planeta.

Digo, traigamos la “mente de colmena” y por favor, que sea global ya que de otra forma no nos sirve. Y que Facebook y Twitter nos muestren el camino.

Texto original, aquí.

Introducción y traducción de Guillermo Quijano

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2 Comments → “Contra Gladwell: las redes sociales son clave para el cambio global, por Zeynep Tufekci”

  1. Eloy Garza 3 years ago   Reply

    La discusión sobre el verdadero papel que desempeñaron los nuevos medios en la revolución egipcia del 25 de enero pasado es un falso debate. Incluso puede ser una cortina de humo que nos distraiga de lo importante sobre el derrocamiento del presidente Mubarak. ¿Pero qué es lo importante en este hecho inédito en la historia mundial? En principio de cuentas que la transición democrática en Egipto no termina de consumarse sino que acaba de empezar. Y que si bien las redes sociales ayudan a tumbar gobiernos, no sabemos si ayudan a formarlos.

    Eso no parece desvelar a intelectuales mediático como el norteamericano Malcom Gladwell y el ruso Evegny Mozorov quienes, por condenar un exceso (pensar que la egipcia es la primera revolución twittera) incurren en otro (creer que los nuevos medios no fueron relevantes en este radical cambio de mandos). Coincido con otros analistas como Jeff Jarvis y Jay Rosen cuando nos piden no caer en impresiones absolutistas y por ende aconsejan prudencia a la hora de calificar un acontecimiento histórico que aún falta por desplegarse. En ambos casos, la ceguera es evidente. Es más: una revolución instantánea como la vivida por el pueblo egipcio porta un aura de misterio que levanta intrigas antes que certezas.

    Lo que sí podemos pedir a fundamentalistas occidentales como Gladwell, es que no cancelen por anticipado el análisis del rol que jugaron medios como Twitter y Facebook en estos hechos que son parteaguas en la historia moderna del mundo. Porque si les hacemos caso, dejaremos de elucubrar cómo pudo depositarse tan rápidamente (cuestión de días) la opinión articulada de los líderes de opinión en la conciencia colectiva. O al revés: como pudieron interpretar los líderes de opinión en pocas horas el sentir de la mayoría. Pero ambas posiciones se evaporan con la obviedad de Gladwell: hubo revoluciones mucho antes de que apareciesen las redes sociales.

    Lo que no entiende Gladwell, a pesar de ser un analista tan competente, es que lo existente ahora y no antes, es la rapidez con que se propaga una idea libertaria. Este factor de difusión inmediata es nuevo y no se puede descartar de un plumazo. Menos se vale menospreciar a las redes sociales que, en un santiamén, conectaron grandes flujos de información propiciando lo inaudito: hacer pasar a la gente de ser meros espectadores a participantes activos. ¿Cómo? Fácil: diseminando valores compartidos que, en un clima de zozobra social, violencia urbana y parálisis política, aunado a tecnologías sociales en expansión, se detonan como quien quita el seguro a una granada. A partir de ese punto de inflexión, las posibilidades de un movimiento subversivo son naturales e incluso esperables, lo mismo en Túnez que en Egipto. ¿Y en Monterrey?

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