Twitter y activismo: revolución contra Gladwell

21 octubre, 2010

El artículo de Malcom Gladwell en The New Yorker “Cambio chico: por qué la revolución no será tuiteada” causó un debate masivo en Internet y fuera de ella. La tesis de Gladwell es que redes sociales como Twitter y Facebook no actúan como agente de cambio sobre la sociedad; éste sólo puede venir de organizaciones sociales no virtuales, que, eventualmente, pueden o no utilizar Internet como herramienta de difusión, pero no de organización o lucha. Aquí, resumen del debate al modo de el puercoespín.

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(…) Pregunta de THEKEVINYU: Sitios como AOL y Myspace han llegado y se han ido. Mi pregunta es: ¿En qué cree que Facebook y Twitter se convertirán en el futuro? ¿Y cree que el próximo sitio de “red social” tendrá el poder de facilitar el activismo social o es que esta forma de mediación es demasiado distante para ser efectiva?

MALCOLM GLADWELL: Honestamente, no tengo idea de cómo serán Facebook y Twitter—y nadie la tiene. El hecho esencial de Internet es que nada es permanente. AOL fue alguna vez el rey, ¿se acuerdan? Dudo que cualquier cosa que se haga electrónicamente facilite mucho el activismo social –al menos sin que se haya montado previamente una estructura en el mundo real (…) Lo que Twitter y Facebook pueden hacer es presentar a un gran grupo de gente un tema o cuestión. La parte difícil es lograr que vayan más allá de esa presentación y profundicen –y ese salto exige alguna forma adicional de compromiso social. La campaña electoral de Obama hizo un gran trabajo al usar ambas –agrandando las herramientas de las redes sociales con la organización de base de vieja escuela. Para mí, esa es la regla de oro (…)

Pregunta de LYNNE: ¿Tiene cuenta de Twitter ? ¿Para qué la usa?

MALCOLM GLADWELL: Creo que alguien creó una cuenta de Twitter a mi nombre y tuiteó cosas hace tiempo. Confieso que no soy un gran lector/usuario de Twitter. Creo que ya hay suficiente para leer y escribir en mi vida.

Pregunta de JEFF SWIFT: Escribió en su artículo que las medios sociales no exigen mucho de la gente –que son muy buenos en conseguir un involucramiento superficial, no en conducir movimientos sociales. ¿La cuestión es que los miedos sociales no pueden hacerlo o que no lo han hecho? En otras palabras, ¿es posible para un medio social conducir un cambio social significativo?

MALCOLM GLADWELL: Francamente, no lo veo. A menos que (como escribí antes) esté unido a alguna clase de organización de base tradicional. El problema básico es que existen algunas clases de relación que sólo son posibles cara a cara. Es como preguntarse ‘¿Cree posible que los matrimonios lleguen a ser totalmente virtuales?’. A menos que diluyamos considerablemente nuestra definición de matrimonio (…)

Pregunta de un invitado: Alguien dirá que si Twitter hubiera existido en los ’60, los estudiantes que organizaron la sentada de Greensboro lo hubieran usado para difundirla. ¿Qué piensa sobre esto?

MALCOLM GLADWELL: Bueno, la evidencia histórica sugiere que la difusión no era un problema para ellos. Las sentadas se expandieron por todo el Sur como un incendio. Twitter (como otras innovaciones modernas similares) habrían resuelto un problema que no tenían.

PREGUNTA DE M: Las organizaciones progresistas usan Internet todos los días para convertir gente de activistas online a activistas offline. Ha sido así por años. No hay duda de que funciona. No usar las redes sociales es tan tonto como no usar el teléfono. ¿Habló con alguna de esas organizaciones cuando escribió el artículo?

MALCOLM GLADWELL: Vea mis respuestas previas. Sí. Totalmente de acuerdo. Pero usan Internet para aumentar una organización existente. Ese es el uso apropiado.(…) La tecnología va a resolver el problema de la energía. Estoy convencido de ello. La tecnología me va a dar una computadora que en diez años me llevará a la luna. La tecnología construirá un auto que recorra 100 millas con sólo un litro de gasolina. Pero la tecnología no cambia no puede cambiar las dinámicas subyacentes de los problemas “humanos”: no hace más fácil amar o motivar o soñar o convencer.

PREGUNTA DE BETHINDC: No estoy seguro de por qué Facebook y Twitter no habrían complementado el activism en los ’60 al ayudar a una más rápida difusión. No sólo hay gente con lazos débiles en Twitter y Facebook –a menudo es un canal conveniente para comunicarse con tus relaciones fuertes.

MALCOLM GLADWELL: Esta pregunta va al nudo del asunto. ¿Por qué Facebook y Twitter no habrían ayudado a una más rápida difusión del activismo? Bueno, primero porque había muchos otros posibles medios de comunicación, incluso en 1960. Pero también –más importante—porque ¡la difusión no era el asunto! Ese fue todo mi argumento. Cuando uno pelea una batalla de alto riesgo y altas apuestas, como la batalla por los derechos civiles, la cuestión es si uno puede convencer y motivar a la gente a arriesgar sus chances actuando de una forma disciplinada e inteligente contra un oponente formidable y peligroso. Comunicarse con ellos es el cinco por ciento del problema (…)

PREGUNTA DE RACHEL: Malcolm, twitterverse ha advertido que rara vez usás Twitter-¿Qué influencia tiene esto en tu opinion sobre el servcio y qué puede lograrse con su uso?

MALCOLM GLADWELL: No tengo nada contra Twitter. Y lo usaría si tuviera más tiempo… He aquí la cuestión de fondo para alguien como yo o, incluso, para cualquier que considera usar una herramienta como Twitter. ¿Qué se quiere lograr? ¿Una audiencia amplia? ¿O una audiencia más profunda? En otras palabras, ¿harías un mejor trabajo comprometiendo a una audiencia pequeña, pero enfocada, o más bien invertirías tu tiempo libre en alcanzar una audiencia mayor en un nivel más superficial? Hay muchas situaciones en las que esta última es una opción razonable –si estoy vendiendo algo, o anunciando un evento, o compartiendo un dato pequeño pero crucial. Pero si estoy interesado en explorar ideas en profundidad con el (pequeño) grupo de personas dispuestas a hacerlo conmigo. Esto hace que la primer estrategia sea una mejor opción.

(Versión original de esta discusión, aquí)

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Andrei Kim

A sus 24 años, Andrei Kim conoce ya las cárceles bielorrusas por dentro- siete meses pasó en una de ellas. Hoy, este activista y blogger sigue oponiéndole resistencia al régimen de Alexander Lukashenko. Una tarea difícil de imaginar sin la Red, dice.

Cuando en 1994, una vez desintegrada la URSS y pasado el periodo inicial de readaptación, Alexander Lukashenko llegó al poder en Bielorrusia, Andrei Kim tenía 8 años. “Durante las elecciones presidenciales de 2006 me quedó claro que tenía que hacer algo por la democracia en este país”, recuerda Kim. Los comicios despertaron ciertas esperanzas entre los contrarios al régimen- la oposición bielorrusa, por lo general dividida y enfrentada, había logrado nombrar a un candidato común y éste conseguido cierta popularidad.

Kim participó en mítines, se involucró en el proceso político. Al final, Lukashenko, sirviéndose de inteligentes trucos, de su control sobre el aparato estatal y seguramente de la manipulación, obtuvo el 82,6 % de los votos. “La consecuencia para mí”, dice Kim, “es que me echaron de la Universidad, y pasé mis primeros 12 días en prisión”.

En 12 días no se quedaría la cosa. Andrei Kim es desde entonces enemigo declarado del sistema- una especie de “comunismo del siglo XXI”. Sin posibilidad de continuar su formación, Kim se puso, a través de su blog y de las redes sociales, por completo al servicio de la causa política. Ésta le hizo merecedor en 2008 de una sentencia a un año y medio de cárcel- extraoficialmente, oficialmente Kim fue condenado por agredir a un agente de tráfico, “y tendría que haberlo visto”, ríe, “¡ése hombre era dos veces más grande que yo! Fue todo un honor que consideraran que yo podía llegar a hacerle daño”.

Después de siete meses, y presionado por una campaña internacional de solidaridad que recorrió la red, el gobierno bielorruso puso a Kim en libertad. En Minsk, re-visto habló con él.

Usted es un opositor, un activista en contra del régimen de Alexander Lukashenko, ¿qué papel juega Internet en esto?

Andrei Kim: Internet es fundamental. Todas nuestras actividades las organizamos a través de la Red- y no siempre se trata de cuestiones políticas, a veces son simples eventos divertidos con los que tratamos de romper la barrera mental en las cabezas de muchos jóvenes bielorrusos. Aquí, la gente está como sedada, no concibe la idea de salir a la calle y hacer algo sólo porque le apetezca. Por ejemplo, el año pasado organizamos una batalla de cojines y dejamos a todo el país perplejo: a la prensa, a los mismos jóvenes… y sobre todo a nuestras autoridades y al cuerpo especial de policía, que vino a ver lo que hacíamos y se quedó en estado de shock [risas]. En esto, las redes sociales como Facebook, e Internet en general, juegan un papel central. En Bielorrusia no existe ningún otro medio a través del cual poder expresarse libremente. Los periódicos, la televisión, la radio… están completamente controlados por el Estado. El gobierno acaba de aprobar una nueva ley para los contenidos digitales, pero hasta ahora no ha logrado ponerle coto a la Red.

¿Y si lo consigue con la nueva legislación…?

Pues no sé. Internet es el único modo que tenemos de comunicarnos- no podemos poner un anuncio o algo así. Nosotros somos una especie de asociación. Ponemos en marcha actos como el que contaba antes, pero también campañas de concienciación social. Muchas veces servimos de apoyo a gente quiere hacer cosas, mover algo. Hace poco, por ejemplo, contribuimos a un proyecto a favor de la protección de los animales. Pero, en Bielorrusia, todas las organizaciones que no están registradas son ilegales, y el gobierno siempre encuentra motivos para negarte el registro. Así que nosotros estamos fuera de la ley. Oficialmente no existimos. Aunque tuviéramos dinero para pagar espacio televisivo, no podríamos comprarlo. Tampoco tenemos acceso a los canales de difusión de las instituciones oficiales, como las agrupaciones juveniles en las universidades. La única vía de la que disponemos para entrar en contacto con la gente es Internet. En incluso a nivel de nuestro trabajo interno la Red es importante: muchas veces, cuando tenemos que tratar algo, nos encontramos en Internet.

Su blog está en ruso, para los que no lo entendemos, ¿sobre qué escribe?

Principalmente sobre mí y sobre mi vida y en segundo lugar, trato de referirme a asuntos públicos: si creo que hay que advertir sobre algo o cosas por el estilo, lo pongo en mi blog. Pero la verdad es que cada vez lo uso menos. Facebook, y sobre todo su versión rusa, Vkontakte -que es una página muy usada en Rusia, Ucrania y aquí en Bielorrusia-, se adaptan mejor a nuestras necesidades, que básicamente son la comunicación, estar en contacto con la gente, organizarnos… para estos fines, las redes sociales son más rápidas y prácticas que un blog.

¿Pero sigue manteniendo relación con el mundo blogger?

Sí, sí, claro.

¿Le apoyó cuando estuvo en la cárcel?

Sí. Muchos bloggers escribieron sobre mí y pusieron las noticias relacionadas conmigo entre sus entradas tops, de manera que se distribuían muy rápido porque es lo que más lee la gente, existen listas con los tops de los diferentes blogs, etc. Y no sólo me apoyaron bloggers bielorrusos, también muchos amigos rusos y, como hubo gente que tradujo la información al inglés, se organizó en Internet toda una campaña internacional a mi favor. Yo no pude seguirla. Desde la cárcel tenía dificultades para leer mi correo y actualizar mi perfil de Facebook [risas].

¿Y recibió ayuda de organismos internacionales?

Sí. Me ayudaron a encontrar un abogado, y también lo financiaron, porque ni yo ni mi familia nos hubiéramos podido permitir pagarlo. Además, ejercieron presión sobre el régimen. Oficialmente, en Bielorrusia hoy por hoy no hay presos políticos. La táctica que usa el gobierno cuando quiere meter a algún disidente en la cárcel es acusarlo de cualquier crimen común- desde tráfico de drogas, hasta actividades terroristas, pasando por agresión a la autoridad, como fue mi caso. Pero Human Watch Rights reconoció mi estatus de prisionero político y eso sometió a Lukashenko a mucha presión. Las organizaciones bielorrusas encuentran grandes dificultades a la hora de dialogar con las autoridades, por eso necesitan intermediarios, y ése es el papel que juegan los organismos extranjeros.

¿Cómo son las condiciones en las prisiones bielorrusas?

Horribles, violan todos los derechos humanos. Y es importante subrayar, como decía antes, que en las cárceles bielorrusas no sólo hay criminales. Aquí las prisiones son un modelo a escala reducida de la sociedad: hay gente mala, gente buena, policías, hombres de negocios, ¡de todo! Por ejemplo, conmigo en cárcel había un hombre muy rico, un empresario que un día decidió abrir una fábrica y cometió el error de no pagarle a las autoridades la cuota que le exigían por su seguridad. La empresa iba bien, todo perfecto, pero acabaron condenándolo a seis años. ¡Éste es un país de locos!

Con 24 años, sin estudios y sin posibilidad de volver a la Universidad, estigmatizado por el régimen… ¿Qué tipo de futuro ve usted?

Uno sin nubes en el cielo [risas]. No, hablando en serio: ahora mismo acabo de salir del hospital porque este verano la policía especial me dio una paliza. ¡Por supuesto que no es agradable! Pero creo que lo que hago es importante y, ahora mismo, esta lucha significa para mí más que mi propia salud y más que cualquier perspectiva de futuro. De momento, es lo único que me importa.

¿Por qué le pegaron?

Participaba en una manifestación en señal de solidaridad con la gente desaparecida por el régimen, y me crucé en el camino de uno de los policías que trataban de frenar la protesta. Es difícil explicar el porqué; no hay un motivo. No quiero mentir, ni exagerar las cosas, pero creo que los agentes especiales disfrutan pegándole a la gente.

(Versión original de esta entrevista, aquí)

***

“Risible”, “absurdo”, “ridículo” y “sin sentido” fueron algunas de las palabras que los creadores de Twitter, Ev Williams y Biz Stone, usaron el lunes en la noche para describir el reciente artículo de Malcolm Gladwell en The New Yorker acerca de la futilidad de las redes sociales para crear un cambio social real. Por supuesto, uno no esperaría que esos dos acordaran con la tesis de Gladwell, pero ofrecieron críticas válidas al hablar en un evento para el Commonwealth Club en San Francisco.

Stone dijo que podia ver la legitimidad del argumento de Gladwell que afirma que lograr un cambio social sostenido y significativo requiere relaciones fuertes y estructuras jerárquicas. Pero, prosiguió, sería absurdo pensar que el intercambio en tiempo real de información –un servicio como Twitter—no es complementario del activismo. Cuando se reduce el asunto a la realidad, no hay tecnología que sea agente de cambio. Será la gente; la humanidad.

Williams, por su parte, dijo sobre el artículo de Gladwell: “Es un argumento muy bien construido pero en cierto sentido risible. Señala que no lográs nada sólo diciéndole a la gente que vas a hacerlo; tenés que hacerlo realmente. Cualquiera que afirme que enviar un tweet hace activismo, eso es ridículo –pero nadie lo está afirmando, al menos nadie que sea creíble”. Williams se retiró como CEO de Twitter una semana atrás para enfocarse en el producto y cedió el rol a Dick Costolo.

“Si uno no puede organizer, no puede activar”, dijo Williams, y criticó a Gladwell por fundir la capacidad de editar de Wikipedia con Twitter. “Creo que (el artículo) era entretenido, pero un poco sin sentido” (…)

Los hombres de Twitter dijeron que no quieren tanto crédito como se les atribuye por jugar un rol en catalizar las protestas por la elección iraní el año pasado. Aunque Twitter puede haber hecho poco por la organización ciudadana en Irán, ayudó a atraer la atención global sobre los hechos, dijeron. Williams reveló que #iranelection fue el tópico número 1 de Twitter en todo 2009.

Como otro ejemplo de la aplicación de Twitter para el bien social, Stone citó su uso después del terremoto de Haití en enero, que incluyó la coordinación de servicios de emergencia pero también fue un conductor importante de publicidad para las campañas de recaudación de fondos (…)

(Versión original de este relato, aquí)

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Malcolm Gladwell

(…) Primero, una pequeña objeción. Gladwell define Twitter así: “Las plataformas de las redes sociales están construidas alrededor de lazos débiles. Twitter es una manera de seguir (o ser seguido por) gente que podés no conocer jamás”. Pero la cosa con Twitter, al menos para mí, es que ‘termino’ conociendo a la gente con la que interactuó de forma más cercana. Twitter actúa como una clase de motor de recomendación humana en el cual yo soy el algoritmo. En persona, he conocido al propio Clay Shirky, a Tim MalyRobin Sloan y al menos otros 10 –y he editado a docenas de personas que conozco exclusivamente a través del servicio. Lo que Twitter carece en contacto corporal, creo que lo compensa en longevidad. He estado contemplando el trabajo de la mente de algunas personas en el servicio por años. Cada día veo sus caras en mi feed. Catalogar estos lazos como débiles es simplemente inadecuado. Y me hace preguntarme, ¿no podemos conocer a la gente a través de sus escritos? ¿Es el contacto cara a cara el único para construir lazos fuertes?

La socióloga Zeynep Tufecki de la Universidad de Maryland-Baltimore también señaló que, como en mi caso, muchos lazos débiles traen algunos lazos fuertes. “Las relaciones entre lazos débiles y fuertes son de complementariedad y apoyo, no de oposición. Gladwell ha escrito acerca de los lazos fuertes y débiles antes y continúa una tradición de contrastarlos como opuestos ontológicos, de algún modo oponiendo y desplazándose mutuamente”, escribió Tufecki en su blog Technosociology. “Ese es un error conceptual muy difundido y descansa sobre un entendimiento inadecuado de estos conceptos. Grandes reservas de lazos débiles son cruciales para ser capaz de construir redes robustas de lazos fuertes –y el uso de Internet es clave en este proceso”.

Segundo, la más serie sobre extensión de este argumento es que las “redes” no tienen liderazgo ni organización. Gladwell escribe:

“Dado que las redes no tienen una estructura de liderazgo centralizado o claras líneas de autoridad, tienen dificultades en lograr consenso y fijar objetivos. No pueden pensar estratégicamente; se inclinan crónicamente al conflicto y al error. ¿Cómo tomar opciones difíciles acerca de táctica o estrategia o dirección filosófica cuando todo el mundo tiene el mismo peso en la discusión?”

Esto no suena sólido. Seguro, Facebook y Twitter no tienen líneas de autoridad per se, pero no son el universo entero de las empresas sociales que hay online. ¿Qué hay del desarrollo de Linux? ¿O la solución de problemas matemáticos en MathOverflow? ¿O los esfuerzos de la campaña de Obama? ¿O todos los pequeños espacios online donde la gente se reúne para impulsar una idea o un proyecto, como Greater Greater Washington?

Para aclarar: ¿quién dice que las redes sociales online no pueden tener liderazgo, estrategia y claras líneas de autoridad? Aún si decimos que no hay esfuerzos actuales que se equiparen al nivel de una sentada, no apostaría contra la posibilidad de que se desarrollen movimientos poderosos a través de las redes sociales en la próxima década.

La gente todavía está aprendiendo a organizarse online. Las herramientas son nuevas. Pero quizás lo que podemos aprender del artículo de Gladwell es que necesitamos un poco más de valentía y dedicación.

(Esta es la crítica del artículo escrita por Alexis Madrigal, editor senior en TheAtlantic.com. Ex redactor de Wired.com, es autor del un libro sobre energía “limpia” en los Estados Unidos próximo a publicarse: Powering the Dream. La versión original en inglés, aquí)

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2 Comments → “Twitter y activismo: revolución contra Gladwell”

  1. Mario 3 years ago   Reply

    Interesantes los ecos del artículos de Gladwell, pero creo que se tiende a focalizar sobre un aspecto parcial, desde mi punto de vista, como es preguntarse sobre la intensidad del lazo social (fuerte o débil) que se construye a través de determinada tecnología. Esto resulta incierto y misterioso. Más aún, ya no sólo la intensidad sino el tipo de lazo.

    No caben dudas que las tecnologías generan cambios sociales. Aún se discuten las causalidades, pero no se duda que la revolución neolítica coincidió con el cambio de tecnología de tratamiento de las piedras (de talladas a pulidas). Y esos efectos, aún duran.

    Qué puede o no puede una tecnología es un debate infinito. O como diría Spinoza: “nadie sabe lo que un cuerpo puede”. Y cuando la tecnología se hace cuerpo, sigue el mismo no saber.

    En definitiva, si se trata de pensar en una “revolución” es probable que pueda ser televisada y twitteada, pero las condiciones de esa revolución no están a priori en las tecnologías sino en el uso y apropiación social que se haga. Las viejas y olvidadas “condiciones sociales” (que siempre incluyeron a las tecnologías) siguen teniendo la primacía.

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