Es la clase de historia que conmovería el corazón de un viejo escriba de los medios: jóvenes y talentosos periodistas de San Francisco deciden usar todos los recursos de la tecnología digital y la sabiduría de la multitud conectada por las redes sociales para producir…. una revista de papel.
En abril, Mathew Honan, Sarah Rich y Alexis Madrigal bebían algo en un bar de San Francisco y se preguntaban en voz alta si se podía crear una revista en sólo una semana usando un ejército de colaboradores y editores reunidos especialmente para la ocasión mediante una convocatoria masiva en Twitter y otras redes sociales. Resultó más que una conversación (…): el trío, periodistas experimentados de la Costa Oeste, convencieron a un amigo de que montara una plataforma (content management system), Honan publicó un post sobre la broma en una nueva dirección de Internet. Hubo tweets, emails, posts en blogs.
Arrancó. Fijando el inicio al mediodía del 7 de mayo, anunciaron que el tema de la revista sería “Hustle” (apurar) y contemplaron maravillados/horrorizados cómo entraban 1502 artículos, ilustraciones y fotografías. En una oficina cedida por la revista Mother Jones y con cantidades masivas de café, el trío, junto con docenas de otros editores que respondieron a un pedido de ayuda, pasaron los siguientes dos días seleccionando, editando y diseñando una revista de 60 páginas. Se utilizó un sistema de ranking de las colaboraciones y buena parte del trabajo fue transmitida en vivo en Ustream, lo que provocó algún resentimiento entre los rechazados. Para el domingo al mediodía, el equipo mandó la revista –ahora llamada “48 HR:Hustle”—a MagCloud, una imprenta “on-demand” de revistas.
“Número cero”, cómo fue bautizado, no ganará, probablemente, ninguno de los National Magazine Awards, pero es un artefacto notable, una declaración de que hasta la más internética cohorte de periodistas del país mantiene una relación fetichista con el producto impreso. El tema “apurar” floreció en un artículo sobre los viejos revendores de entradas versus Ticketron, otro sobre cómo la mejor mentira que uno se puede decir a sí mismo es que puede hacer algo que no debería hacer, así como una meditación sobre la cultura disco y la muerte de James Brown.
Los diseños son algo rudimentarios, pero el trabajo no lo es, con infografías juguetonas, fotografías inesperadas y una mezcla de periodismo súbito, ficción y ensayos de famosos y desconocidos. En el mensaje del editor, el colectivo declaró que había querido poner a prueba la teoría de que las nuevas tecnologías pueden producir una gloria analógica: “Todos queremos demostrar que no hacen falta un montón de dinero y abogados para hacer algo grandioso. ¿Y saben qué? No hacen falta”.
Bueno, sí y no. El 11 de mayo, Lauren Marcello, segundo abogado general de CBS envió una carta documento en la que advertía que “CBS es la propietaria de los derechos de la premiada serie de televisión ‘48 Hours’ y las series contiguas, que incluyen ‘48 Hours Mystery”. Su uso es ilegal y constituye una violación de la marca, competencia desleal…”, así como más complicados y vagamente amenazadores términos legales.
Oh no. Dejando de lado por un segundo los chistes sobre abogados, hay que mencionar que, en su apuro por crear algo nuevo y brillante, la gente de 48 HR no registró el nombre, no hizo siquiera una búsqueda, y mucho menos formó una empresa. Todas las ganancias de la revista, que fue vendida a 10 dólares el ejemplar, serán repartidas de acuerdo con una complicada fórmula de espíritu hippie (que se puede ver, en inglés, aquí.) Se vendieron más de 1000 ejemplares y se hacían planes para otro número, pero ahora no se sabe si es posible siquiera seguir vendiendo la revista ya hecha.
“A decir verdad, ninguno de nosotros sabía siquiera que existiera un programa llamado ‘48 Hours,’ así que ni se nos ocurrió”, explicó Honan. “Cuando terminamos, sentimos que habíamos logrado algo significativo, que ahí había una revista. Era su materialidad, la evidencia física de ese fin de semana, lo que resultaba grandioso. Pero la triste realidad, creo, es que, contrariamente a lo que dijimos en el mensaje del editor, no se puede hacer nada de gran escala en la sociedad contemporánea sin un equipo legal y una empresa”.
Cuando Louis Briskman, vicepresidente y abogado general de CBS atendió el teléfono, fue muy claro sobre el hecho de que la compañía se propone defender su propiedad y una marca que CBS ha construido por décadas, pero se rehusó a aceptar el papel de peso pesado de los medios, a pesar de que, en verdad, el escenario visible es el de una gran corporación pisando un emprendimiento periodístico.
“Estamos olvidando un paso enorme”, dijo. “Ellos tienen que responder a nuestra carta, lo que no han hecho, para aclarar lo que pueden y están dispuestos a hacer. Nos gustaría arreglar algo, pero deberían contactarnos para que ocurra. Entonces podemos empezar a conversar y negociar”.
Julie S. Turner, socio de Turner Boyd LLP, un estudio legal de Palo Alto que ha intervenido en casos de medios y de libertad de expresión, fue contratado por 48 HR el lunes, así que apenas trabajaba en una respuesta cuando fue consultada. “Eligieron el nombre con buena fe, para reflejar la naturaleza del producto y de cómo fue producido, y no estaban concientes del posible conflicto”, observó. “Pero ahora son concientes de que CBS reclama una zona de protección y, como medios responsables, van a trabajar amistosamente para resolver la situación”. El asunto podría terminar, bromeó, esperanzada, en “cantar juntos de la man0. ¿No es para esto que existen los abogados?” (…)
Texto original, aquí.
No es por remarcar lo obvio, pero no es fácil lanzar una revista en estos días. Especialmente si se trata de un pequeño grupo de amigos con recursos limitados que tratan de crear algo nuevo y experimental y una gran corporación intenta arruinarte.
Esto es lo que pasó a los fundadors de Longshot magazine, antes llamada 48 HR magazine, cuando CBS les envió una carta documento por adueñarse de la marca del programa de TV “48 Hours”, después de un número inicial que causó sensación en mayo.
Para hacer la historia corta: hubo un choque legal (“CBS está tratando de jodernos con todo. Horrible ver cómo una enome y moribunda empresa de medios mata algo que amás sin ningún maldito motivo”, tuiteó el 11 de junio el cofundador de la revista, Mat Honan) para el que el equipo de 48 HR carecía de recursos. Así que tuvo que aceptar algunas de las demandas de CBS, la mayor de las cuales fue que cambiaran el nombre de la revista, lo que tira un poco abajo el emprendimiento, considerando que la idea es que cada número sea producido en 48 horas.
El punto es que, en lugar de tirar la toalla, decidieron seguir a todo vapor. Hoy comenzó el trabajo para el segundo número, que lleva el nombre de Longshot (Tiro largo/apuesta arriesgada).
Esta vez, además del impreso, montarán una aplicación para iPad y un website, todo en dos días. (…) El tema para el número 2 será anunciado al mediodía, hora del Pacífico, y los colaboradores tendrán 24 horas para enviar su trabajo. Los editores editarán, diseñarán y armarán la revista en las siguientes 24 horas.
Texto original, aquí.
Durante el fin de semana, el staff de Longshot Magazine (antes conocida como 48 Hour Magazine) escondió 750 dólares en algún lugar de San Francisco. Ahora revelaron en su website cuatro claves —que incluyen este mapa del Tesoro, diseñado por Wendy MacNaughton — para encontrarlos. Quien lo encuentra, se queda con el dinero.
Texto original, aquí.
Este viernes al mediodía (horario del Pacífico), anunciaron la temática para esta nueva edición (“Regreso”), esta vez desde las oficinas de la revista GOOD.
Terminaron al mediodía del domingo. El resultado se subió a la plataforma MagCloud, donde los lectores podían comprar una copia impresa por 10 dólares. El dinero recaudado fue incluso suficiente para pagarle a los colaboradores y al staff.
Uno de los co-fundadores de Longshot, Alexis Madrigal, escribió un artículo para la página web de The Atlantic, en la que es editor senior, sobre qué enseñanzas sobre edición y publicación ha dejado hasta el momento esta experiencia; la asistente de edición de CJR, Lauren Kirchner, habló con él el jueves sobre qué podrían aprender de este proyecto los periodistas y las organizaciones de noticias. Esta es una transcripción editada de la conversación:
Lauren Kirchner: Mi primer pregunta es ¿por qué 48 horas? Hubiera sido suficientemente impresionante terminar una revista en una semana, o cuatro días; dos días parece una locura.
Alexis Madrigal: Bueno, la razón real de que fueran 48 horas es que todos tenemos trabajos, por lo que teníamos que hacerlo durante el fin de semana. En realidad es un proyecto que nació porque queríamos hacer de nuevo cosas divertidas con los medios. Es decir, también me gusta mi trabajo, pero en el día a día, particularmente cuando uno escribe online, como yo, la mayor parte del tiempo, es muy difícil juntar estos paquetes muy específicos que tienen a su vez buen contenido, así como que canalizan la experiencia del usuario, controlando el contexto alrededor de cada artículo individual. Como trabajo en el mundo online, cuando trabajo en papel, me sorprende cuánto puede controlar uno (…) Es decir, me gusta la interconexión y la profundidad que existe online. Cada vez que estamos haciendo la revista (de papel), digo: “Podemos poner un link a YouTube acá,” y después me doy cuenta: “No, no podemos.” Así que, en mi caso, es casi como si el papel fuera la nueva tecnología, porque trabajé para sitios web durante toda mi carrera profesional. Es divertido para mí pensar en qué es lo que hace tan especial al papel.
LK: Es gracioso que imprimir en papel sea una novedad. Tengo amigos que empezaron una revista literaria y la están imprimiendo, y todos les dicen que están locos por hacerlo. Pero los hace diferentes.
AM: La cosa es que es una locura imprimir si tenés que pagar por adelantado. Necesitás mucho capital para enviarlo a una imprenta y después tenés que compensar con ventas. Pero MagCloud y otros programas que imprimen a pedido (print on demand) están cambiando esta lógica económica. En nuestro caso, es lo único que nos permite hacerlo. Por otro lado, no hay efectos de escala. Normalmente, si imprimís más, el precio por copia baja. Esto no nos sucede a nosotros – la copia número mil cuesta lo mismo que la primera – y además, no podemos usar (las copias impresas) como herramientas de promoción. Cada copia de nuestra revista cuesta dinero, así que no podemos regalarlas o dejar una pila en algún lugar. Esto cambia el modo en que promovemos la revista.
LK: ¿Qué aprendiste sobre promoción y publicidad con este proceso? Se percibe que la prensa escribió bastante al respecto, y sé que obtuvieron artículos de contribuidores simplemente corriendo la voz vía e-mail y Twitter…
AM: Sí, suelo decir que MagCloud lo hace posible y Twitter lo hace funcionar. Tenemos redes online, y Twitter tiende a promover esas relaciones, crea interacción entre personas que están interesadas en las mismas cosas pero no se conocen entre sí. Nos permite correr la voz rápidamente y en tiempo real, lo cual es importante porque trabajamos rápidamente.
LK: Cuando tengo que escribir algo rápido, siempre me pregunto si hubiera sido mejor si hubiera tenido más tiempo, o si, en cambio, obtuve beneficios de la urgencia de escribir con una fecha de entrega. ¿De qué modo creés que afecta a la calidad de los artículos la rapidez con la que piden las contribuciones?
AM: Hay definitivamente elementos en contra cuando uno le da a las personas sólo 24 horas, pero, sí, también hay cosas a favor. Esencialmente, cada momento de tu vida es una oportunidad de escribir sin una fecha de entrega. Claro que la gente no lo aprovecha para escribir lo que quiere cuando quiere. Quizá hay un valor agregado en tener una fecha de entrega arbitraria; y tener una fecha arbitraria, compartida con todos los demás, lo hace más divertido. Nos gusta decir que Longshot, “es un evento que también es una revista.” El otro subtítulo posible que consideramos es “Esta es una revista de papel hecha por Internet”.
LK: ¿Cuántas colaboraciones recibieron para este número?
AM: Alrededor de 500. Fueron menos que la vez pasada, pero porque esta vez insistimos en que no mandaran ficción o poesía.
LK: ¿Cuál es tu artículo preferido de este número?
AM: Me gusta el artículo “Revival”, escrito por una mujer de Maine, Mary Phillips-Sandy; está escrito de un modo muy bello. También me gusta el artículo de Rob Dunnin. Es un guionista del programa de televisión The Colbert Report, y escribió algo muy difícil de describir, sobre un lord del inframundo, sentado en su silla de huesos, pontificando sobre Gerald, su contador, que lo derrotó. Es muy raro y brillantemente gracioso. También, Angela Watercutter hizo un cuadro increíble llamado “¿Qué tipo de “celebrity comeback” (regreso de una celebridad) sos?” Lo escribió en el micro, en nuestra caravana desde San Francisco hasta la oficina de la revista GOOD en Los Angeles, y fue lo primero en lo que trabajaron nuestros diseñadores.
LK: Noté en tu post en TheAtlantic.com que el video en vivo del proceso de producción terminó siendo algo aburrido. ¿Supongo que la idea era que los colaboradores pudieran verlos editando y diseñando la revista en tiempo real, y pudieran mandarles sugerencias mientras trabajaban?
AM: Sí, y creí que deberíamos mostrar todo, ya que sería un elemento clave para la experiencia. El tema es que un video no es un elemento participativo en absoluto. No tenemos 50 monitores desde los que podemos ver a todos en sus casas, no interactuamos con ellos. En teoría, es genial, como una “revista en vivo”, pero cuando uno lo piensa mejor, hacer una revista es un evento comunitario pero privado: leer, escribir, la palabra en la página. Creo que los posts de Twitter, las fotos que subimos, y los dibujos que hizo Wendy MacNaughton, capturan el significado de ciertos momentos del proceso mucho mejor que un video en vivo. El video termina por perder significado, todo lo contrario a un esfuerzo artístico. Así que creo que no agrega mucho valor.
LK: Una pregunta algo descolocada, pero tengo curiosidad: ¿dormiste durante ese fin de semana?
AM: Dormí el viernes por la noche, pero no dormí en absoluto el sábado. Es muy fácil mantenerse despierto porque hay tanto por hacer, la adrenalina fluye. Pero, definitivamente, entre las cinco y siete de la madrugada del domingo nos sentimos muy mal. Esas son las peores horas. Ese es el momento en que los artículos más grandes están siendo editados, es cuando el esfuerzo más grande se está llevando a cabo, comprimiendo un artículo de 2000 palabras en uno de 750 palabras. Luego la caballería matutina comenzó a llegar a las siete, el equipo de corrección y todos los otros, y de pronto nos dijimos: “¡Tenemos una revista!”.
LK: ¿Qué aprendieron del proceso de armar el Número Cero que ayudó al Número Uno, y, del mismo modo, qué van a hacer diferente para el Número Dos?
AM: Trajimos más gente esta vez para cubrir las áreas en las que tuvimos problemas la primera vez. Es decir, no podés pedirle a una persona que diseñe 60 páginas de una revista en 24 horas. Quizá esto es autoevidente para otros, pero nos dimos cuenta con la experiencia. Para la próxima vez, aprendimos cómo pedirle artículos a los colaboradores. Si bien suena como una locura, vamos a poner más límites en lo que la gente puede hacer. Como el tiempo es limitado, antes decíamos: “Lo que nos quieran mandar está bien.” Y eso me parece que lo vuelve más complicado.
LK: ¿Qué más pueden aprender las organizaciones de noticias u otras publicaciones sobre este experimento loco?
AM: Estamos muy agradecidos, nos dimos cuenta que las personas están dispuestas a seguir contribuyendo y seguir trabajando en esto aunque no vaya a pagar su alquiler. Hay muchas razones por lo que es así, pero espero que la principal siga siendo que es muy divertido, y también que la gente tiene la sensación de que puede influenciar el modo en que sale. Creo que esa es quizá la lección final para los editores: no tenemos grandes ventas, pero tenemos un gran compromiso, y creo que la razón detrás de esto es que la gente realmente se siente parte de la comunidad que hace esto, más que un consumidor de la revista. Para mí, eso es muy importante, y quizá algo que los editores pueden incorporar –tomar a sus lectores como usuarios, personas que van a usar y dar forma a lo que ellos producen.



September 14th, 2010 → 2:19 pm @ elpuercoespín
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