Detroit, por Andrew Moore

15 junio, 2010

El nombre original de esta serie es El Fénix y el Faisán (The Phoenix and the Pheasant). Dice su autor:

Mis intereses como fotógrafo se han ubicado siempre en los ajetreados cruces de la historia, particularmente en aquellos en los que múltiples tangentes temporales se superponen y enredan. En otros lugares que he fotografiado, como Cuba y Rusia, estos caminos serpenteantes del tiempo crean una narrativa histórica con densas capas. En Detroit, el movimiento hacia adelante del tiempo parece haber puesto marcha atrás espectacularmente.

De este reordenamiento han surgido nuevos símbolos de renovación y crecimiento. Caminando por Brush Park, que alguna vez fue un grandioso barrio decimonónico, no es inusual alterar la paz de dos faisanes que disfrutaban la manzana para ellos solos. Mientras escapan volando a ras sobre los campos de pasto, sólo la lejana hilera de mansiones parcialmente rehabilitadas da una pista del marco urbano. En estos días, no es el Fénix el que se levanta de sus cenizas en Detroit sino dos faisanes que vuelan sobre campos de yuyos en los que yacen pilas de ladrillos, ruinas, árboles, pasto, flores, musgo y faisanes.

El vacío invita a dar vueltas por allí y reflexionar.

Tal vez aún más indicativa de la dirección que ha tomado Detroit sea el anodino galpón adyacente, que fue usado para almacenar libros y provisiones del sistema de escuelas públicas. Abandonado durante muchos años, en el invierno de 2009 fue la escena de un descubrimiento grotesco: un homeless se había hundido cabeza abajo en el pozo de ascensor inundado, desapareciendo en un profundo bloque de hielo salvo por sus pies, que sobresalían. En el último piso del mismo depósito, donde parte del techo de concreto había colapsado, otra escena de esfuerzo humano patas para arriba: entre una densa capa de libros quemados y en descomposición, crece un bosquecillo de abedules con el nutriente de palabras podridas. Entre vigas torcidas, losas dentadas y tierra ennegrecida, los blancos troncos de los árboles se levantan rectos hacia el cielo abierto.

Luego del incendio de 1805, Detroit adoptó el lema Speramus Meliora; Resurget Cineribus, “Esperamos mejora; surgirá de las cenizas”. Hay una ironía considerable en el hecho de que Detroit se haya convertido en un lugar en el que los árboles crecen literalmente de las cenizas de los libros, pero éste es sólo un detalle de una ciudad norteamericana cuya descomposición es apenas comprensible. La transfiguración de Detroit la ha llevado más allá de la decadencia: hacia un paisaje surrealista, donde el pasado está tan hecho pedazos y es tan irrecuperable que el tiempo mismo parece deformado.

Detroit, por Andrew Moore

Detroit, por Andrew Moore

Detroit, por Andrew Moore

Detroit, por Andrew Moore

Detroit, por Andrew Moore

Detroit, por Andrew Moore

Detroit, por Andrew Moore

Detroit, por Andrew Moore

Detroit, por Andrew Moore

Detroit, por Andrew Moore

Detroit, por Andrew Moore

Andrew Moore se hizo conocido por sus imágenes de Cuba, Rusia y New York City, que semejan pinturas. Ha ofrecido numerosas exhibiciones individuales dentro y fuera de los Estados Unidos. Sus fotografías integran las colecciones del Metropolitan Museum of Art, el Whitney Museum of American Art, la Yale University Art Gallery, la Biblioteca del Congreso norteamericano, el Israel Museum, el High Museum, la Eastman House y el Canadian Centre for Architecture, entre otros. Moore ha sido premiado por la National Endowment  for the Humanities, The New York State Council on the Arts, y varias fundaciones privadas. Sus fotografías se han publicado en Wired, The New York Times Magazine, Departures, Conde Nast Traveler, Art and Auction, Geo, Vogue, Rolling Stone, Harpers, Esquire, Fortune, New York Magazine, y The New Yorker.

Más sobre Moore, aquí.

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