La Silla Vacía cuenta el drama colombiano en tiempo real

June 1st, 20104:13 pm @

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Juanita León es una conocida periodista colombiana con experiencia en la cobertura del conflicto armado, varios libros publicados, premios internacionales y educación norteamericana (máster en periodismo en la Universidad de Columbia en 1997, fellow de la Nieman Foundation en 2007) En marzo de 2009 fundó La Silla Vacía, el primer medio dedicado a cubrir la actualidad política colombiana desde el nuevo paradigma de los medios digitales. En poco más de un año, luego de varias primicias de alto impacto y de una exitosa cobertura en tiempo real de la elección presidencial del pasado domingo, logró nuclear a su alrededor a una comunidad de casi 400.000 usuarios mensuales que participan activamente en la confección del sitio, y causó un impacto visible en el periodismo de su país. Todavía no encuentra, sin embargo, un modelo financiero sustentable, aunque tiene en marcha varios experimentos.

Cuenta León:

Yo quería hacer un periódico. Pero en Estados Unidos, viendo la campaña de Obama, me di cuenta de que los blogs políticos tenían bastante influencia en lo electoral y que lo único que tenía éxito en Internet eran los medios de nicho y a mí lo que me interesaba era el tema político. Además, permitía hacerlo a una escala posible en términos económicos. Sometí el proyecto a una cantidad de discusiones entre las posibles audiencias que yo quería tener. No focus groups, sino amigos, políticos, periodistas: la gente que yo quería que me leyera. Concebí el proyecto como una plataforma que atrayera una cantidad de nodos de personas interesantes. La Movida de la semana la concebí como un sitio de debate entre gente que ya tenía poder e influencia en la opinión pública. Los blogs los pensé como una sección a la que traer gente con conocimiento especializado, que era de mi generación, que nadie conocía, pero que en sus propios grupos tenían mucha credibilidad. Creo que fue una decisión importante la de montarme sobre la credibilidad de otras redes y traerlas al proyecto, porque entonces una vez que arrancó ya no parecía un proyecto… estudiantil. Ya parecía un medio que contaba con el apoyo de mucha gente. El resto de la sección fue de puro contenido original, que fue la sección de historias, para la que contraté a un equipo de periodistas.

Cuando estaba en la Nieman tomé un curso de la historia de Colombia y me impresionó darme cuenta de que la aproximación a Colombia, vista desde un gringo, era puramente desde el poder. Y me di cuenta de que llevaba varios años cubriendo la guerra desde las víctimas, pero que las lógicas del poder detrás de la guerra no las había podido escudriñar. Entendí que parte de tener el poder en un país como Colombia es que tú decides qué se dice sobre tí y en qué términos. Los periodistas somos mucho mejores para entrevistar a la gente pobre y desposeída y casi nunca logramos mostrar realmente cómo se mueve el poder en Colombia, ya sea porque nos aproximamos a él desde una posición moral o porque no tenemos acceso. Lo que traté de hacer es explicar las movidas del poder. Eso era una necesidad que había en Colombia, y creo que la otra necesidad que había era la de explicar la política desde adentro, porque casi siempre aquí la política se explica con analistas, y la información que tienen los analistas es la que producen los mismos medios. Y entonces pasan cosas que uno no entiende qué pasó. Traté de meterme y de aportar información sobre cómo se cocinan realmente las decisiones de este país.

“La Silla Vacía” es una frase que se ha vuelto simbólica en política colombiana desde que Marulanda, el guerrillero de las FARC, no llegó a la cita con el presidente Pastrana el día que se inauguraban los diálogos de paz,; entonces le dejaron una silla vacía. Y después, en el Congreso se tramitaba un proyecto de ley para que todos los congresistas que tenían vínculos con los paramilitares no pudieran ser reemplazados cuando los metían a la cárcel, y eso se llamó la Ley de la Silla Vacía. Y después los indígenas hicieron una marcha grandísima para encontrarse con el presidente Uribe y el presidente no llegó, y entonces le dejaron la silla vacía. Lo que pensamos es que el poder en Colombia siempre pasa por una silla vacía. Y era un término que generaba suficiente curiosidad y recordación, y al mismo tiempo nos permitía revertir el concepto y decir: hay un puesto vacío para que sea ocupado por un nuevo tipo de periodismo, un nuevo tipo de ciudadano.

Nativo digital:

Esto de ser nativo en Internet implica una cantidad de cambios en la forma de narrar. La mayoría de los medios colombianos, incluso cuando se han pasado al online, siguen trayendo las lógicas del impreso en términos narrativos. Nosotros, desde el comienzo, narramos para Internet. No tanto haciendo grandes especiales multimedia, que yo, realmente… cuando era editoria de semana.com creía mucho en eso, pero ya no. Creo que un especial multimedia te ayuda a ganar un premio, pero en el fondo es muy poco eficiente para el lector, sobre todo aquí en Colombia, donde las conexiones siguen siendo muy lentas y el multimedia exige del lector un nivel de conexión y de tiempo que no tiene. Pero creo que la narración no lineal, el uso de gráficos, de números… son otra forma de aproximarse a la información, y es lo que yo creo que nos hace diferentes. Y también en el puro uso del lenguaje: desde el principio me propuse tener una comunicación más íntima con el lector y menos eufemística; nunca asumir la vocería de todos los colombianos,  nunca decir “para nadie es un secreto”… Y que si hay una complicidad entre los militares y los paramilitares… pues decirlo así nomás, y no “algunos miembros, presuntamente…” Creo que eso ha hecho una diferencia.

Pero creo que la mayor diferencia entre La Silla y otros medios, aquí, es que hemos logrado crear una comunidad de usuarios alrededor de La Silla. Y eso se ha logrado porque contestamos a todos los comentarios, a todas las preguntas que nos hacen. Realmente propiciamos una conversación y la moderamos. Cuando tenemos un error lo reconocemos. Tenemos un blog que se llama Desde la Cocina, que es el blog de La Silla Vacía, que es contar desde adentro lo que pasa en La Silla Vacía. Creo que eso de ser un medio transparente en todo el sentido de la palabra va creando un tipo de relación con el usuario muy diferente al que tienen los medios tradicionales.

Comunidad:

Se conformó poquito a poquito. Al principio, cuando teníamos cinco comentarios nos parecía lo máximo. Y ahora tenemos 300. Los primeros usuarios era gente mucho más sofisticada, si se quiere, pero sigue habiendo un nivel bastante alto en nuestros usuarios.

Antes de lanzar, nosotros no sabíamos si hacer una gran fiesta o algo así, y todo el mundo nos dijo: pues si no van a gastarse 300 millones [150.000 dólares] no vale la pena. Entonces comenzamos a hacer desayunos con jóvenes de las audiencias que queríamos tener: invitamos a los 20 asistentes de los principales congresistas, y a los 10 asesores de los encuestadores y a los 15 asistentes de los viceministros. Hicimos desayunos para presentarles La Silla y oir sus ideas sobre qué podría mejorarse. Lo mismo con investigadores. Toda gente de 30, 35 años. Y cuando lanzamos, esa gente era nuestra aliada porque sentía que había participado en la creación del proyecto. Y ellos se lo mandaron a otros, y otros a otros…

Tuvimos un crecimiento siempre ascendente, pero no tan rápido. Cuando tuvimos la primicia de cómo iban a fallar el referendo, allí ya estábamos en todos los medios y ahí tuvimos un crecimiento bastante grande, y después en las elecciones de marzo tuvimos otro crecimiento super grande, y luego ya estamos disparados. Hemos tenido varias primicias, lo que hizo que la gente oyera sobre nosotros. Hicimos también un debate presidencial en televisión y eso hizo que mucha gente nos conociera.

Tenemos 360.000 usuarios únicos al mes, alrededor de 800.000 visitas al mes y 1.800.000 pageviews.

Equipo:

Tres periodistas, una de ellas fotógrafa-videógrafa; un ingeniero, una diseñadora que es freelance, y una auxiliar administrativa, la secretaria, que hace de todo. Además, una vendedora.

Costo del sitio:

260.000 dólares al año.

Financiación:

Creamos una Unidad de Asesoría Comercial para sostenernos, porque claramente la pauta no da. Nos dimos cuenta rápidamente que no íbamos a poder vivir de eso. La editora creativa, que es Olga Lucía, es la que hace la asesoría a las empresas y Luisa, que es la vendedora de pauta, también apoya. Estamos asesorando empresas en la aplicación de tecnologías y lógicas de la web para crear relaciones más transparentes con las comunidades. Estamos haciendo un proyecto con CEMEX: pusimos unas cámaras de televisión en una de sus minas y proyectamos durante 24 horas en el barrio aledaño todo lo que sucedía en la mina, como una forma de romper los muros de la mina y que toda la comunidad supiera qué estaba pasando –aplicar en el mundo real la lógica del cubrimiento en vivo–. Tenemos eso y ahorita vamos a comenzar un proyecto con una ONG ambiental bastante grande, y tenemos un proyecto con una empresa de alimentos, les ayudamos a montar un servivio de asesoría virtual.

Entonces: asesorías, apoyo del Open Society Institute que nos volvió a renovar el apoyo por un año (120.000 dólares), una grant de la National Endownment for Democracy por 40.000 dólares para hacer un proyecto de seguimiento al voto nominal en el Congreso, y 15.000 dólares de la embajada norteamericana –es la parte de cooperación que tenemos–. Las asesorías financian la mitad de La Silla. Y tenemos pauta, pero poquita, aunque claro que en elecciones tuvimos más, y eso financia como el 15 por ciento.

Foto: La Silla Vacía

La dificultad de conseguir pauta es por ser un medio que no tenía tanto tráfico como los medios tradicionales. El Tiempo tiene 4 millones de usuarios. Los productos masivos, que son los que más pautan, pautan en medios masivos. Pero nos decían que no les gusta asociar su mensaje a una página política, y menos a una página que es vista como una página crítica del gobierno. A medida que tengamos más tráfico, esos reparos comenzarán a disminuir. Pero en Colombia está muy atrasado lo de la pauta. Semana.com o El Espectador, tienen pura autopauta. Salvo El Tiempo, nadie tiene. Es un negocio que todavía se está desarrollando, pero lo político no ayuda. Ahorita que pasen las elecciones vamos a hacer una alianza con otras páginas de internet, de música, de libros, páginas super chéveres, como La Silla Vacía, para ver si vendemos la pauta como grupo. Y yo quiero que a La Silla la sostengan los usuarios mediante un sistema de membresía de prestigio. Vamos a tener 400.000 usuarios a final de este mes. Lo que queremos es que 25.000 de ellos nos donen 20.000 pesos [10 dólares] porque chévere, porque les parece que apoyar La Silla Vacía es un orgullo. Y entonces pondremos un corazoncito al lado de su perfil y cosas así. Lo que pasa es que no hemos encontrado el sistema de hacer eso de manera segura.

Contenido:

Los periodistas traen las historias, pero además tengo un equipo de asesores de altísimo nivel que me ayudan. Hago reuniones una vez al mes, a veces con el grupo todo, o almuerzo con el uno, almuerzo con el otros. Es la gente más inteligente de Colombia. Eso me ayuda muchísimo a tener una gran cantidad de historias. Y el 30 por ciento de las historias vienen de nuestros usuarios. Tenemos una editora que los edita. Hay muchos que rechazamos porque no son informativos sino de opinión, pero tenemos una editora que trabaja con ellos, lo edita y lo aprueba. Chequeamos la información que vale la pena chequear. Pero sobre todo lo editamos: le pedimos más información, más pruebas… Y pedimos disculpas si nos equivocamos. Es un proceso de educar a la gente sobre las dificultades del periodismo. Desde el principio, eso hace a nuestra política: no que no cometemos errores, y ojalá sean muy poquitos, sino que apenas los cometemos, aceptar.

Renovación:

Actualizamos todas las noches antes de dormirnos, subimos la historia de por la mañana, y a las 2.30 de la tarde o 3 subimos la segunda historia. Tenemos una sección de confidenciales, secretos pero confirmados, que actualizamos tres veces al día, a medida que tenemos la información. Y una ventana de tiempo real, como una curaduría de todo lo que pasa en la red y en otros medios, que actualizamos cada diez minutos. Y tenemos 15 bloggers, todos los días actualizan dos o tres. Y la sección de La Butaca, más humorística, que actualiza dos veces a la semana. Y La Movida la ponemos cada semana pero como participa tanta gente se actualiza todos los días.

Impacto:

Hemos metido varios temas en la agenda pública. Hicimos una denuncia sobre usuarios fantasma que contrató Juan Manuel Santos para hacerle campaña negra a Mockus, o campaña a favor de él. Lo del referendo. Los periodistas nos están citando todas las semanas en los medios. En términos de la narrativa en Internet, nadie la usaba antes como forma narrativa, empezaron a usarlo después de que nosotros lo hicimos. Semana.com se ha copiado de todos nuestros formatos. Pareciera haber una influencia en ese sentido. Y más que todo han surgido otros medios chiquitos que nos escriben preguntando cómo lo hicimos y después lo crean. Tiene un efecto replicador. Se dicen: si esta gente lo pudo hacer, pues entonces yo también.

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