¿Dos coyotes en una mañana?

March 22nd, 201010:25 pm @

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Era una mañana nublada y la luz del día se demoraba en llegar. Me había comprometido a reemplazar a un maestro en la escuela, por lo que debía hacer las tareas domésticas y ordeñar las vacas más rápido de lo habitual si quería revisar algunas trampas de coyote antes del desayuno.

Tomé una pala, el hacha y mi equipo de trampero, y al atravesar, en el claroscuro del amanecer, el terreno trasero de la granja, noté de repente una robusta sombra gris en la frontera entre el campo arado y la fracción de tierra sembrada con heno donde tenía instalada mi primera trampa. Me dije “Atrapé un coyote”, y mi corazón batió velozmente. En un momento de vacilación, evalué si no sería mejor idea volver a casa a buscar el rifle.

“Bueno, calmate,” me dije, y retomé el rastro.

Durante muchos años y muchos coyotes, yo los había interceptado con nada más que mi hacha. Me duele el recuerdo de las pocas veces en que alguno ensayó una embestida final y se escapó justo en el momento en que yo me acercaba, listo para la escena final…

Para prevenir esa escena, había dejado un palo grueso en la línea de la alambrada. Lo tomé y con él me acerqué al coyote, que recién ahora me veía, brincando en círculos desesperados hasta donde le permitía la cadena, poniendo su resistencia a prueba. Pero la confiable Onieda Jump número 3 le aferraba firmemente una pata delantera. También noté, ahora que el coyote se agazapaba con sus ojos ámbar, malignos e hileras de dientes blancos y brillantes, la óptima piel y la cola. Mi movimiento fue rápido: levanté mi arma y lo despaché enseguida. Mi captura me dejó entusiasmado y satisfecho.

Mientras bajaba la cuesta boscosa hacia el valle en el que había instalado otra de las trampas, me pregunté si vería más acción esa mañana. Todo trampero sabe bien que atrapar coyotes es un gran desafío, especialmente cuando una granja ha estado llena de trampas durante mucho tiempo, como es el caso aquí. Luego de unos pocos pinchazos, los coyotes más viejos se comportan como universitarios con esmókin y maletín. Así ocurría en mi siguiente zona de trampas. Estaba seguro de que era siempre el mismo viejo experimentado el que cuidadosamente eludía las trampas. Estábamos en un juego de damas, en el que cada uno debía hacer una movida para superar al otro.

Al entrar en el valle, escuché un aullido escalofriante cuyo origen no pude precisar. Me detuve a escuchar, pero el sonido se había desvanecido en el amanecer. Reinicié mi paso y los aullidos furibundos resurgieron. Venían de donde estaba mi trampa. Apuré el paso y pronto pude distinguir sobre ella una forma robusta, rojiza, que emitía un agudo aullido en intervalos. La visión del rojizo me hundió el corazón, porque pensé que un sabueso había caído en la trampa, lo que sería en sí mismo un espectáculo desagrabable además de que dejaría rengo a un perro valioso. Ahora más cerca, ví con sorpresa que mi visitante no era un perro… ¡sino un gran coyote de inusual pelaje rojizo! Luego de un breve momento de júbilo, avancé velozmente.

Dos coyotes en una mañana era inusual. Demasiado bueno para ser cierto.

Era un coyote veterano y la comprensión de que esta vez había sido vencido lo sumía en la mayor angustia. Estaba tan absorto en su conflicto, masticándose el pie en un intento enloquecido de arrancárselo, que no notó que me acercaba hasta que estuve sobre él, mi hacha inhiesta.

Nuestras miradas se trabaron durante el más breve de los momentos. En un acto impulsivo, el coyote intentó su más desesperada embestida y cayó, para mi consternación, a una yarda de mí… y de mi trampa. Con un salto, atravesó el pequeño arroyo, se paró por un momento en silenciosa despedida (yo permanecía con los brazos y el hacha en alto), y con largo trote de coyote subió la boscosa cuesta y desapareció de mi vista…

Reinstalé la trampa:“Su movida, Señor Coyote.”

Autor: Levi F. Miller, 23853 King Rd., Wilton, WI 54670. Publicado originalmente en inglés, en el diario amish “Plain Interests”, octubre de 2009. El periódico, de papel y en blanco y negro, se compone de artículos, poemas, comentarios y avisos clasificados confeccionados por miembros de la comunidad, que rechaza las innovaciones tecnológicas posteriores al siglo XVII.



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